EL
CASO DE LA PARTICIPACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL
EN LAS MESAS DE CONCERTACIÓN
Héctor Béjar
La nominación del Gobierno
Constitucional Transitorio a fines de 2000 fue consecuencia de la movilización
por la democracia de cientos de asociaciones ciudadanas del Perú. Esta
movilización fue gestándose a lo largo de un período de diez años que estuvo
caracterizado, entre otros rasgos, por la centralización de las decisiones
gubernamentales en el Poder Ejecutivo y en el Estado. Existieron entonces dos
actores durante la década: un gobierno estatista y centralista y una sociedad
civil emergente y en construcción.
Como era
lógico, al fracasar el 2000, el gobierno que trataba de reelegirse por cinco
años más, el nuevo gobierno trató de abrir espacios de comunicación y diálogo
con la sociedad civil. En el curso de pocos meses se abrieron espacios de
diálogo sobre empleo, lucha contra la corrupción, educación, investigación de
violaciones de los derechos humanos cometidas en el pasado (a través de la
Comisión de la Verdad, que todavía no ha sido nombrada) y lucha contra la
pobreza.
Cada uno de
estos espacios ha tenido distintas características y grados de desarrollo en
los últimos meses. No hay espacio suficiente para una referencia detallada a
todos, pero, de ellos, el que ha tenido una dinámica más activa, ha sido la Mesa
de Concertación de Lucha contra la Pobreza.
Por una
decisión de la Presidencia de la República, forman parte de la Mesa: los
sectores del Estado relacionados con programas sociales; las iglesias católica
y evangélica; los organismos de cooperación internacional y las organizaciones
no gubernamentales de desarrollo.
El Gobierno
Constitucional Transitorio encargó a la Mesa proponer los lineamientos para una
nueva política social y plantear una articulación de los programas sociales que
haga posible su mayor eficiencia.
De hecho,
aunque por su título, la Mesa está encargada de examinar los programas de lucha
contra la pobreza, su objetivo sobrepasa esta limitación para referirse con
mayor amplitud a las políticas sociales en aplicación y sus proyecciones.
La presencia
del Ministerio de Economía y Finanzas como Secretaría Técnica de la Mesa fue un
hecho notable. Hasta antes, se había evitado en el Perú relacionar las
políticas económicas con las sociales. En el Consejo de Ministros de la década
anterior existían dos comisiones separadas, una encargada de los asuntos
económicos y financieros y otra encargada de los asuntos sociales. La última
tuvo un funcionamiento precario por falta de apoyo político. La incorporación
del MEF a la Mesa implica la aplicación de un enfoque distinto, que trata de
vincular ambos aspectos.
La Mesa
Nacional trabaja en dos grupos: uno de lineamientos y otro de programas
sociales. El primero ha producido la Carta Social y el segundo ha elaborado un
estudio de los programas sociales en actual aplicación.
Mientras
tanto, la Presidencia de la Mesa, asumida por el padre Gastón Garatea por
designación del Presidente de la República, impulsó la organización de Mesas de
Concertación en los departamentos y provincias del país. Al momento de escribirse
estas líneas, las mesas departamentales y provinciales sumaban más de ciento
cincuenta.
La Carta Social
La Carta
Social fue producida por el Grupo Programático y consultada en dos reuniones
nacionales con instituciones y personalidades de todos los sectores
involucrados en la Mesa. Hubo diez versiones ya que cada una iba recogiendo
distintas sugerencias y propuestas de modificación hasta la versión final que
fue aprobada en una Reunión Nacional y suscrita por representantes del
gobierno, la sociedad civil, las iglesias y la cooperación internacional.
La Carta
Social es un Acta de Compromiso ante el país, a cuya adhesión serán seguirán
siendo invitados en los próximos meses, los gobiernos locales y otras
instituciones a lo largo y ancho de
todo el territorio nacional.
No se trata
de una simple declaración de intenciones destinada a no ser cumplida. Es un
documento que debe tener consecuencias concretas y prácticas en la política de
este Gobierno Constitucional Transitorio, el gobierno que continúe su labor a
partir de julio próximo, en la acción de las instituciones de la sociedad civil
y otros actores que trabajan para superar la pobreza.
Se quiere
que la Carta sea usada como documento orientador por los sectores del Estado y
los Comités Transitorios de Administración Regional mientras éstos existan
(probablemente sean reemplazados por organismos elegidos democráticamente).
También orientará las acciones de las organizaciones que la suscriben en todos
sus niveles. Será complementada con objetivos, metas y las medidas necesarias
para su cumplimiento..
La Carta parte de una apreciación ética de los
problemas nacionales. Sostiene que, en las condiciones que vive nuestro país,
la recuperación de la democracia debe significar, al mismo tiempo que la realización
de elecciones verdaderamente libres, libertad de expresión y autonomía de
poderes, la incorporación de la ética a la acción política y pública, una
participación social efectiva y la
lucha permanente contra la corrupción.
