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El alto costo de los alimentos eleva el número de protestas populares

Junio 02, 2014

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  • El mundo y Latinoamérica han experimentado más de medio centenar de manifestaciones violentas en los últimos años, a raíz del aumento en el precio de los alimentos

La nueva manzana de la discordia en el mundo parece ser el alto precio internacional de los alimentos, que ha subido 4% entre enero y abril del 2014, acabando así con una tendencia a la baja desde mediados del 2012. Esto ha tenido un impacto directo en la canasta básica alimentaria y en los ánimos de la gente.

Desde 2007 hasta la fecha, el mundo ha vivido 53 manifestaciones violentas como consecuencia del alto precio de los alimentos o de su escasez. Y aunque América Latina ha tenido su cuota de protestas por este mismo motivo, también ha sido protagonista de una serie de innovaciones que podrían ayudar a paliar la situación mundial.

José Antonio Cuesta, economista del Banco Mundial y uno de los autores del informe Alerta en el Precio de los Alimentos, explica cómo reducir el impacto de estas crisis en la población más vulnerable.

Pregunta. Han habido numerosas protestas violentas por el alto precio de los alimentos, ¿podemos esperar que esto aumente?

Respuesta. Con precios altos y difícil acceso a los alimentos las familias tienen dos opciones: o dedican una mayor parte de su presupuesto a la misma canasta básica, o dejan de consumir ciertos productos. En una sociedad con mayores niveles de insatisfacción es más probable que se reaccione de forma violenta a las consecuencias que una crisis alimentaria. Creo que los disturbios ocasionados por la inseguridad alimentaria se van a seguir produciendo. Vivimos en un mundo en que los precios de alimentos son altos, y además se sigue generando hambruna y crisis humanitarias. Y las respuestas de los gobiernos siguen siendo de corto plazo, tales como cerrar las fronteras a las exportaciones de alimentos.

P. Muchos tienen la sensación de que éstas son protestas aisladas, y que Latinoamérica es ajena a este fenómeno, ¿están en lo correcto?

R: Debo aclarar que estamos hablando de manifestaciones violentas. Y no, no son protestas aisladas sino sistemáticas, y Latinoamérica no está exenta. Algunos ejemplos recientes se refieren a episodios violentos en Haití, Camerún, Argentina, Honduras, Venezuela, Colombia, Perú, Túnez, Sudáfrica, Pakistán, Somalia y Sudán. Todos están directamente relacionados con la seguridad alimentaria, ya sea por precios altos (o bajos, para el caso de los productores agrícolas típicamente de subsistencia), por escasez de alimentos -como en Argentina en 2007- o por ambas razones, que es el caso de Venezuela ese mismo año. En el último informe Alerta sobre el Precio de los Alimentos, calculamos que en los últimos seis años se han producido 53 manifestaciones violentas en el mundo, de las cuales 8 fueron en Latinoamérica. También encontramos que el 60% de los disturbios se produjeron en los dos años posteriores a la primera crisis en el precio de los alimentos, entre 2007 y 2008. Esto indica que, además de los evidentes efectos sobre los hogares, el precio de los alimentos tiene una incidencia directa en los disturbios públicos y, más generalmente, en inestabilidad política y social.

P. ¿Qué países latinoamericanos son más vulnerables a crisis alimentarias?

R: Los más expuestos son justamente aquellos que importan la mayoría de los alimentos que consumen y que a la vez dependen de importaciones de petróleo. En el caso de Latinoamérica estamos hablando de los países caribeños y centroamericanos. Por añadidura, estos países no tienen los sistemas de protección social más sólidos, que les permitan paliar los efectos de las posibles crisis alimentarias. La otra cara de la moneda la tenemos en los grandes exportadores latinoamericanos: Brasil, Argentina, México y Uruguay. Estos países, que pueden beneficiarse de un aumento en el precio de los productos que exportan, son también los que cuentan con sistemas de protección social más avanzados. En cuanto a la posición global, se puede decir que la región está en una situación de relativa comodidad, sobre todo cuando la comparamos con África o Asia. Además, Latinoamérica aporta ejemplos de innovación agrícola, como por ejemplo el caso de Brasil, que muestran posibles soluciones al problema de inseguridad alimentaria global.

P. Entonces, ¿qué recomienda para subsanar esa vulnerabilidad?

R. Afortunadamente los países de la región no asumieron políticas restrictivas entre 2007 y 2008, hecho que les ayudó a sortear los peores efectos de la crisis en el precio de los alimentos. Por otro lado, Latinoamérica como región ha logrado crear sistemas de protección social relativamente sólidos. De todos modos, los gobiernos no pueden dejar de invertir en mejorar la producción agrícola, los sistemas de transporte, exportación e importación. Si no estamos alertas, tendremos que enfrentar estas situaciones cuando los precios de los alimentos se disparen. Y buscar soluciones cuando la crisis está encima resulta todavía más difícil.

P. Por lo que vemos, su visión es poco optimista…

R. Quisiera sonar responsable más que optimista. En los próximos años los altos precios domésticos van a ser una constante. De todas formas, no sabemos con certeza el margen en que van a aumentar o disminuir, ya que no podemos predecir si habrán desastres naturales o políticas comerciales de pánico, por ejemplo. Es decir, sabemos qué factores contribuyen al aumento de precios pero no sabemos cuándo estos factores van a alinearse. Por eso es imprescindible crear un clima de conciencia de que estos factores pueden darse y actuar en consecuencia reforzando los sistemas de seguridad social y, en definitiva, invirtiendo en seguridad alimentaria. Tenemos soluciones en nuestras manos y debemos usarlas lo mejor y antes posible para evitar un daño innecesario a los más pobres y vulnerables.