Discursos y transcripciones

Educación para el crecimiento y la prosperidad: Discurso del Presidente Jim Yong Kim

Febrero 13, 2017


World Bank Group President Jim Yong Kim World Government Summit Dubai, Emiratos Árabes Unidos

Texto preparado para la intervención

Buenas tardes, sus Excelencias, distinguidos invitados, damas y caballeros.

Agradezco al pueblo de los Emiratos Árabes Unidos y a su Alteza, el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum (el-meck-tomb), por invitarme nuevamente a la Cumbre Mundial de Gobiernos.

No se me ocurre un lugar más adecuado que Dubái para dar este discurso.

Cuando vine aquí hace un año, la región atravesaba una crisis política y de seguridad, que se sumaba a la de los refugiados. Los desafíos siguen siendo abrumadores. Debemos intensificar nuestros esfuerzos colectivos. Pero me alegra decir que se han logrado avances. El Servicio de Financiamiento en Condiciones Concesionarias para la Región de Oriente Medio y Norte de África, un instrumento innovador dirigido a abordar la crisis de los refugiados de Siria, se ha convertido en un mecanismo mundial con el que se busca hacer frente a las crisis de desplazamiento de personas en cualquier país de ingreso mediano del mundo.

El nuevo Servicio Mundial de Financiamiento en Condiciones Concesionarias ha reunido unos USD 400 millones, gracias a la generosidad de nueve países donantes y de la Comisión Europea. Estos fondos proporcionarán cerca de USD 2000 millones en condiciones concesionarias, vitales para ayudar a los países de ingreso mediano a albergar refugiados. Este mecanismo movilizará ya casi USD 700 millones en condiciones concesionarias para financiar proyectos de desarrollo en Jordania y Líbano. Esto permitirá a los jóvenes aprender y crecer, aun cuando sus vidas se hayan visto convulsionadas por conflictos. Debemos continuar respaldando a Jordania y Líbano, que brindan un bien público esencial para esta región (y para el mundo) atendiendo a los refugiados sirios.

El Mecanismo de Garantías, recientemente creado por el Banco Mundial, es otro instrumento de financiamiento innovador para la región. Utilizando garantías de los países donantes, hasta el momento hemos recaudado unos USD 450 millones adicionales en financiamiento para Iraq y USD 150 millones para Egipto.

Pero las turbulencias y la inestabilidad no se circunscriben a esta región. El mundo enfrenta numerosas crisis que requieren atención urgente, como las que se registran en el norte de Nigeria, Sudán del Sur, Yemen y Afganistán. Debemos satisfacer necesidades humanitarias inmediatas y, al mismo tiempo, invertir en el desarrollo. Esto requerirá la participación de empresas, Gobiernos e instituciones educativas.

Dubái es el lugar ideal para analizar el nexo entre empresas, Gobiernos y educación. Esta ciudad pujante, que mira decididamente hacia el futuro, se ha convertido en un centro de innovación mundial. Y es un ejemplo elocuente del modo en que los países pueden convertir las políticas, los mercados y el aprendizaje en crecimiento y prosperidad para su población.

¿Cómo se hace? ¿Cómo se puede traducir el nexo entre empresas, Gobierno y educación en sociedades fuertes y pujantes?

Todo comienza con los mercados. Los mercados impulsan el crecimiento económico sacando provecho de la ilimitada capacidad (de las personas y las empresas) para innovar, invertir, crear empleo e incrementar los ingresos. Pero pueden hacer mucho más que eso. Pueden aportar el financiamiento que se necesita desesperadamente para hacer frente a las principales prioridades de desarrollo. Y es crucial que lo hagan.

La asistencia oficial para el desarrollo (AOD) asciende en la actualidad a unos USD 132 000 millones al año. La AOD es esencial, pero simplemente no alcanza para proporcionar los billones de dólares que se necesitan para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No podremos alcanzar estos objetivos (ni cumplir nuestra aspiración de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida) a menos que movilicemos el sector privado y los mercados financieros para canalizar nuevas inversiones hacia las economías en desarrollo.

Si se los aprovecha adecuadamente, los beneficios públicos de la innovación y el espíritu empresarial pueden exceder con mucho las ganancias privadas. Por ejemplo, cuando actores del sector privado inventaron el teléfono, el automóvil y la computadora personal, los beneficios sociales superaron enormemente las ganancias obtenidas por sus creadores. Es aquí donde los Gobiernos desempeñan una función clave, proporcionando los bienes públicos que impulsan y amplían la innovación privada.

