ARTÍCULO Enero 26, 2018

Agricultores luchan contra la desertificación transformando los ecosistemas productivos

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Entre la Pampa y la Patagonia argentina se ubica una zona agrícola-ganadera del tamaño de Bélgica, que fue noticia hace algunos años por sufrir una sequía extrema combinada con fuertes vientos que la hacían comparable al desierto del Sahara.

Muchos conocen a Argentina por ser un líder mundial en la producción de alimentos, sin embargo, desconocen que el 80% de su suelo se considera degradado debido al agotamiento. Además, los agricultores que viven en zonas secas y semiáridas representan aproximadamente el 50% de la producción agrícola y ganadera.

“Las sequías recurrentes combinadas con prácticas agrícolas insostenibles han causado una grave pérdida de capital natural, financiero y social, que impacta en las oportunidades económicas para la población rural y lleva a la migración a las zonas urbanas”, explica Joaquín Etorena, coordinador del proyecto “Incremento de la Resiliencia Climática y Mejora de la Gestión Sustentable del Suelo en el Sudoeste de la Provincia de Buenos Aires”, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (MAyDS).

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En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, los pequeños productores se propusieron cambiar este destino y con apoyo del proyecto piloto del Banco Mundial, financiado por una donación del Fondo de Adaptación al Cambio Climático de las Naciones Unidas y ejecutado por el MAyDS, están implementando prácticas de manejo sostenible de la tierra, como la siembra de leguminosas perennes para fertilizar el suelo, o la mejora en la eficiencia del riego, que apuntan a promover la restauración de la tierra y la capacidad de adaptación al cambio climático de los ecosistemas productivos.

“Estas acciones buscan incrementar la resiliencia de los sistemas productivos a los shocks climáticos, como las sequías o lluvias fuertes, que cada vez se vuelven más frecuentes e intensas, y protegen al mismo tiempo los medios de vida y de subsistencia de los productores”, dice Tuuli Bernardini, especialista ambiental del Banco Mundial a cargo del proyecto. 

En concreto, hay 11 sitios donde los agricultores están cambiando la forma en que usan y administran sus tierras, recomponiendo el suelo, recuperando los pastizales, reforestando y experimentando con prácticas agroecológicas alternativas, que incluyen el uso de tecnologías para restaurar los suelos salinos.

Gracias al asesoramiento que recibimos, hacemos un manejo predial diferente para mejorar la calidad del pastizal natural. Esto nos permite mejorar la capacidad de recuperación del campo y, a su vez, garantizar forraje para los animales en cantidad y calidad”, cuenta Gabriel Demarchi, tercera generación de productores de Nicolás Levalle, en la provincia de Buenos Aires.

Un logro clave del proyecto ha sido la puesta en marcha de un Sistema de Información y Alerta Temprana (SIAT) para las sequías. A través de una red de organizaciones científicas, tecnológicas y gobiernos locales, se generan y difunden reportes agro-meteorológicos periódicos a corto y mediano plazo por radio, periódicos locales y redes sociales para informar sobre las lluvias proyectadas, el riesgo de erosión e incendios de pastos, así como las medidas preventivas que se recomiendan.

“Las sequías habían degradado por completo el suelo. Desde el municipio, estamos promoviendo el cambio a un modo de producción más conservacionista que garantice la sustentabilidad del ecosistema en el que se trabaja”, cuenta Agustina Saldias, de la Dirección de Producción del Municipio de Patagones. 


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