Descargue
como PDF (i) |
 |

Done ahora |


|
|
Mientras Haití enfrenta
la enorme tarea de recuperarse del devastador
terremoto, las experiencias del pasado ofrecen
algunas lecciones. La respuesta inmediata, el
diagnóstico, el diseño y la supervisión
de proyectos, el uso de la capacidad local,
los vínculos con el sector privado y
la coordinación entre los asociados,
incluido el Grupo del Banco Mundial, parecen
determinar una diferencia crucial para el resultado
de las medidas que se tomen. Muchas de las lecciones
aprendidas en catástrofes anteriores
son válidas en estas circunstancias;
no obstante, se deben considerar las condiciones
propias de este país caribeño.
En efecto, varios factores,
tales como la ruptura del orden social y las
condiciones frágiles de seguridad, la
pérdida casi total de las estructuras
de gobierno y el fracaso en la imposición
de estándares de calidad —aun los
más mínimos— para la industria
de la construcción, influyen para que
en el caso de Haití, las propuestas de
soluciones sean cuantiosas. El panorama se tornará
más complicado por el número sin
precedentes de donaciones de beneficencia destinadas
a la ayuda de emergencia y la llegada de muchas
organizaciones nuevas al país, las cuales
tienden a actuar de manera unilateral en lugar
de priorizar las acciones coordinadas.
I. Consideraciones inmediatas
El Grupo del Banco Mundial
debería involucrarse desde el principio
en la respuesta a los desastres naturales.
La experiencia del terremoto
de Mármara, Turquía, demuestra
las ventajas de una pronta intervención.
Los grupos consultivos actuaron eficazmente
en la movilización de recursos de ayuda
y la coordinación de situaciones posteriores
a conflictos. Un director del Banco Mundial
a cargo de las operaciones en el país
que cuenta con experiencia en casos de desastre,
señala que los grupos consultivos podrían
ser útiles además para coordinar
las operaciones de ayuda en estas situaciones,
como se comprobó con éxito en
Sudán cuando se unificaron los esfuerzos
de múltiples donantes para combatir la
hambruna.
La preparación inicial,
incluidas las evaluaciones de daños y
necesidades antes de las reuniones de los grupos
consultivos, debería acordarse antes
de poner en marcha las operaciones. Es particularmente
importante identificar el liderazgo local y
las oficinas de gestión de proyectos.
Cuando existen peritajes físicos, sociales
y económicos creíbles, los países
terminan movilizando más asistencia.
Dado que la capacidad para
utilizar la ayuda de manera eficaz es escasa,
y la gobernabilidad a menudo pobre en los Estados
frágiles, la atención debe situarse
desde el principio en el desarrollo y mejora
de las mismas, y no sólo en la reconstrucción
de la infraestructura física.
No hay período de
emergencia en el cual todo valga. Cada respuesta
ayuda al desarrollo o lo contrarresta, y cada
decisión afecta a todos los demás
factores.
Las primeras medidas tienen
un impacto fundamental en la recuperación
y la manera en que se gestiona la distribución
de la ayuda estimula o limita la reconstrucción.
Es mucho más difícil detener el
uso de la fuerza, los saqueos, los disturbios
y el disparo de armas de fuego que prevenirlos
desde un principio. Después de un terremoto,
las personas tienden a unirse para rescatar
sobrevivientes de los edificios derrumbados:
en este sentido es importante asegurar la preservación
de la confianza mutua para que los esfuerzos
de restauración sean eficaces. Para la
reedificación de hogares y comunidades,
es necesario transportar y almacenar los materiales
de construcción de manera segura y formar
grupos comunitarios que trabajen juntos en la
rehabilitación de hogares e infraestructura.
Debido a que las primeras medidas influyen en
el éxito del proyecto, el personal tiene
que ser consciente de su importancia y aconsejar
a los socios para el desarrollo.
Los refugios temporales
tienen que preservar las relaciones sociales
existentes.