Como han mostrado nuestras deliberaciones en este foro, los Gobiernos tienen una ventaja comparativa para brindar bienes públicos que beneficien a toda la sociedad. Tienen la función esencial de garantizar la igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos. Y generan un entorno propicio para el sector privado. Establecen condiciones equitativas y las hacen respetar, con normas justas y transparentes y procesos abiertos y competitivos para la adjudicación de contratos gubernamentales. Y si observamos el mundo, veremos que los países más desarrollados son aquellos donde los Gobiernos sacan provecho de la tecnología para escuchar (y atender) las necesidades y aspiraciones de su población.

En lo que respecta a la educación, los Gobiernos deben cumplir la función esencial de ampliar el acceso a ella y mejorar su calidad. Esta ciudad nos ofrece un ejemplo elocuente de cómo un Gobierno puede garantizar tanto la provisión del servicio por parte del sector privado como la rendición de cuentas. La mayoría de los niños de Dubái asisten a escuelas privadas debido a su enorme población de expatriados y a los 16 programas académicos nacionales vigentes. Todos los años, la Autoridad de Conocimiento y Desarrollo Humano califica las escuelas privadas de la ciudad y difunde ampliamente los resultados. Ahora los padres hacen más preguntas y los docentes y directores buscan mejorar sus enfoques para la enseñanza. Recientemente, Dubái ha logrado también avances significativos en las evaluaciones internacionales de matemáticas y ciencias.

Así que está claro. Mientras buscamos hacer realidad nuestros objetivos de desarrollo y procuramos construir sociedades que crezcan y prosperen, el sector privado y los Gobiernos deben trabajar juntos.

Si el sector privado es el motor del crecimiento y el Gobierno es el conductor, la educación es el combustible que lo hace funcionar.

Para hacernos una idea del impacto que puede tener la educación en la competitividad, observemos el caso del país donde yo nací, Corea del Sur. Después de la Guerra de Corea, el 78 % de los coreanos eran analfabetos. En 1970, el ingreso per cápita era de USD 200. Hasta la década de 1960, el Grupo Banco Mundial consideraba que el país era demasiado riesgoso incluso para otorgarle préstamos con las tasas de interés más bajas. Corea del Sur sabía que la educación era el mejor camino para salir de la miseria económica. En consecuencia, centró sus esfuerzos en transformar las escuelas y se comprometió a educar a todos los niños, y a educarlos bien. Este énfasis en la educación, combinado con políticas gubernamentales inteligentes e innovadoras y un sector privado vibrante, dio sus frutos. En la actualidad, la tasa de alfabetismo de Corea del Sur es del 98 %. Es un país de ingreso alto y modelo de desarrollo económico exitoso que otros países pueden imitar.

Los países de Oriente Medio y Norte de África han ampliado enormemente el acceso a la educación formal, han subsanado diferencias de género y han llegado a las zonas más remotas. Hoy en día, la matriculación en la escuela primaria es casi universal. Desde la década de 1970, la matriculación en la secundaria se ha triplicado hasta alcanzar casi el 80 %. Y en el nivel terciario, se ha multiplicado por seis y ha llegado casi al 40 %. En todos los niveles, las diferencias de género en el acceso a la educación se han reducido significativamente. Estos logros fueron el resultado de fuertes inversiones dirigidas a brindar educación gratuita a todos. Los Gobiernos de esta región destinan en promedio el 5 % de su producto interno bruto (PIB) a la educación, un porcentaje mayor que el de cualquier otra región del mundo.

A pesar del considerable volumen de recursos que los países de esta región han invertido en educación, los resultados del aprendizaje siguen siendo desalentadores, tal como muestran las evaluaciones internacionales. En el Estudio de las Tendencias en Matemáticas y Ciencias realizado en 2015, todos los países de Oriente Medio y Norte de África obtuvieron puntajes inferiores al promedio internacional, con la excepción de Dubái, que se ubicó por encima de ese promedio. La región muestra también la mayor diferencia en el desempeño en estas pruebas según el sexo: las niñas obtienen resultados notoriamente mejores que los varones. En las universidades, las mujeres superan en número a los varones. Sin embargo, la región muestra la tasa más baja del mundo de participación femenina en la fuerza laboral, con un máximo de tan solo el 21,6 %.

El mundo está cambiando con rapidez, y para que la educación siga actuando como combustible del crecimiento y la prosperidad, es necesario adaptar los sistemas a esos cambios. Para esto, debemos hacer tres cosas:

 Primero y principal, debemos invertir fuertemente en los primeros años de vida.

Hay pruebas contundentes de que las experiencias vividas en la primera infancia tienen un impacto profundo y duradero en el desarrollo del cerebro e influyen en todos los aspectos de la vida de la persona, desde el aprendizaje hasta la salud y las posibilidades de generar ingresos a lo largo de su vida. Es esencial realizar inversiones inteligentes en el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños pequeños para garantizar la productividad durante su vida adulta y para incrementar la competitividad económica de los países. Sin embargo, en la actualidad millones de niños pequeños no reciben lo que necesitan para desplegar todo su potencial. Su desarrollo se ve restringido por la malnutrición, la falta de estimulación y el acceso limitado al aprendizaje temprano, así como por la exposición a la violencia y el abandono.

