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IV
FORO TEMÁTICO REGIONAL
COSECHANDO OPORTUNIDADES:
DESARROLLO RURAL EN EL SIGLO XXI
Documento conceptual por Franka Braun e Indu John-Abraham¹
I. Objetivos
y justificación
II. Información básica
III. Marco conceptual
I. Objetivos
y justificación
El Equipo de Sociedad Civil de la Región de América
Latina y del Caribe (LCR, por su sigla en inglés)
organiza anualmente un Foro Temático Regional (FTR),
como una oportunidad para vincular de manera simultánea
a actores de la sociedad civil, el sector privado, los gobiernos
de la región y el propio Banco Mundial alrededor
de temas relevantes y de actualidad. La cantidad de debates
cada vez mayor en torno al tema de la equidad en la región
más desigual del mundo ha obligado a estudiar con
mayor detenimiento el tema de los pobres: no sólo
quiénes son, sino dónde y cómo viven.
En una región que también es reconocida por
las tasas más elevadas de urbanización, la
pobreza, y en especial la extrema pobreza, continúa
presentándose principalmente en el sector rural.
En el contexto de estas desigualdades, el IV Foro Temático
Regional intenta explorar el tema del desarrollo rural frente
a la urbanización, la descentralización y
la globalización.
I.A Objetivo general
El IV Foro Temático Regional busca facilitar
el intercambio y el aprendizaje mutuo entre los grupos de
interés acerca de las estrategias que fomentan las
oportunidades económicas y sociales en las áreas
rurales, en el marco de la integración internacional
y como parte de un enfoque integrado de desarrollo nacional.
I.B Objetivos específicos
1. Conocer cuáles son el contexto y las condiciones
necesarias para un desarrollo rural sostenible.
2. Compartir e intercambiar lecciones y experiencias entre
los actores en cuestión sobre los mecanismos requeridos
para manejar las áreas clave del desarrollo rural.
3. Explorar las oportunidades que se les presentan a las
partes interesadas de asumir un rol más eficaz en
la promoción de mecanismos para lograr el desarrollo
rural sostenible.
I.C Justificación
En la coyuntura actual, a medida que el tema de lo rural
va adquiriendo nuevas dimensiones frente a ciertos desafíos
que vienen de tiempo atrás, el IV Foro Temático
Regional busca estimular el diálogo entre los grupos
de interés, tanto en el interior de los países
de América Latina como entre unos y otros, de modo
que las diferentes experiencias se compartan desde sus perspectivas
únicas y se presenten estrategias tendientes a abordar
la situación cada vez más complicada del desarrollo
rural. El FTR brinda la oportunidad de plantear diversas
opiniones, así como de aprender y colaborar mutuamente
alrededor de objetivos comunes. De esta manera se espera
que el FTR permita a los participantes de la sociedad civil,
el sector privado, el gobierno y el Banco Mundial, compartir
y aprender unos de otros, presentando cada uno su propia
visión de este tema tan multidimensional y, en ocasiones,
tan heterogéneo. Por otra parte, es fundamental que
se presente información adecuada sobre las diferentes
perspectivas, a fin de asegurar que las hipótesis
corrientes sean reemplazadas por hechos basados en investigaciones
académicas, documentos de política y casos
de la vida real del desarrollo rural.
De forma semejante, el FTR ofrece a los
participantes la ocasión de recapitular las diferentes
experiencias de la región sobre desarrollo rural.
Al extraer las lecciones aprendidas de los enfoques innovadores
de desarrollo rural, los participantes de diferentes sectores
pueden aprender, evaluar y responder de manera adecuada
a retos similares. Por último, el FTR constituye
un escenario propicio para el diálogo entre actores
dispares de la región sobre un asunto que tiene una
importancia prioritaria para muchos países clientes.
El presente marco conceptual plantea temas clave para abordar
asuntos cruciales referentes al "desarrollo rural en
el siglo 21", así como ciertos asuntos críticos
que el FTR pretende investigar. El resto del trabajo describe
el marco conceptual que se plantea para este suceso.
II. Información
básica
Tradicionalmente, y en gran medida esto continúa
siendo así, al término rural se le ha considerado
sinónimo de agrícola. Sin embargo, debido
a la diversidad que presenta el sector rural y a la variedad
de los cambios que lo afectan, en el presente trabajo se
entiende por desarrollo rural la utilización, protección
y mejoramiento de los recursos naturales, físicos
y humanos necesarios para elevar a largo plazo las condiciones
de vida rurales, ofrecer trabajos y oportunidades de ingresos
y enriquecer la vida cultural, manteniendo y protegiendo
a la vez el medio ambiente de las áreas rurales.
Las transiciones socioeconómicas del pasado reciente
han generado nuevos retos para el desarrollo rural, específicamente
en lo relacionado con la globalización, la gobernabilidad
y los cambios tecnológicos.
La dinámica de la industrialización
y la urbanización en la región ha transformado
de modo dramático el panorama de la vida rural. La
mayor libertad de movimiento de la población, tanto
dentro como fuera de las fronteras, ha provocado un éxodo
masivo de las áreas rurales. En 1960 más de
la mitad de la población de América Latina
vivía en el campo, mientras que hoy lo hace menos
de una cuarta parte. Con el fomento de las industrias no
agrícolas en las ciudades y su periferia la gente
se ha desplazado masivamente a los sitios que les ofrecen
empleos y servicios. Asimismo, el empleo rural ha cambiado.
Los Ingresos Rurales No Agrícolas (IRNA) representan
actualmente alrededor del 40 por ciento del ingreso rural.
