ARTÍCULO

Estudiantes afganos presentan su show musical en EE. UU.

Enero 17, 2013

El estudiante Said Hasan, 11, toca el rubab, un instrumento tradicional afgano, en el Instituto Nacional de Música de Afganistán.

TITULARES DE ARTÍCULOS
  • En febrero, estudiantes del Instituto Nacional de Música de Afganistán tocarán en el Centro Kennedy de la ciudad de Washington y en el Carnegie Hall de Nueva York.
  • La escuela, respaldada por el Banco Mundial, capacita a estudiantes, muchos de ellos huérfanos y ex vendedores callejeros, en música afgana y occidental, que antes estaba prohibida en ese país.
  • "En Kabul, no se escucha mucha música clásica, y quiero que mi pueblo la conozca", dice un joven pianista.

Las pequeñas trompetistas de Afganistán (i) se ríen. Les resulta muy divertido intentar explicar cómo fueron seleccionadas en un orfanato para estudiar en la nueva escuela de música más prestigiosa del país.

“Es que somos muy, muy buenas”, logra presumir Khalida Safai de 10 años antes de soltar otra carcajada.

Pero cuando su instructor da la señal, Khalida echa un vistazo a su compañera Meena Zinat de 9 años, marca el tiempo con el pie para la síncopa, acomoda los labios de manera sorprendente, y ambas niñas comienzan a interpretar la canción “Hot Cross Buns” con lo mejor de ellas.

En realidad, son las mejores. De hecho, son las únicas niñas trompetistas de Afganistán. Y al igual que otros 140 estudiantes, forman parte de una visión prometedora que desde hace mucho tiempo persigue Ahmad Sarmast.

Sarmast regresó a su patria desde Australia en 2006, con el propósito de crear el Instituto Nacional de Música de Afganistán (ANIM, por sus siglas en inglés) en su país destruido por la guerra. Años de presiones, organización y recaudación de fondos transcurrieron antes de que la escuela finalmente abriera sus puertas en 2010.

En febrero de este año, los alumnos de la escuela se embarcarán en un viaje largamente planeado a Estados Unidos, que los llevará al Centro Kennedy (i) de la ciudad de Washington, y al Carnegie Hall (i) de Nueva York. La visita es patrocinada por el Banco Mundial, el Departamento de Estado de EE. UU., la Corporación Carnegie y el Consejo Cultural Asiático.

El Banco Mundial fue uno de los primeros donantes del ANIM, y ahora respalda la construcción de un auditorio de 300 asientos, que ayudará a la escuela a ser autosuficiente, y un dormitorio para estudiantes desfavorecidos. El Banco entrega asistencia a la escuela como parte de su Proyecto de Desarrollo de Habilidades de Afganistán, cuyo objetivo es mejorar la formación profesional. El financiamiento para el proyecto es proporcionado por el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Afganistán (ARTF, por sus siglas en inglés) (i) y la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los países más pobres.

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El Dr. Sarmast lo ha hecho todo por nosotros y nosotros hemos encontrado nuestra vocación de músicos. No hay otro lugar como este Close Quotes

Shabeer Kabuli, 20
Estudiante, Instituto Nacional de Música de Afganistán.

La escuela está situada cerca del histórico barrio de músicos de Kabul, donde solían practicar los intérpretes de instrumentos tradicionales como el rubab, el dambura, el dutar y el tambur, transmitiendo las canciones y técnicas a lo largo de los tiempos. Sarmast ahora está tratando de reavivar y preservar estas tradiciones, un niño a la vez.

Los instructores, tanto locales como extranjeros, exponen además a los estudiantes a la música clásica occidental mediante la inclusión de instrumentos de cuerda, de metal, de viento de madera y de percusión; pianos y guitarras en el plan de estudios, junto con las asignaturas habituales que permitirán a los estudiantes obtener sus diplomas académicos de duodécimo grado.