El hecho de que el 25 % de los niños de todo el mundo presenten retraso en el crecimiento constituye una crisis mundial que amenaza con condenarlos a una vida de pobreza aun antes de haber cumplido los cinco años.

La mayoría de los niños aún no tienen oportunidades para acceder al aprendizaje temprano, en particular en esta región, donde menos de la tercera parte están matriculados en el nivel preescolar. Los que tienen acceso a este nivel educativo son principalmente los sectores privilegiados. Eso debe cambiar. Todos los países deben invertir en las generaciones futuras, no solo porque es lo correcto, sino también porque si no lo hacen, se condenan a la pobreza, la desigualdad y la inestabilidad.

En segundo lugar, debemos repensar qué enseñamos y cómo aprenden los niños.

Esto supone sacar todo el provecho posible de lo que sabemos acerca de la ciencia del aprendizaje y de las habilidades que los niños necesitarán para prosperar en el futuro. Para progresar en un mundo que cambia con rapidez, los niños necesitan más que una educación básica. Necesitan ser pensadores creativos y críticos, que desarrollen un afán constante por el conocimiento y la resolución de problemas. Hoy en día, contamos con los avances tecnológicos que pueden apoyar la enseñanza y el aprendizaje y fomentar la creatividad y el pensamiento crítico.

Pero no debemos olvidar que la función del docente sigue siendo esencial. En muchas partes del mundo, los estudiantes, en especial las niñas, quedan privados de educación debido a la falta de docentes mujeres. Recuerdo la historia de Raysa (Ra-ee-sa), una niña yemení de Al-Hada (el-head-ah) que asistía con gran esfuerzo a una escuela donde todos los maestros eran hombres. Raysa estaba decidida a ayudar a las futuras generaciones de niñas a ir a la escuela y aprender, por lo que se matriculó en un programa de formación docente para mujeres respaldado por el Banco Mundial. Cuando se sumó a la escuela como maestra, el número de niñas se incrementó de 10 a 72.

Los docentes desempeñan una función fundamental en el desarrollo de lo que Thomas Friedman, columnista de The New York Times, denomina STEMpathy, la combinación de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas con empatía. Según este autor, en el futuro lo importante no será lo que sabemos, porque las bibliotecas digitalizadas y los poderosos motores de búsqueda nos permiten encontrar incluso los detalles más específicos de prácticamente cualquier tema en un abrir y cerrar de ojos. En el futuro, lo que importará será lo que podamos hacer con lo que sabemos. Este concepto debería influir en el modo en que educamos a nuestros jóvenes, porque lo que nos hace singularmente distintos de las computadoras es nuestra humanidad y nuestra empatía, y esto no se puede encontrar en ningún algoritmo.

La educación no solo es importante para el crecimiento económico y la prosperidad. Es también fundamental para promover la paz y la cohesión social. Como dijo sabiamente Ibn Rushd (ibin rooshd), “La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, y el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación”. En las escuelas y en las aulas, los niños aprenden primero cómo experimentar el mundo que los rodea, de modo que lo que enseñamos, y lo que los niños aprenden, debería reflejar la diversidad de culturas y promover el respeto y la comprensión.

Por último, los sistemas educativos deben inculcar las aptitudes que resulten pertinentes para los mercados de hoy y los empleos del futuro. En la economía mundial, el crecimiento y la innovación requieren una fuerza de trabajo educada, capacitada y comprometida. Por lo tanto, debemos incrementar significativamente nuestras aspiraciones tanto en lo que respecta a la cantidad como a la calidad de las inversiones en educación y capacitación. Si fracasamos, dejaremos atrás a una gran cantidad de personas que, por razones ajenas a su voluntad, tendrán dificultades para encontrar empleos de calidad.

Hoy en día, observamos un claro desajuste entre las habilidades que imparten los sistemas educativos y los empleos que requiere el mercado de trabajo. En muchos países, en especial en esta región, las tasas de desempleo de los graduados son muy elevadas.

No obstante, los empleadores se quejan de que faltan trabajadores con las habilidades necesarias. En el mundo, el 40 % de los empleadores indican que tienen dificultades para cubrir puestos. En Oriente Medio, la tercera parte de los empleadores se quejan del desfase entre lo que los estudiantes aprenden y lo que ellos necesitan en el lugar de trabajo.

