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22 de octubre 2001

 

“PROCESO DE GOBIERNO, EMPODERAMIENTO Y MANEJO DE AREAS NATURALES PROTEGIDAS, EL CASO DE LA RESERVA DE LA BIOSFERA SIERRA DE MANANTLÁN.

 

Sergio Graf. Dirección de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán. CONANP-SEMARNAT

Rafaela Justo. Unión de Pueblos  de Manantlán. A.C

 

Introducción

En los últimos años el principal paradigma que ha dominado la disciplina de manejo y administración de las áreas naturales protegidas y la gestión de las áreas forestales, ha sido la conciliación de los procesos conservación de la diversidad biológica y de desarrollo social. (Graf et al 1995). Tanto en el campo del desarrollo como en el de la conservación se han llevado a cabo diversas experiencias que buscan encontrar soluciones  a los problemas del deterioro ambiental y combate a la pobreza.  (Jardel et al 1996)

 

Uno de los modelos que han desarrollado un enfoque innovador de la conservación de la naturaleza que incorpora explícitamente al componente humano, es el de Reserva de la Biosfera. El concepto de Reserva de la Biosfera  ha evolucionado  desde su enfoque original con variaciones según el país o región en donde se encuentren estas Areas Protegidas. En el caso de México las Reservas de la Biosfera han desarrollado un modelo basado en la incorporación de la población y las instituciones locales en las tareas de conservación (Halffter 1984) y a  contribuido de manera significativa en la política nacional de conservación, que desde mediados de la  década de los noventa (INE 1995), se basa  en aspectos tales como la participación de la población local, la colaboración entre instituciones gubernamentales, centros de investigación y organismos no gubernamentales, la integración de objetivos de conservación ecológica y desarrollo social etc. (Graf et al 2000).

 

Las Reservas de la Biosfera en México se han establecido sobre territorios extensos en zonas con una gran complejidad sociopolítica y ambiental, territorios donde se ejerce una presión creciente sobre los recursos naturales y son escenario de conflictos permanentes.   Minería,  explotación forestal, pesca, turismo, agricultura, ganadería etc.  , actividades desarrolladas en terrenos de más de 800 ejidos y comunidades indígenas y un sinnúmero de propiedades privadas, donde por interés publico se han impuesto restricciones de dominio de la propiedad a través de decretos de creación de Areas Naturales protegidas. El reto, generar las capacidades de las instituciones y actores locales para gobernar los usos.

 

Contexto institucional y social

La reserva de la Biosfera Sierra de  Manantlán es considerada entre las ANP’s con mayor complejidad sociopolítica y ambiental. Es una reserva reconocida internacionalmente por su gran diversidad biológica y  por los bienes y servicios ambientales que prestan sus 140,000 hectáreas a una región de más de 400,000 habitantes.   La Sierra de Manantlán tiene más de 3000 años de presencia humana  y actualmente viven en ella aproximadamente 30,200 personas que residen  en 32 comunidades agrarias, pertenecientes a 7 municipios de dos Estados de la República (Jalisco y Colima.

 

Los niveles de vida en los poblados de la Sierra varían entre las comunidades  que la conforman, pero en general las condiciones de pobreza y atraso son marcadas, siendo las poblaciones que se encuentran más adentro de la sierra las que presentan las peores condiciones. 

 

 

Analfabetas

Sin instrucción

Prom ocupantes por vivienda

Viviendas con agua

Viviendas con drenaje

Viviendas con electricidad

Jalisco

8.9

11.4

5

83.3

80

91.2

Colima

9.3

11.3

4.7

89.3

80.8

92.4

Reg.Influencia

10.8

12.9

5.3

86,3

74.7

89.0

RBSM

18.4

21.3

5.2

79.5

54.5

75.46

Ayotitlán

40.9

46.8

5.8

35.66

3.3

2.12

Fuente : Graf  yRosales 1996

 