El
documento reconoce que existe exclusión
y desigualdad en el Perú; y que ambas son incompatibles con la justicia y la
democracia, por lo que deben ser superadas. Se proclama que la búsqueda de equidad
y efectiva protección para todos, especialmente para la población campesina y
urbana que ahora es excluida, y para
todo grupo humano que se encuentre en peligro, debe ser un principio permanente
de la política nacional. Nadie debe quedar al margen de una vida digna.
Para que sea
sostenible y duradera, la democracia debe apoyarse, con equidad social y de
género, en una base social amplia, inclusiva y no excluyente, de todos los
grupos, sectores, clases, etnias y culturas existentes en el país.
Propicia el trabajo conjunto de distintos grupos
sociales de diversos tipos existentes en el país en un Sistema nacional, permanente y descentralizado de diálogo y
concertación que permitirá la determinación compartida de objetivos
sociales, la fijación conjunta de prioridades, la planificación en el uso de
recursos y evaluación de resultados, asegurando el respeto por las minorías y
por la autonomía de cada participante.
Uno de los compromisos establece que se trabajará
para redefinir la política económica, las políticas sectoriales y la
descentralización en función de objetivos sociales acordados por todos, que
permitan un desarrollo sostenible centrado en las personas. Las políticas
económicas serán redefinidas y evaluadas permanentemente en función de
objetivos sociales.
La Carta varía el enfoque usado hasta hoy para la
lucha contra la pobreza, que veía sólo las carencias y necesidades de la
población campesina y urbana, sin apreciar sus cualidades. Aceptando que es
imprescindible acudir en ayuda de ellos para cubrir sus necesidades, en
especial de los campesinos pobres, afirma que es igualmente necesario basarse
en la capacidad creativa de la población. Por ello se promoverá el empleo
digno, productivo y adecuado, tanto en las áreas rurales como en las urbanas y
se apoyará las iniciativas de la gente.
Por eso, se parte del reconocimiento de la
creatividad que el pueblo peruano ha mostrado durante estos años de crisis.
Ese reconocimiento se expresará en que las políticas
sociales serán diseñadas teniendo en cuenta las capacidades y no sólo las
carencias de las personas, su riqueza cultural y creativa y no sólo su pobreza
de recursos materiales. Se potenciará la independencia y autonomía de las
organizaciones sociales y las personas.
La Carta enfatiza la descentralización para una
efectiva participación de la población en las decisiones del Estado. Para ello,
se promoverá la organización gradual de sistemas descentralizados de
participación, vigilancia y control ciudadanos sobre las políticas sociales y
todos los actos del poder político y económico.
En la Carta, el Estado se obliga a poner a
disposición de la ciudadanía toda la información necesaria. Y las
organizaciones ciudadanas acuerdan usar esta información para evaluar los
programas sociales y mejorar la eficacia y eficiencia de los programas
sociales.
Los programas de acción y las metas que sucesivos
gobiernos de nuestro país han suscrito en las conferencias de las Naciones
Unidas sobre diversos aspectos de la política social pasarán a constituir objetivos y metas sectoriales del Estado y
serán aplicados en todas las regiones y localidades, especialmente en los
espacios donde exista mayor pobreza, para evitar que los promedios estadísticos
continúen ocultando las enormes disparidades existentes entre regiones, áreas
rurales o urbanas y sectores económicos.
El Estado se compromete a que sus políticas
sectoriales serán articuladas entre sí en función de objetivos específicos que
sean concertados por todos los sectores sociales y evaluables por la población
en los niveles local, departamental y nacional.
En vista que se reconoce que los desafíos existentes
en política social demandan la cooperación de todos los sectores, se creará en
todos los niveles, desde el central el nivel de los Consejos Transitorios de
Administración Regional CTAR, el provincial,
distrital y local, los espacios y mecanismos adecuados para que, desde
la posición independiente y autónoma que le es esencial, la sociedad civil
pueda participar e influir en el diseño, la planificación, la ejecución y la
evaluación de resultados y de impacto de los programas estatales.
Se reconoce a los gobiernos locales como los agentes
centrales para el desarrollo social, y se postula otorgarles las funciones,
recursos y ayuda técnica necesarios.
El Estado formulará normas, impartirá las directivas
necesarias y promoverá espacios de vigilancia ciudadana, para impedir que los
programas sociales sean usados con el objetivo de manipular a la población. Las
organizaciones de la sociedad civil estarán vigilantes para impedirlo.
Las políticas sectoriales de inversión y los
proyectos presentados a la comunidad internacional para su financiamiento con
cooperación técnica y deuda pública, tendrán un contenido de empleo y
descentralización; y serán adecuadas a las distintas realidades regionales y
culturales. El impacto en estos aspectos estará entre los criterios para la selección de proyectos.
