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La revolución digital necesita el apoyo de complementos analógicos para desplegar todo su potencial

Enero 13, 2016

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TITULARES
  • Las tecnologías digitales se han extendido en todo el mundo, pero 4000 millones de personas todavía no tienen acceso a Internet.
  • Eliminar la brecha digital debería ser una prioridad a nivel mundial para impulsar el crecimiento, crear empleos y mejorar la prestación de servicios, según un nuevo informe.
  • Es más probable que los países cosechen los “dividendos digitales” si ponen atención tanto en los factores tecnológicos como en los factores analógicos.

En el mundo, actualmente hay más personas con acceso a teléfonos móviles que a electricidad o suministro de agua. ¿Esto significa que la revolución digital de verdad ha comenzado?

La respuesta a esta pregunta es no, no todavía, de acuerdo al Informe sobre el desarrollo mundial 2016 dedicado al tema de Internet, preparado por el Banco Mundial y cuyo título es “Dividendos digitales”.

Las tecnologías digitales se han extendido rápidamente en las últimas dos décadas y se ha generado un gran entusiasmo acerca de las posibilidades que ofrece la era digital. Pero los beneficios esperados —mayor productividad, más oportunidades para los pobres y la clase media, mayor rendición de cuentas de los Gobiernos y las empresas— no han llegado a todos por igual y a todos los lugares, tal como se anticipó, señala el documento.

“Claramente, el potencial es enorme”, dice Deepak Mishra, economista del Banco Mundial y codirector del informe, una de las publicaciones emblemáticas del Banco Mundial.

“Compartimos el optimismo de Silicon Valley cuando se trata del potencial transformador de las tecnologías digitales. Pero no en el sentido de que los beneficios están garantizados y son automáticos”, señala Mishra. “Creemos que traducir las inversiones digitales en dividendos es mucho más difícil que lo manifestado antes por muchos expertos”.

“Dividendos digitales”, un estudio de las últimas investigaciones, datos y bibliografía sobre la economía digital, plantea que se necesitan realizar mayores esfuerzos para que más personas tengan acceso a Internet y crear un entorno que propicie los beneficios de las tecnologías digitales para todos.

Si bien el total de usuarios de Internet se ha triplicado en una década, a una cifra estimada de 3200 millones, casi el 60 % de la población mundial —aproximadamente 4000 millones de personas— aún no tiene conexión a Internet, según el informe.

Y a pesar de la rápida adopción de los teléfonos móviles, alrededor de 2000 millones de personas no usan uno de estos aparatos. Casi 500 millones viven fuera de zonas con señal de telefonía móvil.

Las personas que no tengan acceso a las tecnologías digitales ni a la educación y las habilidades para aprovechar estas tecnologías se verán cada vez más rezagadas a medida que el mundo avanza, advierte el informe.

“El acceso universal [a Internet] es una prioridad”, dice Uwe Deichmann, el otro codirector de “Dividendos digitales”.

Si bien las tecnologías digitales no son un atajo para alcanzar el desarrollo, pueden ser un elemento acelerador del desarrollo si se usan de una manera adecuada, agrega Deichmann.

“Vemos muchos resultados insatisfactorios e inversiones desperdiciadas. Es bastante sorprendente la cantidad de proyectos de gobierno electrónico que fracasan”, dice Deichmann.

“Si bien la tecnología puede ser muy útil de muchas maneras, no nos ayudará a sortear los fracasos en materia de desarrollo en las últimas dos décadas. Todavía tenemos que cubrir lo básico: la educación, el entorno empresarial, y la rendición de cuentas del Gobierno”.


" Debemos asegurar que los beneficios de las nuevas tecnologías se distribuyan ampliamente, en particular entre los pobres "
jim Yong Kim, World Bank Group President

Jim Yong Kim

Presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim

Como parte de la investigación, el equipo del Informe sobre el desarrollo mundial 2016 realizó consultas en 29 países y se reunió con ejecutivos de empresas tecnológicas de todo el mundo. Asimismo, se contó con la guía de un Panel Asesor, compuesto por un presidente, un exprimer ministro, expertos tecnológicos, académicos y ejecutivos empresariales.

