PROGRAMA
“MEJORAMIENTO DE VIVIENDA”
1) El Contexto
En
los últimos 10 años, las relaciones entre el Estado y la Sociedad Civil en
Uruguay, han vivido un proceso de transformaciones sustantivas, que continuará,
seguramente, en el futuro.
En primer lugar, el Estado uruguayo, tanto a nivel
central como municipal, está ensayando respuestas, en términos de políticas
sociales, a la situación cada vez más preocupante de exclusión social de
sectores cualitativa y cuantitativamente importantes de la población. Este
ensayo, se ha caracterizado por su dispersión en todo el aparato estatal
(ministerios, entes, etc.), denunciando una debilidad importante, en términos
de coordinación en las definiciones estratégicas y en la implementación de las
políticas sociales del Estado en su conjunto.
No obstante lo anterior, los diferentes ministerios,
entes y municipios han ido desarrollando políticas sociales para la atención de
los sectores más vulnerables, con un involucramiento creciente, aunque de
diferente nivel de incidencia de las Organizaciones de la Sociedad Civil. La
mayor parte de las veces, el relacionamiento del Estado con las OSC se da en
torno a la ejecución de políticas sociales ya definidas por el organismo
pertinente. Si bien, en otros casos, se está transitando un proceso de apertura
a la discusión, elaboración, ejecución y control ciudadano de las políticas
sociales públicas, queda todavía un arduo camino a recorrer.
También en las OSC, se han operado cambios en función
de un contexto que se caracteriza por: a)
el descenso de los fondos provenientes de la cooperación internacional; b) la creciente disposición del Estado (central y
municipal) a cogestionar programas con las organizaciones de la Sociedad Civil
en el marco de sus políticas sociales; c)
el rol atribuido por los organismos internacionales a las OSC., d) mayor cercanía de las empresas y público en
general en las propuestas de las OSC (campañas de recaudación de fondos y
marketing social); y e) el proceso
social excluyente y los actores emergentes.
Por tanto, especialmente las ONG técnicas, pero
también otras organizaciones sociales de base, han variado o están en proceso
de cambio de su organización, para adecuarse a los nuevos desafíos y
constituirse -desde su identidad- en interlocutores activos frente al Estado,
los organismos internacionales y los actores emergentes de la sociedad, sobre
la base de propuestas sociales inclusivas.
En forma paralela al descenso dramático de los aportes
de la cooperación internacional en el Uruguay, el rol de los organismos
internacionales ha ido tomando otra dimensión, en la medida que propone la
participación de las OSC en el proceso de elaboración, ejecución y control de
los proyectos relacionados con las políticas sociales que el Gobierno (central
y/o municipal), negocia con estas instituciones multilaterales. La construcción
real de este espacio requiere de una visión de los gobiernos y de sus múltiples
decisores políticos, más próxima a gobernar con los actores sociales
involucrados.
Los medios de comunicación están apoyando
progresivamente las experiencias educativas y promocionales que las OSC (tanto
técnicas como de base), están llevando adelante, con una mayor difusión. A su
vez, respaldan las campañas de recaudación de fondos y de marketing social. Sin
embargo, todavía se requiere de mayores espacios de difusión de las actividades
de las OSC.
1.1) La
situación social
El Uruguay, llega al
año 2000, siendo uno de los países con desarrollo social más alto dentro del
concierto de sus pares latinoamericanos. En términos generales, el crecimiento
económico, la justicia social y la democracia han coexistido a lo largo de su
historia, como medios para elevar la calidad de vida de sus habitantes.
Los
hogares pobres, medidos por el IDH en el Uruguay alcanzan en 1998 al 15,5% del
total. Si se toma el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que
considera un conjunto de carencias críticas y coloca a un hogar con NBI, con
sólo tener una de ellas, el porcentaje de hogares se ubicaba cerca del 18% en
1998.
Recientemente,
las investigaciones del Programa de Investigación sobre Pobreza y Exclusión
Social (IPES) de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicaciones de la
Universidad Católica, afirman que el 14% de los hogares y el 23% de las
personas viven por debajo del nivel de pobreza. Pero, entre los niños de cero a
cinco años, el porcentaje de pobres es cercano al 42%.
En
consecuencia, al indagar dentro de indicadores globales relativamente buenos,
aparece o se configura la problemática de la desigualdad, principalmente
etaria, donde el porcentaje de pobres en los niños de cero a cinco años es 6
veces mayor que el porcentaje de pobres en la población de 65 años y más.
La pobreza se concentra,
pues, en las primeras etapas del ciclo familiar. Así, el 50,4% de las familias
con hijos menores de 14 años son pobres.
