Panorama general

El crecimiento de la población mundial y los cambios de las dietas alimentarias están incrementando la demanda de alimentos. Surgen dificultades para mantener los niveles de producción a medida que el rendimiento de los cultivos se estabiliza en muchas partes del mundo, la salud de los océanos se deteriora y los recursos naturales —entre ellos los suelos, el agua y la diversidad biológica— se explotan peligrosamente al máximo. Una de cada nueve personas padece hambre crónica, y el 12,9 % de la población de los países en desarrollo sufre desnutrición. La seguridad alimentaria es un desafío que se tornará cada vez más difícil de resolver, ya que el mundo necesitará producir alrededor de un 70 % más de alimentos en 2050 para alimentar a una población estimada de 9000 millones de personas.

Este desafío se intensifica debido a la gran vulnerabilidad de la agricultura al cambio climático. Los impactos negativos del cambio climático ya se manifiestan en la forma de bajos rendimientos y fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, afectando los cultivos y la ganadería por igual. Se requerirán considerables inversiones en adaptación al cambio climático para mantener los actuales rendimientos y lograr los aumentos de producción necesarios.

La agricultura también es un factor que incide de manera importante en el cambio climático. En la actualidad, genera entre el 19 % y el 29 % del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). (i) Si no se toman medidas, ese porcentaje podría aumentar considerablemente mientras otros sectores reducen sus emisiones.

Producir más con menos

La agricultura inteligente con respecto al clima es un enfoque integrado para la gestión de los paisajes (las tierras de cultivo, la ganadería, los bosques y la pesca) que aborda dos desafíos interrelacionados: la seguridad alimentaria y el cambio climático. Este enfoque tiene el objetivo de lograr al mismo tiempo tres resultados:

  1. Mayor productividad: producir más alimentos para aumentar la seguridad alimentaria y nutricional y los ingresos del 75 % de los pobres del mundo que viven en zonas rurales y dependen principalmente de la agricultura para subsistir.
  2. Mayor resiliencia: reducir la vulnerabilidad a las sequías, las plagas, las enfermedades y otras perturbaciones, y aumentar la capacidad de crecimiento y de adaptación frente a presiones de largo plazo como temporadas de cultivo más breves y patrones meteorológicos irregulares.
  3. Menos emisiones: procurar la generación de menos emisiones por cada caloría o kilo de alimentos producidos, evitar la deforestación debido a la agricultura y encontrar maneras de extraer el carbono de la atmósfera.

Si bien la agricultura inteligente con respecto al clima se basa en conocimientos, tecnologías y principios de la agricultura sostenible ya existentes, es un enfoque distinto en varios aspectos. En primer lugar, se centra explícitamente en abordar el cambio climático. En segundo lugar, considera sistemáticamente las sinergias y las soluciones de compromiso que existen entre productividad, adaptación y mitigación, a fin de aprovechar los beneficios de los resultados integrados e interrelacionados. Por último, busca nuevas oportunidades de financiamiento para subsanar el déficit de inversiones necesarias para lograr la seguridad alimentaria.

Para obtener más información sobre aspectos básicos, planificación, financiamiento, inversiones y otros temas relativos a la agricultura inteligente con respecto al clima, consulte la guía en línea (i) preparada en colaboración con el Programa de Investigación sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR).

La agricultura inteligente con respecto al clima y el Grupo Banco Mundial

El Grupo Banco Mundial (GBM) amplía en la actualidad los esfuerzos en materia de agricultura inteligente con respecto al clima. En su Plan de Acción sobre el Cambio Climático, (PDF, en inglés) se comprometió a trabajar con los países para promover una agricultura inteligente con respecto al clima que tiene tres beneficios: mayor productividad, mayor resiliencia y menos emisiones. La cartera del GBM también pondrá más énfasis en los impactos de gran escala y se reequilibrará para centrar más la atención en la adaptación y la resiliencia. Con el fin de cumplir estos compromisos, se están analizando todos los proyectos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) para identificar los riesgos relacionados con el clima, y se continuará el desarrollo y el uso de mediciones e indicadores para medir los resultados y contabilizar las emisiones de GEI en los proyectos y operaciones. Estas medidas ayudarán a los países clientes a implementar sus contribuciones determinadas a nivel nacional en el sector de la agricultura, y a avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la acción climática, la pobreza y la erradicación del hambre.

