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El cambio climático y el Grupo del Banco Mundial
Las operaciones del Banco Mundial y el cambio climático
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Conclusiones

A mediados de 2008, los precios reales de la energía se habían elevado hasta alcanzar niveles sin precedentes. Ello representa una carga para los usuarios de la energía, pero ofrece al Banco la oportunidad de respaldar a los clientes para realizar la transición hacia objetivos de crecimiento sostenible a largo plazo que permitan enfrentar firmemente la inestabilidad de los precios de la energía, reduzcan los perjuicios ambientales locales y representen una contribución apropiada, a escala nacional, a los programas mundiales de mitigación.

Es evidente que el Banco Mundial tiene que centrar sus esfuerzos, desde el punto de vista estratégico, en ámbitos en que posee ventajas comparativas, entre otras cosas respaldando el suministro de bienes públicos y promoviendo reformas de políticas y reformas institucionales a nivel de países. Además, puede lograr el máximo efecto multiplicador promoviendo políticas de catalización de las inversiones del sector público en energía renovable y eficiencia energética, incluidas las respaldadas por la IFC y el MIGA.

El análisis contenido en el presente informe respalda las siguientes recomendaciones:

Promover sistemáticamente la eliminación de subsidios a la energía, aliviando las preocupaciones sociales y de economía política a través del suministro de asistencia técnica y asesoramiento de políticas que ayude a los países clientes en proceso de reforma a hallar soluciones eficaces, y una labor analítica que ponga de manifiesto el impacto, en cuanto a costo y distribución, de la eliminación de esos subsidios y la creación de eficaces redes de protección social de amplia base. La reforma de los precios de la energía puede entrañar riesgos para los pobres y suscitar la oposición de sectores acostumbrados a los bajos precios, con los riesgos políticos que ello entraña. No obstante, no realizar la reforma puede ser peor, ya que se desviarían fondos públicos de inversiones de lucha contra la pobreza y se promovería una economía ineficiente, cada vez más expuesta a perturbaciones de la energía. Por otra parte, la reforma no tiene por qué realizarse de un día para otro. El Banco puede proporcionar asistencia en cuanto a trazado y financiamiento de sendas de ajuste política, social y ambientalmente sostenibles. En virtud de este enfoque se tendrá en cuenta la economía política en el diseño de reformas y el otorgamiento de respaldo a sistemas de protección social orientados más certeramente hacia objetivos y más eficaces.

Hacer hincapié en políticas que promuevan mejoras en eficiencia energética para reducir la carga de la transición a precios de energía basados en el mercado. Históricamente, la eficiencia energética ha recibido respaldo retórico, pero sólo en pequeña medida ha recibido respaldo financiero o despertado atención en la esfera de las políticas. Esto está comenzando a cambiar en virtud de decisiones como la adoptada por China, que se comprometió a reducir radicalmente la intensidad de energía de su producción, así como la sanción de la Ley de Conservación de la Energía en la India. No obstante, el Banco puede hacer mucho más para ayudar a los clientes a perseguir esos objetivos. Una real reorientación hacia la eficiencia energética y la energía renovable exige la reforma del sistema de incentivos internos de la institución. En lugar de tomar como objetivo un crecimiento expresado en dinero del financiamiento de planes de eficiencia energética (que puede desviar esfuerzos de intervenciones de elevado rendimiento y bajo costo), es necesario encontrar indicadores que reflejen más directamente ahorros en la esfera de la energía y los pongan al servicio de estrategias de países y decisiones de proyectos. También es preciso respaldar pacientes análisis y actividades de asistencia técnica más prolongados, realizados con más personal. Es necesario disponer de mayor financiamiento para preparación, diálogos de políticas, análisis y asistencia técnica.

Promover un enfoque de sistemas proporcionando incentivos para hacer frente a problemas de cambio climático a través de enfoques intersectoriales y equipos a nivel nacional, y de una interrelación estructurada entre la Junta Sectorial de Energía y la Junta Sectorial del Medio Ambiente. Para hacer frente a problemas de mitigación y adaptación al cambio climático, el pensamiento, la organización y la acción del Banco y sus clientes no deben quedar confinados en el nivel de los establecimientos, sino rebasar los límites subsectoriales y sectoriales. Una manera de lograrlo es prestar más atención a la planificación de la energía a nivel de todo el sistema. El método de planificación integrada de recursos, otrora en boga, en gran medida ha sido abandonado tras la privatización y desagregación del sector de la electricidad. No obstante, los actuales métodos de planificación no dan cabida a consideraciones de eficiencia de usuarios finales y equilibrio entre los riesgos de inestabilidad de los precios de los combustibles y una producción de electricidad dependiente de las condiciones meteorológicas mediante plantas de generación eólica e hidráulica. Otros ámbitos en que es esencial la colaboración intersectorial para promover políticas y programas beneficiosos para todas las partes son los de gestión de recursos hídricos, gestión urbana y redes de protección social.

Aumentar las inversiones en mejoramiento de los sistemas de medición y seguimiento con fines de motivación y aprendizaje a nivel mundial, nacional y de proyectos. Una adecuada información puede alentar y orientar la acción.

Primero, basándose en la colaboración que mantiene con la Agencia Internacional de Energía en relación con indicadores de eficiencia energética, el Banco podría establecer un sistema de Puntaje de la Energía que recopilará regularmente información actualizada estandarizada sobre precios de la energía, coeficientes de recaudación, subsidios, políticas y datos sobre desempeño a nivel nacional, subnacional y de proyectos. Los prestatarios podrían utilizar indicadores para establecer hipótesis de referencia en relación con el diseño y la ejecución de estrategias de países —incluidas políticas sectoriales e intersectoriales— y para evaluar el desempeño del Banco.

Segundo, se requieren evaluaciones económicas y ambientales más rigurosas sobre inversiones en energía e inversiones que liberan o inhiben emisiones de carbono. Esas evaluaciones deberían basarse en precios de la energía recogidos para el sistema de puntaje; en ellas deberían tenerse en cuenta externalidades tales como el impacto neto sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, así como la inestabilidad de los precios. También los proyectos de inversiones deberían evaluarse, en forma cualitativa, en un índice de difusión, que indicaría el efecto catalizador previsto de la inversión en proyectos similares subsiguientes. Es conveniente completar los análisis basados en proyectos con evaluaciones de impactos indirectos y relacionados con políticas, que podrían ser de mucha mayor escala.

Tercero, subsiste la necesidad de prestar más atención al seguimiento y la evaluación de intervenciones en materia de energía. La distribución en gran escala de lámparas eléctricas fluorescentes constituye un ejemplo de intervención que se presta a análisis de impactos y en que un oportuno análisis podría ser importante para dar forma a actividades de aumento de la escala.

  
   
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