RESEÑA

Empoderamiento de las comunidades forestales

20 de marzo de 2016


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Andrea Borgarello / World Bank

Contexto

¿Quién es el dueño de los bosques y qué importancia tiene esto? Los derechos explícitos de propiedad, acceso y gestión respecto de estos bienes son vitales para crear activos en las comunidades que dependen de los bosques, generar empleo y gestionar los recursos forestales de una manera más sostenible. Si bien muchos bosques continúan siendo de propiedad pública, en las últimas décadas ha aumentado la cantidad de zonas forestales en manos de actores privados, comunidades y personas. Las investigaciones también demuestran que la transferencia de los derechos sobre los bosques (o su uso) a personas y comunidades que necesitan estos recursos para subsistir establece incentivos eficaces para mejorar la conservación y la gestión forestal.

Aunque son custodios de los recursos forestales del mundo, las personas que dependen de los bosques se encuentran entre los grupos más pobres y marginados del planeta, y tienen muy poco control sobre dichos bienes. La tenencia de los bosques (i) a menudo se ve ensombrecida por reclamos contrapuestos de las comunidades, la minería artesanal o de gran escala y las grandes agroindustrias o concesiones de tala. Esto va en detrimento de la gestión sostenible de los bosques y acelera la degradación de los recursos naturales. La situación también puede generar conflicto e incluso violencia entre las partes interesadas.

Las comunidades forestales pueden mantener los bosques para que generen los alimentos, productos y servicios que necesita buena parte del mundo. Pero pueden hacerlo de una mejor manera cuando tienen acceso seguro a largo plazo, así como derechos de usuario y una situación de tenencia clara, que a su vez facilita el acceso al crédito y otros recursos financieros asequibles. Los recursos financieros permiten que las personas que dependen de los bosques participen en cualquier punto de la cadena de valor, por ejemplo, transformando la madera y los recursos forestales no madereros en productos de mayor valor que puedan venderse a precios más altos.

A pesar de que ahora se reconoce más la importancia de las mujeres en las actividades relacionadas con los bosques, este grupo aún no tiene los mismos derechos sobre los recursos forestales, la representación en los órganos de toma de decisiones pertinentes y el acceso al crédito. El empoderamiento de la mujer en el sector forestal puede generar oportunidades y beneficios para los hogares y las comunidades.

Estrategia

El Banco Mundial reconoce la necesidad de considerar cuidadosamente los problemas de tenencia de la tierra, así como el importante papel de las personas que dependen de los bosques en la gestión forestal sostenible.

Una proporción importante de la cartera del Banco relacionada con los bosques ha respaldado las reformas de tenencia de las tierras forestales, incluidos cambios hacia el modelo de tierras forestales de base comunitaria. En la última década, los proyectos financiados por el Banco han ayudado a incluir más de 74 millones de hectáreas de bosques en sistemas de gestión comunitaria o participativa.

El Banco trabaja con los países para reforzar y ampliar los derechos locales de uso de los recursos forestales y el acceso a ellos, especialmente entre los grupos indígenas. Además, ayuda a mejorar la tenencia de la tierra y modernizar los sistemas de administración de la tierra.

El Programa de Inversión Forestal (FIP), un programa de los fondos de inversión en el clima y el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF), convoca a los pueblos indígenas y las comunidades que dependen de los bosques para que participen en la gestión y aplicación de sus programas. Cuatro representantes de pueblos indígenas intervienen como observadores activos en el órgano de gobierno del FIP. Trabajan junto a los representantes de países receptores y contribuyentes para mejorar la rendición de cuentas y la transparencia del proceso de toma de decisiones.

El FIP también administra el Mecanismo de Donaciones Específico para Pueblos Indígenas y Comunidades Locales, (i) de USD 80 millones (dólares estadounidenses), en 14 países piloto. Estas comunidades forestales identifican sus propias prioridades y deciden cómo utilizar los fondos (USD 4,5 millones a USD 6,5 millones por país) para promover la gestión sostenible de los bosques y mejorar sus medios de subsistencia. La forestación y la reforestación servirán para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación y la degradación de los bosques (REDD+) solo si se cuenta con la cooperación y el apoyo de las personas que dependen de los bosques. Existen muchos mecanismos mediante los cuales se podrían transferir los beneficios. El Programa sobre los bosques (PROFOR), administrado por el Banco, encargó tres estudios para contribuir al diseño de sistemas de distribución de los beneficios de las iniciativas de REDD+, de modo que den resultados para las personas que dependen de los bosques. (i)

