La globalización, un proceso de creciente integración de las economías y sociedades de todo el mundo, ha incitado uno de los debates más apasionados de la última década. Los que se oponen a ella plantean que el proceso favorece la explotación de los habitantes de los países en desarrollo, ocasiona grandes alteraciones en su forma de vida y aporta pocos beneficios a cambio. Quienes la defienden señalan las significativas reducciones a la pobreza alcanzadas en países que han optado por integrarse a la economía mundial, como China, Vietnam, India y Uganda. A continuación, David Dollar, Director de Políticas para el Desarrollo del Banco Mundial, habla del fenómeno de la globalización. .
La globalización desde 1980
La más reciente oleada globalizadora comenzó en la década de los ochenta y fue impulsada por una combinación de avances tecnológicos en el transporte y las comunicaciones y la decisión de importantes países en desarrollo de atraer inversiones extranjeras y abrirse al comercio internacional.
En el período comprendido entre 1980 y 1998, la manufactura se incrementó desde menos de un cuarto de las exportaciones de los países en desarrollo hasta alcanzar más de un 80%.
Entre los países que aumentaron intensamente su comercio exterior se encuentran Brasil, China, Hungría, India, Uganda, Vietnam y México. Por su parte, los países en desarrollo más globalizados vieron cómo su tasa de crecimiento per capita total se elevaba del 1% en los años sesenta al 3% en los setenta, 4% en los ochenta y 5% en la década de los noventa. Otros países en desarrollo, donde viven unos dos mil millones de personas, en realidad experimentaron un crecimiento negativo en la última década mencionada.
¿Ecualizador o causa de desigualdad?
¿Ha aumentado el nivel de desigualdad en los países en desarrollo debido a la globalización?
La mayoría de los países en desarrollo que participa en la globalización ha visto sólo pequeños cambios en la desigualdad interna. En Filipinas y Malasia, la desigualdad ciertamente disminuyó, Vietnam alcanzó un gran aumento en el ingreso per capita y ningún cambio importante en cuanto a la desigualdad.
Sin embargo, en América Latina, zona que históricamente se ha caracterizado por ser una de las regiones más desiguales del mundo, se produjo un aumento en las diferencias de los salarios. La desigualdad también se elevó en China, pero vino acompañada de una caída masiva en la pobreza general.
Algunos países lograron una amplia reducción de la pobreza gracias a la globalización..
En China: La cantidad de pobres rurales disminuyó de 250 millones en 1978 a 34 millones en 1999.
En Vietnam: Las encuestas de los hogares más pobres del país demuestran que un 98% de las personas mejoraron su nivel de vida a partir de la década de los noventa.
En Uganda: La pobreza se redujo un 40% durante los noventa y las matrículas escolares se duplicaron.
...pero otros no pudieron recibir sus beneficios...
Muchos países de África no han podido beneficiarse de la globalización y sus exportaciones han permanecido confinadas a una estrecha gama de productos básicos.
Son muchas las razones que se han mencionado para explicar este problema y varios expertos señalan que la marginalidad de estos países se debe a políticas e infraestructura insuficientes, instituciones débiles y gobiernos corruptos.
Otra escuela de pensamiento sostiene que las desventajas geográficas y climáticas han dejado fuera del crecimiento global a algunos países, como es el caso de los países sin litoral, para los que es difícil competir en los mercados globales de manufacturas y servicios.
Una breve reseña histórica
El nivel de globalización sin precedentes que se ha visto desde 1980 es en realidad la tercera oleada de un fenómeno que comenzó en 1870, de acuerdo a lo que señala David Dollar.
El primer embate de este fenómeno duró desde 1870 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial y fue impulsado por los avances en el transporte y la reducción de las barreras comerciales. El nivel de exportaciones en relación con el ingreso mundial se duplicó hasta alcanzar un 8% junto con el auge del comercio internacional.
