OPINIONES

Un movimiento para poner fin a la pobreza

Presidente del Grupo del Banco Mundial Jim Yong Kim

Foreign Policy (foreignpolicy.com)

Junio 27, 2013

Estamos más cerca que nunca de poner fin a la pobreza en el mundo. En poco más de dos décadas, desde 1990 hasta hoy, la proporción de personas que viven en condiciones de pobreza extrema (es decir, que sobreviven con menos de US$1,25 al día) ha disminuido del 40% al 20% en todo el mundo. En ese período, más de 700 millones de personas han logrado salir de esa situación.

Vamos por buen camino, pero debemos hacer más. La pobreza está disminuyendo, pero no con la suficiente celeridad. Además, en algunos países en desarrollo de rápido crecimiento, la desigualdad del ingreso ha aumentado considerablemente en años recientes. Por eso, el Grupo del Banco Mundial ha fijado dos metas nuevas: poner fin a la pobreza extrema antes de 2030, e impulsar la prosperidad compartida maximizando el crecimiento de los ingresos del 40% más pobre de la población de cada país. Para ayudar a alcanzar estas metas, hay dos grupos fundamentales que pueden cumplir un papel central: el sector privado y la sociedad civil.

El sector privado tiene una función esencial que cumplir para que podamos acabar con la pobreza de aquí al año 2030. En los últimos 20 años, la reducción de la pobreza ha estado impulsada por la creación de millones de nuevos puestos de trabajo, y el 90% de estos se genera en el sector privado.  También es necesario que este sector satisfaga las necesidades de inversión en infraestructura de las economías emergentes. El total de la asistencia externa a todos los países alcanza los US$125 000 millones al año, cantidad considerable pero que dista mucho de lo que hace falta. Por ejemplo, en los próximos cinco años India tendrá un déficit de financiamiento para infraestructura de US$1 billón, lo que significa que toda la asistencia externa del mundo no alcanzaría para satisfacer las necesidades de infraestructura de ese país.

Por ello, debemos aprovechar la valiosa asistencia financiera para impulsar nuevas inversiones privadas en el mundo en desarrollo. El potencial es enorme. En los países de ingreso alto hay billones de dólares invertidos en activos de baja rentabilidad, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos o los Bunds alemanes. Imaginen todo lo que se podría lograr si tan solo una pequeña parte de esos recursos se invirtiera, en cambio, en países en desarrollo, donde las tasas de rentabilidad potenciales son mucho más altas, y donde mediante alianzas público-privadas se podría suministrar infraestructura y otros bienes y servicios fundamentales a quienes más los necesitan.

El Grupo del Banco Mundial está ayudando a los gobiernos a mejorar el clima para la inversión y a atraer mayores niveles de inversión privada. El año pasado, la Corporación Financiera Internacional (IFC), la institución del Grupo del Banco dedicada al sector privado, invirtió una cifra récord de  US$20 400 millones en 103 países en desarrollo, que proporcionaron 2,5 millones de puestos de trabajo. La rentabilidad de esas inversiones ha sido extraordinaria. La rentabilidad media anual de las inversiones de IFC en capital accionario en todo el mundo en los últimos 15 años ha sido del 20%.

Mi mensaje a los líderes del sector privado es el siguiente: Saquen mejor partido de su dinero. Úsenlo para obtener una buena rentabilidad en los países en desarrollo y, al mismo tiempo, sacar de la pobreza a millones de personas. El Grupo del Banco Mundial puede ayudar en esa tarea.

El otro componente fundamental para propiciar un movimiento que permita acabar con la pobreza en el mundo es la sociedad civil. La sociedad civil cumple un rol de vital importancia no solo para prestar servicios a los pobres, sino también para generar movimientos.

