La evaluación de la pobreza de Jamaica de 2024 utiliza microdatos detallados recopilados a lo largo de tres décadas para examinar la turbulenta trayectoria del país en materia de pobreza: una montaña rusa que refleja la vulnerabilidad de Jamaica frente a eventos económicos adversos. Después de alcanzar un mínimo histórico de 9,9 % en 2007, la tasa nacional pobreza casi se triplicó, llegando a 24,6 % en 2013, tras la Crisis Financiera Global. En 2019, volvió a caer a 11,0 %, pero aumentó a 16,7 % en 2021 cuando se desató la pandemia de COVID-19. Si bien Jamaica ha logrado avances desde la pandemia, sigue siendo incierto si la reducción de la pobreza será sostenible, sobre todo dados los efectos devastadores del huracán Melissa.
Esta historia de vulnerabilidad persistente refleja la dependencia de Jamaica en sectores de baja productividad, como el turismo y la agricultura, así como un mercado laboral dominado por empleos de baja calidad que son susceptibles a las recesiones económicas: en 2021, alrededor del 47,5 % de los empleos no agrícolas eran informales. El desarrollo del capital humano también sigue siendo un desafío.
A pesar de los avances en materia de salud materna y vacunación infantil, el COVID-19 interrumpió la prestación de servicios, acentuando las desigualdades en los resultados de salud: la malnutrición es tres veces más alta en el 20 % de los hogares más pobres que en el 20 % más rico. Brechas similares entre hogares pobres y ricos, y entre zonas rurales y urbanas, también afectan la educación: los niños asisten más años a la escuela, pero no necesariamente aprenden más.
El informe destaca cuatro áreas clave para sostener la reducción de la pobreza en Jamaica:
1. Impulsar la transformación económica para crear empleos productivos: esto requiere brindar al sector privado un entorno regulatorio adecuado y la infraestructura necesaria, así como promover el emprendimiento y el uso de tecnología e innovación.
2. Fortalecer las redes de protección social para proteger a las personas vulnerables ante eventos adversos: esto supone reformas fiscales que mejoren la focalización de los sistemas de transferencias monetarias y de protección de ingresos.
3. Invertir en resiliencia climática: esto incluye reforzar prácticas climáticamente inteligentes y realizar inversiones en infraestructura para proteger los medios de subsistencia rurales, incluso ante patrones climáticos cada vez más impredecibles.
4. Aprovechar el potencial de los jóvenes: esto implica mejorar la educación, incorporar habilidades digitales en el currículo escolar y apoyar a los jóvenes emprendedores.