Hechos recientes revelan que "(i) los ingresos salariales
no agrícolas son superiores a los ingresos de los
trabajadores independientes; (ii) los IRNA rebasan ampliamente
los ingresos salariales agrícolas; (iii) los IRNA
locales son muy superiores a los ingresos de migración
y (iv) los IRNA del sector de servicios exceden considerablemente
a los provenientes de los IRNA de manufactura". Este
cambio hacia el desarrollo industrial tiene implicaciones
significativas en nuevas áreas relacionadas con el
crecimiento y la reducción de la pobreza en las zonas
rurales.
Las estrategias de sustitución de
importaciones (ESI) impulsadas por la oferta de los años
1950 a 1970, así como las reformas de ajuste estructural
adoptadas en los ochenta por la mayoría de los países
latinoamericanos, aunque perseguían metas divergentes,
generaron enfoques verticales (de arriba hacia abajo) de
la industrialización, con frecuencia a expensas del
desarrollo rural y agrícola. A los agricultores y
terratenientes relativamente acaudalados y/o a los sectores
manufactureros e industriales más promisorios de
las zonas urbanas se les brindó un apoyo especial.
No obstante, desde los inicios de los años 1990 se
le ha concedido una atención cada vez mayor a la
vigorización del sector agrícola: "Según
el nuevo sistema, basado en el mercado e impulsado por el
comercio, el crecimiento económico y la competitividad
nacional dependen de un desarrollo dinámico del sector
agrícola. Países como Chile, Indonesia, Malasia
y Tailandia han crecido y prosperado gracias a la inversión
en sus sectores agrícolas". Sumado a esta búsqueda
de nuevas salidas, el proceso de democratización
de la región generó extensas reformas orientadas
a la descentralización. A medida que el gobierno
local ha ido asumiendo una mayor responsabilidad, los asuntos
de gobernabilidad resultan críticos para la ejecución
de cualquier programa eficaz de desarrollo rural. Las complicaciones
que enfrenta la descentralización se agravan aún
más en el contexto rural. Los problemas de economías
de escala crecientes, dependencia de las transferencias
del gobierno central, discrepancias entre las filiaciones
administrativas y naturales y la representación se
suelen magnificar en las áreas rurales, donde las
diferencias de capacidad y la dispersión de la población
incrementan las tensiones ocasionadas por la descentralización.
Pese a las reformas al nivel macro que han tenido lugar
en gran parte de América Latina en las dos décadas
pasadas, no se han podido eliminar los impedimentos estructurales
al empoderamiento y desarrollo de los pobres. Las reformas
de "segunda generación" para dar respuesta
a los problemas de desigualdad, competitividad y acceso
a los recursos económicos, sociales y físicos
continúan representando un desafío, sobre
todo al nivel local.
Hay quienes sostienen que el proceso de
globalización ha sometido al campesinado de América
Latina a la "doble presión del subdesarrollo",
con una carencia de acceso adecuado no sólo a la
tierra sino al empleo. Las causas de ello se han atribuido
a: (i) el desarrollo de un sector agrícola comercial
y orientado hacia la exportación, ligado al uso de
mano de obra para la explotación agrícola
de subsistencia y con trabajadores por jornal, (ii) una
distribución marcadamente desigual de los recursos,
que perjudica a los pequeños productores y deteriora
el medio ambiente; (iii) una discriminación en favor
de las zonas urbanas y las exportaciones; (iv) una población
en aumento con una base de recursos decreciente y (v) una
degradación medioambiental, producto de la expansión
o intensificación del uso de la tierra por parte
de agricultores en pequeña escala. La política
comercial complica todavía más esta situación,
debido a que la demanda de productos de bajos costos y en
grandes volúmenes deja por fuera a los pequeños
productores agrícolas.
Con todo, los impactos del sector rural
continúan pesando enormemente en el desarrollo nacional.
Aunque en gran parte de América Latina ha venido
descendiendo la contribución de la agricultura al
PIB (constituye menos de 10 por ciento del PIB de la región)
, una buena parte de la fuerza laboral continúa trabajando
en el sector agrario. En México, la agricultura primaria
representa el 20 por ciento del mercado de trabajo, mientras
que en América Central el promedio es del 57 por
ciento. En buena parte de América Latina los habitantes
de las regiones rurales continúan constituyendo una
considerable proporción de la población. En
varios de los países de ingresos entre pequeños
y medianos o medianos, entre ellos Nicaragua, Guatemala
y Paraguay, el 40 por ciento o más de la población
vive en áreas rurales. Más impactante aún
que estas cifras es el nivel de vida que llevan los habitantes
del campo. El legado de pobreza sigue siendo una realidad
permanente para casi 78 millones de ciudadanos rurales de
América Latina, es decir para un 62 por ciento de
la población pobre de la región y la mayoría
de la población que se encuentran extrema pobreza
de todos los países latinoamericanos. , Inclusive
en los países de ingresos medianos de la región
una gran porción de los pobres habita en áreas
rurales. El alto grado de desigualdad que caracteriza a
la región se muestra de manera muy evidente en los
elevados niveles de propiedad de la tierra y de acceso a
los bienes, lo cual perjudica los patrones de crecimiento
inclusivos. Estas disparidades también se evidencian
en el acceso a los servicios públicos en las áreas
rurales. En muchos países prevalecen las grandes
desigualdades de disponibilidad y calidad de los servicios
de agua y saneamiento, electricidad, salud y educación.
Por ejemplo, en países como Bolivia y Perú,
los estudiantes rurales reciben menos del 7 por ciento del
total del gasto público nacional per cápita
para la educación. Los factores técnicos también
han jugado un papel importante en la pobreza rural. Las
tasas de pobreza de las poblaciones indígenas rurales,
en comparación con las no indígenas, son de
más del 30 por ciento en Bolivia, Guatemala, México
y Perú. Estas diferencias se han atribuido a los
diferenciales de salarios que se dan entre la población
rural indígena y no indígena, a los niveles
educativos comparativos de los dos grupos y a la persistente
discriminación contra los grupos indígenas.