Si es posible, se aconseja
evitar la implementación de refugios
provisionales de alto costo en proyectos del
Banco. Las personas son capaces de hallar refugios
momentáneos adecuados utilizando materiales
de los edificios dañados, y las familias
que no perdieron sus viviendas acogen a sus
amigos y familiares (como ocurrió en
Colombia después de la erupción
en el pueblo de Armero, y en Granada y Santa
Lucía después del paso del huracán
Iván). Si las personas son desplazadas
de las principales ciudades y los refugios son
verdaderamente necesarios, se deben llevar a
cabo gestiones para mantener intactas a las
familias y grupos vecinales. En general, en
las tareas de socorro se gasta más en
carpas y refugios transitorios que en lo que
se provee en última instancia para alojamiento
permanente.
Es posible disminuir los delitos
y la violencia contra las mujeres si durante
el proceso de reubicación se toma la
precaución de garantizar que tantas puertas
como sea posible estén frente a un área
común bien iluminada, evitando la existencia
de corredores y callejones oscuros y sin vigilancia.
En Colombia (Armero), ciudad de México
y Turquía, los espacios amplios compartidos
por muchas familias derivaron en desintegración
social.
La provisión temprana
de empleos a los sobrevivientes y de transferencias
de efectivo han dado buenos resultados.
Una manera de garantizar que
los pobres puedan afrontar el costo de la reconstrucción
es dedicar tiempo a la recuperación y
reciclaje de todos los materiales de construcción
utilizables. Se puede ayudar a la población
en general a recuperarse emocionalmente a lo
largo de este proceso ofreciéndoles trabajos
pagados (como en Gujarat). Una vez que las oportunidades
laborales asociadas a la remoción de
escombros y reciclado de materiales disminuyan,
es importante asistir a las familias con dinero
en efectivo (como sucedió en el terremoto
de Mármara): esto resulta más
esencial que darles alimentos, mantas y ropa.
Luego de que un poderoso ciclón
azotara Bangladesh, la ayuda en alimentos importados
destruyó el mercado de arroz local. En
la mayoría de las catástrofes
el envío de comida enlatada y ropa usada
de otros países es sin duda contraproducente.
La distribución de los suministros de
emergencia debe ser ordenada y debe incluir
la participación de los líderes
locales y ayudar a aumentar la cohesión
social.
II.
Evaluación de daños
La evaluación de
la destrucción debe ser simple, adaptada
a los tipos de construcción local, y
el resarcimiento por daños estrechamente
relacionado con los costos reales.
Las evaluaciones de seguridad
posteriores a un terremoto deberían determinar
si los edificios son habitables e incluir una
solución para los habitantes de las viviendas
que no lo sean. En Haití, la formulación
de un proyecto deberá tener en cuenta
que el país tendrá una capacidad
de funcionamiento reducida tanto a nivel comunitario
como local y nacional. Las redes alternativas
—por ejemplo, las organizaciones no gubernamentales
y las agencias de las Naciones Unidas—
pueden cubrir brechas, pero la participación
de estas entidades debería acoplarse
a un plan para reconstruir la capacidad administrativa
del gobierno.
La evaluación luego
del terremoto de Maharashtra se basó
en un complicado sistema de compensaciones.
Se comprobó que la utilización
de los criterios de la Asociación Internacional
de Ingeniería Sísmica para la
estimación de los daños en las
unidades de vivienda individuales no fue satisfactoria,
dado que los mismos criterios no son aplicables
a viviendas modernas, con diseño de ingeniería,
y a estructuras armadas con piedras apiladas
o unidas con lodo. Cuando se compensa a la población
por los deterioros reales a sus viviendas, es
posible que discutan incesantemente e incluso
provoquen más daños. En Gujarat
se pagó a las personas cantidades fijas
de acuerdo a niveles fácilmente reconocibles
y no existió ninguna negociación.
La coordinación
entre los donantes es vital, según se
ha comprobado repetidamente.
Se deben hallar maneras para
lograr que éstos trabajen juntos o de
forma paralela —en el corto plazo—
en un conjunto definido de actividades con los
mismos requisitos de elegibilidad y beneficios.
III.
Formulación y supervisión de proyectos
La reasignación
de recursos de proyectos ya existentes es menos
eficaz que el financiamiento específico
para la reconstrucción.
