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Discursos y transcripciones

América Latina: el incremento de la productividad es clave para seguir creciendo

Hasan Tuluy

Woodrow Wilson Center Annual Latin America and Caribbean Dinner

Washington D.C., Estados Unidos

Mayo 28, 2013

Alocución inicial

Muchas veces se me ha acusado de ser un eterno optimista.

De hecho, realmente creo que este es el momento de América Latina. 

Un mexicano está al frente de la OCDE, un brasileño está ahora al frente de la Organización Mundial de Comercio; tres países de la región son miembros del G20; México y Chile son miembros de la OCDE y otros van en camino a serlo, la región es fuente de estabilidad económica y es considerada como parte de la solución a serios desafíos mundiales como la crisis alimentaria y el cambio climático global.

América Latina ha avanzado mucho

La cuestión es cómo seguir avanzando, dado que existe una sensación de que la región puede hacer aun mucho más.

Buenas noches a todos. Antes de realizar algunas observaciones respecto a cómo percibo la evolución de la región, quisiera agradecer al Woodrow Wilson Center por esta invitación.

Es un honor poder dirigirme a este ilustre grupo de expertos latinoamericanos.  Presidente Tabaré Vázquez, Embajador Eduardo Medina Mora, es un honor poder estar con ustedes aquí.

América Latina ha avanzado mucho

Entre 2003 y 2011, alrededor de 70 millones de latinoamericanos dejaron atrás  la pobreza moderada  y 75 millones se unieron a las filas de la clase media.  La desigualdad profunda, el talón de Aquiles de la región , disminuyó en la mayoría de los países. Esto es un logro extraordinario.

En estos años, un conjunto de políticas económicas y financieras sólidas, junto al viento a favor del superciclo de las materias primas, ayudaron a que la región se recuperase de manera rápida y satisfactoria de la crisis económica mundial.  América Latina creció a un promedio de 4,2 a partir de 2003.  Se espera que este año crezca un 3,5 por ciento, una mejora respecto al 3 por ciento del año pasado.  Algunos crecieron más rápido, otros un poco más lento. 

Sin embargo, en general no queda duda que la región avanzó mucho, esta vez ganó una década, si lo comparamos con un pasado no tan distante de décadas perdidas.

Sin embargo, la región puede hacer mucho más

En el caso de prácticamente la mitad de los latinoamericanos que aún viven en la pobreza moderada (17 por ciento) o que no son pobres pero sí vulnerables — a caer de nuevo en la pobreza ante cualquier schock en la economía— (35 por ciento), sus expectativas de prosperidad compartida aún no se han cumplido.

Para esta parte importante de la población latinoamericana el problema es que el progreso no es solo le es esquivo a ellos mismos, sino también a sus hijos. 

Como nos recuerda nuestro informe sobre la clase media del año pasado, a pesar de la significativa movilidad ascendente en términos de ingreso dentro de una misma generación, la movilidad intergeneracional en América Latina sigue siendo limitada.  La situación de los padres sigue determinando de manera significativa el futuro de una persona, limitando la igualdad de oportunidades.  

El lugar donde uno vive en América Latina también importa. Si bien la pobreza y la desigualdad bajaron en los últimos diez años, la brecha entre las regiones más pobres y más ricas — de un mismo país — no ha disminuido.   Chiapas y Oaxaca siguen siendo mucho más pobres que el Distrito Federal o Nuevo León, y Alagoas y Maranhão en Brasil tienen más en común con Chiapas y Oaxaca que con, por ejemplo, São Paulo o Santa Catarina.  Lo mismo ocurre en Argentina donde Buenos Aires tiene un ingreso per cápita al menos diez veces mayor al de Formosa o Santiago del Estero.

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Al promover la prosperidad compartida y la igualdad de oportunidades intergeneracional, estoy convencido que la región puede, y debe, hacer mucho más Close Quotes

Hasan Tuluy
Vice President del Banco Mundial en América Latina y el Caribe

Asimismo, la prosperidad actual no puede ser a expensas de las oportunidades futuras de las generaciones del mañana. El aire que hoy no es limpio tendrá efectos a futuro en la salud de nuestros hijos. Un saneamiento deficiente hoy derivará en problemas de crecimiento para las generaciones futuras. La biodiversidad que desaparece se pierde para siempre.

Al promover la prosperidad compartida y la igualdad de oportunidades intergeneracional, estoy convencido que la región puede, y debe, hacer mucho más.

