OPINIONES

Educación de niñas: de las aspiraciones a la acción

Noviembre 20, 2015


Malala Yousafzai | Jim Yong Kim

Ustedes se preguntarán qué tienen en común una estudiante de 18 años y el presidente de la institución internacional de desarrollo más grande del mundo. Uno de nosotros tiene una expresión favorita en coreano: Yeolsimhi gongbu hayque significa «estudien con su corazón enardecido». El otro suele instar a las niñas de todo el mundo a que «prendan fuego a sus palabras» y alcen la voz en favor del derecho a la educación.

Lo que tenemos en común es la pasión por la educación. Nuestras aspiraciones con respecto a la educación de las niñas son elevadas, porque es uno de los medios más seguros para lograr la igualdad y poner fin a la pobreza extrema. Y compartimos la convicción de que para alcanzar metas ambiciosas es preciso actuar.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por las Naciones Unidas en septiembre son un buen comienzo. El Objetivo 4 señala que todas las niñas y niños deberían completar la educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad de aquí a 2030. Es un gran avance en comparación con el objetivo mundial anterior, relativo a la educación primaria universal.

Más de un millón de personas ha firmado una petición de change.org en apoyo del derecho de cada niña a recibir 12 años de educación primaria y secundaria gratuita, segura y de calidad. Este mes, miles de personas verán un nuevo documental -He Named Me Malala (Él me llamó Malala)-, para crear consciencia acerca de los millones de niñas que están privadas del derecho a aprender. En demasiadas partes del mundo las niñas aún no pueden asistir a la escuela con sus hermanos, o evitar ser entregadas en matrimonio en la infancia, o escapar de la violencia o el acoso si desean aprender.

Aunque en la última década se han hecho importantes progresos con respecto a la matrícula escolar de las niñas, en los países en desarrollo hay 32 millones de niñas en edad de recibir educación secundaria de primer ciclo que no asisten a la escuela. La situación de las niñas más pobres de las zonas rurales es terrible:apenas el 13% de las adolescentes más pobres de las zonas rurales de Asia meridional y Asia occidental termina el primer ciclo de educación secundaria. En muchos países, el número de niñas que terminan el segundo ciclo de la educación secundaria es tan bajo que resulta imposible saber cuántas están o no en los grados superiores.

Con todo, cuando las niñas logran recibir una buena educación secundaria, adquieren confianza en sí mismas y destrezas que pueden tener un impacto impresionante en la sociedad. La educación de las niñas transforma países y generaciones.

Las mujeres jóvenes que han recibido educación tienen hijos más tarde en la vida y en menor cantidad. Pueden ganar más y sus hijos e hijas tienen más probabilidades de ser saludables y de recibir educación, contribuyendo en general al progreso de sus países. Corea literalmente salió de la pobreza educándose, dejando atrás las ruinas de una guerra devastadora.

Tener mayores aspiraciones con respecto a la educación de las niñas no significa simplemente que cada niña de los países en desarrollo debería hacer la transición de la enseñanza primaria a la educación secundaria. Aunque ello representaría un progreso enorme, no es suficiente. Pocos padres que lean este artículo probablemente piensen que el acceso a la educación básica sea suficiente para su hijo o hija. Llegado 2030, año en que deberían alcanzarse los ODS, ciertamente no será suficiente. Doce años de escolaridad deberían ser la norma a la que cada niño y niña de cada país pueda aspirar.

El nuevo objetivo mundial también establece que todos los niños ahora deben recibir una educación de calidad, así como acceso a la educación, tanto primaria como secundaria. Lamentablemente, para muchos países, éste es un objetivo muy exigente, habida cuenta de que hay más de 250 millones de niños que no saben leer ni escribir, a pesar de haber asistido a la escuela durante varios años. Pero, ¿de qué sirve que las niñas superen tantos obstáculos para asistir a la escuela si no aprenden nada?

Por encima de todo, se necesitan más fondos para eliminar el enorme déficit financiero de la educación en los países en desarrollo. Tanto los donantes como los Gobiernos nacionales deben cumplir con su parte, aumentando las asignaciones de asistencia para la educación y comprometiendo un mayor porcentaje del presupuesto para los sistemas educativos de sus países.

Otro déficit importante es el de los datos. Como le gusta decir a uno de nosotros (Malala), «si decimos que las niñas cuentan, entonces debemos contar a las niñas». En la jerga del Banco Mundial, eso significa recopilar datos desagregados. Debemos hacer el seguimiento y medir por separado los progresos que hacen las niñas a lo largo de su escolaridad, hasta el grado 12, de modo que los Gobiernos puedan planificar y atender adecuadamente sus necesidades.

¿Cómo se pueden acelerar los progresos? Organismos internacionales, como el Grupo Banco Mundial, pueden aportar conocimientos, financiamiento y apoyo técnico. Las ONG, incluido el Fondo Malala, pueden ayudar a financiar escuelas,alentar a los Gobiernos y los donantes a hacer más, y apoyar a las niñas para que se conviertan en promotoras de esta causa en sus propios países. El liderazgo debe provenir de los Gobiernos para invertir más y lograr que sus sistemas de educación pública funcionen mejor para entregar una educación de calidad a todos los estudiantes, de manera que las niñas más pobres tengan las mismas oportunidades que las niñas de los lugares más acomodados.

Queremos garantizar que la oportunidad de terminar la enseñanza primaria y secundaria se convierta en una aspiración normal de cada niña, sin importar en qué lugar del mundo viva. Y haremos lo que sea necesario, con nuestras palabras y nuestros corazones enardecidos.

Malala Yousafzai es la ganadora del premio Nobel de la Paz 2014 y cofundadora del Fondo Malala. Jim Yong Kim es presidente del Grupo Banco Mundial.

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