Si bien puede justificarse
la transferencia de fondos provenientes de programas
en curso hacia la rehabilitación con
tasas de rendimiento elevadas, el financiamiento
nuevo bien diseñado y administrado por
unidades especiales para casos de desastre,
autorizadas para responder con rapidez, tiende
a ser utilizado con mayor eficacia. A menudo,
la reestructuración de viejos proyectos
es políticamente más sencilla
que un nuevo préstamo y permite al Banco
respaldar a los organismos gubernamentales con
los que ya está habituado a trabajar.
Sin embargo, la capacidad de entrega del personal
dedicado a los objetivos ya abandonados a menudo
no es tan eficaz y, con el tiempo, puede tender
a ocasionar consecuencias negativas para los
programas de los cuales se retiró el
dinero.
En general, los créditos
y préstamos de emergencia del Banco propenden
a ser desembolsados con lentitud luego de la
aprobación del Directorio Ejecutivo.
La participación temprana y continua
debería respaldar las medidas que lleven
a rápidos desembolsos luego de ser aprobados.
Uno de los problemas comunes que obligan a una
lenta implementación lo constituye el
país.
En ausencia de un Director
de Operaciones residente, una autoridad del
Banco en el país debería tener
la facultad para tomar decisiones.
Pueden producirse acontecimientos
imprevistos, como cambios en los precios de
insumos esenciales, competencia por los profesionales
de la construcción y escasez de herramientas
o materiales. Mientras que es probable que el
personal experimentado prevea tales situaciones,
no existió nunca un procedimiento claro
para garantizar que se designe al personal correcto
para conducir dichas operaciones. En el caso
del tsunami ocurrido en Asia, objeto de una
evaluación por parte de múltiples
donantes, se citó la utilización
de personal con experiencia. Recientemente,
el Banco comenzó a desarrollar un cuadro
de profesionales expertos en desastres. Todavía
está por verse si la institución
fue capaz de garantizar su despliegue rápido.
El diseño de los
proyectos debería ser simple, contar
con la participación de los lugareños
y tener en cuenta la capacidad local.
Las respuestas en situaciones
de desastre se asemejan a las operaciones militares
por su fuerte dependencia de la autoridad a
cargo y de los controles. Cuando existen vidas
en peligro, el sentido de urgencia obra en contra
de los procesos participativos. En particular,
la necesidad de actuar con prisa facilita el
hecho de no consultar a las estructuras de poder
locales. Las personas e instituciones que podrían
colaborar en la reconstrucción de las
comunidades afectadas son excluidas de las actividades
de socorro, a menudo debido a que las organizaciones
que responden al desastre tienen conocimientos
limitados sobre dichas comunidades. Por el contrario,
se pasa por alto la acción de grupos
que cuentan con sólidos incentivos para
impedir la implementación de la ayuda.
El diseño debería
limitar el número de organismos de ejecución
y de sectores involucrados, además de
reducir las condiciones fijadas para el préstamo.
La ejecución debería ser flexible
para asegurar que responda a las necesidades
de la comunidad y a las condiciones en el terreno,
que cambian con suma rapidez.
Es importante realizar
una exhaustiva supervisión.
En los proyectos de emergencia
es necesario prestar especial atención
al diseño y ejecución de los planes
de desembolso: se deberían minimizar
los cuellos de botella en el flujo de efectivo
antes de la aprobación del proyecto mediante
la provisión de pautas, ejemplos de documentos
de licitación, asistencia técnica
para quienes sean prestatarios por primera vez,
capacitación en procedimientos de adquisición
y procedimientos simples de desembolso a nivel
local. Se debe identificar y acordar durante
la etapa de evaluación la necesidad de
realizar determinados estudios técnicos
para proveer planes actualizados y diseños
de infraestructura, que incluyan una agenda
para la preparación de términos
de referencia, búsqueda de consultores,
contratación y finalización de
los estudios y presentación de informes
preliminares.
IV. Instituciones y financiamiento
La eficiencia en la toma
de decisiones y en los procedimientos de contratación
de obras de ingeniería civil ayudará
a evitar las demoras.
