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Panamá: panorama general

Antes de la crisis de la COVID-19, Panamá mantuvo tasas de crecimiento altas pero decrecientes, apoyándose en la construcción y la inversión pública. La clase media se expandió del 50,8 por ciento de la población en 2015 al 56,9 por ciento en 2019; sin embargo, la pobreza rural se mantuvo seis veces más alta que en las áreas urbanas. La crisis de la COVID-19 provocó una contracción de dos dígitos en el PIB de 2020 y un aumento de 2,7 puntos porcentuales en la tasa de pobreza, a pesar de los fuertes esfuerzos para mitigarla.

La actividad económica comenzó a recuperarse a fines de 2020, y el país debe asegurarse de que la pandemia se mantenga a raya para permitir que los sectores rezagados, tales como el turismo, se recuperen por completo. Además, el exceso de existencias de edificios, el mayor endeudamiento de los hogares y un espacio fiscal reducido requieren un replanteamiento del modelo de crecimiento.

La pandemia amplificó los desafíos existentes. El déficit fiscal de Panamá (5,5 por ciento del PIB en 2021 frente a 2,9 en 2019) y los niveles de deuda (63,7 por ciento del PIB en 2021 frente a 46,3 en 2019) son mucho más altos que antes de la pandemia. Como economía dolarizada, el país necesita promover la consolidación fiscal para reducir el pago de intereses, reducir la deuda pública y cumplir con las metas de déficit establecidas por la Ley de Responsabilidad Social y Fiscal - LSRL (4 por ciento del PBI para 2022). El principal riesgo fiscal es el déficit del sistema de pensiones, que exige cada año mayores transferencias del Tesoro. Los ingresos fiscales son inferiores a los de sus países comparables. Las debilidades del país para combatir el lavado de dinero y combatir al financiamiento del terrorismo (AML/CFT, por sus siglas en inglés) son disuasivos para la Inversión Extranjera Directa (IED) y para aprovechar el potencial del país como centro comercial y financiero regional.

La propagación de la COVID-19 se desaceleró en 2021 como resultado de la vacunación, con un 73 por ciento de la población al menos parcialmente vacunada. La variante Omicron desencadenó un nuevo pico, pero el número de casos nuevos se redujo en un 85 por ciento a mediados de febrero en comparación con fines de enero.

El PIB de Panamá se ha recuperado de la crisis de la COVID-19 con un crecimiento de 2021 del 15,3 por ciento. El crecimiento fue impulsado por la minería del cobre de Panamá Cobre, la construcción, la manufactura y el comercio, que concentran el 70 por ciento de los trabajadores en situación de vulnerabilidad (ingresos entre US$5,5 y US$13 diarios). El sector minero ahora representa el 7,1 por ciento del PIB en 2021, frente al 3,8 por ciento en 2020. Se estima que la pobreza ha disminuido del 14,8 por ciento en 2020 al 12,3 por ciento en 2021.

El Banco Mundial pronostica un crecimiento del PIB real del 9,9 % en 2021 y luego una convergencia a una tasa de crecimiento potencial de aproximadamente el 5 %. El déficit presupuestario seguirá elevado en 2021, pero estará por debajo de la trayectoria de reducción del déficit establecida en la revisión de la Ley de Responsabilidad Social y Fiscal (LRSF) (7,5 % del PIB para 2021).

Se espera que los ingresos aumenten beneficiándose de la recuperación del PIB, las mejoras en la administración tributaria y los crecientes ingresos del Canal de Panamá. Se prevé que los gastos disminuyan gradualmente a medida que el gobierno elimine las costas relacionadas con la COVID-19 y adopte una postura fiscal más conservadora para controlar la masa salarial y la compra de bienes y servicios.

La posición fiscal de Panamá mejoró en 2021, pero el déficit y la deuda aún se encuentran en un nivel alto. El déficit fiscal se redujo del 10 por ciento del PIB en 2020 al 5,5 por ciento, por debajo del límite del 7 por ciento establecido por la LRSF. La relación deuda/PIB disminuyó de 68,5 en 2020 a 63,7, mientras que los indicadores de riesgo de deuda mejoraron. La reducción del déficit se logró gracias al mayor crecimiento de los ingresos (16,9 por ciento), la moderación de los gastos corrientes (crecimiento de 5,6 por ciento) y la contención de los gastos de capital (contracción de 17,7 por ciento). Sin embargo, los ingresos y los gastos aún no han vuelto al nivel anterior a la crisis. En 2021, los ingresos alcanzaron el 18,2 por ciento del PIB (18,5 por ciento en 2019) y los gastos se situaron en el 23,7 por ciento del PIB (21,3 por ciento en 2019), debido a aumentos en subsidios, transferencias y pago de intereses.

Se espera que el PIB vuelva a crecer con fuerza en 2022 gracias al crecimiento remanente de 2021 (9,4 %), la expansión continua del sector minero y la recuperación tardía del turismo y el transporte aéreo. En el mediano plazo, el PIB convergerá a su tasa de crecimiento potencial de alrededor del 5 por ciento. Aunque Panamá Solidario, el programa de asistencia social de emergencia, ha desempeñado un papel fundamental en la mitigación de los efectos adversos de la COVID-19, la eficacia más limitada del programa en las zonas rurales exige una mayor protección para evitar que la pobreza y la desigualdad aumenten aún más.

Los resultados fiscales seguirán mejorando, pero el cumplimiento de los límites de déficit de la LRSF será más difícil, dependiendo de la reversión de los gastos de COVID-19, las ganancias de eficiencia de la administración tributaria, la disciplina del gasto y una solución a la deuda del sistema de pensiones, incluso teniendo en cuenta el nuevo flujo de ingresos anuales de US$375 millones por concepto de regalías mineras.

Última actualización: Abr 07, 2022

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