Los
jóvenes de clases pobres ingresan en forma temprana al mercado de trabajo, pero
son los que poseen menor capital humano y menor productividad. Además, “las
familias que forman estos jóvenes son las que especialmente cargan con la
reproducción biológica y con gran parte de la socialización de las nuevas
generaciones, todo lo cual tiende a reforzar la permanencia de la pobreza y la
infantilización de la pobreza”. El PNUD plantea este asunto como “el desafío
intergeneracional” (PNUD, Informe de Desarrollo Humano 1999).
El Informe de Desarrollo Humano 1999 concluye
sobre este aspecto: “... La reproducción intergeneracional, a través de la
cual, se generan las condiciones de precariedad de la pareja joven, se expresa
en un círculo perverso que incluye, tanto las dimensiones de empleo y de los
ingresos como la educación, acceso a vivienda y la edad de tenencia de los
hijos. Desde el punto de vista de las políticas sociales, un punto crucial de
intervención –esto es aquel donde las iniciativas para cortar el círculo de
reproducción intergeneracional de la vulnerabilidad resultan más redituables-,
parecería estar ubicado en el momento que los jóvenes asumen los roles
adultos.”
Para
terminar de sintetizar, en el contexto económico-social en el que se
desenvuelve el caso que vamos a desarrollar, aunque no por ello menos
importante, debemos incluir el proceso de desempleo y precarización del trabajo
que se viene dando en el Uruguay. A una cifra de desocupación en el entorno del
16% de la Población Económicamente Activa (PEA), es necesario agregar la
población con inserción precaria en el mercado de trabajo. La precarización del
trabajo alcanza alrededor de un 40% de la PEA.
El caso que vamos a presentar, se relaciona con el
acceso al crédito, básicamente para la compra de materiales para familias de
escasos recursos. El acceso a una vivienda digna recuperando y/o conservando el
parque existente, es una alternativa para las familias en relación a elevar su
calidad de vida, atacando el hacinamiento, la disposición de soluciones
sanitarias y un confort mínimo.
2) Descripción general del caso
2.1) El Programa CREDIMAT del Ministerio de
Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente
8 Objetivos del Programa CREDIMAT
El Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y
Medio Ambiente, a través de la Dirección Nacional de Vivienda, implementa el
Programa de Crédito para Materiales CREDIMAT, el que surge como resultado de un
Convenio de Cooperación Financiera entre el Gobierno de la República Oriental
del Uruguay y el Gobierno de Alemania, por un monto de DM 15:000.000.
a El objetivo general del Programa es contribuir a
mejorar la calidad de vida de las familias con ingresos líquidos mensuales
menores a 75 U.R (US$ 1.100), que deseen ampliar o refaccionar su vivienda,
facilitándoles el acceso a un crédito de bajo costo.
a Su objetivo específico, consiste en crear en el MVOTMA
un Fondo Rotatorio Autosustentable, que permita financiar soluciones
habitacionales a través de ejecutores intermedios públicos y privados.
Este Programa se justifica en que el estado de
conservación de las viviendas en el Uruguay -según el V Censo de Vivienda de
Mayo de 1996- es el siguiente:
a El porcentaje de viviendas que necesitan reparación o
ampliación es un 60% (666.000) y el 37% de ellas (419.000) necesitan pequeñas
reparaciones.
a Por lo anterior y de acuerdo a la estructura de
ingresos del país, podría inferirse que como mínimo, el 50% de los hogares
–485.000- serían potenciales beneficiarios de CREDIMAT, dado que sus ingresos
son inferiores a 60 UR (US$ 840).
a Según las estimaciones del MVOTMA, el total de hogares
dentro del grupo meta de CREDIMAT, alcanzaría al 67% del total, o sea, unos
650.000 hogares en todo el país.
Los créditos se canalizan a los beneficiarios, a
través de Fondos Rotatorios administrados por distintos tipos de Ejecutores
Intermedios, quienes reciben en préstamo los fondos del MVOTMA para otorgar
créditos de mejoramiento habitacional a beneficiarios que cumplan con los criterios
establecidos. Entre los Ejecutores figuran ONG, Cooperativas de Ahorro y
Crédito, Cajas de Auxilios de Sindicatos, Intendencias Municipales, entes
públicos y en algún caso, empresas proveedoras de materiales de construcción.
8 Características generales
del crédito
El préstamo se devuelve en un máximo de 37 cuotas en
moneda nacional, no pudiéndose afectar más del 20% del ingreso familiar.
El monto máximo a prestar a los beneficiarios
es 190 UR (U$ 39.500), no pudiéndose prestar más de 3 veces el ingreso
familiar.
La tasa de transferencia del MVOTMA al Ejecutor es el
IPC + 3,5% acumulado (a Agosto del 2001 es del 8%).
