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Discursos y transcripciones

Palabras de Jim Yong Kim, presidente del Grupo del Banco Mundial, en la Cumbre sobre Salud Materna, Neonatal e Infantil

World Bank Group President Jim Yong Kim

Maternal, Newborn and Child Health Summit

Toronto, Canadá

Mayo 30, 2014

Alocución inicial

Muchas gracias, Sra. Brown.

Primer ministro Harper, Sr. secretario general, presidente Kikwete, Sra. directora general Margaret Chan, asociados y amigos, señoras y señores:

Hoy nos encontramos en un momento crítico para la salud y el desarrollo en el mundo. Un cuarto de siglo atrás, más de medio millón de mujeres morían anualmente en todo el mundo a causa del parto, y más de 12 millones de niños fallecían antes de cumplir los cinco años, principalmente por causas prevenibles. Hoy día, con los objetivos de desarrollo del milenio, y gracias a los esfuerzos colectivos de tantos de los que se encuentran presentes en esta sala, esas cifras se han reducido casi a la mitad.

La Declaración de Muskoka del Grupo de los Ocho, en 2010, fue un momento crucial para conseguir respaldo político de alto nivel para la salud materna, neonatal e infantil. El liderazgo y firme compromiso de Canadá han sido fundamentales en este sentido.

Y, a su vez, la Declaración de Muskoka preparó el camino para la alianza Todas las Mujeres, Todos los Niños, cuya finalidad es promover y apoyar en mayor escala la salud de las mujeres y los niños a nivel mundial. Sr. secretario general, muchas gracias por su liderazgo.

Y primer ministro Harper, quiero darle las gracias por su impresionante anuncio de ayer en el cual Canadá se comprometió a invertir otros US$3500 millones para la salud materna, neonatal e infantil, más allá de 2015. Una vez más, Canadá está liderando para asegurar que cumplamos con nuestro compromiso de mejorar la salud materna y reducir la mortalidad infantil.

Cuatro años después de la Declaración de Muskoka, este es el momento propicio para reflexionar sobre los avances que hemos realizado. Si bien podemos señalar los progresos, sabemos que estos no han sido parejos. Son demasiadas las mujeres y los niños que siguen muriendo por falta de acceso a una atención de salud de buena calidad, especialmente en los países menos adelantados.

En 2012 murieron más de 6 millones de niños menores de cinco años, es decir, casi 18 000 cada día. Las tasas de mortalidad maternoinfantil en los países menos adelantados son aproximadamente 30 veces superiores a las de los países de ingreso alto, y la mitad de la carga mundial corresponde a África al sur del Sahara.

Esto no tiene por qué ser así. Un recién nacido en Camerún y un recién nacido en Canadá deberían tener la misma oportunidad de nacer en forma segura, y de que su madre sobreviva al parto para poder cuidarlo.

El futuro de todas las mujeres y de todos los niños debería ser más promisorio. Como señala la Comisión de Inversión en Salud de la revista The Lancet, es posible lograr una convergencia mundial sobre la salud materna, neonatal e infantil en el curso de una generación, siempre y cuando los Gobiernos y los donantes inviertan suficientes recursos y lo hagan de manera inteligente. Estas inversiones no solo salvarán vidas, sino que impulsarán el crecimiento económico y la prosperidad.

¿Cuáles son, entonces, las maneras más inteligentes de invertir? La primera es la prestación de servicios orientada a los resultados. Se ha demostrado que cuando dejamos de centrar la atención en los insumos y, en cambio, pagamos por los resultados conseguidos, se logra una gran eficacia en la prestación de servicios de salud esenciales de alta calidad a las mujeres y los niños.

El empoderamiento de los trabajadores de la salud de primera línea, otorgándoles autonomía y recursos para formular estrategias que permitan mejorar la prestación de los servicios, ha producido cambios transformacionales en cuanto al acceso y la calidad.

Esta estrategia orientada a la obtención de resultados permite la innovación en los sistemas de salud, y que estos sean más eficientes y responsables en la prestación de servicios oportunos y de buena calidad.

