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¿Qué significa ser mujer en Brasil? La respuesta te sorprenderá

Marzo 08, 2017


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Mariana K. Ceratti/Banco Mundial

Un nuevo estudio muestra que el país más grande de América Latina avanzó en educación y salud, pero las mujeres progresaron de manera desigual

Brasil dio a los hombres y las mujeres el mismo nivel de acceso a la educación, mejoró la salud materna y redujo las tasas de embarazo en la adolescencia, pero paradójicamente, no todas las ciudadanas se han beneficiado de estos avances.

En el país más grande de Latinoamérica, las afrodescendientes y las indígenas siguen estando en desventaja, especialmente en las regiones más pobres, según un nuevo informe del Banco Mundial titulado Retrato de género en el Brasil de hoy.

"La lucha contra las desigualdades raciales y geográficas es fundamental para lograr la igualdad de género, pues es difícil - y en algunos casos imposible - mejorar los indicadores de progreso de las mujeres en su conjunto si ciertos grupos se quedan atrás", escribieron las autoras. "Haríamos un flaco favor si se establecen metas para las mujeres en general cuando se sabe que las no blancas y las residentes del norte, noreste y medio oeste están por debajo de la media", agregaron.

Para hacer frente a este problema, el estudio destaca la importancia de tener en cuenta las desventajas de estos subgrupos en el diseño de políticas y proyectos, así como en el ajuste apropiado de los objetivos de igualdad de género en el país.

Geografía y raza significan más probabilidad de morir violentamente

En América Latina, una encuesta realizada en 12 países encontró que entre el 25% y el 50% de las mujeres han sufrido violencia por parte de su pareja.

Y Brasil, en una comparación hecha entre 83 países, fue el país que tuvo la quinta tasa más alta de homicidios de mujeres. De todas las regiones del país, el sureste tiene las tasas más bajas, y fue la única que registró una disminución entre 2003 y 2013. En cambio, tanto en el Norte como en el Nordeste, durante el mismo período, el índice subió más de un 70%. El aumento se concentró entre la población afrobrasileña e indígena, especialmente en el noreste, donde la tasa de homicidios de mujeres afrodescendientes se incrementó un 103% durante la década.

Las indígenas son especialmente vulnerables a la violencia. En 2012, la tasa media de homicidios de mujeres en el país fue de 4,6 por 100.000. Pero el número fue casi dos veces mayor entre las indígenas: 7,3 por 100.000. Por otra parte, en 2015, la tasa de suicidios en esta población fue de 5,8 por 100.000, más del doble de la media de 2,2 de las mujeres brasileñas.

El salario es muy inferior al de los hombres

Una encuesta realizada por el Banco Mundial muestra que en 2010, las mujeres ganaron el 71% del salario de los hombres. Esa fue una de las mayores diferencias salariales registradas en los países de América Latina y el Caribe. Las disparidades se refuerzan por la desigualdad racial y la brecha se hace más amplia entre los profesionales con mayor nivel educativo.

Las mujeres afrodescendientes con 12 o más años de escolaridad, por ejemplo, ganan en promedio R$ 15,6 (US$ 5) por hora, frente a los R$ 21,5 (US$ 6,89) pagados a las mujeres blancas y los R$ 32,7 (US$ 10,49) pagados a los hombres blancos.

Más educación no significa más participación en el mercado laboral

De manera similar a lo que ocurrió en América Latina durante la última década, la brecha entre hombres y mujeres en la participación en la fuerza laboral de Brasil ha cambiado poco. El informe señala que desde 2005, la participación de las brasileñas aumentó sólo un punto porcentual.

El hallazgo es sorprendente teniendo en cuenta que las brasileñas han cerrado (y en algunos casos hasta invertido) las diferencias de género en la educación. El nivel de educación es cada vez mayor, tanto para hombres como mujeres, y la tasa de alfabetización de los jóvenes (15-24 años) alcanzó el 98% para los hombres y el 99% para las mujeres, en comparación con el 84% en 1980. En la actualidad, alrededor de dos tercios de los graduados en universidades cada año son mujeres.

Sin embargo, las mujeres siguen concentradas en áreas de menor crecimiento y salarios más bajos. Sectores como los de hospedaje y alimentación, educación, salud, servicios sociales y servicios domésticos concentran alrededor del 45% de las trabajadoras, mientras que el 48% de los hombres empleados trabajan en la agricultura, la industria y la construcción.

La representación femenina en la política sigue baja

Aunque el número de candidatas ha aumentado en los últimos años, los resultados de las elecciones no significaron una mayor representación femenina en el Congreso. En 2010, 45 mujeres fueron elegidas para la Cámara de los Diputados; en 2014, 51 candidatas obtuvieron escaños. Las cifras representan respectivamente el 8,8% y el 9,9% de los 513 miembros de la Cámara.

Para el Senado, que renovó un tercio de sus 81 escaños en 2014, cinco mujeres fueron elegidas parlamentarias, uniéndose a las seis elegidas previamente. Las senadoras ahora ocupan el 13,6% de los curules. Estas cifras están significativamente por debajo del promedio de América Latina y el Caribe, donde el 26% de los políticos en los parlamentos son mujeres. La Unión Inter-Parlamentaria coloca a Brasil en el puesto 113º en su ranking global de mujeres en los parlamentos nacionales.

El embarazo precoz amenaza a las más pobres

En Brasil, la tasa de fecundidad de las adolescentes (nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años) ha disminuido constantemente desde el comienzo del siglo. Esta era de 87,47 en 2000 y cayó a 70 en 2013. Sin embargo, todavía está ligeramente por encima del nivel promedio de América Latina y el Caribe, 67,7 en 2013, según los Indicadores de Desarrollo Global recopilados por el Banco Mundial en 2015. Al igual que en otros países de América Latina, las significativas tasas de embarazo en la adolescencia en Brasil están relacionadas con alta vulnerabilidad social y la pobreza.

En 2013, el porcentaje de mujeres entre 15 y 19 años que tuvieron un bebé (en comparación con todas las mujeres en este grupo de edad) es más alto en el Norte. En esta región, una de cada cinco mujeres (20%) en este grupo de edad tuvo un bebé.