Resultados

  • El Banco Mundial cuenta con una amplia experiencia de trabajo con las comunidades y ha sido clave para garantizar los derechos de los pueblos indígenas en relación con sus tierras, como en el caso de Nicaragua, a través del Proyecto de Ordenamiento de la Propiedad, que condujo a la creación de la Región Autónoma del Atlántico Norte.Se espera que, en su segunda etapa, el proyecto continúe favoreciendo a los pueblos indígenas, a las mujeres y al medio ambiente a través de la demarcación de zonas protegidas.
  • En Brasil, el Proyecto de Zonas Protegidas en la Región Amazónica (i), que ayudó a designar unos 24 millones de hectáreas de nuevas zonas protegidas (aproximadamente el tamaño del Reino Unido), también contribuyó a clasificar 44 millones de hectáreas como tierras de pueblos indígenas y separar más de 30 millones de hectáreas como reservas especiales para el uso sostenible y gestionado por la comunidad, con lo que se beneficiaron 20 000 familias. El programa actualmente respalda 114 zonas protegidas, de las cuales 68 están gestionadas por comunidades locales. Al conseguir la participación de la comunidad local desde el comienzo del proyecto, se garantizó que los recursos y beneficios volvieran a ellos, y que se cumpliera la legislación vigente.
  • En Albania, el Proyecto de Desarrollo de los Recursos Naturales (i) confirmó los derechos de usufructo  e incorporó la gestión participativa de bosques y pasturas en 218 comunas, lo que abarca una superficie de 660 000 hectáreas. A través del proyecto se crearon 105 asociaciones de usuarios de bosques y zonas de pasturas para respaldar la gestión sostenible de los recursos comunitarios.
  • En Liberia, se logró la participación de las comunidades en la fijación de los límites de las zonas protegidas en un mapa, así como la demarcación física sobre el terreno para respaldar la ampliación de las zonas protegidas (proyecto EXPAN). (i) En el proyecto también se tuvieron en cuenta los reclamos de tierras previos y los usos reales de la tierra y los recursos naturales. Cuando no era posible establecer los límites de una zona protegida porque se excluían zonas pobladas, la categoría de gestión de zonas protegidas aplicada permitió que continuaran la ocupación humana y algunos usos de la tierra regulados.
  • En México, mediante el Segundo Proyecto de Desarrollo Forestal Comunitario  (i) se destinaron 1,78 millones de hectáreas a planes de zonificación comunitaria (ejidos), con lo que se superaron las metas en un 500 %. Dado el éxito obtenido, el Gobierno preparó 451 planes de zonificación adicionales, correspondientes a 2,64 millones de hectáreas. Combinado con el respaldo a los emprendimientos de silvicultura comunitaria, el proyecto ayudó a incrementar los ingresos y el acceso al empleo.
  • En Senegal, se diseñaron dos proyectos del Banco conocidos como PROGEDE  (i) para luchar contra la degradación forestal y, al mismo tiempo, satisfacer la creciente demanda de combustible para los hogares. En la segunda etapa del proyecto, un esfuerzo concertado para incluir a las mujeres en las estructuras locales aumentó la participación femenina en la gestión forestal (i) e incrementó sus posibilidades de acceder a capacitación sobre tala de árboles y técnicas de carbonización, actividades que antes eran principalmente masculinas.
  • En Panamá, la Fundación para la Promoción del Conocimiento Indígena ejecutó un proyecto financiado por el FCPF para reforzar la capacidad de los líderes indígenas, las mujeres y los jóvenes en materia de REDD+. Se realizaron talleres comunitarios sobre salvaguardias ambientales y sociales en la comarca Guna Yala (un territorio indígena semiautónomo). El proyecto ayudó a aumentar la comprensión de las cuestiones de REDD+ entre los gunas, especialmente a través de una mayor participación de las mujeres indígenas en actividades de fortalecimiento de la capacidad y la intervención de las partes interesadas de zonas rurales en el proceso nacional de preparación para REDD+. (i)