COMUNICADO DE PRENSA

Presidente del Grupo Banco Mundial enuncia principios para orientar la inversión privada hacia objetivos de desarrollo

Abril 11, 2017


Urge adoptar un nuevo planteamiento impulsado por una “convergencia de aspiraciones” a nivel mundial

LONDRES, 11 de abril de 2017. En un llamamiento efectuado hoy, el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, instó a replantear fundamentalmente el financiamiento para el desarrollo con miras a alcanzar objetivos mundiales y satisfacer las crecientes aspiraciones de las personas, y enunció un conjunto de principios rectores para atraer inversión privada y asegurar el máximo nivel de recursos posible para los pobres.

“Creemos que cada integrante de la comunidad del desarrollo debería ser un intermediario imparcial que ayude a generar resultados beneficiosos para todas las partes, en que los propietarios del capital obtengan una rentabilidad razonable y los países en desarrollo logren el máximo volumen posible de inversiones sostenibles”, señaló Kim. “Nunca han existido condiciones más propicias que las actuales para hallar esas soluciones provechosas para todos. Habría que movilizar los billones de dólares que se encuentran inactivos —generando escasos intereses—,  y a los  inversionistas que están buscando oportunidades más favorables para que nos ayuden a atender las aspiraciones cada vez mayores de las personas de todo el mundo”.

En un discurso pronunciado en la London School of Economics en vísperas de las Reuniones de Primavera del Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), Kim manifestó que para alentar la inversión privada, el financiamiento para el desarrollo debe centrarse en el objetivo de eliminar sistemáticamente los riesgos que suponen los países. Además, esas inversiones del sector privado deben efectuarse de modo de beneficiar a los países pobres y a las personas pobres, combinando el capital privado con la experiencia técnica y el conocimiento sobre los países y la economía.

“Todas las instituciones de financiamiento del desarrollo deberían estar trabajando para atraer capital privado a través de un conjunto de principios que permitirán asegurar el máximo nivel de recursos y de beneficios posible para los pobres”, sostuvo Kim. “Es fácil hablar sobre este planteamiento, pero será muy difícil transformar la arquitectura internacional para el desarrollo a fin de avanzar en esta dirección”.

  • Primero, en relación con cada uno de los proyectos que respaldamos, tenemos que formular la siguiente pregunta: ¿El sector privado puede financiar esa operación en condiciones comerciales? “Eso significa que cuando algún proyecto sea viable desde el punto de vista comercial, todos los integrantes del sistema internacional de financiamiento para el desarrollo —los organismos multilaterales y bilaterales— tenemos que convenir en que ayudaremos al Gobierno a negociar un acuerdo con el sector privado que optimice los recursos invertidos, garantice el buen gobierno y respete las normas ambientales y sociales”.
  • Segundo, debemos alentar la introducción de reformas en las etapas iniciales. “En relación con todos nuestros proyectos, en especial los que no sean comercialmente viables debido a la presencia de fallas del mercado o de riesgos percibidos, trabajaremos con el Gobierno a fin de que se introduzcan reformas regulatorias o de las políticas para que estos proyectos sean comercialmente viables, siempre que sea posible. Nuestra meta no consiste tan solo en eliminar los riesgos que plantean los proyectos, sino en eliminar los riesgos que suponen países enteros”.
  • Tercero, tenemos que utilizar financiamiento público o en condiciones concesionarias en formas innovadoras para mitigar el riesgo, y financiamiento combinado para respaldar la inversión privada. “Uno de nuestros nuevos instrumentos es el Servicio de Financiamiento para el Sector Privado, de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), por un monto de USD 2500 millones, que son parte de la última reposición de recursos de la AIF, cuyo monto alcanzó un nivel sin precedentes de USD 75 000 millones. Entre otros elementos, incluye un Mecanismo de Mitigación de Riesgos destinado a proporcionar garantías basadas en proyectos y sin indemnidad soberana, y un Mecanismo de Financiamiento en Moneda Nacional para mitigar el riesgo cambiario que sobreviene cuando los mercados aún no están desarrollados”.