III. Marco conceptual
Las revolucionarias transformaciones que sufrió América
Latina en los aspectos de urbanización, industrialización,
globalización y descentralización a principios
del siglo 21 han producido, por ende, impactos radicales
en el sector rural, anteriormente preponderante, aislado
y centralizado. Se ha puesto cada vez más de relieve
el asunto de cómo el sector rural responderá
a estas nuevas realidades o cómo deberá evolucionar
para dar respuesta a ellas. El punto esencial que orienta
el debate es cómo se deberían promover las
oportunidades económicas y sociales en las áreas
rurales, enmarcadas en la integración internacional
y el desarrollo nacional.
Un aspecto fundamental para el debate es
la comprensión común que se tenga de la definición
del concepto de rural y de cuál es el valor de éste
para el desarrollo tanto local como nacional. Por consiguiente,
esta sección destaca inicialmente la importancia
del área rural en el desarrollo nacional. En segundo
término, trata del enfoque territorial del desarrollo
mediante una estrategia que integra a lo rural dentro de
un contexto de desarrollo más amplio, que va más
allá del antiguo enfoque de arriba hacia abajo, el
cual no reconocía la importancia de la participación
y la descentralización. En este nuevo marco se realiza
un análisis más detallado de las áreas
clave de la intervención de política en el
desarrollo rural, así como de los elementos de análisis
y factores para abordar estos asuntos. Esta sección,
pues, incluye las cuestiones cruciales de cada área
de política, con el propósito de estimular
el debate en torno a estos temas. Por último, una
tabla que integra todos los elementos presenta las medidas
de política o mecanismos concretos para abordar las
áreas clave del desarrollo rural
III.A. Importancia de lo rural en el
contexto nacional
Ante el hecho de que América Latina ha sufrido una
urbanización acelerada y, en términos generales,
se ha tornado menos dependiente de la agricultura, cabe
preguntarse qué impactos está produciendo
actualmente el sector rural en el desarrollo nacional. Las
cifras de población rural, pobreza y aspectos étnicos
exigen de por sí una especial atención. Un
análisis más minucioso de las estadísticas
demográficas revela asuntos polémicos respecto
a la desigualdad, la exclusión y el aislamiento,
todo lo cual contribuye a discordias sociales y políticas.
La continua pugna por definir derechos de propiedad de la
tierra en la mayoría de los países de América
Latina ejerce tensiones en el proceso de reducción
de la pobreza y en el empoderamiento de los pobres, e incluso
"puede incrementar las desigualdades y tensiones ya
existentes, en lugar de reducirlas." La posición
desfavorecida en que se encuentran las minorías que
viven en las áreas rurales, en particular las poblaciones
indígenas y las mujeres, aumenta su vulnerabilidad
a la pobreza en forma desproporcionada. Esta condición
de "desfavorecido" ha dado pie a crecientes tensiones
sociales, especialmente en países cuya población
indígena es numerosa. Por otra parte, muchos de los
movimientos rebeldes de América Latina surgieron
y se multiplicaron en los campos, desde México hasta
Colombia y Chile, debido a la desprotección a los
derechos y al aislamiento al que se sometió a las
comunidades rurales. La historia reciente ha dejado en evidencia
que estas comunidades se han mostrado dispuestas a tomar
medidas extremas con el fin de hacer que se oiga su voz.
Las estrategias de desarrollo rural pueden ofrecer soluciones
a los problemas que causan malestar social, tales como la
desigualdad, la exclusión social, el desempleo y
el subempleo, así como a los conflictos por las tierras.
Para la mayoría de los ciudadanos
de América Latina la libertad, los derechos y las
oportunidades que les promete la democracia continúan
constituyendo un reto. La transición a la democracia
no ha demostrado los impactos significativos anunciados
que traerían en el desarrollo. Esta lucha ha resultado
ser aún más dramática en las áreas
rurales, que por lo regular se suelen encontrar desconectadas
tanto física como económica y culturalmente
de las demás zonas, dentro y fuera del país.
Al mismo tiempo, el proceso de democratización y
apertura económica ha incrementado la voluntad política
y la participación para generar vínculos y
redes entre diferentes sectores para abordar la innovación
e incorporarla en el desarrollo rural.
Además de las implicaciones sociopolíticas,
el sector rural tiene también considerables impactos
medioambientales que afectan a la sociedad en general. América
Latina continúa siendo una región rica en
recursos naturales, "con más de la mitad de
las selvas tropicales del orbe, importantes reservas de
biodiversidad y cerca de una tercera parte del agua dulce
del mundo" . Sin embargo, la cantidad de selvas tropicales
que se talan anualmente en América Latina prácticamente
iguala al total de la de Asia y Africa juntas. Buena parte
de los recursos naturales restantes se concentran en las
áreas rurales. La mala administración reinante
y la degradación de los recursos naturales se encuentran
estrechamente vinculadas a la pobreza rural. Por lo tanto,
se está prestando una mayor atención al manejo
eficaz de los recursos naturales al nivel local, con el
fin de fomentar las inversiones ambientalmente sostenibles
y los sistemas de cultivos agrícolas basados en un
uso más eficiente de los recursos, lo cual tiende
a aumentar los rendimientos para los pequeños agricultores.