Esto dio pie a una migración masiva, puesto que las personas buscaban mejores trabajos, y cerca de un 10% de la población mundial se trasladó a nuevos países. Sesenta millones de personas emigraron desde Europa hacia América del Norte y otras partes del Nuevo Mundo y lo mismo sucedió en las áreas densamente pobladas de China e India, desde donde las personas se trasladaron a países con menos habitantes como Sri Lanka, Burma, Tailandia, Filipinas y Vietnam.
El fin de la Primera Guerra Mundial anunció una era de proteccionismo durante la cual se impusieron barreras comerciales tales como los aranceles. El crecimiento económico mundial se estancó y las exportaciones como porcentaje del ingreso mundial volvieron al mismo nivel que mantenían en 1870.
Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió un segundo impulso globalizador que duró aproximadamente desde 1950 hasta 1980. Este proceso se concentró en la integración entre países ricos a medida que Europa, América del Norte y Japón restablecían sus relaciones comerciales a través de una serie de liberalizaciones comerciales multilaterales.
Durante este período tuvo lugar un florecimiento de las economías de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo que participaron de este auge comercial. Los países en desarrollo quedaron totalmente aislados de este proceso integrador permaneciendo aferrados a las exportaciones de productos básicos.
Fuente: Globalización, crecimiento y pobreza
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P: ¿Qué es la globalización?
R: Prefiero utilizar el término integración, porque es más exacto que globalización. La integración económica se produce cuando los países reducen barreras (tales como los aranceles de importación) y se abren a la inversión y al comercio con el resto del mundo.
P: ¿Por qué las instituciones internacionales como el Banco Mundial instaron a muchos países en desarrollo a abrirse al comercio internacional?
R: A comienzos de los años ochenta, en la mayoría de los países en desarrollo existían elevadas barreras a las importaciones. Esto sucedía por ejemplo en muchos países con pequeñas economías de África al sur del Sahara. Estas naciones intentaban desarrollar toda una gama de sectores en economías cuya escala era insuficiente para lograr eficacia. Por lo tanto, podemos decir que a principios de los años 80 los resultados en cuanto a crecimiento y reducción de la pobreza fueron bastante decepcionantes. La gente en África luchaba en busca de nuevos modelos porque sentían que el viejo modelo había fracasado. Hasta países muy grandes como China e India no obtenían los resultados esperados, debido a sus modelos de desarrollo introspectivos. En la India la tasa de pobreza se mantuvo casi inalterada desde la independencia en 1949 hasta 1978. China respondió a sus magros resultados económicos con el programa Gai Ge Kai Fang: cambiar el sistema, abrir la puerta. En un escenario como ése el Banco Mundial sí estimuló la apertura al comercio y en muchos casos dio buenos consejos prácticos sobre la liberalización gradual de los aranceles a las importaciones.
P: ¿Cuáles fueron los resultados de la apertura a la economía internacional?
R: En muchos casos, los resultados han sido buenos. China, India y Vietnam se han beneficiado enormemente y las tasas de pobreza han disminuido. En Vietnam, el gobierno realizó un censo al inicio de la reforma y lo repitió seis años después en los mismos hogares, descubriendo impresionantes reducciones de la pobreza. La gente disponía de más alimentos y los niños asistían a la escuela secundaria. La liberalización del comercio fue uno de los muchos factores que contribuyeron al éxito en Vietnam. La reforma en China condujo a la mayor reducción de la pobreza de la historia. La India redujo su pobreza a la mitad en los últimos veinte años. Uganda es un ejemplo del éxito en África.
P: ¿Pero todos los países que abrieron sus economías al comercio internacional tuvieron éxito?
R: En varios países africanos resulta difícil encontrar un progreso alentador. Pero tampoco hay datos que avalen el planteamiento de que la liberalización ha producido malos resultados. A muchas de estas economías no les iba bien por diversas razones antes de la liberalización. Analizándolo ahora, probablemente hubo exceso de optimismo de que la reforma comercial por sí sola iba a fomentar el desarrollo de la producción en África.
P: ¿Por qué algunas naciones africanas continuaban luchando mientras que los países del sudeste asiático prosperaron cuando se abrieron al comercio internacional?
