OPINIONES

Poner fin a la pobreza requiere, entre otras, hacer frente al cambio climático

World Bank Group President Jim Yong Kim

Julio 10, 2013

En los últimos 20 años el Grupo del Banco Mundial ha ayudado a los países a sacar de la pobreza a 663 millones de personas, y creemos que en los próximos 20 años se podrá poner fin a la pobreza extrema. La meta está a nuestro alcance.

Sin embargo, existe un nexo entre reducción de la pobreza y cambio climático. Según las nuevas y convincentes pruebas de que disponemos, aunque no llegue a cumplirse la muy discutida hipótesis de un mundo 4ºC más cálido podríamos asistir a un retroceso de los logros de décadas de desarrollo, y a una situación en que decenas de millones de personas más se vean obligadas a vivir en la pobreza.

Si no enfrentemos el cambio climático no pondremos fin a la pobreza.

Para ayudar a los clientes de nuestra institución a prepararse para los riesgos de un planeta en proceso de calentamiento solicitamos a los científicos del Potsdam Institute for Climate Impact Research and Climate Analytics, en Alemania, que examinaran los impactos de ese proceso en tres regiones tropicales: África al sur del Sahara, Asia meridional y Asia sudoriental.

En el modelo de 4ºC de calentamiento elaborado para el estudio se confirma una vez más un cuadro climático que bien conocemos: tormentas extremas, prolongadas olas de calor, crítica escasez de alimentos y de agua y generalizadas perturbaciones sociales y económicas. Esos impactos se interrelacionarán, generando agudos fenómenos climáticos, tales como una significativa elevación del nivel del mar e intensos ciclones, que causarán intensos y generalizados perjuicios. Se trata de un futuro de enormes padecimientos humanos.

Pero el aspecto del informe que me resultó especialmente sorprendente fue la predicción relativa a los efectos de un calentamiento de 2ºC. Dado que el aumento de la temperatura de la Tierra ya supera en 0,8ºC los niveles previos a la era industrial, el hito climático de 2ºC quizá no esté distante. Dadas las actuales tasas de emisiones de gases de efecto invernadero podríamos alcanzar ese punto en el curso de nuestras vidas, quizá dentro de 20 o 30 años.

¿Qué efectos produciría en las regiones tropicales ese cambio aparentemente pequeño de la temperatura de la Tierra? Veamos una instantánea de lo que prevén los científicos en su informe.

En África al sur del Sahara la escasez de alimentos se hará más frecuente. La sequía y el calor harán que el 40% de la tierra donde actualmente se cultiva maíz deje de ser apta para ese cultivo. Las crecientes temperaturas podrían causar pérdidas en gran escala de pastizales de sabana, lo que comprometería los medios de vida pastorales. En Asia meridional el cambio de las modalidades pluviales hará que algunas zonas se inunden y otras carezcan de agua suficiente para la generación de energía, la agricultura y el abastecimiento de agua potable. Fenómenos como las devastadoras inundaciones padecidas por Pakistán en 2000, que afectaron a más de 20 millones de personas, podrían volverse habituales. Sequías más extremas podrían paralizar la generación de electricidad y dejar yermas ciertas zonas rurales, con la consiguiente pérdida de ingresos para los agricultores y una generalizada escasez de alimentos.

En Asia sudoriental los agricultores, las comunidades costeras y grandes centros urbanos experimentarán crecientes perturbaciones al aumentar los niveles de los mares y la intensidad de los ciclones tropicales, reducirse la captura de peces y perder las zonas costeras la protección de los arrecifes de coral. Muchos de esos cambios ya se están produciendo, y otros se están dando con mayor celeridad de lo que se preveía.

Los científicos nos dicen que el aumento del nivel del mar se ha venido produciendo con mayor rapidez de la indicada por las proyecciones, y un aumento de hasta 50 cm a más tardar en la década de 2050 quizá sea inevitable como consecuencia de las emisiones ya producidas. En algunos casos los impactos podrían hacerse sentir mucho antes de lo inicialmente previsto. Por ejemplo, una elevación del nivel del mar de 15 cm, aunada a una mayor intensidad de los ciclones, amenaza inundar gran parte de Bangkok hacia la década de 2030, a menos que se adopten adecuados preparativos para hacer frente a esos fenómenos.