Un ingreso mayor puede, a su vez, producir la expansión
del empleo rural, tanto agrícola como no agrícola,
disminuyendo así la migración no solamente
a terrenos marginales, que por lo general causan daños
ambientales adicionales (s. C.4), sino asimismo a las áreas
urbanas. Los beneficios que aportan una mejor gestión
de los recursos naturales y las prácticas de conservación
se notarán no sólo en el orden local, dado
que constituyen requisitos para la protección de
la biodiversidad global, sino también en la calidad
del aire, el agua y los suelos. Por otra parte, los recursos
naturales contribuyen a desarrollar otros sectores de la
economía nacional, como los sectores energético
y turístico, entre otros.
Por último, el sector rural sigue
ofreciendo un valor económico crucial para el desarrollo
nacional. Pese a la menor participación en el PIB
que se le atribuye a la agricultura primaria en América
Latina, el debate continúa en torno a la preponderancia
de la agricultura en el desarrollo nacional y en la lucha
contra la pobreza. Un estudio efectuado por el Banco Mundial
sobre reformas agrícolas en numerosos países
en desarrollo señaló que las tasas de crecimiento
agrícola superiores al 3 por ciento anual producían
un impacto significativo en la reducción de la pobreza,
mientras que esta última no se reducía en
ningún caso cuando el crecimiento agrícola
era inferior al 1 por ciento. De manera semejante, los hechos
registrados en gran parte del mundo industrializado revelan
que la agricultura ha constituido un vehículo primordial
para el desarrollo. Desde Suecia hasta Estados Unidos el
desarrollo agrícola, así como su posterior
industrialización, ha resultado fundamental para
su desarrollo económico. De igual modo, hay información
reciente que indica que la actividad no agrícola
puede generar resultados en la reducción de la pobreza
superiores a los logrados con la sola actividad agrícola.
Otros afirman que no se ha explotado plenamente el potencial
del sector agrícola para que produzca sus máximos
rendimientos. Otros más plantean que hay otras actividades
productivas críticas centradas en las áreas
rurales, entre ellas la agroindustria, que podrían
producir resultados aún más dramáticos
en los órdenes local y nacional.
De otro lado, la disponibilidad y el costo
de los alimentos resulta fundamental para la supervivencia
inmediata así como para la reducción de la
pobreza, debido a que los pobres suelen gastar gran parte
de sus ingresos en alimentarse. Aumentando la productividad
de la agricultura se puede mejorar la seguridad alimentaria
y, al mismo tiempo, liberar una buena porción del
ingreso para el consumo de otros bienes y servicios, entre
ellos la educación, con lo cual se estimula la economía.
Los impactos del sector rural en el desarrollo
nacional son de un gran alcance. Lo que hace falta determinar
son los mecanismos más eficaces para fomentar las
oportunidades en las áreas rurales mediante un enfoque
integral del desarrollo nacional.
III.B. Enfoques del desarrollo rural
Son varios los enfoques que se han aplicado, y se siguen
aplicando, en el desarrollo rural. El enfoque político
o administrativo tradicional, basado en los lineamientos
legales de la jurisdicción administrativa del gobierno,
continúa siendo una estrategia común que se
emplea en las medidas de gestión del desarrollo rural.
Debido a las limitaciones propias de las unidades administrativas
más pequeñas, muchos países han desarrollado
estructuras regionales con el fin de conglomerar a grupos
de interés más amplios. Otra de las aproximaciones
comúnmente aplicada al desarrollo rural ha sido el
enfoque sectorial, que extiende el área geográfica
en cuestión, reduciendo a la vez el área de
intervención. No obstante, una de las estrategias
de desarrollo rural que está recibiendo gran atención
es el enfoque territorial del desarrollo. Este le sirve
al FTR como estrategia primaria de análisis, debido
al activo debate que gira alrededor de este enfoque reciente
aplicado al desarrollo rural.
Frente a las restricciones que limitan
a los programas de desarrollo rural sometidos a estructuras
centralizadas, el enfoque territorial plantea el diseño,
ejecución y supervisión de programas de desarrollo
a los niveles local y subregional, en procura de una estrategia
común para la movilización de los recursos
y el desarrollo económico. Sin embargo, en lugar
de realizar programas relativamente aislados, sector por
sector o vereda por vereda, el desarrollo territorial emplea
una estrategia que trasciende las fronteras administrativas
e incursiona en áreas que constituyen conceptos más
naturales, bien sea los definidos por una cuenca hídrica,
la identidad étnica o una prioridad común
a las comunidades. Así pues, esta estrategia permite
también tener en cuenta la influencia de los diversos
factores geográficos que caracterizan a la región.
Este enfoque obedece a un método multisectorial,
que conjuga a grupos de interés clave (locales, gubernamentales,
industriales y del sector privado, organizaciones de la
sociedad civil y autoridades sectoriales descentralizadas)
a través de estructuras locales de toma de decisiones
conectadas con las esferas subregional y nacional. Los territorios
son áreas en las que ocurren varias actividades productivas,
o que al menos representan un potencial para ello, que ofrecen
diversos bienes y servicios complementarios. El énfasis
de esta estrategia se encuentra asimismo en la importancia
de los vínculos entre los sectores rural y urbano
y los asuntos de gobernabilidad. El desarrollo territorial
tiene como finalidad acercar a las áreas rurales
no necesariamente a la capital ni a las áreas metropolitanas,
sino a los municipios o ciudades secundarias, que presentan
mayores oportunidades de acceso y recursos. Un sistema de
Consejos de Desarrollo Territorial, establecidos a los niveles
estatal, subregional y municipal, pueden contribuir a institucionalizar
este enfoque integral. Las actividades de desarrollo territorial
se caracterizan por ser programas de desarrollo impulsados
por la demanda, con frecuencia manejados por la comunidad.
