ARTÍCULO

El Líbano soporta la peor parte de los efectos secundarios económicos y sociales del conflicto sirio

Septiembre 24, 2013

The Masnaa border crossing in Lebanon

TITULARES DE ARTÍCULOS
  • Número de refugiados en el Líbano se acerca ahora a 1 millón, es decir, 22% de la población.
  • Evaluación realizada por el Banco Mundial predice que el conflicto en curso y el flujo de refugiados redundarán en enormes pérdidas en el comercio y turismo, y aumentarán tasas de pobreza y desempleo.
  • Estudio servirá de guía para que el Gobierno adopte decisiones políticas y será la base de la coordinación del apoyo mundial.
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Autos, camionetas en mal estado y camiones llegan al Líbano cargados de familias que están sentadas entre bultos de pertenencias, maletas y colchones. Se trata de una rutina cotidiana en los dos pasos fronterizos oficiales del norte y este del Líbano que ofrecen un camino hacia la seguridad a los sirios que huyen de la violencia en su país.

El Gobierno del Líbano ha confirmado una política de “fronteras abiertas”, basada en los fuertes lazos históricos, económicos, sociales y políticos que existen entre los países vecinos. Organismos humanitarios, organizaciones no gubernamentales (locales e internacionales) y centros gubernamentales, a pesar de la falta de personal y equipamiento, están realizando enormes esfuerzos para ayudar con el flujo de refugiados, que ahora se acercan a 1 millón, es decir, el 22% de la población del Líbano.

El gran dilema del Líbano es ¿cómo un país pobre en recursos, endeudado y con problemas de liquidez puede enfrentar los efectos de la tragedia de los refugiados que mantiene a las comunidades de acogida bajo una enorme presión económica y social?

A pedido del Gobierno libanés, el Grupo del Banco Mundial ha realizado una Evaluación del impacto económico y social de la crisis siria en el Líbano, en colaboración con organismos de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Los resultados de dicho estudio son alarmantes, dado que predicen que la población de refugiados llegará a 1,6 millones, es decir, el 37% de la población total del Líbano, a fines de 2014. El Gobierno deberá desembolsar miles de millones de dólares en los próximos 15 meses para cumplir con la creciente demanda de servicios públicos, como salud, educación, agua y electricidad. Aumentará aún más el déficit fiscal, que ya asciende al 8,7% del producto interno bruto (PIB), es decir, US$3.700 millones.

Incluso antes del estallido del conflicto sirio en marzo de 2011, cuando cientos de miles de personas se vieron obligadas a cruzar la frontera por los combates, el Líbano lidiaba con una infraestructura dañada y servicios públicos inadecuados. El promedio del suministro de electricidad es de 18 horas diarias, y mucho menos en zonas rurales. Los servicios públicos de agua se limitan a tres días a la semana, en el mejor de los casos. La superpoblación de las escuelas públicas y la capacidad insuficiente de los centros de salud y hospitales públicos que atienden a la población de menores ingresos, especialmente en las zonas rurales, han sido tema de las noticias y del activismo de la sociedad civil durante casi una década. El flujo de refugiados está llevando a todos estos sectores al límite.

Los refugiados son alojados entre la población de todo el país, pero las mayores concentraciones se registran en el norte y este del Líbano, donde las comunidades agrícolas pobres luchan para poder subsistir.

Se cree que el aumento de la población de refugiados afectará el crecimiento económico, incrementará la pobreza y el desempleo entre los libaneses, y sobrecargará aún más una situación presupuestaria ajustada en un país que lucha con una deuda pública que ha llegado a los US$57.700 millones, es decir, 134% del PIB en 2012, uno de los coeficientes de deuda más altos en el mundo.

Los refugiados sirios más ricos se han establecido en comunidades urbanas, especialmente en Beirut y sus alrededores, donde la mayor demanda de vivienda está haciendo subir los alquileres.

En cambio, los refugiados no calificados -que son la mayoría-, se alojan en escuelas, tiendas de campaña improvisadas y construcciones sin terminar, mezquitas, y con familias libanesas. Una familia de refugiados del distrito de Wadi Khaled, en el norte de Akkar, transformó una letrina de una plantación de papas en un refugio para cuatro niños, en tanto que los padres duermen al aire libre, a pesar de que se avecina el invierno.

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Los sirios que llegan registran su condición ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que les proporciona una ración mensual de alimentos y botiquines de higiene y, en casos muy excepcionales, un poco de dinero para el alquiler. Pero aunque es insuficiente, la asistencia ha creado tensión entre los anfitriones locales, que no reciben ningún beneficio.

La ayuda no es la única fuente de tensión que ahora claramente va en aumento. Los ciudadanos libaneses se quejan de que los refugiados sirios les están quitando sus medios de subsistencia, ofreciéndose a trabajar por salarios más bajos en empleos no calificados. Esto es particularmente cierto para los agricultores de las zonas rurales, donde el sueldo promedio es de 20.000 libras libanesas (US$13) al día, mientras que los sirios cobran la mitad de esa cantidad.

Sí, contraté a 100 sirios para la recolección de uvas. Son mucho más baratos que los libaneses y debido a la pérdida de ingresos comerciales debo reducir los costos”, admite Mustafa, un propietario de tierras cercanas a Ba’albek.

Se estima que 170.000 libaneses más caerán en la pobreza en los próximos meses, sumándose al millón de ciudadanos que ya están por debajo de la línea de pobreza.

Las pérdidas registradas en el sector del comercio y el turismo han llevado a las empresas al borde de la quiebra. Las rutas de exportación del Líbano a los países del Consejo de Cooperación del Golfo, y a Iraq y Jordania han sido bloqueadas por la guerra en Siria. El turismo, una fuente vital de ingresos, ha disminuido en los últimos años a cerca de cero. Muchos países, entre ellos los seis miembros más ricos del Consejo, han advertido a sus ciudadanos que no viajen al Líbano por temor a los efectos secundarios de la guerra vecina y a la creciente polarización de la sociedad libanesa entre el apoyo al régimen sirio o los rebeldes.

El documento final fue presentado el 25 de septiembre en un foro en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. La reunión fue presidida por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, y contó con la presencia del presidente libanés, Michel Sleiman; el presidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim; directores de organismos de la ONU, y representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. El encuentro culminó con la creación del Grupo Internacional de Apoyo al Líbano (ISG, por sus siglas en inglés).

El compromiso de ayudar al Líbano a afrontar la afluencia masiva de refugiados y recompensarlo por su generosidad es un nuevo modelo para la cooperación internacional de donantes en situaciones de crisis. Vincula la asistencia directa a los refugiados con los esfuerzos por abordar las necesidades y capacidades de las comunidades e instituciones que los acogen, formando un nexo entre la ayuda humanitaria y el desarrollo.

El siguiente paso será esbozar las prioridades clave que deberá respaldar la comunidad internacional, incluidos los proyectos concretos para crear resiliencia en las comunidades de acogida del Líbano. Durante esta fase, el Banco Mundial trabajará en estrecha colaboración con el Gobierno para determinar las medidas prioritarias en materia de políticas e inversiones en el contexto de sus múltiples necesidades. Este es un momento crítico en la historia del Líbano, y el Banco se está preparando para ayudar a fortalecer la capacidad de adaptación del país a través del apoyo al desarrollo que pueda complementar las acciones humanitarias inmediatas.