Por otra parte, la Sierra de Manantlán ha sido el escenario de fuertes conflictos sociales resultado de los procesos históricos de control y apropiación de la tierra y los recursos naturales. (Jardel 1990, 1999, Laitner-Benz y Benz 1994,  Graf y Rosales 1996). Sin embargo, la mayor parte de los conflictos actuales en las comunidades de la Reserva se explican principalmente por irregularidades en el reparto agrario influenciado por la pugna entre intereses de comunidades, ejidos, propietarios privados y empresas madereras y mineras. (Jardel 1999). Los intereses de compañías privadas externas sobre los recursos forestales y mineros de la sierra  no solo interfirieron con el reparto agrario, sino que también agudizaron los procesos de desestructuración de las instituciones comunitarias, a través de la corrupción de sus órganos de gobierno.  A finales de la década de los 70’s movimientos campesinos locales escenificaron intensas luchas contra las compañías madereras y los grupos de poder local.  Durante este período los medios de comunicación, específicamente la prensa escrita jugo un papel poco claro en el proceso de generación de opinión publica en relación a los problemas de violación de los derechos de las comunidades, ya que si bien, dos empresas madereras se disputaban el control  de esta zona de abastecimiento para sus aserraderos,  solo una de ellas fue fuertemente atacada en la prensa. Al parecer las notas de prensa eran financiadas por la otra empresa.  

 

Con la creación de la Reserva de la Biosfera en 1987 se abrieron nuevos espacios para la concertación social y se estableció una alianza entre la Universidad de Guadalajara, promotora  de la creación de la Reserva y pobladores de diversas comunidades que apoyaron el decreto, neutralizando los intentos de los grupos de control político por anularlo. De esta manera los grupos campesinos inconformes con el sistema corrupto de explotación forestal vieron la posibilidad de canalizar sus aspiraciones de desarrollo de manera pacifica a través de nuevos mecanismos vinculados a la gestión de la Reserva.   Basado en esta alianza, se consolida  a principios de la década de los noventa una  organización históricamente apoyada por la Iglesia y se constituye la Unión de Pueblos de Manantlán. AC, organización enfocada a la defensa de los derechos de las comunidades indígenas y el bienestar social de las comunidades más desprotegidas.

 

La RBSM planteaba retos importantes para su manejo en el contexto de un territorio complejo en términos ecológicos y sociales. Esto requería el diseño de una estrategia de gestión apropiada y el Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (IMECBIO-UdeG) integró una propuesta de programa de manejo que incorporaba la información generada a través de la investigación y las acciones iniciales de manejo, y un marco conceptual desarrollado a partir de la integración interdisciplinaria de enfoques teóricos y experiencias prácticas. Esto permitió la obtención de financiamiento, la concertación con las instituciones gubernamentales y la alianza con algunas comunidades locales y organizaciones como la Unión de Pueblos de Manantlán. (Jardel et al. 2000).

 

El marco conceptual adoptado desde entonce, plantea lineamientos estratégicos que enmarcan el modelo de gestión de la RBSM (Jardel 1992, IMECBIO 1997), de los cuales queremos destacar tres que han permitido una relación concilitoria entre los actores locales:

 

·       La conservación y el desarrollo forman parte de una sola estrategia de manejo, ya que no es posible mejorar las condiciones de vida y el bienestar de la gente sin mantener la base de recursos naturales y condiciones ambientales favorables.

·       Se reconoce el derecho de las comunidades agrarias y propietarios privados a la autogestión del manejo productivo de los recursos naturales, con el fin de lograr sus objetivos de desarrollo social y económico. Los pobladores de la RBSM deben ser los principales beneficiarios del proyecto de conservación y desarrollo, sus derechos de propiedad de la tierra deben ser respetados y deben considerarse como agentes activos en la gestión del área protegida.

·       La administración de la unidad de conservación deberá darse a través de mecanismos participativos que incluyan a los diferentes actores con intereses legítimos en la Reserva, generando espacios para la colaboración entre dichos actores, la concertación interinstitucional y la resolución de conflictos.