Esta estrategia se encuentra bajo un estricto
escrutinio, debido a que las evaluaciones que hay sobre
programas de desarrollo son bastante escasas. De igual manera,
la complejidad inherente a la coordinación de quienes
toman las decisiones a diferentes niveles y los diversos
grupos de interés constituye un claro desafío,
cuyo manejo se continúa prestando para un gran debate.
III.C. Áreas clave de intervención
de política
Si bien la lucha contra la pobreza rural se ha concentrado
por mucho tiempo en un solo sector - el agrícola-
hay un acuerdo general respecto a que las raíces
de la pobreza rural son un fenómeno multifacético.
Por consiguiente, para atacar las causas principales de
la pobreza rural, se requiere "atacar en varios frentes"
. Mientras que el problema agrario sin resolver de América
Latina continúa siendo de gran importancia para la
región, es preciso enfrentar simultáneamente
otros asuntos estrechamente relacionados con dicho problema.
Entre las principales áreas de intervención
y los recursos clave para aliviar la pobreza rural se encuentran
los siguientes: (i) regímenes que garanticen la seguridad
de la propiedad de la tierra, (ii) infraestructura, (iii)
capital humano y migración, (iv) gestión de
recursos naturales y biodiversidad, (v) las actividades
de investigación y extensión agrícolas
que se presentan en las siguientes secciones. Cada sección
termina con preguntas fundamentales sobre el asunto tratado,
que buscan estimular un debate en torno al tema correspondiente.
C.1. Acceso a la tierra y seguridad
de la propiedad
Pese a que en el pasado la mayor parte de los países
de América Latina se ha comprometido a emprender
reformas agrarias, aún predomina en la región
una marcada desigualdad en la distribución de las
tierras debido a la escasez de éstas, originada en
un legado de acceso muy desigual a ellas así como
a la concentración de las mismas . Sin embargo, la
tierra constituye un patrimonio clave para la población
rural pobre, dado que constituye la base de la actividad
económica en las áreas rurales y permite el
acceso al crédito. Así pues, la tierra constituye
un vehículo de gran importancia para la inversión,
la acumulación de la riqueza y la transferencia de
ésta a las nuevas generaciones. Debido a su importancia
económica y social, la lucha por la tierra también
se encuentra arraigada en muchos conflictos históricos
y contemporáneos de la región. Por lo tanto,
resulta crucial asegurar su propiedad, con el fin de reducir
la pobreza rural y contribuir a erradicar las causas del
malestar social y político.
Por cuanto el tema de la tierra suele estar relacionado
y analizado principalmente en referencia a su uso para el
cultivo y productividad agrícolas, los aspectos del
aseguramiento de la propiedad de la tierra, por ejemplo
el impacto de los derechos sobre la tierra en el empoderamiento
de los pobres, el acceso mejorado a la tierra mediante transacciones
de tierras y diferentes regímenes de tenencia y el
mejoramiento de la gobernabilidad local, al igual que los
aspectos de género y equidad en la propiedad de la
tierra, han sido cruciales, y continúa siéndolo,
para reducir la pobreza y empoderar a los pobres. No obstante,
los encargados de las políticas y las decisiones,
al igual que la comunidad de donantes, no le han dedicado
suficiente atención al impacto que tiene el aseguramiento
de los derechos de tenencia de la tierra en el crecimiento
económico, la reducción de la pobreza, el
empoderamiento de los pobres y la gobernabilidad local.
Sin embargo, hay un acuerdo general respecto a que unos
derechos de propiedad claramente definidos pueden maximizar
el potencial de las áreas rurales para el uso extensivo
de la tierra, la mayor inversión y la transferencia
de terrenos a unos costos de transacción bajos. Por
otra parte, quienes defienden un enfoque basado en el mercado
para la distribución de la tierra sostienen que unos
derechos de propiedad asegurados, combinados con una distribución
de tierras regulada por la oferta y demanda de los compradores
y vendedores de tierras que se podría reforzar mediante
impuestos prediales, podrían alentar a los terratenientes
a reducir su tenencia de tierras subutilizadas y a aumentar
los ingresos de los gobiernos locales. Algunos argumentan
que, adicionalmente, se les debe conceder una mayor voz
a quienes posean derechos de propiedad, facultándolos
así para participar en los procesos de desarrollo
local. Por el contrario, otros sostienen que las políticas
de tierras enfocadas en su titulación, registro y
pago de impuestos, de no ir acompañadas por medidas
de distribución coercitivas (es decir, de expropiación),
pueden debilitar la posición de los campesinos y
pequeños agricultores, debido a su situación
ya de por sí frágil en el mercado y en el
sistema político. Si el ambiente sociopolítico
y el marco institucional no les brindan una protección
eficaz a los derechos de los pequeños agricultores,
estos se encuentran ante el peligro de pasar de una situación
de no tener tierras a una "modernización de
la inseguridad" .
La complejidad de la reforma agraria implica
la necesidad de integrar los procesos de dichas reformas
en un contexto más amplio de políticas económicas
y sociales destinadas al desarrollo y la reducción
de la pobreza, así como a la implantación
de programas descentralizados con un máximo de participación
de los beneficiarios potenciales.
¿Cuáles son las alternativas
viables de distribución de tierra que resultan rentables
y aumentan la equidad?
¿Qué alternativas aumentarían
la seguridad de la tierra para toda clase de regímenes
de propiedad (tenencia comunitaria, tenencia familiar, etc.)?
¿Qué opciones hay de mecanismos de
resolución de conflictos de fácil acceso?
¿En qué forma se podrían fortalecer
los mecanismos y servicios administrativos locales para
facilitar el acceso a la tenencia de la tierra?