R: Si se observa a algunos países del sudeste asiático que comparten características con las economías africanas podemos ver que liberalizaron el comercio cuando los productos agrícolas eran sus principales exportaciones, pero también pasaron rápidamente a la producción intensiva en mano de obra. Esa era la esperanza de algunas de las economías africanas, pero en gran medida no se ha materializado. La lección que he extraído de esto, después de analizarlo con mayor profundidad, es que los problemas relacionados con el clima para las inversiones resultaron ser tan graves en algunos países africanos, que reducir los aranceles a las importaciones realmente no tenía mucho impacto. Sin duda, los aranceles representaban un obstáculo, pero la experiencia indica que había otras barreras más importantes. ¿Cuánto cuesta montar una empresa, contratar mano de obra, obtener electricidad confiable? Incluso si se reducen los aranceles formales, ¿puede una empresa pasar las contribuciones necesarias a través de la aduana? Los países en desarrollo que han marchado bien con la globalización son aquéllos que fomentaron de manera razonable un clima estable para la inversión para que sus empresas pudieran aprovechar las oportunidades del mercado mundial.
El modelo comercial en su conjunto se basa en aprovechar las oportunidades para cambiar los factores productivos. Cambio es la palabra clave. Para que funcione el país debe contar con un ambiente propicio para que el trabajo y el capital comiencen a producir, digamos, flores naturales o vestuario con un uso intensivo de mano de obra. En Europa existe un mercado listo para recibir flores naturales. Muchos países africanos podrían penetrar este mercado, pero para ello se necesita un ambiente en que el trabajo y el capital puedan desplazarse hacia esa actividad más viable y apartarse de lo que hacen en el presente.
P: ¿Fue un error alentar a estos países, que no lograron grandes reducciones de la pobreza, a intentar integrarse en la economía internacional?
R: Quizás hubo un injustificado exceso de optimismo. Pero no acepto el argumento de que la liberalización ha arrasado con muchas industrias exitosas en los países en desarrollo porque, francamente, en los países que no marchan bien tampoco había muchas industrias exitosas.
P: Ha habido protestas en Estados Unidos y Europa por los efectos de la globalización. Pero, ¿existe el mismo nivel de oposición a la integración con la economía internacional en los países en desarrollo?
R: El Centro Pew llevó a cabo una encuesta de actitud a nivel global que encuentro muy interesante. En el África al sur del Sahara, 75% de los hogares manifestó estar de acuerdo con que las empresas multinacionales invirtieran en sus países. La encuesta demostró que en muchos países en desarrollo existía un fuerte apoyo a distintos aspectos de la integración: especialmente en cuanto al comercio y a la inversión directa.
P: ¿El proceso de integración a la economía internacional ha ocasionado inconvenientes en los países en desarrollo?
R: Indudablemente la globalización exige muchos ajustes y en mi opinión, es una alternativa que los países en desarrollo están eligiendo. Los países tienen que tomar sus propias decisiones y en la actualidad la integración es popular en las naciones en desarrollo porque observan muchos beneficios palpables en ella. Pero la integración también va a forzar ciertos tipos de ajustes. Es inevitable que algunas fábricas desaparezcan, alguna gente se va a quedar sin empleo.
P: ¿Cuán drástico puede ser este proceso de ajuste en un país en desarrollo?
R: La integración producirá costos de ajuste e inconvenientes. Por eso, cuando decimos que en muchos casos la medición general de la distribución del ingreso no cambia en el país típico que abre su economía, ése podría ser el efecto neto de numerosos cambios. Pero con frecuencia los ganadores incluyen a mucha gente pobre y, en bastantes casos, algunos de los perdedores son gente adinerada y relativamente poderosa.
P: ¿Por qué una franca mayoría de las personas de los países en desarrollo apoya la integración si ésta ocasiona inconvenientes?