La continuidad de la planificación,
coordinación y seguimiento puede quedar
a cargo de una unidad dinámica creada
a tal efecto o de las instituciones existentes.
En los países donde existe una estructura
de ejecución descentralizada, como por
ejemplo en Bolivia, Argentina y Pakistán,
parecería que los proyectos impulsados
por la demanda e implementados por múltiples
organismos funcionan. Los terremotos ofrecen
oportunidades para resolver los obstáculos
principales de infraestructura (ensanchamiento
o nuevo trazado de calles o espacios destinados
para zonas verdes), pero estas decisiones deben
tomarse y anunciarse en una etapa temprana.
Es necesario tomar las medidas en el terreno
para que las modificaciones planeadas se transformen
en una realidad tangible, antes de que se realice
cualquier inversión privada para reparaciones
y reconstrucción que respete el patrón
antiguo.
Las operaciones posteriores
a las catástrofes deben incluir medidas
para reducir la vulnerabilidad en el largo plazo.
Hace tiempo que las políticas
operativas del Banco exigen que los proyectos
dirigidos a enfrentar los desastres naturales
reduzcan ese tipo de inseguridad. En Haití,
puede esperarse que el prolongado período
entre terremotos y la urgencia evidente por
las tareas de emergencia y reconstrucción
deriven en que se pierda la concentración
en el objetivo de mitigación y reducción
de riesgo de desastres, a medida que se tomen
difíciles decisiones respecto del desarrollo
ante muchos reclamos simultáneos. Debido
a que la mitigación en casos de desastre
es una necesidad periódica, no una constante,
tiende a perder terreno frente a otras prioridades,
en especial luego de que el fenómeno
deja de ser noticia en los medios de comunicación
internacionales y se satisfacen las necesidades
inmediatas de ayuda.
Es importante llegar a un acuerdo
con el Gobierno sobre las medidas de mitigación
en los primeros tres meses, ya que luego es
más difícil lograr que los políticos
se concentren en el desastre cuando el recuerdo
de la emergencia se desvanezca. En general,
los resultados son mejores si se define y garantiza
un mecanismo de financiamiento para las medidas
de mitigación que han sido acordadas.
Entre las opciones que se pueden considerar
están los incentivos financieros, el
uso de la tierra y prácticas de gestión,
una revisión de los patrones de tenencia
de tierras, la mejora de los códigos
de edificación, la capacitación
de los trabajadores de la construcción
y otras medidas no estructurales para reducir
la vulnerabilidad.
Las operaciones posteriores
a la catástrofe deben ocuparse de manera
inmediata y enérgica de los temas de
propiedad de la tierra.
Donde sea posible, deberán
regularizarse los títulos de propiedad
o deberá otorgarse un poder funcional
sobre éstos (terremoto de Gujarat). En
los casos donde estas medidas no puedan llevarse
a cabo, se requerirán medios alternativos
que aseguren que la tierra no sea confiscada
sin restricciones o que se reconozcan reclamos
fraudulentos. El gobierno local debe ayudar
a controlar la apropiación de tierras
que se necesiten con urgencia para el proceso
de reconstrucción.
Se debe evitar la reubicación
permanente de vecindarios por reclamos que no
sean totalmente creíbles.
Con frecuencia, existen presiones
para resituar a las comunidades después
de una catástrofe. La reubicación
de asentamientos que consisten en su mayoría
de edificios de una y dos plantas durante la
reconstrucción posterior a un terremoto,
es por lo general un error. No es tan difícil
para los constructores locales adaptar los pequeños
edificios para que resistan a los sismos. En
India se creía que las aldeas construidas
sobre “suelo de algodón”
debían ser reubicadas, pero finalmente
esto resultó ser erróneo. En particular
cuando se traslada a personas de las zonas costeras,
la tendencia de las mismas a volver es casi
irresistible debido a las ventajas económicas
y de comodidad asociadas a la vida junto al
mar.