La tasa de interés al beneficiario varía según
los costos que cargue cada ejecutor, dependiendo esto del riesgo que asume
según la población a quien se dirige y teniendo en cuenta el tope establecido
por el MVOTMA. La tasas a Agosto del 2001 varían entre un 35% y un 40% anual
efectivo en moneda nacional.
Destino del Crédito: el 75% del crédito debe destinarse a materiales de construcción y un
25% puede financiarse mano de obra.
2.2) IPRU como Ejecutor del Programa
CREDIMAT
Nuestra
Institución fue fundada por un grupo de empresarios y profesionales cristianos,
en 1965. Un año después, obtiene la personería jurídica, como Asociación Civil
sin fines de lucro, con la finalidad de:
“... procurar la promoción material y moral de la sociedad, sin
discriminación de razas, creencias religiosas o ideas filosóficas, con amplia
capacidad para realizar todos los actos necesarios para el cumplimiento de sus
fines”. (Art. 1º de sus Estatutos).
Su Misión Institucional consiste en brindar
servicios de asistencia técnica y dirección, capacitación y crédito a grupos
organizados y personas con necesidades básicas insatisfechas, que mantengan un
potencial de superación. Se pretende desarrollar conocimientos, habilidades y
actitudes que les permitan mejorar su capacidad de subsistencia, su calidad de
vida y su crecimiento como personas libres y solidarias.
Las líneas programáticas
que orientan nuestra labor, actualmente son:
· Desarrollo Local, en zonas de pobreza
· Atención a niños y jóvenes de ambos sexos, en
riesgo social
· Agroecología y Medio Ambiente
· Apoyo a la Microempresa, urbana y rural (PAM)
· Mejoramiento de viviendas (CREDIMAT)
· Dimensión de género
Desde 1990, IPRU tiene un Programa de Apoyo a la
Microempresa, que permitió a la Institución, adquirir experiencia en servicios
de crédito para sectores vulnerables.
IPRU se
constituye en ejecutor del Programa CREDIMAT, con la firma del primer convenio
en 1997. A la fecha, se han firmado tres convenios más, los que suman US$
1:300.000 aproximadamente, bajo la modalidad de Fondo Rotatorio.
La metodología
utilizada: IPRU se propone llegar a la población objetivo del Programa, a
través de las barracas o empresas proveedoras de materiales (400), donde este
crédito de bajo costo, compitiese con los créditos de plaza y tarjetas de
crédito. Se localizaron pequeñas empresas proveedoras, en la capital y en el
interior, a las que pudiera interesarles asociarse a la iniciativa, ya que el
pago de materiales se realiza al contado. Así, los beneficiarios ganarían un
descuento y las empresas pequeñas se consolidarían, sosteniendo y aumentando
sus niveles de ocupación.
En general, las familias que van a realizar un
arreglo o reforma en su vivienda llegan a las empresas proveedoras y van a
encontrar la mejor oferta de financiación de plaza. Llenan un formulario,
adjuntan un certificado de sus ingresos y la barraca envía -vía fax o correo-
la documentación pertinente a IPRU. Se aprueba el crédito y una vez firmado el
vale se desembolsa.
Otra vía de acceso al crédito es directamente en las
oficinas de IPRU en Salto y en Montevideo, en organizaciones barriales y
comunitarias, sindicatos, gremios, ONG, Cooperativas de vivienda, y empresas
que tienen convenios firmados con IPRU (a la fecha más de 80 convenios).
En cuanto
a las condiciones del crédito dentro del marco de los convenios firmados, IPRU
otorga créditos hasta US$ 2.500, hasta en 24 meses, a una tasa del 36% efectivo
anual. Se solicita una firma solidaria, no garantías reales. También, IPRU
incorpora como parte de su aprendizaje, el otorgar los créditos con un tope de
hasta dos veces el ingreso familiar.
Se
organizó la cobranza de los vales por una red de cajeros existente en la
Capital y en casi todas las ciudades del interior. Esta red, proporciona a
IPRU, la lista de pagos a las 48 horas de realizados.
No
deberíamos dejar de lado que en el Uruguay, predomina en las personas y en las
familias -aún de bajos recursos- la cultura de ser propietarios de su casa.
8
El desarrollo del Programa. Algunos
indicadores:
4
Créditos otorgados a Setiembre del 2001: 3.952
4
Familias beneficiadas a Setiembre 2001: 3.295
4
Monto promedio actual: US$ 600
4
Plazo medio actual: 16 meses
4
Tasa de interés efectiva anual: 36% (34% para
convenios)
4
Cartera en riesgo a 30 días: 10%
4
Rotación del Fondo a Setiembre 2001: 3 veces
8 Algunos resultados:
4
3.295 familias han logrado reformar, acondicionar o
ampliar su casa a precios de contado.