 

Entre 1987 y 1993, el IMECBIO trabajó intensamente para poner en práctica la estrategia de manejo de la RBSM, logrando avances en el reconocimiento y valorización del área protegida, en la implementación de un programa integrado de investigación aplicada, el inicio de proyectos de desarrollo comunitario,  y en acciones incipientes de protección de los bosques. Sin embargo, el alcance de sus acciones fue limitado ante la falta de un mecanismo institucional operativo para la gestión de la Reserva, y la existencia de relaciones inestables y a veces conflictivas con las dependencias gubernamentales y con algunas comunidades de la Reserva. (Graf et al 2000)

 

En 1994,  el levantamiento armado de Chiapas - considerado un parteaguas en la vida Nacional-  y la creación de una institución del gobierno federal encargada de la gestión de esta importante Área Natural Protegida, redimensionaron la Reserva en el contexto regional y nacional.

 

Por una parte, el gobierno Federal y Estatal vuelcan su atención a la región, considerada como zona de alta marginación y pobreza con posible presencia de grupos guerrilleros. Por otro lado, comenzaron a ponerse en práctica cambios importantes en la política gubernamental en materia de conservación. Además de cambios internos en la estructura gubernamental, hay un cambio de funcionarios que empiezan a establecer alianzas y programas de colaboración con las instituciones académicas y las asociaciones civiles vinculadas a áreas protegidas, eliminando lo que hasta entonces había sido una confrontación continua. En el caso de la RBSM, el cambio fue notorio: además de  la Dirección de la Reserva (dependiente del Instituto Nacional de Ecología, en ese momento dentro de la SEDESOL), se establece un programa de colaboración entre esta y el IMECBIO-UdeG y se asignan recursos financieros provenientes del GEF por ser ésta una de las 10 ANP’s prioritarias para la conservación en el país. Por primera vez en seis años, la dependencia responsable del manejo de la Reserva tuvo presencia en el área.

 

Este nuevo contexto social e institucional impuso la necesidad de  definir con claridad el papel tanto  de las diferentes instituciones  externas como de las comunidades y organizaciones locales dentro de un programa de conservación y desarrollo que involucra multiples actores.  (Graf et al 1995,  IMECBIO 1997). En consecuencia se diseñaron y pusieron en practica tres nuevas estrategias de implementación en la gestión de la reserva: a) el establecimiento de alianzas estratégicas con instituciones no gubernamentales y organizaciones sociales: b) la integración de los programas de inversión publica  para el combate a la pobreza y la conservación; y c) el establecimiento de arreglos públicos permanentes que permitieran la creación de mecanismos de coordinación institucional y de participación social tanto en las iniciativas de combate a la pobreza como de conservación del Area Protegida.

 

Combate a la pobreza y conservación de la biodiversidad una estrategia integrada

Después del levantamiento de Chiapas, El Gobierno Estatal y federal lanzan en la zona una iniciativa para atacar los problemas de marginación y pobreza en las comunidades indígenas de la Reserva, creándose un mecanismo de coordinación interinstitucional denominado “Comisión Coordinadora Para El Desarrollo Integral De La Sierra De Manantlán” con una bolsa presupuestal para atender el rezago social más apremiante. Es importante señalar  que este programa de inversión gubernamental se da en pleno proceso electoral, en un contexto de conflictividad social, donde el gobierno municipal es uno de los elementos desestabilizadores y donde existía la presencia de grupos radicales violentos. De tal manera que si los recursos públicos se distribuían de manera clientelar y  partidista el riesgo de que se agudizaran los conflictos sociales era alto. Por otra parte, si  los proyectos implementados no consideraban los lineamientos de la Reserva, podrían comprometer el futuro del Área Protegida.

