ARTÍCULO Septiembre 08, 2017

¿Abecé o #Abecé? Qué significa saber leer y escribir en la era digital

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Mujer aymara usando una computadora 

Banco Mundial


Las tecnologías de comunicación e información pueden impulsar la alfabetización, pero es necesario superar la brecha de acceso que aún existe

El 8 de septiembre de 1967 se celebró el primer Día Internacional de la Alfabetización. Para entonces, estar alfabetizado implicaba saber leer, escribir y tener una competencia aritmética básica. No existían los celulares, ni las computadoras personales y no habían nacido aún los creadores de las redes sociales

Medio siglo después, seguramente usted está leyendo esto desde la pantalla de su celular, una computadora o una tableta y esta es quizá la mejor imagen para ilustrar que estar alfabetizado implica, por supuesto, saber leer, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir, pero que hay más: involucra seguir el “dictado” de sociedades cada vez más digitalizadas.

Con esta premisa, y la convicción de la que las plataformas digitales han ayudado y pueden seguir ayudando a la educación de las personas, la UNESCO celebra hoy el Día Internacional de la Alfabetización planteando una reflexión amplia sobre la enseñanza en un mundo digital.

Los avances en la era digital han transformado la vida de millones de personas: las tecnologías de la comunicación han conectado a aquellos que, de no ser por ellas, difícilmente se habrían vinculado; han ayudado a que en segundos tengamos información por la que antes debíamos esperar mucho tiempo; han hecho posible que se ahorren horas y horas de espera para hacer trámites o transacciones y que, incluso, se pueda activar el lavarropas desde la oficina.

Alfabetizar en un mundo digitalizado

Muchas de estas transformaciones no son exclusivas de países desarrollados. El Informe de Desarrollo del Mundial 2016, del Banco Mundial, señala que en los países en desarrollo, por ejemplo, son más los hogares que poseen un teléfono móvil que los que tienen acceso a agua limpia. “El total de usuarios de Internet se ha triplicado con creces en una década, de 1,000 millones en 2005 a una cifra estimada de 3,200 millones a fines de 2015. Esto significa que las empresas, las personas y los gobiernos están más conectados que nunca”, apunta el estudio.

Para 2016, el 65% de la población mundial tenía acceso a un celular, según un reporte de la Consultora GSM Asociation. De acuerdo con cifras de ese mismo informe, para 2015, en América Latina, 441 millones de personas (el 70% de la población) contaba con un celular y más de 300 millones de personas estaban suscritas a servicios de internet móvil.

Sin embargo, las ventajas de vivir en la era digital, no son para todos. El reporte del Banco Mundial hace énfasis en la brecha digital que existe: “Internet ha crecido rápidamente, pero su acceso no es en ningún caso universal. Por cada persona que tiene conexión de banda ancha de alta velocidad, cinco no la tienen. Unos 4.000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, no tienen acceso a Internet; cerca de 2.000 millones aún no usan un teléfono celular y casi 500 millones viven en zonas donde no hay señal de telefonía móvil”.

Entonces, el debate no es sólo sobre qué significa estar alfabetizado hoy, sino cómo las nuevas tecnologías pueden colaborar en el proceso de alfabetización y convertirse en cómplices de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia de educación y, más aún, ¿cómo sustituir la brecha digital por una oportunidad digital que merme las desigualdades y nos ayude a avanzar a sociedades más alfabetizadas?

“Estas nuevas tecnologías brindan nuevas y amplias oportunidades para mejorar nuestra vida y conectarnos a escala mundial, pero también pueden marginar a quienes carecen de las competencias esenciales, como la alfabetización, que se precisan para utilizarlas”, afirma Irina Bokova, directora general de UNESCO en su mensaje con motivo de este día.

¿A quiénes se refiere Bokova?

A los que han podido ir a la escuela, que usan internet durante varias horas al día, quizás les cueste creer que Bokova está hablando de 758 millones de adultos en el mundo que aún no saben leer y escribir. Y no se trata sólo de adultos y personas de la tercera edad que no tuvieron acceso a la educación primaria. También existen 263 millones de niños en edad de cursar la enseñanza primaria y secundaria que no están recibiendo educación escolar. Asimismo, se refiere a unos 102 millones de jóvenes, entre 15 y 24 años de edad, de los cuales casi el 60% son mujeres, según cifras del Instituto de Estadística de UNESCO.

Las cifras en América Latina son optimistas. La base de datos del Banco Mundial señala que entre la población que tiene entre 15 y 24 años, sólo 2% no está alfabetizado y que el 92% de la población mayor de 15 años puede leer y escribir ¿Qué podría ayudar al 8% restante? ¿Qué podría ayudar a los países que tiene cifras más críticas?

Las tecnologías de la información y comunicación (desde las redes sociales hasta los juegos) pueden ponerse al servicio de la alfabetización. Según Bokova, las herramientas digitales pueden contribuir a ampliar el acceso al aprendizaje y mejorar su calidad. Tienen el poder de mejorar el seguimiento de los progresos en materia de alfabetización, de facilitar la evaluación de las competencias y de aumentar la eficiencia de la gestión y la gobernanza de los sistemas de enseñanza de competencias.

El Banco Mundial apoya con prestar asistencia y asesoramiento técnico a los países para ayudarlos a planificar, implementar, monitorear y evaluar sus esfuerzos para introducir y mantener el uso de la tecnología en la educación. Al mismo tiempo, está trabajando en investigar y documentar las experiencias que funcionan y las que no, pues la falta de evidencia rigurosa complica los intentos para elaborar políticas eficaces de educación mediante nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

Los expertos insisten en que la alfabetización es necesaria no sólo en términos de comunicación básica, sino también para que las personas adquieran más competencias y así puedan servirse del potencial de las nuevas tecnologías para prosperar y tener más oportunidades laborales en un futuro donde las habilidades tecnológicas serán cada vez más demandadas.


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