Por último, y más allá de la notable década que nos precede, si pensamos a largo plazo el crecimiento de la región — con algunas excepciones — no ha sido lo suficientemente elevado o sostenido como para dar lugar a una convergencia con el ingreso per cápita de los países desarrollados.

En la década de 1950 el ingreso per cápita de la región se vio superado por Japón, en la de 1970 por los Tigres asiáticos, y por los países de ingreso medio de Asia oriental a partir de la de 2000. Como resultado, en los últimos cien años el ingreso per cápita de la región se estancó en alrededor de un tercio el de los EE. UU. Esto es lo que nuestro Economista en jefe, Augusto de la Torre, denomina los Cien Años de Soledad en el Crecimiento de América Latina.

En comparación con las naciones industrializadas, la región puede hacer mucho más.

Por lo tanto, ¿debería ALC seguir alguno de los modelos asiáticos?

No, no sería una buena idea; América Latina debe forjar su propio camino.

Dos características saltan a la vista.

Primero, entre 2004 y 2011 la demanda interna en América del Sur y México aumentó de un promedio de menos de 98 por ciento a alrededor de 105 por ciento del PIB, mientras que en el sudeste asiático disminuyó en un punto porcentual, de 95 a 94 por ciento del PIB.

La contraparte externa de su modelo de crecimiento, impulsado por la demanda interna y con bajo ahorro, es la tendencia de América Latina a generar déficits de cuenta corriente (al contrario de los fuertes superávits asociados con el crecimiento basado en las exportaciones del sudeste asiático), financiados mayormente por inversiones extranjeras directas.

Segundo, la opinión generalizada indica que un país no puede crecer satisfactoriamente sin un sector manufacturero fuerte. La verdad es que nos estamos dando cuenta que la competitividad de las manufacturas está estrechamente ligada a la de los servicios. Esto es bueno para las sociedades de ingreso medio que se están urbanizando. En el caso de muchos países latinoamericanos, el sector servicios agrega valor y emplea trabajadores altamente calificados.

Estas características nos llevan a concluir que, con miras a un rápido crecimiento, América Latina debería seguir haciendo un uso inteligente del capital extranjero en reemplazo de su escasa capacidad de ahorro y mejorar la calidad de la inversión. En la América Latina democrática de hoy, el intento de mejorar la competitividad en base a mano de obra barata y tipos de cambio devaluados parece ser políticamente inviable y económicamente inadecuado. Un mejor modelo a seguir podría ser el de Australia o Canadá, países ricos en materias primas que encontraron el camino hacia un mayor nivel de crecimiento en torno a la demanda interna.

 

Sin embargo, es imperativo mejorar la productividad si queremos hacer mejor las cosas.

Algunos apuntan a la apreciación de las monedas locales como la razón detrás del creciente desafío competitivo de la región. Si bien es evidente que este es uno de los factores (con suerte uno de corta duración) detrás de la baja competitividad de algunos países latinoamericanos, también existen factores estructurales: baja productividad y falta de dinamismo a nivel empresarial.

Para sostener el crecimiento, la región debe aumentar la productividad y adaptar las estructuras productivas a las nuevas circunstancias. Para algunos países será crucial mejorar el sistema logístico, otros deberán modernizar su infraestructura para adaptarla al mercado mundial. La calidad de la educación debe mejorar en la mayoría de los países. Para muchos otros, aumentar la competencia en la prestación de servicios será clave. En todos ellos, el Estado debe ser más eficiente a la hora de nivelar el campo de juego y proporcionar oportunidades y servicios a todos los ciudadanos.

 

Si bien la heterogeneidad dentro de la región y dentro de los propios países sugiere que pueden ser varios los factores detrás de esta lenta convergencia, las respuestas a estas preguntas no pueden eclipsar el mensaje principal.

De hecho, la región deberá encontrar sus propios motores de crecimiento, aumentando la productividad en sectores económicos diferentes de las materias primas, si quiere seguir avanzando en el área social.

Conclusión

Como algunos de ustedes saben, vengo de Turquía. Uno podría pensar que mi país y América Latina tienen poco en común más allá de una pasión por el café fuerte y el fútbol. Sin embargo, luego de un año y medio como Vicepresidente del Banco Mundial para esta gran región, resulta claro que tenemos mucho en común: no queremos compartir la pobreza, queremos compartir la prosperidad. Queremos converger con el mundo desarrollado, sin repetir sus errores.

Y sí, soy optimista: América Latina puede hacer mucho más, y hará mucho más.

Nuevamente gracias por la invitación y quedo a vuestras ordenes.