 

Desde el principio de esta iniciativa, la Dirección de la Reserva, la Unión de Pueblos de Manantlán  y la Universidad de Guadalajara  establecieron en la practica una alianza que permitió que las organizaciones sociales, históricamente marginadas de la toma de decisiones y del beneficio de las políticas gubernamentales, tuvieran un espacio de participación preponderante. La  Dirección de la reserva incidió de manera importante en la iniciativa gracias a  contaba con información de primera mano que aportaba la Universidad de Guadalajara, tenia un mandato legal claro y formaba parte de la SEDESOL, dependencia federal encargada del programa. Por su parte la Unión de Pueblos de Manantlán apoyada por la Universidad de Guadalajara ejerció una presión constante para que los proyectos beneficiaran realmente a las comunidades más marginadas.   Así, en abril de 1994, después de multiples reuniones sectoriales y con el fin de consensar una relación de obras demandadas por las comunidades, la DRBSM y la delegación de SEDESOL implementaron en la Estación Científica “Las Joyas” un taller participativo de tres días para la priorización de obras a partir de la demanda social. En este taller participaron  30 dirigentes de las diferentes organizaciones comunitarias (en su mayoría antagónicas entre sí), el gobierno municipal y las dependencias del gobierno Estatal y Federal.  De este taller surgió un  programa de inversión publica consensado  para el ejercicio presupuestal de 1994 por un monto de 4 millones de pesos. Con el mismo documento se consenso con dirigentes comunitarios las obras que realizaron el Instituto Nacional Indigenista y la SEDESOL  en 1995 a través de los fondos Regionales y de los Fondos para el Desarrollo de los Pueblos Indios. (SDR/DRBSM/SEDESOL 1995).

 

No obstante el avance logrado hasta el momento, el nivel de participación de la población a través de sus representantes corporativos era insuficiente para generar el capital social que permitiera revertir las condiciones de pobreza en la zona, por lo que la SEDESOL, la SDR del estado y la DRBSM con el apoyo logístico de la Universidad de Guadalajara, a través del Instituto Manantlán impulsaron un proceso de planificación participativa en el ámbito comunitario.

 

 En base a un análisis de marginación y pobreza a nivel localidad elaborado por la DRBSM y el IMECBIO-UdeG se decidió ampliar esta iniciativa a dos municipios más de la Reserva, que si bien, no contaban con población indígena, si albergaban  comunidades campesinas con niveles de marginación similares a los del municipio indígena.  De esta manera, se implementaron ese mismo año un total de 60 talleres de planificación participativa de dos días, donde participaron un total de 90 localidades con niveles altos y muy altos de marginación social. Este proceso representó un importante avance en  dos aspectos principales: a) la definición de prioridades de desarrollo y programa de inversión para 1996 y 1997 basado en el diagnostico de las propias comunidades con una amplia participación social; Y b) se reconstituyo cierto tejido social, no solo por la creación de Consejos Comunitarios, sino porque los talleres contribuyeron a disminuir los conflictos entre los distintos grupos sociales, cohesionando a la comunidad.   (SDR/DRBSM/SEDESOL 1995).  Uno de los resultados esperados de esta iniciativa era la creación de  un subcomite del COPLADE municipal para la atención a las comunidades marginadas integrado por los representantes de los consejos comunitarios.  Esto representaría un paso fundamental en el fortalecimiento de la democracia participativa en la zona,  sin embargo, la propuesta fue fuertemente objetada por los gobiernos de los tres municipios.

 

A lo largo de este proceso hubo una continua filtración a la prensa, de información distorsionada sobre la supuesta presencia de grupos guerrilleros en la Sierra, así como constantes ataques a la dirigencia de la Unión de Pueblos. Evidentemente estos periodicazos intentaban desacreditar a esta organización vinculándola con el EZLN y desestabilizar los precarios acuerdos logrados en la zona.  Para contrarrestar esto se siguieron dos estrategias, la primera fue proporcionar a periodistas serios información veraz y oportuna sobre la problemática social en el área, así como acceso a interlocutores locales privilegiados. La segunda, consistió en mantener una comunicación  constante con el Obispado de Autlán y la Secretaría de Gobernación.

