Panorama general

  • Si un Gobierno quisiera eliminar la tuberculosis de un solo pueblo, necesitaría un médico comprometido con su labor; para eliminarla de 1000 pueblos, se requeriría el compromiso de muchos médicos y de un macroeconomista. Desde el momento en que decidimos hacer algo a mayor escala, debemos tomar decisiones que afectan a la economía en su conjunto. ¿Imprimimos dinero para financiar el aumento del gasto? ¿Pedimos más préstamos? ¿Aumentamos los impuestos? Cualquiera de esas decisiones tendrían consecuencias significativas en la inflación, las tasas de interés y los flujos de inversión, lo que podría perjudicar a los habitantes de esos mismos pueblos a la hora de comprar alimentos, pedir un préstamo o buscar empleo. Aunque contáramos con los fondos necesarios, nuestros planes podrían verse frustrados por cambios repentinos en otra parte del mundo, como la caída del precio internacional de los minerales que exporta nuestro país.

    En otras palabras, nuestras acciones forman parte de un contexto más amplio. Este contexto es la macroeconomía, es decir, el sistema que interconecta las innumerables políticas, preferencias, recursos y tecnologías que hacen posible el desarrollo económico. Sin una gestión macroeconómica adecuada, es sencillamente imposible reducir la pobreza y lograr la equidad social. Se trata de una disciplina que involucra decisiones de miles de millones de dólares que afectan los bolsillos de todos nosotros como individuos. De ahí la importancia de ayudar a los Gobiernos a tomar decisiones acertadas en materia de tributación, gasto público, fondos soberanos de riqueza o estrategias de crecimiento. Esto es exactamente lo que hacen las Prácticas Mundiales de Macroeconomía y Gestión Fiscal. Y lo hacen principalmente porque es necesario eliminar la pobreza y fomentar la prosperidad compartida. Son, en esencia, los macroeconomistas de los pobres.

     

    Última actualización: May 27, 2015

  • Naturalmente, hay muchas instituciones que brindan apoyo macroeconómico a los Gobiernos. Lo que hace únicas a las Prácticas Mundiales de Macroeconomía y Gestión Fiscal, e impulsa su estrategia, es la combinación de enfoque, productos y personal que ofrecen. Analizan las cuestiones macroeconómicas y fiscales haciendo hincapié en la pobreza, la transformación estructural, el desarrollo a largo plazo y la interacción entre los Gobiernos nacionales y locales. Ofrecen asesoramiento técnico (desde informes extensos y exhaustivos hasta informes breves sobre temas específicos), financiamiento presupuestario (para atenuar el impacto de las reformas) y poder de convocatoria (para que las partes interesadas puedan identificarse con ellas). Principalmente, son el “hogar profesional” de más de 300 “economistas de los países”, que trabajan con dedicación en más de 100 naciones y siguen de cerca la realidad económica de cada cliente, así como sus tendencias históricas, políticas y sociales. Ponen en práctica, junto con sus pares de todo el mundo, sus conocimientos específicos y, en algunos casos, excepcionales sobre los países compartiendo información, comparando experiencias e identificando las mejores prácticas. Trabajan, al mismo tiempo, en el ámbito nacional e internacional. 

    ¿Cuáles son sus productos? Cada año, generan 200 documentos como resultado de los servicios analíticos y de asesoría. Otorgan unos US$7000 millones por año en préstamos de rápido desembolso (de los cuales US$1000 millones provienen del mecanismo de financiamiento en condiciones concesionarias de la Asociación Internacional de Fomento). Siguen de cerca la actividad macroeconómica en tiempo real y realizan evaluaciones de riesgos para los países, y dos veces al año publican sus conocidas actualizaciones económicas sobre la mayoría de los países. Además, incorporan datos e información de los países en su modelo macroeconómico mundial,  lo que les ayuda a proyectar las tendencias mundiales y regionales, y simular el impacto de hechos inesperados, como el colapso de los precios del petróleo. Para los países que enfrentan importantes niveles de deuda, (i) ofrecen servicios de gestión de la deuda nacional. Sus productos más requeridos son los memorandos económicos sobre los países, las series de notas sobre políticas para las transiciones presidenciales, los exámenes del gasto público, los análisis de política tributaria, los diagnósticos sobre el empleo, los documentos sobre la posición global, los diagnósticos de los países, (i) las conferencias internacionales, los préstamos para políticas de desarrollo, los créditos de apoyo a la lucha contra la pobreza, la Iniciativa para los Países Pobres muy Endeudados y la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral, (i) y las operaciones de apoyo a presupuestos subnacionales. Todos ellos se basan en la concepción de que la política fiscal y macroeconómica debe beneficiar a los pobres.

    Dada la esencia de sus productos, presentan una tendencia natural a la integración. Colaboran con otros sectores e instituciones y en distintas disciplinas. A fin de cuentas, el presupuesto fiscal es una recopilación de gastos de distintos sectores (desde educación y salud hasta energía y transporte). Asimismo, resulta indispensable determinar cómo se gasta ese dinero, qué se logra y quiénes se benefician. Por eso trabajan en estrecha colaboración con otras Prácticas Mundiales y las Áreas de Soluciones Transversales del Grupo Banco Mundial (GBM), el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), bancos regionales, y organismos bilaterales de asistencia. Escuchan a todas las partes interesadas (círculos académicos, organizaciones no gubernamentales, grupos de estudio, empresas y medios de comunicación) y aprenden de ellas.