R: En los países en que la mayoría de las personas son pobres, es natural concentrarse en los beneficios materiales de la integración y estar a favor de ella. La información sobre el comercio y la pobreza extraída en Vietnam es muy elocuente, y ésta resultó ser una de las poblaciones más proclives a la globalización de la Encuesta Pew. Para una persona pobre, la idea de que la vida puede mejorar mucho en términos materiales tiene un fuerte impacto. Los pobres están acostumbrados a sufrir numerosos trastornos en su vida producto de tifones, economías volátiles, inseguridad laboral, etcétera. Por ello, la integración ayuda a estabilizar la situación y a elevar el nivel de vida de muchas maneras. Quizá por esto haya más entusiasmo por la integración en los países pobres que en los países en que la gente ya es rica. Los agricultores franceses ven principalmente los inconvenientes de la integración; para los obreros estadounidenses del acero el comercio es considerado un grave problema. Pero la gente de los países en desarrollo tiende más a considerarla como una oportunidad.
P: Una crítica planteada en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) es que estas instituciones forzaban a los países a adoptar ciertas políticas a medida que se integraban a la economía mundial. ¿Es así?
R: A principios de la década de los ochenta el Banco Mundial y el FMI trataban de imponer un paquete de medidas en muchos países. Por lo tanto, es justa la crítica de que el Banco Mundial intentaba imponer un conjunto de políticas similares en muchos países. Tal vez eran medidas acertadas, pero creo que hemos aprendido que ésa no es la forma eficaz de promover los cambios necesarios para aprovechar las oportunidades del comercio y la integración. Sencillamente, la gente reacciona por instinto en contra de lo que les imponen desde el exterior. Por eso hemos cambiado más hacia un modelo de aprendizaje. Nos hemos equivocado en algunas cosas, no hay duda de ello. Tenemos que aprender de la experiencia.
P: ¿En qué consiste hoy el trabajo del Banco con los países en desarrollo a la luz de sus experiencias de los años ochenta?
R: No estamos imponiendo medidas o un modelo determinado en los países. Respetamos el que los países tomen sus propias decisiones. Veo que muchos países están eligiendo la integración a la economía internacional y apoyamos eso. Donde haya un país que se esté esforzando por mejorar el clima para las inversiones, por prestar servicios básicos, por integrarse a la economía mundial, estamos dispuestos a enseñarle cómo hacerlo. Esa es la nueva perspectiva del Banco Mundial: ayudar a los países a aprender cuáles son las políticas e instituciones que funcionarán para ellos.
P: ¿Existen políticas generales que pueda aplicarse en los países en desarrollo?
R: Yo sigo creyendo que algunas generalizaciones son válidas. Ningún país quiere una inflación de 100%. No creo que exista un país que llegue a la conclusión de que cerrándose por completo al mercado mundial vaya a progresar. Existen principios básicos para la integración y para que ésta funcione en un país. Entre ellos está la estabilidad macroeconómica y un sólido clima de inversión. Pero otra cosa es cómo actuar en cada país, puesto que cada uno tiene que averiguar qué es lo más sabio en términos económicos y lo aceptable en términos políticos. Creo que el Banco Mundial ha ganado en experiencia y puede ayudar a los países a aplicar políticas que funcionen para ellos, pero éstas no pueden imponerse desde el exterior; tiene que ser una experiencia de aprendizaje.
P: ¿Puede un país elegir la integración internacional de algunos sectores de su economía y mantener controles estrictos en otras áreas?
R: Una lección importante aprendida de los años noventa es que los países en desarrollo pueden escoger y elegir entre los distintos tipos de integración. Se puede liberalizar el comercio, se puede permitir la inversión extranjera directa, se puede aprobar en algunos sectores y en otros no, se pueden controlar los flujos de capitales en cartera. Todos controlan la migración. El Banco Mundial ve la integración como un proceso en el cual los países en desarrollo revisan distintos aspectos y eligen aquellas partes que pueden manejar y que les reportan beneficios. Existen datos elocuentes de que es posible hacer esa distinción.