 

En 1997 el Gobierno federal  dio un giro total a su política de atención a la pobreza centrando su esfuerzo en la atención individualizada de las familias más pobres  a través del “Progresa” y  abandonó las iniciativas para fortalecer la organización  comunitaria.  Por su parte el Gobierno Estatal amplió el programa a otras 30 microregiones marginadas con una estrategia de implementación similar al de Manantlán pero con un enfoque metodológico diferente. Si bien, continuaron con la realización de talleres participativos, estos se enfocaban principalmente a la estructuración de la demanda de obra y proyectos, sin atender el fortalecimiento de la organización comunitaria y sin la creación de espacios de participación publica a nivel microregional. En la reserva, esto represento un fuerte retroceso con relación a lo que se había logrado.

 

En este contexto, la dirección de la reserva creó en 1997 los Consejos Asesores de la Reserva, que en el caso de Jalisco, en una primera fase fue integrado por  las dos universidades de la región, un representante del gobierno Estatal y  10 ejidos y comunidades indígenas.  Estos últimos albergaban a las comunidades más marginadas de la Reserva y con quienes se venia trabajando desde 1994. 

 

En un principio la  agenda de trabajo del Consejo se centro en la revisión y consulta del Programa de Manejo de la Reserva. Para esto se llevaron a cabo 5 talleres participativos de análisis y discusión, donde se hicieron aportes importantes al Programa. En estos talleres participaron 61 representantes de comunidades, ejidos y organizaciones sociales. Los resultados de los talleres se presentaron al Consejo Asesor para su aprobación y posteriormente se presento una versión consensada a las asambleas de los 17 ejidos y comunidades indígenas más importantes, las cuales en su conjunto albergan el 90% de la población de la Reserva y el 95% de la superficie comunal y ejidal del área.  Paralelamente el Programa de Manejo se presento en los cabildos de los 7 municipios donde se encuentra la Reserva y a los Gobiernos  Estatales para su aprobación. Así mismo, se envío para su consulta a diversas dependencias federales y estatales, a instituciones académicas y a organizaciones no gubernamentales. Por ultimo,  los resultados fueron presentados nuevamente al Consejo para su validación final.   A lo largo de este proceso, que duro cerca de dos años, participaron directamente más de 2000 personas de los ejidos, comunidades indígenas  y municipios de la Reserva.

 

Actualmente, el Consejo Asesor de la Reserva esta integrado por 22 de los 28 ejidos, las 3 Comunidades Indígenas, tres organizaciones sociales indígenas,  ocho municipios, dos Universidades,  dos Organizaciones no Gubernamentales, un representante de cada gobierno Estatal y un representante del Gobierno Federal. El Consejo atiende agendas estratégicas como Manejo y conservación de bosques y agua;  ecoturismo,  mejoramiento de sistemas productivos; equidad de genero entre otras.  Como parte del Consejo se han conformado y  operado dos Subconsejos uno para el  Desarrollo Forestal y otro para el Manejo de la Cuenca del Río Ayuquila y dos comisiones de trabajo, la primera para el desarrollo del ecoturismo y la segunda para impulsar la equidad entre hombres y mujeres.

 

El Consejo, los Subconsejos y comisiones han sesionado al menos en 10 ocasiones, entre las cuales se encuentran los talleres de evaluación y planeación participativa de los últimos tres años, donde se evalúa la pertinencia y avance de los proyectos, así como el  desempeño institucional y se  elaboran los programas operativos anuales de la Reserva. En estos talleres se evalúan y planifican programas como PRODEFOR, PRONARE, PRODERS, PET,  fondos GEF, Incendios Forestales. Además en estos talleres se ha logrado, una importante avance sinergia institucional y la  integración de políticas publicas, ya que en ellos han participado funcionarios estatales y federales con capacidad de decisión, involucrando, aunque de manera incipiente,  programas como Alianza para el campo y fondos regionales del INI entre otros.