    En resumen, el equipo de las Prácticas Mundiales de Macroeconomía y Gestión Fiscal ofrece una “ventanilla única” local y conectada a una red internacional para el análisis, la asistencia técnica, el financiamiento y la innovación en la gestión macroeconómica y fiscal.

     

    Última actualización: May 27, 2015

  • Los tres ejemplos siguientes ofrecen una mirada rápida pero reveladora sobre los productos de las Prácticas Mundiales de Macroeconomía y Gestión Fiscal para países específicos y, a la vez, de alcance mundial, y de la manera en que dichos productos benefician a sus clientes.

    Respuesta al ébola en África: Como parte de la respuesta de emergencia del GBM a la crisis provocada por el ébola, los economistas de los países siguieron de cerca, sobre el terreno y en tiempo real, el impacto de la epidemia en los tres países más afectados: Guinea, Liberia y Sierra Leona. Analizaron esa información a la luz del contexto mundial y elaboraron modelos de las posibles repercusiones para el resto de África occidental y otros lugares. Publicaron un primer informe en el que advirtieron que, si no se contenía rápidamente el virus, al cabo de dos años (fines de 2015), el impacto financiero en la región podría alcanzar los US$33 000 millones, lo que constituiría un revés catastrófico para las economías que ya son frágiles. Este mensaje se convirtió en un ejemplo clave en el marco de la campaña mundial por la movilización inmediata de apoyo internacional, que hoy está a disposición de los países afectados. El propio GBM movilizó cerca de US$1000 millones para combatir la enfermedad. Lo interesante es que en el informe se señalaba que el impacto económico final del brote epidémico dependía del comportamiento de quienes no habían contraído el virus; en otras palabras, de si estos confiaban en que sus Gobiernos actuarían con la suficiente rapidez para alejar el miedo al contagio y permitirles volver al trabajo. Esto también se aplicaba a la comunidad internacional: en el informe se instaba a aislar a los pacientes afectados, y no a los países afectados.

    Hacer frente a la vulnerabilidad fiscal en Colombia: Como muchos países de ingreso mediano, Colombia enfrenta desafíos fiscales y estructurales, así como un alto grado de expectativas de la población. Sin embargo, debido a elementos específicos del contexto económico nacional, la sostenibilidad fiscal resulta particularmente difícil. El país, que tiene una economía política compleja, depende en gran medida de los ingresos derivados del petróleo, registra tasas de pobreza y de equidad relativamente elevadas, y está muy expuesto al riesgo de desastres naturales. Al mismo tiempo, para mantener el crecimiento rápido a largo plazo, el Gobierno debe realizar inversiones inteligentes en infraestructura, salud y educación. Dicho en otros términos, debe gastar sin poner en riesgo su equilibrio fiscal. Por ello, ha hecho de la reforma fiscal una prioridad para el desarrollo.

    A través de un préstamo para políticas de desarrollo de US$700 millones otorgado por los economistas de los países, el GBM respaldó un amplio programa de reformas que fortalecieron la posición fiscal y la capacidad de recuperación económica de Colombia. Las autoridades normativas implementaron una ley que define un camino de ajuste para el denominado “déficit presupuestario estructural”, una manera de analizar los libros contables a partir de elementos distintos de las fluctuaciones a corto plazo. La ley incluyó cambios en el sistema tributario y políticas más inteligentes en materia de seguro médico y agrícola. Se beneficiaron tanto pacientes como agricultores, y Colombia en su conjunto se convirtió en un país más seguro para los inversionistas.

    Ayudar a Myanmar a reintegrarse a la economía internacional: Tras un largo período de aislamiento, Myanmar está comenzando a restablecer los vínculos económicos con el resto del mundo. Para ayudarlo en este proceso, el GBM articuló el Programa de Ayuda para el Restablecimiento y la Reforma, una operación sin precedentes, dirigida por los economistas de los países de las Prácticas Mundiales de Macroeconomía y Gestión Fiscal. Con ella, se buscó mejorar simultáneamente la estabilidad macroeconómica, la gestión financiera y el entorno para la inversión, elementos clave para fomentar el crecimiento económico, generar empleo y reducir la pobreza. El amplio paquete incluyó un sistema de tipo de cambio flotante, una nueva ley de presupuesto más transparente, la reducción de las barreras al comercio, oportunidades para la inversión extranjera y el aumento del gasto público en educación y salud. Cabe destacar especialmente que el programa también facilitó la regularización de los atrasos de Myanmar con el GBM, gracias a lo cual el país hoy puede acceder nuevamente al financiamiento, las donaciones y los servicios del GBM y de otros donantes e instituciones financieras.

     

    Última actualización: May 27, 2015

Recursos adicionales

Contactos en la oficina del país

Ciudad de Washington
Yanina Budkin
ybudkin@worldbank.org