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No existe un modelo
único para lograr que los programas del Banco
para los países sean satisfactorios, ya que
éstos varían en gran medida según
la capacidad institucional, el grado de desarrollo
y las necesidades de desarrollo específicas
de cada país. Las características del
programa para Indonesia sirven como ejemplo de buenos
efectos directos observados en varios casos.
Durante
los ejercicios de 1999 a 2006, el programa para
Indonesia fue considerablemente satisfactorio. El
respaldo del Banco ayudó a las autoridades
nacionales a garantizar la recuperación económica
luego de la crisis de finales del decenio de 1990.
Para 2004, el ingreso per cápita había
alcanzado los niveles anteriores a la crisis y la
inflación había caído a menos
del 7%; por su parte, la deuda pública se
había reducido de prácticamente un
100% del producto interno bruto en 1999 a menos
del 50% en 2005. Estas mejoras sirvieron para invertir,
en gran medida, los efectos de la crisis (el porcentaje
de indonesios que viven con menos de US$1 al día
era del 16% en 2005, en comparación con el
23% de 1999). El descenso de la pobreza por ingresos
y el mejoramiento de los indicadores del desarrollo
humano se debieron, entre otros factores, a la labor
del Banco en lo que respecta al desarrollo impulsado
por la comunidad, mediante el programa de desarrollo
de subdistritos (kecamatan), y la reconstrucción
posterior al tsunami de 2004. Estos logros compensaron
los resultados menos satisfactorios del programa
del Banco en otras esferas, como la descentralización
y la lucha contra la corrupción.
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