Conjuntamente con una verificación independiente, la prestación de servicios orientada a la obtención de resultados asegura la transparencia y rendición de cuentas sobre el uso de los recursos públicos y los aportados por donantes.

Los datos disponibles sobre los resultados de esta estrategia hablan por sí solos:

  • Argentina redujo la tasa de mortalidad neonatal un 74 %.
  • En Zambia, el uso de métodos modernos de planificación familiar aumentó un 109 % en apenas un año.
  • Y en Zimbabwe, las tasas de vacunación de niños prácticamente se duplicaron, pasando del 33 % al 62 % en un solo año.

Me siento orgulloso de que el Grupo del Banco Mundial haya podido brindar apoyo a las madres y niños a través de nuestra alianza relativa al financiamiento basado en los resultados. Estamos apoyando programas por un total de US$2500 millones en 32 países.

A medida que comprueban los resultados favorables de nuestros proyectos piloto, un mayor número de Gobiernos está asignando recursos de sus propios presupuestos para mantener y ampliar los programas exitosos.

La República del Congo, por ejemplo, asignará US$100 millones de su presupuesto interno para ampliar el programa en todo el país, lo que equivale al 80 % del costo total.

También nos entusiasma observar que nuestros asociados, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI) y el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, también están aprovechando esta estrategia para proporcionar apoyo financiero adicional en los países.

El financiamiento basado en los resultados nos está ayudando a avanzar en las promesas que hicimos en Muskoka, así como en las de la iniciativa Todas las Mujeres, Todos los Niños: Más dinero para la salud de las mujeres y los niños, y más salud para las mujeres y los niños por el dinero.

Cuando faltan 580 días para que se cumpla el plazo de los objetivos de desarrollo del milenio, ha llegado el momento de que todos aumentemos considerablemente nuestros aportes.

Con otros US$510 millones en donaciones vinculadas a la Asociación Internacional de Fomento, estimamos que para el año 2020 podemos salvar la vida de 61 000 madres más y de otro 1,1 millones de niños, de los cuales 56 000 serán recién nacidos.

Con otros US$1000 millones en financiamiento a título de donación podemos dar un salto exponencial y salvar, para el año 2020, la vida de 183 000 madres y de 3,3 millones de niños, de los cuales 1,7 millones serán recién nacidos.

Con esto se duplica con creces el ritmo de disminución de los fallecimientos a nivel mundial.

Pido encarecidamente a todos los asociados en la tarea del desarrollo y a todos los donantes presentes en esta sala a seguir el ejemplo de Canadá para que nos ayuden a incrementar las inversiones en salud maternoinfantil.

Una segunda inversión inteligente para mejorar la salud maternoinfantil es crear un sistema de registro civil y estadísticas vitales que funcione bien. Primer ministro Harper, gracias por dar visibilidad a esta cuestión que tanto la necesitaba.

Para evitar en adelante la muerte de madres y niños pequeños, primero necesitamos saber quiénes están muriendo, por qué causas y dónde.

Los sistemas de estadísticas vitales son también las piedras angulares de la infraestructura de desarrollo de todo país. Los encargados de formular las políticas no pueden planificar ni asignar recursos eficazmente a menos que tengan datos precisos sobre la salud y el bienestar de sus ciudadanos.

Las estadísticas vitales promueven la rendición de cuentas al brindar datos de referencia para la medición del progreso y para una mejor focalización en la salud y otros programas de desarrollo, como la educación y las redes de protección social.

Además, las estadísticas vitales permiten otorgar derechos a las familias, por ejemplo títulos de propiedad.

Solamente 34 países en desarrollo tienen datos de alta calidad y de fácil acceso sobre algo tan importante como las causas de defunción de sus ciudadanos.

Las dos terceras partes de todas las muertes a nivel mundial no se registran de ninguna manera.

En algunos países, especialmente de África, no se registra el 80 % de las defunciones.