 

“Este Consejo es un verdadero  espacio de diálogo entre las comunidades y las instituciones Gubernamentales, donde se analiza y discuten los problemas que se dan en los ejidos, así como la crítica a los Programas de Gobierno que no siempre llegan a sus comunidades, pero que en esta instancia nos favorece para hablar libremente, sobre los problemas de los Ejidos y sus necesidades, haciéndose una autodiagnóstico para insertarse en el Programa de Manejo de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán. Es así como el grupo de representantes de los Ejidos y Comunidades, y los representantes de las organizaciones sociales participan en las decisiones de los programas de la Reserva”.

 

Quisiéramos recalcar la importancia de la comisión para la equidad entre hombres y mujeres o de genero que constituimos recientemente en el  Consejo Asesor, ya que ante la limitada participación formal de mujeres (solo hay una mujer), esta comisión le da un peso especifico mayor a su participación, siempre y cuando logremos desarrollar una agenda que integre metodológicas con un enfoque de genero en los procesos de Planeación, implementación de proyectos y evaluación que se llevan acabo a través del Consejo.

 

Resultados

La experiencia desarrollada a lo largo de estos años ha tenido algunos resultados visibles:  a)fortalecimiento de la participación comunitaria en las decisiones de gestión  de la Reserva, en este sentido las comunidades marginadas, principalmente las comunidades indígenas han tenido  una mayor representatividad en el consejo y los mecanismos de representación previos; b) participación en la definición y  canalización de los recursos públicos a las comunidades más marginadas; c) disminución del rezago en infraestructura social y de servicios; d) disminución de la conflictividad social en la región; e) recomposición de las relaciones de poder local;  y         f) fortalecimiento de tejido social; g) cambios en las conductas de los grupos meta.

 

Un aspecto importante de este proceso es que ha contribuido de manera importante en la definición de las nuevas estrategias sociales en las Areas Protegidas en México y ha sido utilizado como modelo de implementación de proyectos de conservación-desarrollo en diversos foros.

 

Limitantes y obstáculos

Los principales obstáculos  a los que nos enfrentamos en la implementación de un programa que integre el desarrollo social y la conservación del patrimonio natural  tiene que ver principalmente con limitantes de carácter institucional. Por su parte las instituciones gubernamentales, el marco jurídico que las rige, lo complicado de su oferta institucional,  la complejidad de las relaciones entre los niveles de gobierno y la  enorme discrecionalidad con la que operan, dificultan significativamente el control publico de los programas gubernamentales. Por otra parte  la grave crisis por la que atraviesan las instituciones locales en el medio rural de nuestro país (llámense municipios, ejidos, comunidades indígenas, organizaciones sociales etc.) generada por la falta de capacidades, la desestructuración interna de sus comunidades, la corrupción de sus órganos de gobierno, la carencia de reglas claras para distribución y acceso a los recursos, la migración de jóvenes por falta de oportunidades y la presencia de actividades ilegales como el cultivo de drogas,  hace que el problema sea aun más grave.

 

 

Retos y perspectivas

La Gestión de una ANP con una complejidad social como la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán requiere un enfoque e trabajo donde sus habitantes, ya sean  dueños y poseedores de la tierra y los recursos o sencillamente pobladores del área, adquieran un papel protagonico en su Manejo.  Reconociendo que el Manejo de un territorio y sus recursos naturales  (en nuestro caso una Reserva de la Biosfera) es en esencia un proceso de gobierno (Olsen S. et al 1999), es indispensable desarrollar una serie de lineamientos estratégicos para enfrentar los asuntos claves que preocupan a la sociedad y que permitan conciliar las relaciones entre sus miembros y estos con la naturaleza.

 

Entre estos lineamientos quisiéramos destacar cinco a manera de retos:

 

El establecimiento y consolidación  de procesos abiertos, democráticos y participativos para la planificación, la evaluación y la toma de decisiones que involucren diferentes espacios y niveles.

 

El desarrollo de sinergia institucionales  e integralidad de políticas

 

La construcción de capacidades institucionales a diferentes niveles

 

La construcción de programas  en torno  a asuntos claves identificados en el proceso.

 

La consolidación de  alianzas estratégicas


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