4
Dada la diferencia en las tasas de interés del
crédito de consumo disponibles, cercanas al 90% y la tasa del Programa
IPRU-CREDIMAT -36%-, se ha evitado una transferencia de ingresos importante de
los sectores vulnerables al sector financiero. La información clara contribuye
a la conciencia crítica de las alternativas existentes.
4
Pequeñas empresas proveedoras de materiales se han
consolidado con una facturación creciente.
4
Fácil acceso al crédito, comodidad en los pagos,
agilidad en la resolución.
4
Si el crédito promedio es de US$ 600 y se otorgan
créditos sólo hasta dos veces el ingreso familiar, se deduce que, en promedio,
las familias atendidas tienen un ingreso promedio mensual entre US$ 300 y US$
400.
4
El FOGAR (Sociedad cooperativa de garantías
recíprocas), es garantía de IPRU frente al MVOTMA por el 20% del Fondo
Rotatorio. Con ello se logra el compromiso de otros actores solidarios en el
proceso.
8 Algunas limitantes:
4
Constituye una dificultad el asesoramiento técnico
para las obras. Se integra recientemente, la Sociedad de Arquitectos con su
programa “Arquitecto de la Comunidad” a un costo accesible. No puede evaluarse
todavía.
4
Con esta metodología, se llega mayoritariamente a
beneficiarios dispersos, salvo cuando existen convenios con otras
organizaciones de la Sociedad Civil.
Si
tuviéramos que analizar el por qué del éxito de este Programa operado por IPRU,
deberíamos mencionar la inserción de base de la organización, la metodología en
la que se involucra a cerca de 400 empresas proveedoras de materiales que
tienen un interés económico directo y en los convenios realizados con empresas
y otras organizaciones sociales. El Programa CREDIMAT -en sus primeros años-,
si bien se operó con la participación de algunas ONG, mayoritariamente se
implementó a través de intermediarios financieros, desde sus agencias y no tuvo
el impacto que ahora ha conseguido. En consecuencia, el éxito se relaciona con
“llevar el crédito” donde está la población objetivo.
3)
El empoderamiento
Este
caso, tiene relación con el empoderamiento en un área: el acceso a servicios
básicos para mejorar la calidad de vida. En algunos documentos del Banco
Mundial, aparece la definición de empoderamiento vinculada al “proceso mediante
el cual se incrementan los activos y capacidades de los pobres –hombres y
mujeres- y otros grupos excluidos, para participar, negociar, cambiar y
promover instituciones transparentes y responsables que afectan su calidad de
vida”.
A
lo anterior debemos agregar que, el poder es necesario para la construcción de
sujetos sociales, para reafirmar la identidad personal, para la
individualización y para el desarrollo social. Quizás éste sea el poder al que
aspiran los excluidos y al que tienen derecho como personas.
En
el caso que presentamos, creemos que se amplía la libertad de tomar decisiones
generando una alternativa para mejorar su hábitat, que afirma la identidad
personal, que aporta en términos de dignificar la vida de las familias,
viabilizando proyectos personales y familiares, partiendo de su entorno y desde
lo que ya tienen.
Los
programas crediticios para el acceso a servicios básicos, con cierto énfasis
educativo, implican el desarrollo de una conciencia crítica de la población,
respecto a la necesidad de analizar las demás alternativas de financiamiento y
confrontarlas con otras que hacen posible el logro de sus objetivos, en las
mejores condiciones.
El
empoderamiento se hace más compartido y se potencializa cuando se da en
interacción con otros. En el caso que presentamos, los convenios con
asociaciones, sindicatos y otras organizaciones sociales hacen que el proceso
de desarrollo de una conciencia crítica y ciudadana sea más rico.
4) Algunas reflexiones finales
Volviendo
al principio, este Programa llevado adelante por IPRU como ejecutor, es parte
del progresivo relacionamiento entre las ONG y el Estado. En términos del
Uruguay, ha sido innovador, dado que el MVOTMA y especialmente el Programa
CREDIMAT, han confiado en ONG y otras entidades de la Sociedad Civil para la
administración de estos Fondos Rotatorios. Lo ha hecho efectivamente,
descentralizado los fondos y dejando en libertad a los ejecutores, en lo
relativo a la metodología.
Ha
dado apoyo financiero, técnico y logístico para que IPRU mejorara su gestión.
Se realizan evaluaciones conjuntas sobre la marcha de los convenios y se
analizan permanentemente las necesidades de los ejecutores, buscando la forma
para que el Programa se compadezca con las necesidades de la población meta.
IPRU
valora el Programa CREDIMAT como una opción de avanzada y creativa en las
relaciones entre ONG y Estado. Creemos que este ejemplo, es un escalón más, en
la aspiración de una mayor incidencia de las ONG en la programación, la
ejecución y el control ciudadano de las políticas sociales de interés público.
H:/Var/BMCredimat.doc
LM:amf
Octubre
2001
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