Brindar a nuestros jóvenes un conjunto adecuado de habilidades es la mejor forma de abordar esta profunda escasez de talento. Esto también permitirá a los jóvenes generar sus propios empleos, asociándose con las industrias para innovar, crear, incubar y difundir nuevas ideas y tecnologías. Ya hemos comenzado a ver que estas asociaciones pueden resultar muy eficaces. Diversas universidades técnicas de los territorios palestinos están incrementando las oportunidades de empleo de sus estudiantes mejorando la pertinencia de sus programas académicos.

La necesidad de actuar es clara. Las altas tasas de desempleo de los graduados representan un enorme desperdicio de talento y potencial, y pueden constituir una grave amenaza para la estabilidad, el crecimiento y la prosperidad de países de todo el mundo. Lo hemos visto ya durante la Primavera Árabe: las personas de elevado nivel educativo que no lograban generar tantos ingresos como deberían eran más proclives a sumarse a las protestas. Lo vemos también en los grupos como Da’esh (da-ish), que reclutan con mayor facilidad personas de alto nivel educativo subempleadas.

Para ayudar a abordar estos desafíos, me complace anunciar la puesta en marcha de la Plataforma para la Educación, que se reunirá anualmente aquí durante la Cumbre Mundial de Gobiernos. Esta plataforma servirá como espacio para intercambiar experiencias internacionales, crear nuevas iniciativas y propiciar el debate y los intercambios de alto nivel entre líderes, expertos y funcionarios encargados de formular políticas.

Concretamente, esta plataforma nos permitirá sacar provecho de nuestros esfuerzos colectivos para encontrar soluciones a los desafíos educativos comunes, que puedan implementarse posteriormente en mayor escala. Para esto, se centrará en cinco objetivos de importancia crítica:

  • primero, ampliar las iniciativas de desarrollo de la primera infancia;
  • segundo, mejorar la alfabetización y las capacidades matemáticas básicas en los primeros grados;
  • tercero, recabar información sobre el aprendizaje de los niños y sobre el desempeño de la escuela y de todo el sistema educativo para mejorar la gestión y la rendición de cuentas;
  • cuarto, abordar el paso de la escuela al empleo (transición de suma importancia) mediante una orientación profesional específica,
  • y por último, fomentar la adquisición de las capacidades que se requieren en el siglo xxi.

Estas cinco áreas se han definido en la iniciativa Educación para la Competitividad, cuya puesta en marcha anunciaron el año pasado el Grupo Banco Mundial y el Banco Islámico de Desarrollo. En el marco de esta iniciativa, se trabajará con los Gobiernos y con otros asociados, incluido el sector privado, para ayudar a los países a mejorar la calidad y la pertinencia de sus sistemas educativos. Comenzará a implementarse en Oriente Medio y Norte de África, pero se espera poder expandirla a otras regiones para transformar los sistemas educativos y mejorar los resultados de todos.

Debemos asegurarnos de que todos los niños puedan desplegar plenamente su potencial. Con demasiada frecuencia, los niños de los sectores vulnerables, las niñas y otros quedan excluidos. El Grupo Banco Mundial es la principal entidad de financiamiento de la educación en los países en desarrollo, y continuaremos incrementando nuestras inversiones en esta área fundamental. La próxima edición de nuestro Informe sobre el desarrollo mundial se centrará en lo que los países pueden hacer para convertir en realidad la promesa de la educación para el desarrollo. Espero que los distinguidos líderes que se encuentran hoy aquí se unan a nosotros en este camino.

En 1959, el año en que yo nací, el porcentaje de personas de todo el mundo que vivía en la extrema pobreza se ubicaba en torno al 50 %. Hemos logrado reducir esa cifra a cerca del 9 %. Y junto con esta reducción de la pobreza, las aspiraciones de todo el mundo han comenzado a converger. Los pobres aspiran a llevar una vida sana, estable y segura tanto como la clase media o los ricos. No tenemos más opción que asumir esas aspiraciones y dar a todo el mundo la posibilidad de desplegar plenamente su potencial.

Y debemos asumir esas aspiraciones en un mundo de creciente incertidumbre. Los cambios tecnológicos generan desplazamientos e inquietudes para grandes segmentos de la población, tanto en países ricos como pobres. Al-Ghazali (el-gha-zaa-lee), filósofo del siglo xi, advertía que “El conocimiento sin acción es locura, y la acción sin conocimiento es vanidad”. Y debemos actuar, como dijo el Dr. Martin Luther King Jr., “con la feroz urgencia del ahora”, sabiendo que “existe la posibilidad de llegar demasiado tarde”.

Espero que cuando nos volvamos a reunir el año próximo, nuestras acciones hayan producido logros reales y podamos decir que no nos hemos dejado llevar ni por la locura ni por la vanidad, y que hemos actuado con el sentido de la urgencia que estos tiempos requieren.

Muchas gracias. Shuk-ran jazeelan.