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OPINIONES

Un plan para que Alemania salve a la zona del euro

Robert B. Zoellick

Enero 24, 2012

Durante casi 60 años, los alemanes han mantenido que es su responsabilidad participar de una Europa moderna. Hoy en día, tienen la tarea de ser líderes para salvar al continente. No se trata de un cambio fácil para ellos: a menudo se les ha instado a dar un paso adelante, pero luego se ha criticado su agresividad. Sin embargo, no hay otro país que pueda sacar a Europa de la crisis e impulsar su reactivación.

Europa ha tropezado, yendo de una solución parcial a otra, ganando tiempo sin resolver los problemas vinculados con la deuda soberana, la banca y la competitividad. Alemania acaba de proponer un pacto fiscal como parte de un proyecto para renovar el continente. La canciller Angela Merkel sabe que si bien los alemanes no quieren desperdiciar dinero, están profundamente comprometidos con su identidad europea y ofrecerán su apoyo si se les plantea un plan viable.

En conjunto con nuevos Gobiernos que impulsan la disciplina fiscal y la aplicación de reformas estructurales en Italia y España, y con el apoyo del Banco Central Europeo, el nuevo rumbo liderado por la canciller Merkel ha mejorado las perspectivas. Pero estos pasos no son suficientes. El camino está lleno de riesgos.

Para Italia, España y otros será mucho más difícil emprender reformas fiscales y estructurales sin tener crecimiento. ¿Qué sucederá con el apoyo político del primer ministro Mario Monti si Italia no ve resultados? ¿Y cuáles son los costos de un colapso de la zona del euro si es aparentemente precipitado por las políticas de “austeridad” alemanas?

Alemania debe ampliar su propuesta de pacto fiscal a un plan que ofrezca estímulos y apoyo a los países que realmente quieran traducir los discursos en medidas concretas. No se puede y no se debe rescatar a los países que no estén dispuestos a salvarse a sí mismos, pero sí es posible respaldar a aquellos reformadores para que retengan el apoyo político. En lugar de ser arrastrados a regañadientes para ofrecer ayuda a último momento, Alemania y sus socios europeos deben poner incentivos sobre la mesa ahora mismo. ¿Cómo podría ser este plan de reactivación?

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), sabe que la institución no puede auxiliar a los países que han perdido el control de sus finanzas. Pero sí se puede ayudar a naciones y bancos que emprendan reformas durante el período de transición. Alemania parece estar aceptando este apoyo al declarar que los políticos no deben criticar al BCE. También es probable que la asistencia del BCE conlleve una depreciación del euro, situación que podría ayudar a los países en crisis.

La Comisión Europea, respaldada por el Banco Europeo de Inversiones, debe desplegar los fondos que no estén siendo usados en todo su potencial para que concuerden con las inversiones en las reformas estructurales de los países. Luego, las empresas europeas podrían apoyar el proceso mediante inversión privada. Estos pasos permitirían a los reformadores demostrar que los cambios estructurales generan empleo y recursos.

Un plan de reactivación también debería estar fundado en el hecho de que una unión fiscal requiere mayor movilidad laboral. Las políticas en este ámbito están orientadas hacia protecciones obsoletas, y no coinciden con las habilidades y las necesidades a través de la UE. Si la Comisión se concentra en esta nueva misión, disminuirá el desempleo, aumentarán las remesas y se generará una unión económica real.

Estos pasos ofrecerían un apoyo modesto a medida que los presupuestos se restringen y los mercados relajan su nivel de protección. Pero el éxito de los Gobiernos reformadores y de la zona del euro depende de un incentivo aún más audaz. Algunos han sugerido eurobonos o un mayor volumen de fondos. Consideremos una idea más definida, propuesta por Alexander Hamilton, que es más consistente con el objetivo de Alemania de combinar una unión fiscal con disciplina.

En su nuevo cargo de secretario del Tesoro de Estados Unidos, Hamilton asumió las deudas de la guerra revolucionaria de los estados de EE. UU., pero solo una vez. Luego de eso, dicho endeudamiento ha estado sujeto a la disciplina del mercado. Los estados de EE. UU. pueden incurrir en mora, y lo han hecho. El objetivo de Alemania sería mantener a los Estados de la zona del euro sometidos a la disciplina del mercado y a los procedimientos que implica un pacto fiscal. El país podría proponer un eurobono para financiar una parte de las deudas antiguas, pero solo si las palabras se traducen en acciones concretas.

Alemania también requiere impulsar una visión que trascienda la zona del euro. Debe preparar el camino para que Polonia incorpore dicha moneda, mantener al Reino Unido como socio activo, evitar disputas sobre temas secundarios e impedir dificultades crediticias en el sudeste europeo.

No hay una solución simple para la crisis de la zona del euro. Pero ir arreglando la carga en el camino, sin una orientación e incentivos claros, es una alternativa muy peligrosa. Alemania debe mostrar la ruta. Un plan de reactivación claro sería muy útil. Pero la vía y los estímulos deben estar al nivel de las capacidades de Europa, no solo de Alemania. De eso se trata el verdadero liderazgo europeo.

El autor es Presidente del Banco Mundial.