La restauración in
situ debe ser recomendada después
de los terremotos para aprovechar la infraestructura
existente y los servicios comunitarios, reduciendo
al máximo el reasentamiento y la dispersión
social. Ésta estimula la autoayuda en
reconstrucción de bajo costo. Es común
que los participantes externos y las víctimas
clamen por reubicación durante los primeros
días después de la catástrofe,
pero con el tiempo se reafirma la importancia
de preservar las relaciones sociales institucionalizadas
en las estructuras vecinales existentes. Pueden
surgir problemas por incentivos desiguales para
la rehabilitación y para la reconstrucción.
En India las aldeas litigaron por el derecho
de de ser reubicadas a pesar de que fue prácticamente
contraindicado, porque los beneficios otorgados
a familias que sólo fueron rehabilitadas
parecieron muy desfavorables respecto de los
que obtuvieron los grupos reubicados.
Los beneficiarios con derecho
a nueva vivienda deben realizar una contribución
limitada.
Los préstamos bancarios
de emergencia para la reconstrucción
solían esperar una recuperación
del costo en niveles que no eran factibles,
en virtud de todo lo que habían perdido
las víctimas y necesitaban reemplazar.
Después del terremoto de El Salvador
el proyecto se orientó a familias de
bajos ingresos y esperaba la recuperación
total del costo, pero una evaluación
del Grupo de Evaluación Independiente
(IEG, por sus siglas en inglés) comprobó
que más de la mitad de los beneficiarios
originales no habían podido pagar y habían
renunciado a sus viviendas. El proyecto de emergencia
de Maharashtra proveyó casas terminadas
gratuitas, pero llevó a expectativas
en continuo aumento entre los beneficiarios.
Éstos se negaron a pagar las tarifas
de usuario de los servicios urbanos. Un grupo
demandó que el Gobierno pintara y mantuviera
sus casas regaladas a perpetuidad. En la reconstrucción
por inundaciones de Argentina, los beneficiarios
de viviendas debían realizar contribuciones
en materiales y trabajo.
La construcción
de viviendas por los propietarios puede resultar
más eficaz que el uso de contratistas.
Durante el diseño del
proyecto, los funcionarios creen a menudo que
la única manera de producir una cantidad
enorme de viviendas nuevas es mediante grandes
contratistas. En India, donde los pobladores
recibieron fondos para reparar sus casas, la
mayoría de las familias pudo economizar
lo suficiente como para construir casas nuevas.
En ese momento, se construyeron muchas más
casas nuevas con los fondos que recibieron las
familias para reparación y los contratistas
no participaron en general. En esas aldeas se
pudo utilizar mano de obra local en la construcción,
con lo que se creó empleo para pobladores
de la región afectada por la catástrofe.
Los contratistas emplean en general mano de
obra importada que esté dispuesta a trabajar
de 12 a 14 horas por día en respuesta
a incentivos por trabajo pagado según
el rendimiento.
Del mismo modo, cuando los
propietarios estaban a cargo del proceso, las
casas se adaptaban mejor a las necesidades de
cada familia y no era necesaria una propuesta
de casas común a todos. La confianza
en la construcción gestionada por los
propietarios se usó más extensamente
después de un terremoto posterior en
Gujarat, con resultados igualmente positivos.
No siempre se requirió que el personal
poseyera una educación superior. Los
proyectos que se ocuparon de las viviendas después
de la catástrofe fueron supervisados
de manera económica y eficaz por constructores
y albañiles en vez de ingenieros, por
lo menos en lo que respecta a estructuras construidas
por los propietarios.
La reconstrucción
después de un desastre debe asegurar
también la unión de las estructuras
sociales.
El impacto de las catástrofes
en las personas varía según los
niveles de vulnerabilidad y riesgo social. El
proceso de recuperación es potencialmente
aún más desigual y tiende a ser
menos visible. Cuando la presión de la
respuesta inmediata se traslada a etapas posteriores,
poco se puede hacer para asegurar que se consideren
las necesidades sociales de las poblaciones.
Los desastres naturales rompen la cohesión
social. Reconstruir las estructuras sociales
es un gran desafío que las instituciones
pocas veces resuelven bien, debido en gran parte
a que el carácter de la respuesta inicial
lo vuelve más difícil.