El informe aborda la función de Internet en la promoción del desarrollo, lo que incluye el crecimiento, el empleo y la prestación de servicios. También analiza los riesgos de la era digital: la creciente concentración en muchos sectores, el aumento de la desigualdad debido a la automatización y desaparición de algunos tipos de empleos, y la amenaza de que Internet se use para controlar la información en vez de compartirla.

Un mensaje clave es que ciertos complementos “analógicos”, o no digitales, como por ejemplo políticas y regulaciones, son necesarios para garantizar que el mercado digital sea competitivo y que Internet amplíe el acceso a la información, reduzca el costo de la misma, y promueva sociedades más inclusivas, eficientes e innovadoras.

Las tecnologías digitales amplifican el impacto de las buenas y malas políticas, de modo que la falta de reformas significa quedar rezagados respecto de los que introducen reformas, señala el informe.

“Si las regulaciones inhiben la competencia, aumentará la concentración de los mercados, y se producirán monopolios digitales, y divergencia en los resultados en los países”, dice Mishra.

De la misma manera, “si las personas tienen las habilidades apropiadas, las tecnologías digitales les ayudarán a ser más eficientes y productivas, pero si faltan dichas habilidades, terminará habiendo mercados de trabajo cada vez más polarizados y un aumento de la desigualdad”.

En los países en desarrollo y en varios países de ingreso mediano grandes, la tecnología ha llevado a la automatización de trabajos rutinarios, como ciertas tareas en las fábricas, y de algunos empleos administrativos. Mientras algunos trabajadores se benefician, “una gran proporción” de ellos se ven obligados a competir por empleos con baja remuneración que no pueden ser automatizados, señala Deichmann.

“Lo que estamos viendo es una reestructuración de los empleos más que una eliminación de los mismos, lo que los economistas han denominado un vaciamiento del mercado de trabajo. Se observa que el porcentaje de empleo en ocupaciones de capacitación media disminuye y que aumenta la proporción de empleo en las ocupaciones poco calificadas”, explica.

Mejorar la educación y repensar los métodos de enseñanza será crucial para preparar a las personas para los futuros mercados laborales, sostiene el informe.

El documento señala que es importante tener en cuenta que el desplazamiento del empleo provocado por el cambio tecnológico es parte del progreso económico, y que los temores por el “desempleo tecnológico” se remontan a la época de la Revolución Industrial.

Si bien el sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones es un segmento bastante pequeño de la economía mundial (alrededor del 7 % del PIB en Estados Unidos, país que alberga a 8 de las 14 compañías de tecnología más grandes del mundo en términos de ingresos, pero considerablemente menor en los países en desarrollo), ha producido algunos beneficios extraordinarios en el resto de la economía.

El acceso a las tecnologías digitales ha creado oportunidades que antes no estaban al alcance de los pobres. Alrededor de 8 millones de emprendedores en China usan el comercio electrónico para vender mercancías, de los cuales un tercio son mujeres. La identificación digital en India ha reducido la corrupción y ha aumentado el acceso a los servicios. Y en África se usan simples mensajes de texto a través de teléfonos móviles para recordar a los pacientes con VIH que tomen sus medicamentos.

“La mayor revolución digital que ocurre en el mundo está transformando los negocios y la administración pública, pero los beneficios no son automáticos y tampoco están garantizados”, dijo el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim. “Debemos asegurar que los beneficios de las nuevas tecnologías se distribuyan ampliamente, en particular entre los pobres. La evidencia muestra que podemos hacer esto, mediante el fomento de la competencia entre las empresas y la inversión en las personas, empezando con las madres embarazadas para asegurar que todos los niños tengan las habilidades cognitivas que les permitan ser parte más tarde de la revolución digital”.



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