C.2. Infraestructura
En las áreas rurales la calidad de la infraestructura
incide considerablemente en la calidad de vida. La disponibilidad
y confiabilidad de las inversiones productivas, económicas
y de infraestructura social producen un efecto dramático
en la posibilidad de acceso de los habitantes rurales a
servicios tales como los de agua y saneamiento, electricidad,
carreteras, irrigación, etc., para el desarrollo.
En la mayoría de las áreas rurales resulta
fundamental enfrentar los tres retos siguientes: (i) mejorar
el acceso a la infraestructura para aquellos que no cuentan
aún con los servicios necesarios, (ii) mejorar la
calidad, eficiencia y sostenibilidad de los servicios de
infraestructura existentes en las áreas rurales y
(iii) maximizar el impacto de la inversión en infraestructura
rural en el desarrollo económico y la reducción
de la pobreza. Si bien el mejoramiento de la calidad, el
acceso y la cobertura de la infraestructura continúan
siendo importantes, se le concede una mayor atención
al potencial generador de ingresos de los servicios, a fin
de contribuir a los objetivos de desarrollo rural más
amplios. Ciertos servicios, como el mantenimiento de vías,
pueden no sólo brindar oportunidades de empleo directo
a los residentes locales, sino mejorar el acceso a otros
mercados de trabajo. La electricidad en las áreas
rurales se puede utilizar en el proceso de productos agrícolas,
así como en las actividades agrícolas no relacionadas
con la subsistencia y las actividades no agrícolas
(por ejemplo, molinos de granos y motores eléctricos
para reparar equipos). En una menor escala, queda por explorarse
el uso productivo de la información, las telecomunicaciones
y los servicios de Internet.
La eficacia de las instituciones públicas en el desarrollo
y manejo de programas y redes de infraestructura constituye
una variable clave para aprovechar su utilidad en el desarrollo
rural. La descentralización va cambiando gradualmente
la responsabilidad de la planeación y prestación
de servicios de infraestructura a los municipios. Sin embargo,
éstos suelen carecer de la capacidad técnica
y financiera, así como de los incentivos necesarios,
para enfrentar los retos antes descritos. Por consiguiente,
la participación del sector privado en la provisión
de infraestructura es cada vez mayor. De otro lado, la coordinación
y planeación entre diferentes instituciones encargadas
de prestar los servicios de infraestructura rural, junto
con la formación de capacidad y el seguimiento y
evaluación de los objetivos e indicadores de desarrollo,
pueden mejorar la efectividad y eficiencia de la planeación
de la infraestructura.
¿Cuáles son los requisitos
necesarios para mejorar el acceso a la infraestructura y
la calidad y sostenibilidad de los servicios de infraestructura
ya instalados?
¿Cómo se puede fomentar la planeación
y coordinación de la infraestructura entre los diferentes
sectores?
¿Cuáles son los beneficios de las alianzas
entre el sector público, el sector privado y la sociedad
civil para lograr como resultado la eficiencia en la planeación
y administración de la infraestructura?
C.3. Capital humano y migración
El concepto del capital humano abarca los temas de educación,
salud y protección social. Para ampliar la prestación
de los servicios de educación básica y salud
a las áreas rurales es preciso tener en cuenta la
dinámica específica que caracteriza al espacio
rural, que incluye una elevada tasa de migración
de las áreas rurales a las urbanas en la región,
la cual produce un cambio en las relaciones de género
e implica asuntos de índole cultural.
La migración de la mano de obra
de las áreas rurales y el abandono de las actividades
agrícolas afectan cada vez más las economías
rurales y los patrones sociales de estas áreas. Aunque
el crecimiento natural de la población es superior
en las áreas rurales en comparación con las
urbanas, en muchos países de la región el
porcentaje de población rural ha sufrido un descenso
en el curso de las décadas pasadas, debido a la 'emigración
rural'. Aunque algunas autoridades encargadas de fijar las
políticas buscan mantener la migración rural-urbana
en niveles manejables, hay otros que sostienen que los flujos
migratorios probablemente se continuarán incrementando.
La educación y la formación
de capacidad pueden contribuir a dos cosas: a acrecentar
el capital humano en las áreas rurales con el fin
de mejorar la productividad y fomentar la inversión
en estas áreas, así como a dotar de mejor
forma a la población rural pobre antes de que ésta
decida migrar. Las reformas al sistema educativo y el diseño
de programas académicos rurales estrechamente ligados
a los mercados de trabajo contribuyen a construir capital
humano y mano de obra preparada para las transformaciones
del espacio rural (s. 5). De otro lado, la teoría
del capital humano indica que unas habilidades mejoradas
se convierten en un activo gracias al cual se facilita el
acceso a mejores oportunidades de empleo, así como
a actividades no agrícolas y a economías urbanas.
La emigración rural no sólo incide en los
propios migrantes y en las comunidades receptoras de éstos,
sino también en los no migrantes que permanecen en
las comunidades que produjeron tal emigración. Además
de investigar acerca de los impactos sociales y económicos
de la migración en la economía y los medios
de sustento locales, el impacto que producen las remesas
sobre el desarrollo está recibiendo una creciente
atención de los medios académicos y de la
comunidad dedicada al tema del desarrollo.
La propagación de la pobreza rural
en las minorías étnicas y el papel cada vez
más prominente de las mujeres en la sociedad rural
plantea el tema de la inclusión social y los enfoques
de formación de un capital humano más acorde
con las diferencias culturales y las necesidades de género,
por ejemplo la educación bilingüe y la formación
académica de las niñas. Asimismo es necesario
reconocer de manera más proactiva el rol que desempeñan
los jóvenes como impulsores de la futura transformación
del sector rural. Los jóvenes, que constituyen un
sector dinámico de la sociedad, capaz de introducir
nuevas tecnologías y de establecer redes y conocimientos,
constituyen un potencial de desarrollo que no se debe echar
a perder ni relegar al mismo patrón de pobreza que
padecieron las generaciones anteriores.