Durante años, las clases de música para niños se descuidaron o prohibieron. Las facciones fundamentalistas prohibieron la música por completo durante un tiempo. Ahora, la prevalencia de la música del “Bollywood” de India y el rock occidental amenaza con destruir otras formas musicales, dice Sarmast.

Preservar la tradición es una tarea enorme, pero Sarmast agrega que su mayor objetivo en el ANIM es más ambicioso.

“Llegué aquí con la esperanza de dar una voz al pueblo afgano, de asegurar que pueda expresarse nuevamente mediante la música y esperando lograr cambios positivos a través del desafío a las barreras sociales, étnicas y religiosas. Queremos volver a establecer el respeto mutuo dentro de las comunidades afganas así como a nivel internacional”.

El ANIM ha comenzado este proceso, afirma Sarmast, reclutando a la mitad de sus estudiantes en los orfanatos locales y los organismos de ayuda infantil. Actualmente, las niñas representan un tercio de la población estudiantil, pero el objetivo final es que sean la mitad. Los niños provienen además de una amplia variedad de orígenes étnicos, religiosos y económicos. Los alumnos usan uniforme para que no haya diferencias, y todos deben hacer una audición para determinar su potencial musical. Sin embargo, los huérfanos tienen un significado especial para Sarmast.

Con evidente emoción recuerda la lucha personal de su padre, Ustad Salim Sarmast. Después de haber sido abandonado en un orfanato por una madre viuda y pobre, Ustad logró convertirse en el primer afgano que exitosamente compuso, arregló y condujo obras para una orquesta sinfónica en su país natal durante la ocupación soviética.

“Esta es mi sangre. La historia de mi padre siempre me inspira, y les digo a los niños que ellos también pueden lograr grandes cosas”, señala Sarmast.

Fikrya, de 14 años, vendía goma de mascar en las calles de Kabul antes de que un organismo de ayuda la alentara a hacer una audición para ANIM. Ahora es una de las primeras en su país que toca el violonchelo. Said Hasan, de 11 años, se aferra a sus raíces afganas, centrando sus esfuerzos musicales en el rubab, un instrumento de cuerda -similar al laúd- de mástil corto, a menudo complejamente decorado con incrustaciones de perlas.

“El rubab tiene un sonido maravilloso. Lo escuché por primera vez en el casamiento de mi tío y me dije a mí mismo que iba a aprender a tocar este instrumento”, dice Said, hijo de un obrero local.

Sin embargo, no todos los alumnos provienen de entornos desfavorecidos. Elham Fanoos, de 13 años, es un prometedor pianista, que ama a Chopin y se siente “como si estuviera en un jardín” cuando toca el piano. Proviene de una familia local de músicos que puede pagar su educación.

“En Kabul no se escucha mucha música clásica, y quiero que mi pueblo la conozca”, dice el adolescente aspirante a compositor, antes de empezar a tocar una sonata de Haydn, con los ojos cerrados, y quien usa unas finas zapatillas con las que golpea los pedales del piano.

Otro estudiante que puede pagar, Shabeer Kabuli, de 20 años, dice que experimentó con numerosos instrumentos e instructores antes de decidirse por el raro oboe en el ANIM.

“Después de todos estos años, cuando escucho y toco el oboe, es con amor”, dice Kabuli. “El Dr. Sarmast lo ha hecho todo por nosotros y nosotros hemos encontrado nuestra vocación de músicos. No hay otro lugar como este”.

Los estudiantes afganos se presentarán el jueves 7 de febrero de 2013 a las 18.00, hora de la ciudad de Washington, en el Salón de Conciertos del Centro Kennedy. Este evento es gratuito y los boletos, que son obligatorios, se distribuirán a razón de dos por persona en el Salón de las Naciones, a partir de las 17.00. Haga clic aquí para obtener más información. (i) En el Carnegie Hall de Nueva York se presentarán el martes 12 de febrero de 2013 a las 20.00. Haga clic aquí para obtener más información o para comprar boletos. (i)