OPINIONES

La urgente necesidad de abordar el cambio climático ahora

Jim Yong Kim

The Washington Post

Enero 25, 2013

Publicado por primera vez en Washington Post, el  jueves 24 de enero de 2013.

El tiempo en la ciudad de Washington ha sido como una montaña rusa durante enero. Sí, es cierto que nos hemos congelado esta semana pero lo verdaderamente alarmante fue el repentino calor a principios de mes. Entonces, bandadas de aves –petirrojos, chochines, cardenales e incluso azulejos– se amontonaron en los arbustos con bayas para comer todo lo que podían. Los corredores y los ciclistas usaban pantalones cortos y camisetas y las personas trabajaban en sus jardines como si fuera primavera.

Los signos del calentamiento global son cada vez más evidentes y frecuentes. Un exceso de condiciones climáticas extremas está observándose a nivel mundial. Y la temperatura promedio en Estados Unidos en 2012 fue la más alta jamás registrada.

Durante la reunión de muchos de los líderes económicos del mundo esta semana en Davos, gran parte de la conversación será sobre la situación económica mundial. Pero el cambio climático debe ocupar un lugar prioritario en nuestros programas porque el impacto del calentamiento global pone en peligro todos los avances en materia de desarrollo logrados en las últimas décadas.

Si no se toman medidas pronto, el futuro será desalentador. A fines del año pasado, el Grupo del Banco Mundial  dio a conocer un informe que concluyó que la temperatura del planeta podría elevarse en 7,2 grados Fahrenheit (4 grados Celsius) para fines de este siglo si ahora no se adoptan medidas concertadas.

Si el mundo es más cálido, los mares se elevarán entre 1,5 y 3 pies, poniendo en riesgo a cientos de millones de habitantes de las ciudades a nivel global. Esto significaría que las tormentas que alguna vez se pensó que pudieran ocurrir “una vez cada 100 años” podrían convertirse en algo habitual, y tal vez sucedan anualmente. Y también que gran parte de Estados Unidos -desde las zonas urbanas de Los Ángeles hasta las llanuras de Kansas y la capital del país-, se empezaría a sentir como un insoportable horno en el verano.

Mi esposa y yo tenemos dos hijos, de 12 y 3 años. Cuando nuestro hijo menor tenga mi edad, este podría ser el mundo que herede. Ese pensamiento basta para que quiera actuar y formar parte de un movimiento mundial que tome medidas ahora.

Al tiempo que avanzan las negociaciones mundiales sobre el clima, es necesaria una acción inmediata al margen de las convenciones. En todas partes, las personas deben centrarse en dónde obtendremos el mayor impacto para reducir las emisiones y crear capacidad de adaptación en las ciudades, las comunidades y los países.

Las seis grandes economías -que actualmente representan dos tercios de las emisiones de dióxido de carbono mundiales provenientes del sector energético- deben mostrar un fuerte liderazgo en este sentido. En su discurso inaugural de esta semana, el presidente Obama se refirió a la necesidad de abordar el clima y la energía, y esto podría ayudar a reiniciar esta conversación crucial en Estados Unidos y en el exterior.

La prioridad principal del mundo debe ser conseguir flujos de financiamiento y obtener precios correctos en todos los aspectos del costo energético para respaldar el crecimiento con bajas emisiones de carbono. El logro de un precio del carbono predecible que refleje con precisión los costos ambientales reales es clave para obtener una reducción de las emisiones a gran escala. Tarifas de la energía adecuadas también pueden proporcionar incentivos para las inversiones en eficiencia energética y tecnologías más limpias.

Un segundo paso inmediato es poner fin a los perjudiciales subsidios a los combustibles a nivel mundial, lo que podría llevar a un descenso del 5% de las emisiones para 2020. Los países gastan más de US$500.000 millones al año en subvenciones a los combustibles fósiles y US$500.000 millones adicionales en otros subsidios, a menudo relacionados con la agricultura y el agua, que son finalmente dañinos para el medio ambiente. Ese billón de dólares se podría usar mejor para crear los empleos del futuro, redes de protección social o para vacunas.

Un tercer punto de atención debería estar en las ciudades. Las 100 urbes más grandes que contribuyen con el 67% de las emisiones relacionadas con la energía son tanto el centro de la innovación para el crecimiento ecológico así como las más vulnerables a la variabilidad del clima. Hemos visto, por ejemplo, que Nueva York y Río de Janeiro lideran en el tema del crecimiento bajo en carbono y luchan contra ciertas prácticas que intensifican el cambio climático.

En el Grupo del Banco Mundial, mediante los Fondos de Inversión en el Clima superiores a US$7.000 millones, estamos gestionando los bosques, extendiendo la energía solar y promoviendo una expansión ecológica  de las ciudades, todo con el objetivo de detener el calentamiento global. Nos encontramos, además, en medio de una importante reevaluación de nuestras propias prácticas y políticas.

Así como las instituciones de Bretton Woods se crearon para evitar otra guerra mundial, el mundo necesita un mecanismo global para ayudar a evitar la catástrofe climática que enfrenta hoy en día. El Grupo del Banco Mundial está preparado para trabajar con otros actores y afrontar este desafío. Con cada inversión que hacemos y cada medida que tomamos, debemos tener en cuenta la amenaza de un mundo 7 grados más cálido y la oportunidad de tener un crecimiento ecológico inclusivo.

Después del año más caluroso registrado en Estados Unidos, un año en que el huracán Sandy causó miles de millones de dólares en daños, en que sequías récords quemaron tierras agrícolas en el medio oeste del país y durante el cual nuestra institución informó que la temperatura del planeta podría elevarse en más de 7 grados Fahrenheit, ¿qué estamos esperando? Debemos afrontar con seriedad esta situación rápidamente. El planeta, nuestro hogar, no puede esperar.

Jim Yong Kim es presidente del Grupo del Banco Mundial.