Imagine un país colmado de recursos naturales -cacao, diamantes y oro- pero sin el más preciado de todos: el agua. Esa era la situación de Ghana a mediados de la década de 1990, cuando de las cinco enfermedades más comunes, cuatro se relacionaban con este esencial elemento: paludismo, diarrea, afecciones de la piel y parásitos intestinales.
Un lago donde bebe el ganado es también el
lugar de esparcimiento y fuente de agua de muchos habitantes de
zonas rurales, lo que contribuye a la propagación de enfermedades
relacionadas con el vital líquido.
En 1994, el Gobierno lanzó un programa nacional de agua y saneamiento comunitario. La estrategia se basó en traspasar la responsabilidad de la gestión del vital líquido a las comunidades locales, método que justifica gran parte del éxito de la iniciativa. Con esta medida los pobladores se involucraron más en la planeación y el desarrollo de sus propias instalaciones de agua y saneamiento.
Actualmente, un organismo comunitario en esta área administra el programa a nivel nacional, respalda a las pequeñas y medianas empresas que participan en él y realiza campañas de promoción de higiene. Por ejemplo, en el 2001 la entidad participó en la "Iniciativa del Lavado de Manos", que se efectuó a nivel mundial.