Los terremotos golpean con
particular intensidad a los asentamientos informales
o ilegales. Las respuestas deben tener en cuenta
la difícil situación de éstos
y de los arrendatarios a fin de no aumentar
la desigualdad social. En tanto que los códigos
de construcción antisísmica ayudan
a quienes pertenecen al sector formal, nunca
se aplicarán en asentamientos informales
y se hacen necesarias medidas especiales.
Los procedimientos de resolución
de conflictos deben estar vigentes desde el
comienzo.
Los proyectos posteriores a
una catástrofe implicaron huelgas, protestas
y litigios como resultado por lo menos en parte
de no tener procesos eficientes y efectivos
para corregir las conciliaciones vigentes. El
proyecto de Gujarat procesó más
de 40.000 quejas. Es importante la capacidad
de tomar decisiones y comunicarlas rápidamente
a las partes involucradas. La capacidad de difusión
es útil, especialmente si las decisiones
tienen consecuencias para otros beneficiarios.
No tomar fotografías de los daños
durante el proceso de evaluación, puede
redundar en la repetición de visitas
por parte de los funcionarios del proyecto y
de los beneficiarios para discutir sobre la
naturaleza de los daños de cada vivienda.
Fomentar la participación
donde las preferencias expresadas no serán
tenidas en cuenta crea descontento. La participación
de la comunidad no es una panacea y no siempre
es mejor. Pero la colaboración puede
ser útil durante el diseño de
las viviendas, su distribución y ubicación.
En India, la supervisión de la construcción
de su propia casa por parte de cada propietario
dio buenos resultados, aunque el uso de comités
de supervisión de la construcción
—formados por participantes interesados—
funcionó bien.
V. Respuesta del sector privado
Multiplicar la capacidad
existente del sector privado es fundamental
para una respuesta de emergencia eficaz.
Éste puede cumplir una
función importante en infraestructura
y logística, operaciones bancarias locales
y provisión de capacidad física.
Después de la catástrofe del tsunami,
la Corporación Financiera Internacional
(IFC, por sus siglas en inglés) respaldó
eficazmente los esfuerzos de mitigación
de un cliente de Sri Lanka con instalaciones
de puerto y aeropuerto que permitían
una rápida respuesta a la catástrofe.
También otorgó un subsidio a un
cliente asesor con instalaciones de purificación
de agua en Asia meridional. Un cliente del sector
bancario con una red de sucursales en zonas
afectadas sirvió de medio para la entrega
de pequeñas donaciones a pequeños
empresarios para ayudarlos a recuperar sus medios
de subsistencia. En Pakistán, un hospital
privado movilizó equipos médicos
y centros de tratamiento móviles en las
zonas de desastre. Socios con activos en el
lugar han usado las donaciones de IFC para brindar
refugio, alimentos y agua, limpiar las zonas
afectadas, restaurar y mejorar la logística
de puertos y aeropuertos, proveer asistencia
médica y servicios gratuitos de telecomunicaciones.
El trabajo conjunto con
clientes de la Corporación próximos
a las zonas afectadas es esencial para lograr
rapidez y eficacia.
Los socios existentes no necesitan
investigación de riesgos de reputación
y capacidad de entrega. La confianza y familiaridad
permiten usar acuerdos simples para el pago
y reembolso de gastos.
Los socios con presencia local
tienen el conocimiento necesario para asegurar
que la ayuda llegue a los beneficiarios previstos.
Por ejemplo, un banco local en Sri Lanka resultó
eficaz para dirigir las donaciones de restauración
de los medios de subsistencia a pescadores locales
que habían perdido sus embarcaciones
durante el tsunami. De modo similar, un asociado
ya existente de IFC en Pakistán, construyó
casas prefabricadas antes del invierno. Debido
a que están insertos en el medio ambiente
local, estos socios tienen también fuertes
incentivos e interés en promover la rápida
recuperación de las actividades comerciales
del lugar. El uso de fondos fiduciarios ya existentes
y otros mecanismos para financiar las donaciones
es importante también para expeditar
la asistencia.
Esto quedó demostrado
con los planes de donaciones de contrapartida
para los desastres del tsunami y de Pakistán
y la asistencia técnica de emergencia
a pequeñas y medianas empresas después
del terremoto de Sichuan.