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Mi mensaje a los líderes del sector privado es el siguiente: Saquen mejor partido de su dinero. Úsenlo para obtener una buena rentabilidad en los países en desarrollo y, al mismo tiempo, sacar de la pobreza a millones de personas. El Grupo del Banco Mundial puede ayudar en esa tarea. Close Quotes

Jim Yong Kim
El presidente del Grupo del Banco Mundial

Muchos conocen el resultado histórico de la lucha mundial contra el sida. Entre 2000 y 2012, el número de personas en el mundo en desarrollo que tomaba medicamentos antirretrovíricos que prolongan la vida aumentó de 50 000 a 9 millones, en gran parte gracias al apoyo bipartidista en Estados Unidos al Plan de Emergencia del Presidente de ese país para el Alivio del SIDA. Sin embargo, pocos saben que los orígenes de la lucha contra el sida se remontan a los últimos años de la década de 1980, cuando un grupo de activistas (algunos de ellos integrantes de la AIDS Coalition to Unleash Power (Coalición del sida para desplegar el poder, o ACT UP)) inició una serie de demostraciones de gran repercusión y también abordó entre bastidores los desafíos científicos y políticos involucrados en la lucha contra el sida.

Estos activistas contribuyeron a que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobara en 1992 la revisión prioritaria de medicamentos, gracias a la que se aceleró el acceso a medicamentos producidos por el sector privado y se salvaron miles de vidas. En 1993, el tiempo medio estándar para obtener la aprobación de la FDA era de 27 meses. Para el año 1995, la revisión prioritaria media tardaba tan solo seis meses.

Ese es el poder de la sociedad civil, que cuenta con la capacidad de transformar la conciencia mundial en torno a los desafíos más grandes del mundo. Y ese es el poder que espero que la sociedad civil aporte al desafío de poner fin a la pobreza. El Grupo del Banco Mundial seguirá asociándose con otros organismos multilaterales y la sociedad civil para generar un compromiso mundial y un sentido de urgencia respecto de estos objetivos.

Necesitamos que ustedes, el sector privado, incrementen las inversiones en los países en desarrollo para contribuir a la creación de empleo y al crecimiento económico vigoroso y sostenido. También debemos empezar a pensar acerca de una doble finalidad, a saber: la gran posibilidad de obtener un beneficio para sus empresas y también de poder decir a sus hijos y nietos que ustedes forman parte del movimiento mundial para terminar con la pobreza. Esto es parte de la tendencia del mundo de los negocios que debemos esforzarnos por fomentar.

Necesitamos organizaciones no gubernamentales (ONG) y líderes de la sociedad civil que actúen como agentes catalizadores del movimiento mundial para poner fin a la pobreza y generar una prosperidad compartida, y que hagan que la atención del mundo se centre en el mayor desafío de nuestro tiempo. Necesitamos organizaciones de la sociedad civil con sueños de más envergadura que sus respectivos mandatos, que nos muestren que su labor es crucial para alcanzar el objetivo mayor de poner fin a la extrema pobreza e impulsar la prosperidad compartida.

A todos, ya sea que seamos parte de gobiernos, la sociedad civil o el sector privado, nos interesa aportar soluciones para acabar con la pobreza en el mundo. Por esa razón quisiera pedir a los que son parte del sector privado, de los gobiernos y de la sociedad civil que encuentren la manera de colaborar entre sí de manera más eficaz.

Durante demasiado tiempo un sentimiento encubierto de desconfianza ha empañado las deliberaciones amplias acerca de las nuevas tendencias de desarrollo. Los que pertenecen al sector privado suelen no confiar en las ONG. Los que pertenecen a las ONG suelen no confiar en el sector privado. Para poder inclinar el arco de la historia hacia la justicia y librar al mundo del flagelo de la pobreza extrema debemos pensar en términos estratégicos y de cooperación. La asistencia externa es crucial y se tornará aún más importante en adelante. Pero para que haya esperanzas de terminar con la pobreza extrema, dicha asistencia debe servir para movilizar inversiones que mejoren tanto la capacidad interna para generar ingresos tributarios como las condiciones para movilizar más inversión privada.

Aun no existe un movimiento para poner fin a la pobreza. Ese es el desafío que planteo a los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Juntos debemos ponernos a la altura de las circunstancias e impulsar un gran movimiento orientado a lograr el mundo que todos queremos: un mundo sin pobreza extrema, y de prosperidad compartida para todos.

Este artículo apareció por primera vez el 26 de junio de 2013 en la revista Foreign Policy en formato electrónico