Al tambalearse la agricultura y escasear los alimentos y el agua se acelerará el ritmo de migración de personas a asentamientos urbanos informales. Las condiciones de vida, en esos barrios de tugurios, no serán menos duras que las que experimentaban quienes hayan huido. Las viviendas fabricadas con desechos mantendrán calor, pero brindarán escasa protección contra las tormentas, deslizamientos de tierra o inundaciones. Escasearán los alimentos y el agua potable, y aumentará la probabilidad de contraer enfermedades tales como el paludismo, el dengue y el cólera. La tensión por el acceso a recursos cada vez más escasos puede generar conflictos.

Este es un cuadro de regiones que están experimentando un calentamiento “moderado”, no extremo. Los efectos de un calamitoso calentamiento mundial de 4ºC serían mucho peores.

 

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También es crucial saber que en cualquiera de las dos hipótesis los pobres serán los primeros y más duramente afectados, lo que significa que quienes menos responsabilidad tienen por el aumento de la temperatura de la Tierra pueden ser quienes padezcan las consecuencias más graves del calentamiento mundial. Es una situación intrínsecamente injusta. Close Quotes

Jim Yong Kim
Presidente del Grupo del Banco Mundial

También es crucial saber que en cualquiera de las dos hipótesis los pobres serán los primeros y más duramente afectados, lo que significa que quienes menos responsabilidad tienen por el aumento de la temperatura de la Tierra pueden ser quienes padezcan las consecuencias más graves del calentamiento mundial. Es una situación intrínsecamente injusta.

Los seres humanos —todos nosotros, dondequiera nos encontremos— hemos generado vidas, Gobiernos y culturas bajo una estrecha gama de condiciones climáticas. Sin embargo, como surge claramente de estos estudios regionales, estamos llevando al límite esas condiciones. Las tormentas, las perturbaciones económicas y sociales y las persistentes dificultades exponen a las regiones tropicales que se destacan en el informe a amenazas a corto plazo. Pero esos cambios, tarde o temprano, nos afectarán a todos.

¿Entonces qué podemos hacer al respecto?

Para el Grupo del Banco Mundial los pasos son claros. Primero, reconocemos el dato científico de que los seres humanos están cambiando el clima. Estamos examinando todas nuestras operaciones a través de una “lente del clima”. Hoy, el Banco ayuda a 130 países a adoptar medidas referidas al cambio climático. Nuestra institución respalda acciones en el terreno para financiar proyectos que ayuden a los pobres a superar la pobreza a través del crecimiento y a aumentar su capacidad de adaptación al cambio climático. El año pasado el Banco Mundial duplicó el monto de las operaciones financieras que contribuyen a la adaptación, y esa tendencia se hará más pronunciada.

Segundo, el Banco está dando pasos decisivos en materia de mitigación. Estamos ayudando a los países a identificar alternativas eficaces en función de los costos para reducir las emisiones, y estamos examinando posibilidades de proporcionar beneficios comunes, tales como una agricultura inteligente en relación con el clima y eficiencias de los recursos. La cartera del Banco en materia de operaciones de financiamiento para infraestructura avanza hacia proyectos que emiten menos carbono, y en los últimos cinco años se ha duplicado la proporción de los proyectos de energía del Banco que corresponden a energía renovable.

Hemos asumido el compromiso de hacer todo lo que podamos, pero solo podremos poner coto a los peores efectos del cambio climático si todos redoblan sus esfuerzos, en especial las mayores economías, que son las que emiten la mayor parte del carbono.

Los países deben adoptar enérgicas estrategias nacionales de reducción de emisiones y luego poner de manifiesto la determinación política necesaria para llevarlas a la práctica. Innovar en materia de eficiencia energética y energía renovable también será vital para reducir las emisiones de carbono. Es necesario que los países —desarrollados y emergentes— den pasos fundamentales para reducir los subsidios a los combustibles fósiles, cuyo monto anual es de US$1,9 billones.

Estoy convencido de que podemos acabar con la pobreza extrema en el curso de la actual generación. Pero como lo establece claramente este informe, no lo lograremos a menos que demos pasos inmediatos, decisivos, para desacelerar el cambio climático. Acompáñennos en esta lucha.