“Si logramos crear mercados y también aplicar estos principios, los países podrán utilizar recursos públicos escasos para invertir más en las personas, generar resiliencia y responder ante las crisis. También tenemos que seguir buscando sendas que conduzcan a la participación del sector privado en estos ámbitos, pero solo si ello favorece los intereses de todos, en especial de quienes actualmente se encuentran excluidos de los beneficios del desarrollo”, dijo Kim.

Kim señaló, no obstante, que hay sectores que solo pueden financiarse con fondos públicos, pues de otro modo no podrían cumplir con sus objetivos debido a los requisitos de recuperación de costos propios del financiamiento en condiciones comerciales.

Kim explicó un fenómeno emergente que hace aún más imperiosa la necesidad de idear nuevas modalidades de financiamiento para el desarrollo: la “convergencia de aspiraciones” a nivel mundial.

“Una persona que se encuentre en Butare, Rwanda, puede enviar un mensaje por Facebook a su primo en Kigali y obtener información detallada sobre las condiciones de vida imperantes a más de 100 kilómetros de distancia. Ambos pueden conversar a diario con un amigo que estudie en París y enterarse de las condiciones de vida reinantes a más de 6000 kilómetros de distancia. Dependiendo de la conectividad, que es excelente en toda Rwanda, pueden intercambiarse, a la velocidad del rayo, mensajes de correo electrónico, fotografías, vídeos, instantáneas, tuits y mensajes de texto”.

“El conocimiento exacto de las condiciones de vida de otras personas, en los propios países y en el extranjero, está generando una convergencia de aspiraciones”.

Kim describió la manera en que los economistas del Banco Mundial, utilizando datos de la Encuesta Mundial de Valores y de la Encuesta Mundial de Gallup, estudiaron recientemente la opinión de personas de todo el espectro económico sobre su situación financiera hace 15 años y en la actualidad. “Esta investigación es preliminar, pero nos permitió concluir lo siguiente: la felicidad relativa depende del lugar que ocupa cada persona en la distribución del ingreso. También depende de la relación entre su propio nivel de ingresos y el de los ingresos de referencia, es decir aquel con el que cada persona compara su propio nivel ingresos”.

Los investigadores examinaron los datos sobre satisfacción y concluyeron que si el nivel de ingresos de referencia de una persona aumenta el 10 %, su propio nivel de ingresos tiene que aumentar al menos el 5 % para alcanzar el mismo grado de satisfacción. Además, los datos indican que el nivel de ingresos de referencia de las personas se globalizará, lo que significa que para que las personas se sientan satisfechas, su propio nivel de ingresos tendrá que aumentar considerablemente.

Kim señaló que en África, donde viven 1200 millones de personas, a fines de 2015 había 226 millones de teléfonos inteligentes conectados a Internet. En 2020, esa cifra se habrá triplicado con creces hasta llegar a 750 millones de unidades. “Creemos que el incremento del número de personas conectadas a Internet dará lugar al continuo aumento de las aspiraciones”.

“Es importante recordar que las crecientes aspiraciones no se refieren solo a cosas que tienen otras personas, sino a demandas de oportunidades a las que son demasiados los que aún no tienen acceso”, dijo Kim. “En un contexto de aspiraciones ambiciosas —encarnadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y manifiestas en todos los países a los que he viajado— tenemos que avanzar rápidamente para garantizar que esas aspiraciones no se conviertan en rabia, en resentimiento, y en definitiva incluso en extremismo y migración”.

Kim señaló que, como consecuencia de las crecientes aspiraciones, “la tarea es mucho más urgente que la que jamás hayamos concebido, y nuestros avances deben ser de una escala mayor que la que jamás hayamos alcanzado hasta ahora”.

Kim concluyó su discurso en la London School of Economics con un desafío “para nosotros —el Grupo Banco Mundial, toda la comunidad del desarrollo, y todos los futuros líderes de los ámbitos económico y político presentes en la sala— que consiste en actuar con la celeridad y en la escala que requieren los tiempos que vivimos, y en cambiar fundamentalmente el concepto de desarrollo”.

“En torno nuestro, las aspiraciones van en aumento; para atenderlas, tratemos de que nuestras propias aspiraciones sean, también, más ambiciosas”.

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