P: Una preocupación frecuente acerca de la globalización es que está contribuyendo a una pérdida de la diversidad cultural. ¿Están ustedes preocupados por la homogeneización de la cultura y las instituciones en los países en desarrollo como resultado de la integración internacional?
R: No existe mucha información concreta de que la integración esté conduciendo a la homogeneización. Desde hace tiempo existe una interacción cultural como parte de la globalización. Muchas de las cosas que la gente asocia tradicionalmente a una cultura son realmente importaciones relativamente modernas. Por ejemplo, el curry indio es una importación relativamente reciente, de hace cuatro o cinco siglos. Cuando se habla de cocina italiana se piensa en salsa de tomate y ajo, pues bien, Italia obtuvo sus tomates del Nuevo Mundo y el ajo de China. Es probable que la pasta también proviniera de China. Por eso muchas cosas que asociamos con una cultura realmente son el resultado de una comunidad en interacción con el mundo en general. Dicho esto, comprendo esta preocupación de muchas comunidades de que tal vez estemos pasando a una nueva fase donde haya homogeneización. Pero en mi opinión, es una cuestión de libertad. ¿Qué quiere la gente? Ellos tienen que decidir. Las comunidades tienen formas de preservar ciertos aspectos de su cultura. En el sistema mundial existen muchos medios para subsidiar tus películas, para controlar la televisión. Por eso no creo que a las comunidades les falte libertad para proteger su cultura y sus instituciones, si es lo que quieren hacer.
P: ¿Pueden aprenderse lecciones de las crisis financieras de los años noventa y del papel que desempeñaron los flujos de capitales especulativos en Asia y América Latina?
R: Una cosa que hemos aprendido es que abrir la cuenta de capitales de un país es un asunto delicado. Ciertamente una de las lecciones más importantes de los años noventa es que el resultado de muchos de los países en desarrollo que se abrieron a los flujos (de capitales especulativos extranjeros) de cartera fue deficiente. Algunos han padecido serias crisis e inestabilidad. Cuando las empresas multinacionales llegan e invierten se trata de un tipo de inversión extranjera que parece estar muy vinculada al crecimiento. No he visto un país en desarrollo que se queje de ello. China está obteniendo mucho de la inversión extranjera, lo cual parece haber contribuido a su éxito. Por otro lado, el capital de cartera, especialmente los flujos a corto plazo o dinero caliente, pueden ser muy negativos. Resulta crucial poseer instituciones financieras sólidas capaces de manejar esos flujos, pero muchos países en desarrollo no cuentan con ellas.
P: Algunos que critican al Banco manifiestan que China rechazó el consejo clave del Banco Mundial para que abriera sus mercados de capitales. ¿Cuál es su respuesta a esto?
R: Esa crítica es injusta. Es cierto que el Banco Mundial y China han tenido algunos desacuerdos en materia de políticas, pero hay muchas otras cosas en las que estamos de acuerdo. El Banco nunca alentó a China a abrir su cuenta de capitales, por ejemplo, y nunca instamos a una liberalización radical que dijera eliminen mañana mismo todos los aranceles a las importaciones. Esa es una pista falsa. Cada vez más me encuentro con eso en los debates. Los intelectuales antiglobalización solían decir: el comercio perjudica a los países en desarrollo. Ahora parece que nadie se atreve a repetirlo. Ahora dicen: el tipo de liberalización comercial controlada que China tiene es bueno, pero lo que promovía el Banco Mundial es malo. Estos debates me hicieron reflexionar y revisé lo que el Banco había recomendado para China y Vietnam a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Por ejemplo en Vietnam, los informes del Banco recomiendan que el gobierno considere un arancel bastante uniforme en el rango del 30% y reduzca sus aranceles extremadamente elevados hasta un máximo de 60% como primer paso, lo cual no es una recomendación particularmente draconiana. Resulta interesante apreciar que gran parte del movimiento antiglobalización ha ocupado el terreno intermedio donde se ubicaba el Banco.
P: ¿Pero el Banco Mundial ha cometido errores en los consejos que entrega a los países sobre la apertura de su economía?
