ARTÍCULO

Latinoamérica: ¿Están seguros los chicos en la escuela?

Enero 26, 2015

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Escuela secundaria en la aldea Xenimajuyú, Guatemala. / C. LEÓN (BANCO MUNDIAL)


Según una encuesta regional, la mayoría de estudiantes afirman haber sido agredidos alguna vez en la escuela. Pero las soluciones están al alcance de la mano.

“Me pegan, me insultan, me ponen apodos”, dice un estudiante de secundaria al describir su día en una escuela de Latinoamérica. Su caso no es aislado: golpes, insultos y burlas forman parte del día a día de millones de niños latinoamericanos.

De hecho, más de la mitad de los estudiantes del sexto grado de primaria en la región dijeron haber sufrido algún tipo de violencia a manos de sus compañeros (robos, insultos, golpes o amenazas), según un análisis publicado en la revista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En México, casi el 69% de los estudiantes de media superiorencuestados por la Secretaría de Educación dijeron haber experimentado algún tipo de agresión o violencia en la escuela. En Brasil, un 70% de los estudiantes afirmó haber visto un compañero siendo intimidado al menos una vez, según la organización Plan International. En Argentina, el 66% de los estudiantes reconocieron que sabían de frecuentes humillaciones hacia alumnos, según la UNICEF.

Estas cifras muestran claramente que en las escuelas de América Latina se convive con distintos tipos de violencia todos los días. Y esa situación está directamente relacionada con el entorno, las comunidades y las sociedades en las que están esas escuelas. Como explica Joan Serra Hoffman, especialista en seguridad ciudadana del Banco Mundial, “una escuela no es una isla”.

“El factor más predictivo son los niveles de la violencia circundante”, afirma. Importa mucho cuán seguro es ir y regresar de la escuela, por ejemplo, si hay rutas seguras, o si hay supervisión adecuada alrededor de la institución.

“Generalmente las escuelas con mayor incidencia de violencia, están situadas en las comunidades menos organizadas”, agrega Serra Hoffman.

Continente violento, escuelas violentas

Estos fenómenos de violencia en las aulas son, en opinión de los expertos, el reflejo de lo que vivimos en esta, la región más violenta del mundo. En América Latina, con un 10% de la población mundial, ocurren el 30% de todos los homicidios del mundo. De las 50 ciudades con más asesinatos, 42 son latinoamericanas.

Pero hay esperanza, dice Hoffman. La escuela es un lugar ideal para crear un “refugio”, donde se pueden “desarrollar aptitudes de convivencia”. Al final de cuentas, dice, los jóvenes a veces pasan más tiempo con sus maestros y compañeros que con sus padres.

Diferentes iniciativas promueven la convivencia pacífica y la tolerancia en las escuelas, como en Medellín, donde la Fundación Mi Sangre del cantante Juanes lleva adelante una serie de programas para mejorar el ambiente en algunas escuelas.

Sebastián Álvarez, un joven participante de la comuna 13, barrio conocido por su historia de violencia, dijo que en el proyecto de Mi Sangre se trata de pintar y escribir, pero también de “crear personas con la capacidad de perdonar, de amar, de dialogar y comunicarse entre nosotros”.

El papel de la comunidad

Una de las primeras cosas que se deben tomar en cuenta, según la experta del Banco Mundial, es el vínculo entre la escuela y la comunidad.

“Muchas veces el sector educativo se encuentra a nivel estatal o federal, y no hay esta articulación que se debería de tener con la comunidad cercana a las escuelas, pero son aliados muy importantes”, explica. Escuela y comunidad deben trabajar juntos para mejorar la seguridad en el camino hacia la escuela, mantener los espacios de recreación y crear un entorno más saludable, recomienda Serra Hoffman.

La otra es tener más diálogo entre las escuelas y los padres. “Hubo muchas iniciativas en las cuales las escuelas abren sus puertas a los padres y a la comunidad de una forma consistente como parte de su pedagogía”, dice Serra Hoffman. Hay escuelas en diferentes partes de América Latina que ofrecen actividades culturales o talleres para padres.

Un buen ambiente en la escuela puede contribuir a reducir la violencia, pero también ayudar a mejorar otros factores, como la prevención del embarazo precoz o el consumo de sustancias, explica la experta.