Parte del problema consiste en la existencia de definiciones desactualizadas e imprecisas. Tómese el ejemplo del registro de nacimientos. La definición actual de registro “al nacer” es de niños de hasta 5 años de edad. Solo el 10 % de los nacimientos se inscribe dentro del primer año de vida. Esto significa que no se registra la mayor parte de la mortinatalidad y la mortalidad neonatal. Esto entraña que esas vidas no se cuentan.

Esto es inaceptable, pero es un problema que la comunidad internacional puede resolver.

Contamos con la tecnología. En 2014 ningún país debería tener que recurrir a sistemas de registro pasivos, basados en papel.

Contamos con los recursos humanos. En los acontecimientos vitales del nacimiento y la muerte hay agentes de salud presentes, y podemos empoderarlos para que registren estos acontecimientos en tiempo real.

Tenemos los conocimientos técnicos. Si podemos estar en todos los partos, podemos registrar todos los resultados maternoinfantiles.

Nuestra visión es llegar a registrar todos los embarazos y todos los nacimientos para fines de 2030.

En asociación con Canadá y muchos otros, hemos desarrollando un plan para mejorar y ampliar los sistemas de registro existentes. Todo país debería tener un sistema activo, digital, verdaderamente “vital”, propio del siglo XXI.

Estas inversiones inteligentes en la prestación de servicios orientada a los resultados y los sistemas de estadísticas vitales ayudarán a los países a lograr el objetivo de cobertura universal de salud.

Más de 1000 millones de personas carecen de acceso a la atención de salud, y cerca de 100 millones caen en la pobreza todos los años por tener que sufragar los costos de la atención médica. La cobertura universal de salud es la trayectoria progresista que salvará vidas, aumentará el crecimiento económico y ayudará a millones de personas a salir de la pobreza.

La cobertura universal de salud y salvar la vida de mujeres y niños son objetivos que se refuerzan mutuamente.

La cobertura universal de salud consiste en garantizar que todos —mujeres, hombres y niños— puedan acceder a un conjunto de servicios de salud esenciales. Nadie debería caer en la pobreza ni permanecer en esa situación por tener que pagar la atención médica que necesita. La cobertura universal de salud es una cuestión de equidad y de cumplimiento del pacto social.

Un número creciente de países de todos los niveles de ingreso trata de lograr la cobertura universal de salud. Estos países están respondiendo a sus necesidades emergentes de salud y la carga de la morbilidad, cerrando las brechas de acceso a la atención de buena calidad y protegiendo a sus poblaciones más pobres y más vulnerables. A medida que más países tratan de lograr la cobertura universal, es menor la cantidad de madres que mueren durante el parto y mayor la de recién nacidos sanos.

Perú casi ha duplicado su cobertura de salud, que pasó de abarcar el 37 % a abarcar el 65 % de la población, lo que ha contribuido al logro de una reducción importante en la mortalidad materna e infantil.

Ghana casi ha quintuplicado su cobertura de salud, que pasó de abarcar el 6 % a abarcar el 35 % de la población. En la actualidad, el 30 % de las mujeres pobres aseguradas da a luz en centros de salud con parteras calificadas, en comparación con tan solo el 10 % en el caso de los hogares no asegurados.

El plazo de diciembre de 2015 de los objetivos de desarrollo del milenio y el marco emergente de desarrollo posterior a 2015 nos enfrentan a algunas opciones cruciales.

Podemos seguir invirtiendo en una multitud de programas de salud que no están muy bien coordinados y que tienen impacto limitado, o podemos empezar a consolidar y aprovechar mejor nuestros recursos en torno a las iniciativas que sean más equitativas, eficaces y eficientes, respaldadas por la realidad de los hechos.

Las personas aquí reunidas han hecho cosas extraordinarias. En nuestra calidad de comunidad internacional de la salud y el desarrollo, en la última década hemos movilizado colectivamente recursos alguna vez impensables y hemos salvado cientos de millones de vidas.

Terminemos esta cumbre con un firme empeño en prestar atención médica esencial y de buena calidad a todas las mujeres, todos los niños, todas las familias, todas las personas, en todas partes. Muchas gracias.