R: El Banco Mundial sí ha cometido errores. Sería sorprendente que no los cometiéramos.
P: Una de las preocupaciones que se han planteado acerca de la integración en la economía mundial se refiere a la explotación de los trabajadores de los países en desarrollo por parte de las multinacionales. ¿Existen abusos?
R: En todas partes existe el riesgo de cometer abusos laborales. Parte de la labor del Banco Mundial es trabajar en conjunto con los gobiernos para abordar los temas de la regulación laboral y la protección del trabajo. Ya 175 países han firmado los principios y derechos fundamentales en el trabajo de la OIT. El tema es ayudar a los países en desarrollo (especialmente a los más pobres) a desarrollar la capacidad para garantizar estos principios y derechos.
P: ¿Qué información existe acerca del efecto de la inversión extranjera sobre las prácticas laborales en los países en desarrollo?
R: Los datos que existen apuntan a que el proceso de integración aumenta los ingresos, lo cual a su vez constituye un factor de apoyo para lograr mejores regulaciones y normas. Existen incluso ciertas pruebas aunque no quisiera exagerar- de que el propio proceso de integración también estimula mejores normas. Las multinacionales a menudo incorporan en los países en que invierten el tipo de normas y prácticas laborales que aplican en otras partes. En las encuestas que aplicamos a las empresas a menudo encontramos que las compañías extranjeras pagan mejores salarios y también hay información que apunta hacia mejores prácticas laborales. A pesar de esto, en el mundo se producen muchos abusos.
P: ¿Qué tipo de medidas deberían emprenderse contra los países donde se producen estos abusos laborales?
R: Obviamente, el Banco se opone al abuso del trabajo infantil y otras prácticas abusivas y las familias del mundo en desarrollo también están en contra de ellas . El asunto es cómo ayudar a que las comunidades mejoren sus normas. Una cuestión práctica es: ¿queremos utilizar el comercio internacional para sancionar a los países? El gran peligro radica en que esto se convierta en una forma de proteccionismo que saque del mercado a estos países pobres. Debemos ser capaces de encontrar formas positivas de ayudar a que los países en desarrollo mejoren sus condiciones de vida, normas laborales y ambientales, y no utilizar sanciones dentro del marco de la Organización Mundial del Comercio. Esa es la cuestión real. Parte de este discurso suena muy bien. Pero entonces surge la cuestión práctica: ¿vamos a hacerlo excluyendo a los países pobres del sistema de comercio mundial? No creo que eso conduzca a mejoras sostenibles en los niveles de vida.
P: Las protestas antiglobalización aparecieron de nuevo hace poco en Cancún. ¿Cuál es su opinión acerca de la crítica de que la Organización Mundial del Comercio está dominada por países ricos y no está protegiendo los intereses de los países en desarrollo?
R: Lo interesante es que existe cierta inconsistencia en algunos planteamientos provenientes del movimiento antiglobalización. Por un lado, parece ser que algunos miembros del movimiento utilizan el argumento planteado por el Banco Mundial en cuanto a que existen muchas distorsiones del comercio en los países ricos y sería útil que estos redujeran los subsidios agrícolas o abrieran sus mercados de vestuario y textiles. Pero algunos de los actores antiglobalización están diciendo que este proceso de integración no ayuda a los países pobres. Por lo tanto, si el comercio no es importante para los países pobres, entonces no es consecuente venir a decir que Estados Unidos debieran reducir el subsidio al algodón. Si es cierto que el comercio no es importante para los países pobres, entonces ¿qué importa lo que haga Estados Unidos con los subsidios agrícolas?
Creo que el comercio es importante para los países pobres, y que para Estados Unidos es importante reducir el subsidio al algodón, para Europa es importante reducir los subsidios agrícolas, para Japón es importante reducir la protección del arroz. Una de las cosas más importantes que pueden hacer los países ricos es crear mejor acceso a sus mercados para los países pobres. Pero eso sólo tiene sentido como una posición política si se piensa analíticamente que este proceso de integración ha creado muchas oportunidades en el mundo en desarrollo, y que un acceso más fácil a la integración creará más oportunidades.