Pese a que la extensión de la educación
primaria a las áreas rurales está mejorando
gradualmente , se ha señalado que la educación
secundaria continúa siendo especialmente problemática
en estas áreas, debido a la menor densidad de población
así como a las limitaciones presupuestarias locales.
De hecho, la matrícula escolar de los menores en
edades entre 6 y 11 años es del 88 por ciento en
las áreas rurales de la región de América
Latina y el Caribe y alcanza el 73,5 por ciento en la franja
de edades entre 12 y 14 años, mientras que la matrícula
escolar de los mayores de 15 años es de apenas el
47 por ciento.
Dado que el acceso restringido a los servicios
de salud en las áreas rurales agrava en forma significativa
las consecuencias de encontrarse en la franja de pobreza
debido a los bajos ingresos las estrategias de desarrollo
rural necesitan también ocuparse de los asuntos relacionados
con la salud, la mortalidad infantil, la nutrición
y la protección social.
¿Qué impactos produce
la migración en el contexto económico y social
del espacio rural y qué tratamiento se le debe dar?
¿En qué forma se puede mejorar el impacto
de las migraciones en el desarrollo?
¿Qué inversiones en capital humano
son necesarias para aumentar la asistencia a la escuela
y las tasas de matrícula en las áreas rurales?
¿Qué combinación de habilidades
se debe proponer en los programas académicos rurales
para hacer frente a la transformación del espacio
rural?
¿Que inversiones hace falta realizar para
extender los servicios de salud y protección social
a las áreas rurales?
C.4. Recursos naturales y biodiversidad
El uso sostenible de los recursos naturales constituye uno
de los mayores retos para el sector rural en la Región
de América Latina y el Caribe (LCR). En esta región
se encuentra "alrededor de 21 por ciento del total
de tierras cultivables del mundo, 12 por ciento de la tierra
cultivada, 46 por ciento de las selvas tropicales ricas
en biodiversidad, 31 por ciento del agua dulce del mundo
y 48 por ciento de los recursos hídricos anuales
renovables del mundo". Sin embargo, LCR padece problemas
de erosión de suelos: más del 15 por ciento
de la tierra deteriorada del mundo se halla en países
de América Latina , además de la contaminación
por la producción agrícola intensiva y el
uso de productos agroquímicos, al igual que una extensa
deforestación. La mayor parte de esta degradación
medioambiental está relacionada estrechamente con
la pobreza rural, "debido a que en América Latina
muchas de las tierras marginales y escasas de recursos probablemente
han sido tierras anteriormente boscosas y a que las tierras
de inferior potencial son propensas a una degradación
crónica, posiblemente se da un nexo cercano entre
la pobreza rural, la deforestación y la degradación
del suelo" . Esta "causación acumulada"
es ocasionada por los labriegos rurales pobres que abandonan
las tierras degradadas para irse a deforestar y cultivar
las tierras boscosas fronterizas carentes, lo cual ocasiona
una degradación adicional y un abandono de la tierra
que, a su vez, desplaza las fronteras agrícolas hacia
las áreas y reservas boscosas. El desarrollo de biotecnologías
también produce efectos dramáticos en el uso
y manejo de los recursos naturales. Estos daños al
medio ambiente tienen implicaciones en el panorama nacional,
regional y mundial. Por consiguiente, el Manejo de Recursos
Naturales (MRN) exige abordar asuntos no solamente internos
del sector agrícola (como políticas, tecnologías
e instituciones) sino externos (por ejemplo, la estabilidad
económica y política, la educación,
el transporte, las comunicaciones, etc.).
El punto clave de una estrategia a largo
plazo en los programas de desarrollo es una gestión
sostenible de los recursos naturales, con el fin de mejorar
el uso eficaz de dichos recursos y contribuir a la protección
medioambiental nacional y mundial, incluyendo la biodiversidad,
el agua y la calidad del suelo. Los recursos naturales contribuyen,
asimismo, al desarrollo de la energía, el turismo
y otros sectores de la economía local y nacional.
Para poder integrar los asuntos relacionados
con la producción, la gestión y la conservación
de los recursos naturales se dispone de numerosos mecanismos
e instrumentos, por ejemplo, organismos reguladores y administrativos
de recursos nacionales, gestión integrada de microcuencas
al nivel comunitario, planeación y gestión
participativa y descentralizada de recursos naturales, fomento
de prácticas de conservación de suelos, diseño
de instrumentos de compensación para los agricultores
ante los beneficios externos generados por prácticas
más amigables con el medio ambiente, y normas y prácticas
mejoradas de cultivo para reducir la contaminación
del suelo y el agua causada por pesticidas.
Una preocupación permanente será
la de cómo trasladar el impacto de los programas
medioambientales a una escala superior, incorporando las
tareas de conservación a los planes y prácticas
de desarrollo. La búsqueda de instrumentos que faciliten
la integración de asuntos intersectoriales e intervenciones
multinivel continúa.
¿Cómo se puede trasladar
el impacto de las políticas ambientalmente sostenibles
a una escala superior?
C.5. Investigación y extensión
rurales
El asunto de la investigación y la extensión
constituye una de las principales áreas de intervención
para fomentar el desarrollo rural. Tanto en la agricultura
como en la economía rural, los conocimientos y la
capacidad para tomar decisiones determinan en qué
forma utilizar los factores de producción como la
tierra, la mano de obra, el ganado, el agua y el capital
en una forma eficiente y sostenible. La dedicación
al descubrimiento de nuevas tecnologías y técnicas
- así como a la adaptación de las existentes
a las condiciones ecológicas, productivas y culturales
del espacio rural- resulta importante para impulsar los
cambios tecnológicos. Esto, a su vez, puede incrementar
la productividad en las áreas rurales de actividades
agrícolas y de otras actividades no agrícolas
que cobran cada vez mayor importancia. Así pues,
el objetivo de la investigación y la extensión
es ayudarles a los agricultores y productores a mejorar
sus estrategias de producción y mercadeo y a poner
las tecnologías a disposición de todos los
productores mediante programas de extensión rural.