El Grupo Banco Mundial también respalda programas de investigación, como el Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), (i) que desarrolla tecnologías y métodos de gestión climáticamente inteligentes, sistemas de alerta temprana, seguros contra riesgos y otras innovaciones que promueven la resiliencia y combaten el cambio climático.

Por ejemplo, los perfiles de países sobre la agricultura inteligente con respecto al clima (i) llenan un vacío de conocimientos, ya que clarifican la terminología, los elementos y las cuestiones relevantes de la agricultura climáticamente inteligente, así como la manera de contextualizarla en distintas circunstancias de los países. Los conocimientos también proporcionan un método para establecer una base de referencia a nivel nacional y subnacional sobre la agricultura inteligente con respecto al clima que oriente el desarrollo y las inversiones climáticamente inteligentes.

 

Esfuerzos para lograr seguridad alimentaria y nutricional y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de GEI

El respaldo del Banco a la agricultura inteligente con respecto al clima está marcando una diferencia en todo el mundo:

En China, desde 2014, un proyecto respaldado por el Banco Mundial (i) ayuda a expandir la agricultura inteligente con respecto al clima. El consumo de agua más eficiente en 44 000 hectáreas de tierras de cultivo y la introducción de nuevas tecnologías mejoraron las condiciones del suelo y aumentaron la producción de arroz en 12 % y la de maíz en 9 %. Más de 29 000 cooperativas de agricultores informan ingresos más altos y una mayor resiliencia climática.

En Uruguay, el Proyecto de Manejo Sostenible de Recursos Naturales y Adaptación al Cambio Climático (i) respalda la intensificación sostenible de la producción a través de varias iniciativas, como la creación de un Sistema Nacional de Información Agropecuaria (SNIA) y la elaboración de planes de manejo de suelos. Desde 2014, se aplica la agricultura inteligente con respecto al clima en 2 946 000 hectáreas, lo que se traduce en un posible secuestro de carbono de 9 000 000 de toneladas de CO2 al año.

En México, (i) en 2016, 1165 agroindustrias pequeñas y medianas adoptaron tecnologías de energía ambientalmente sostenibles, con una reducción de 3 388 670 toneladas de emisiones de CO2.

El Proyecto de Crecimiento Ecológico Inclusivo (i) de Marruecos respalda el programa nacional de crecimiento verde aumentando el suministro de información agrometeorológica y facilitando la difusión de tecnologías nuevas que fomentan la resiliencia, como las sembradoras para siembra directa.

En Níger, un proyecto respaldado por el Banco Mundial (i) de agricultura inteligente con respecto al clima tiene como objetivo beneficiar a 500 000 agricultores y productores agropecuarios de 44 comunas con la distribución de semillas mejoradas y tolerantes a la sequía, prácticas más eficientes de riego y uso generalizado de técnicas de agrosilvicultura y agricultura de conservación.

A partir de 2015, un proyecto respaldado por el Banco Mundial ayuda a los pastores a adoptar la agricultura inteligente con respecto al clima en el Sahel, (i) específicamente en Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania, Níger y Senegal. Las intervenciones para mejorar la salud y la crianza de los animales y promover una gestión más sostenible de las tierras de pastoreo están aumentando la productividad y la resiliencia y ayudan a reducir las emisiones.

En Senegal, el Programa de Productividad Agrícola para África occidental (WAAPP) (i) desarrolló siete variedades nuevas de sorgo y mijo, altamente productivas, de maduración temprana y resistentes a la sequía. Estas variedades, dadas a conocer en 2012, se difunden ampliamente entre los agricultores mostrando resultados muy positivos