P: ¿El actual marco de la Organización Mundial del Comercio es beneficioso para los países pequeños o sería mejor para ellos efectuar tratos directos con países ricos de forma individual?
R: El tamaño es un factor importante en la economía global. En cierto nivel, la negociación comercial entre un país como Estados Unidos y, digamos, Bangladesh no es intrínsecamente equitativa. Cualquiera que sea el régimen internacional, la forma en que se resuelve una disputa comercial es penalizando a la otra parte. Si Estados Unidos le niega a Bangladesh el acceso al mercado norteamericano, ése es un grave problema para Bangladesh. Si Bangladesh le niega a Estados Unidos el acceso a su mercado, eso no tiene tanta importancia para Estados Unidos. Por lo tanto, existe un desequilibrio intrínseco.
La cuestión práctica para un país en desarrollo es si conviene o no que exista un marco multilateral llamado Organización Mundial del Comercio. Yo diría que a Bangladesh le conviene que exista un marco multilateral. Aunque todavía no equilibre las cosas a la perfección. Aun con el marco de la OMC, EE.UU. tiene mucho más peso. Pero yo diría que a Bangladesh le convendría más que haya un marco multilateral donde exista la posibilidad de que los países en desarrollo coordinen y promuevan el cumplimiento de la ley en el comercio internacional. De otra manera, sin un estado de derecho en el comercio internacional, cualquier economía poderosa y esto se refiere a los grandes países ricos tendría un enorme peso negociador.
Eso lo estamos presenciando en estos tratos bilaterales que se están negociando. En la ausencia de un nuevo acuerdo de la OMC, muchos países en desarrollo consideran que el acceso al mercado norteamericano constituye un factor importante para su desarrollo, por lo que prefieren cierto tipo de tratado de libre comercio con EE.UU. En ese marco, Estados Unidos o cualquier otra gran economía tiene un inmenso poder negociador y puede agregar muchas cosas a la agenda que quizá no beneficien al país en desarrollo. Dentro de la OMC existen muchas más posibilidades de que los países en desarrollo equilibren la situación y logren un trato con muchas más ventajas y relativamente pocas desventajas.
P: ¿Las reglas están funcionando, como se plantea, en contra de los países en desarrollo?
R: Gran parte de los beneficios del marco del comercio multilateral van realmente a favor de los países en desarrollo. Todo este proceso es muy importante para los países en desarrollo. Desde un punto de vista puramente económico, para los países ricos es relativamente menos importante.
P: ¿Pero no es cierto que muchos países ricos encuentran formas para restringir el acceso de los bienes de los países en desarrollo a su mercado?
R: Una crítica habitual es que si los países en desarrollo aceptan el programa y tienen éxito, habrá cierta prestidigitación para confundirlos. Supongo que todo lo que puede decirse es que siempre existen riesgos. Sería bueno que el sistema de la OMC fuera lo suficientemente fuerte para resolver estas cuestiones en forma equitativa. A corto plazo, cada país en desarrollo tiene que decidir qué es peor, integrarse al régimen existente o aislarse de él. La mayoría de los países en desarrollo han decidido, como promedio, que es mejor integrarse y abrirse, aun cuando los países ricos continúen algunos de estos juegos. A la larga, el rápido crecimiento de los países en desarrollo está aumentando su importancia en la economía mundial y en las instituciones económicas globales.
P: ¿A qué conclusiones ha llegado en relación con el debate de la globalización?
R: La globalización es un proceso confuso que requiere de ajustes y genera problemas y retos importantes. Pero los datos son claros: la integración reporta fuertes beneficios netos para los países en desarrollo. Los países sólo tienen que decidir cómo balancear esos beneficios frente a otros intereses. Asimismo, la integración no es simplemente una cuestión de o esto o aquello. Los países pueden abrirse al comercio y la inversión directa sin dejar de controlar otros aspectos de su relación con la economía mundial en general.