Los planes de donaciones de contrapartida pueden
ser instrumentos poderosos para la respuesta
ante una crisis, pero su eficacia puede verse
limitada por la naturaleza de las actividades
ya en curso de IFC.
Estos planes para clientes
con presencia local pueden proveer rápido
alivio y multiplicar la capacidad de entrega
adicional. También pueden asegurar la
respuesta extra de IFC en asociación
con clientes del sector privado. La aplicabilidad
y magnitud del instrumento dependen del tamaño
y naturaleza de la cartera y de los clientes
potenciales de esta Corporación en el
país o en la región y de la medida
en que éstos fueron golpeados por el
desastre. Las limitaciones impuestas por el
tamaño de la red de clientes de IFC en
la nación afectada pueden ser atenuadas
mediante la multiplicación de las propias
redes de proveedores y compradores del cliente.
Los clientes del sector bancario de IFC con
su vasta red de clientes del sector privado
pueden ser socios valiosos para acentuar la
respuesta a la crisis desde el sector privado.
El diseño e implementación
de las operaciones de reconstrucción
deben equilibrar la velocidad con la evaluación
cuidadosa de la demanda y la importancia del
rápido cambio de las condiciones después
de la catástrofe.
La aprobación anticipada
por parte del Directorio de fondos generales
que incluyan iniciativas en respaldo de los
esfuerzos de reconstrucción puede facilitar
la pronta implementación y proporcionar
flexibilidad. Pero las iniciativas de restauración,
en especial las comerciales, deben ser evaluadas
cuidadosamente respecto de la demanda efectiva
en el contexto de una ayuda abundante y de condiciones
rápidamente cambiantes después
de la catástrofe. Por ejemplo, los fondos
de IFC establecidos para respaldar a las empresas
del sector privado en la fase de reconstrucción
después del tsunami, sólo se usaron
en medida limitada debido a que su precio no
resultaba atractivo dada la abundante liquidez
en el mercado y la llegada de ayuda monetaria
a los países afectados. Los bancos locales
de Tailandia y Sri Lanka recibieron financiamiento
barato a largo plazo de sus respectivos gobiernos,
las empresas más grandes tenían
cobertura de seguro adecuada para reparar o
reconstruir sus propiedades dañadas y
la mayor parte de las empresas redujeron sus
inversiones nuevas, reduciendo así la
necesidad de fondos adicionales.
La capacidad de asesoramiento
sobre el terreno ayuda a respaldar a las pequeñas
y medianas empresas pero debe adaptarse a las
nuevas condiciones.
IFC proporcionó una
cantidad importante de servicios de asesoría
para la reconstrucción a través
de equipos sobre el terreno en Aceh-Nias y en
Sichuan después de los desastres. La
presencia en el lugar mejoró el tiempo
de respuesta de esta Corporación. Sin
embargo, aunque algunos proyectos de la Asociación
para la Empresa Privada en Aceh Nias tenían
un diseño adecuado, perdieron su interés
en el momento de la implementación debido
a cambios en las condiciones locales. En Sichuan,
el contenido de algunos servicios de asesoramiento
no satisfacía las necesidades reales
de las empresas.
El respaldo para mejorar la
participación del sector privado nacional
en las actividades de reconstrucción
puede resultar particularmente valioso.
Los desafíos de Haití
son desalentadores debido a la terrible cantidad
de muertos y de sufrimiento humano y la escala
de destrucción, no sólo de la
infraestructura física sino también
del tejido social y del contexto institucional.
Tanto la magnitud del financiamiento como su
calidad y uso serán decisivos en la recuperación.
Se cuenta con muchas lecciones útiles
para lograr eficacia. Pero también habrá
muchas cuestiones nuevas y especiales de Haití,
como por ejemplo, qué función
cumplen los esfuerzos de ayuda de múltiples
donantes, cómo se vuelve a la vida en
ausencia de un gobierno, qué diseño
urbano surge en la reconstrucción, como
se configuran las redes sociales después
de la catástrofe y de qué manera
aún una calamidad tan inmensa puede brindar
la oportunidad de volver a empezar.
|