Las organizaciones no gubernamentales, organizaciones
sociales de base e iglesias que ejecutan programas de desarrollo y servicios
sociales coordinarán entre sí y promoverán la participación de la población involucrada
en el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de sus proyectos de campo.
Las organizaciones de la sociedad civil evaluarán
periódicamente sus programas y acciones, generando un sistema de indicadores de
desempeño que pueda ser consultado por la ciudadanía.
Se iniciará un
proceso de coordinación e integración de los programas sociales sectoriales
sobre la base de la gestión local territorial. Se invertirá en fortalecer las
capacidades locales para retroalimentar el diseño de los programas y políticas,
promoviendo una mayor injerencia del nivel local en este proceso.
La
discusión del Presupuesto del 2001 y 2002
Simultáneamente con
la discusión de la Carta, las Mesas de Concertación departamentales y
provinciales elaboraron planes estratégicos y establecieron prioridades en cada circunscripción. Estas
prioridades vinculan por lo general la política de desarrollo con la política
social. Para que esta discusión no sea estéril, es preciso que dichas prioridades
puedan ser incorporadas en la discusión del Presupuesto de la República. Eso no
es fácil, puesto que los sectores estatales y los Consejos Transitorios de
Administración Regional, creados por el gobierno anterior para sustituir el
proceso de regionalización, tienen sus propios cronogramas de trabajo. En otras
palabras, el proceso participativo de discusión estratégica de las mesas de
concertación debe alcanzar el ritmo de la discusión estatal del Presupuesto. Si
no se alcanza a incorporar esta discusión en el Presupuesto del 2001, esto será
logrado sin duda en el 2002. En todo caso, será la primera vez en la historia
del país, que un Presupuesto estatal sea negociado con la sociedad civil. Todo
ello implica un esfuerzo democratizador por parte del Estado y una gran madurez
por parte de la sociedad civil
La discusión a este
nivel requiere información. La Asociación Nacional de Centros, entidad
representativa de las organizaciones no gubernamentales, logró hacer, con ayuda
de la información proporcionada por los sectores estatales, una recopilación de
la información presupuestal disponible y ponerla a disposición de las mesas de
concertación. Por otro lado, el Gobierno Constitucional Transitorio dictó el
Decreto de Urgencia 035 de acceso ciudadano a información sobre finanzas
públicas, estableciendo la obligación de todos los sectores estatales de poner
a disposición de la ciudadanía sus gastos actualizados mes por mes. Este es
otro hecho histórico puesto que, antes de esta medida, la información sobre la
ejecución presupuestal sólo era proporcionada al Congreso dos años después de
cada ejercicio presupuestal en la Cuenta General de la República.
La
Red de Vigilancia Social
¿Cómo hacer el
seguimiento de todo este proceso? Lo
que se ha planteado desde las organizaciones de la sociedad civil es implementar
un sistema de vigilancia. A partir de las Mesas de Concertación, Comités de
Iniciativa en cada localidad empezarán a dar los primeros pasos para la
implementación de este sistema. Obviamente, su lógica no será la presupuestal
ni del Estado, sino será la lógica de los derechos, especialmente los derechos
económicos, sociales y culturales, persiguiendo su aplicación concreta en cada
localidad. La red potenciará y ampliará las experiencias que están en curso,
muchas de ellas promovidas por diversas redes de organizaciones no
gubernamentales, promoviendo la capacitación de líderes y lideresas populares
en los temas de la vigilancia social.
Problemas
En los párrafos
anteriores hemos tratado de hacer una descripción objetiva del proceso de las
mesas de concertación de lucha contra la pobreza. Es obvio que muchos hechos
importantes pueden no haber sido mencionados. Lo importante es saber que se
trata de un proceso en construcción.
Sin embargo, para
terminar esta nota, enumeramos algunos problemas que la Mesa deberá enfrentar
en el futuro inmediato.
1.
La
mesa es fruto de la decisión de un gobierno transitorio. En este sentido, su
futuro es incierto puesto que depende de la voluntad democrática que pueda
tener el gobierno que se hará cargo del poder en julio del 2001. Esa suerte
dependerá en gran parte de la capacidad de la sociedad civil para hacerse
presente, actuar y presionar, logrando una máxima participación de todos los
sectores sociales.
2.
La
Mesa debe ampliar la participación a otros sectores, especialmente los
populares y empresariales. Las empresas de diversos tipos y las organizaciones
sociales de base están participando en muchas mesas departamentales y
provinciales pero se necesita que tengan una activa representación en la mesa
nacional, al igual que las empresas privadas.
Estos y otros problemas deberán ser
enfrentados en el futuro inmediato.
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