Ejemplos de esta área de intervención son
la formación de capacidad de los productores en nuevas
herramientas e instrumentos, la utilización de nuevos
mecanismos de control de plagas, la vacunación del
ganado y el apoyo a la formación de cooperativas
de pequeños productores.
Para hacer que las actividades anteriores
surtan efecto es necesario establecer un sistema eficaz
de conocimientos rurales, (i) fomentando la interacción
entre los principales actores de la investigación
y extensión rurales, incluidos investigadores agrícolas,
empresarios rurales, organizaciones de productores y agricultores,
funcionarios políticos, organizaciones no gubernamentales
(ONG), centros de capacitación, institutos de investigación
técnica, medios de comunicación, etc. y (ii)
promoviendo la organización de instituciones de conocimientos
e investigación locales y sistemas de divulgación
de la información, que contribuyan al empoderamiento
de las comunidades rurales.
¿Cómo se puede maximizar
el impacto de la investigación y extensión
rurales para llegarles al mayor número posible de
agricultores?
¿De qué manera pueden la investigación
y extensión rurales tener en cuenta las necesidades
especiales de las mujeres que llevan a cabo una parte importante
de las labores agrícolas?
¿En qué forma afectan los procesos
de integración económica y comercio internacional
la necesidad de la investigación y extensión
rurales?
III.D. Elementos de análisis y mecanismos del desarrollo
rural
Hay diferentes elementos de análisis, entre otros
(i) el marco institucional y la gobernabilidad, (ii) el
acceso a los mercados, (iii) el acceso a instrumentos financieros,
(iv) la formación de capacidad, (v) la tecnología
y (vi) el seguimiento y evaluación, que interactúan
con cada una de las áreas de intervención
descritas anteriormente. Estos pueden considerarse elementos
básicos que son críticos para la eficaz puesta
en marcha de las estrategias de desarrollo rural. (i) Un
enfoque de desarrollo rural territorial exige un marco de
instituciones públicas mejorado, cuya finalidad sea
la integración sectorial y los nexos entre los niveles
rurales y urbanos así como entre los locales y subregionales,
y la participación cada vez mayor de los actores
y beneficiarios locales de los programas de desarrollo rural.
De igual modo, un marco regulatorio estable, que conduzca
a una participación más eficaz del sector
privado y a unos mercados transparentes y en sano funcionamiento,
crearán un ambiente favorable para el desarrollo
rural. Un marco institucional sólido ayudará
a aumentar la eficiencia en la asignación de los
recursos, facilitará la inversión del sector
privado y mejorará la planeación intersectorial
vinculando, por ejemplo, la planeación de la infraestructura
con los asuntos de desarrollo del sector privado y el medio
ambiente. Por otra parte, unas instituciones mejoradas y
una buena gobernabilidad facilitarán asimismo (ii)
el acceso a los mercados, lo que a su vez le proporcionará
al área rural los productos y bienes necesarios para
mejorar la calidad de vida y llevar a cabo las operaciones
comerciales rurales. Adicionalmente, un mejor acceso a los
mercados les ayudará a los pequeños agricultores
a localizar la demanda para los productos y servicios rurales
y, en esta forma, les brindará oportunidades de expandir
sus actividades económicas a nuevos mercados. El
acceso a los mercados mejorará mediante (iii) la
disponibilidad de instrumentos financieros como un factor
crítico para hacer progresar a cada una de las áreas
clave del desarrollo rural. Unos instrumentos financieros
consistentes facilitarán las inversiones a largo
plazo requeridas para diversificar y modernizar la producción,
mejorar las oportunidades económicas de las pequeñas
empresas, y facilitar tanto la disponibilidad de nuevas
tecnologías como la inversión en actividades
no agrícolas. (iv) La formación de capacidad
resulta crucial para ayudarles a los actores locales a adaptarse
a los cambios en el contexto de la globalización
y la liberalización de mercados, así como
para prepararse para una planeación y ejecución
eficientes de los programas de desarrollo rural, integrales
y participativos, impulsados por la demanda. (v) El desarrollo
de nuevos conocimientos y tecnologías resulta crucial
para mantener la ventaja competitiva en el mercado. Además,
el desarrollo de la economía rural depende, en gran
medida, de conquistar esta ventaja y mantenerla. Por último,
para identificar el nexo que une a las políticas
rurales con los resultados, las estrategias de desarrollo
rural deben incluir (vi) actividades de evaluación
y seguimiento, de manera que esta información pueda
ser compartida por todos los actores participantes.
Cada uno de los elementos anteriores ofrece
una variedad de acciones y mecanismos de política
que sirven para apoyar y mejorar la implantación
de las estrategias de desarrollo rural. Estas actividades
se presentan en forma esquemática en la tabla 1.
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¹ Con contribuciones de Katherine Bain, Osvaldo Feinstein, Jonas Frank, Pilar Larreamendy, Daniel Lederman, Jorge Muñoz, Monica Peñuela, William Reuben, Jennifer Sara, Maria Poli y Roby Senderowitsch. Este documento se desarrolló para estimular discusiones y comentarios dentro de la comunidad del desarrollo. Este documento no refleja las opiniones del Banco Mundial, sus organizaciones afiliadas, su Junta de Directores Ejecutivos ni los gobiernos que representan.
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