ARTÍCULO

Crecimiento ecológico inclusivo: El camino hacia un desarrollo sostenible

Mayo 09, 2012


Panorama general

  • El rápido crecimiento es necesario para satisfacer las necesidades urgentes de desarrollo de los pobres del mundo. Pero el crecimiento no será sostenible en el largo plazo a menos que sea socialmente inclusivo y ecológico. Para esto último hay que asegurar que los bienes naturales de la tierra pueden proveer adecuadamente los recursos y servicios ambientales de los que dependen los seres humanos.
  • El crecimiento ecológico inclusivo requiere abordar las restricciones de la economía política, superar conductas y normas sociales profundamente arraigadas, y desarrollar instrumentos financieros innovadores para cambiar los incentivos y promover la innovación y, por lo tanto, abordar las fallas del mercado, institucionales y de políticas que conducen a la sobreexplotación de los recursos naturales.
  • Un crecimiento más ecológico es necesario, eficiente y asequible y este debe concentrarse en lo que debe realizarse en los próximos 5 a 10 años para evitar quedar atascados en caminos no sostenibles y causar daños ambientales irreversibles. ¿Cómo sabremos que estamos en el camino correcto? El crecimiento ecológico también requiere mejores indicadores para el seguimiento del desempeño económico. Los indicadores contables nacionales como el producto interno bruto (PIB) solo miden el crecimiento económico a corto plazo, mientras que indicadores como la riqueza integral —incluido el capital natural— ayudan a determinar si el crecimiento es sostenible a largo plazo.

 

El desafío

La expansión de la economía mundial ha generado una mayor prosperidad, pero también desafíos para el desarrollo sostenible. En los últimos 20 años el crecimiento económico sacó de la pobreza a más de 660 millones de personas y elevó los niveles de ingresos de muchos millones más, pero a menudo a expensas del medio ambiente. Una variedad de fallas del mercado, institucionales y de políticas indica que el capital natural de la tierra tiende a ser derrochado y utilizado de manera ineficiente desde el punto de vista económico, sin un cálculo suficiente de los verdaderos costos sociales del agotamiento de los recursos, y sin la reinversión adecuada en otras formas de riqueza. Estas deficiencias ponen en peligro la sostenibilidad a largo plazo del crecimiento y el progreso logrados en el bienestar social. Por otra parte, a pesar de los beneficios del crecimiento, 1.300 millones de personas no tienen acceso a electricidad, 2.600 millones carecen de servicios de saneamiento, y 900 millones no cuentan con agua potable limpia y segura. En otras palabras, el crecimiento no ha sido suficientemente inclusivo.

Los países en desarrollo tienen otras alternativas que no sean “crecer de modo sucio y limpiar después”. Hay mucho que se puede hacer ahora: el aire limpio y la gestión del agua y los residuos sólidos son necesidades básicas, y muchas políticas ambientales mejoran la productividad y la reducción de la pobreza. Y aunque los países pobres deben centrarse en satisfacer las necesidades básicas y ampliar las oportunidades para el crecimiento, no es necesario hacerlo a costa de la degradación insostenible del medio ambiente. Además, el desempeño ambiental no mejora automáticamente con el ingreso, por lo que se necesita la acción política de todos modos. Por último, puede ser imposible o prohibitivamente caro “limpiar después”, ya sea debido a la irreversibilidad de los daños ambientales como la pérdida de la biodiversidad, o porque el “congelamiento” hará que los cambios posteriores hacia estructuras y procesos más respetuosos del medio ambiente sean muy costosos.

La capacidad y la voluntad de valorar el capital natural sustentan la transición hacia un crecimiento más ecológico. Los bienes ambientales —el agua, la tierra, el aire, los ecosistemas y los servicios que prestan— representan una parte significativa de la riqueza de un país. Al igual que el capital físico y humano, el capital natural requiere de inversión, mantenimiento y buena gestión si ha de ser productivo y contribuir plenamente a la prosperidad. Para medir con precisión el avance hacia un crecimiento más ecológico, a los países les resultará útil poner en práctica la contabilidad de la riqueza integral y la valoración de los ecosistemas, junto con sus cálculos más convencionales como el PIB.

Fundamentalmente, no hay un único modelo de crecimiento ecológico. Las estrategias pueden variar entre los países, reflejando las preferencias y contextos locales. Cualquier conjunto de “prácticas óptimas” debe ser adoptado cuidadosamente. Sin embargo, todas las naciones ricas o pobres tienen la oportunidad de lograr un crecimiento más ecológico e inclusivo, sin frenar el crecimiento.

El futuro deseado

Las políticas de crecimiento ecológico inclusivo bien diseñadas mejoran el bienestar social, teniendo en cuenta no solo las generaciones actuales, sino también las futuras. Sin embargo, a los responsables de formular políticas les preocupan también las posibles soluciones de compromiso, los costos y los beneficios compartidos de las políticas ecológicas para el crecimiento y el empleo a corto plazo. Un análisis cuidadoso de cada caso será necesario para encontrar las estrategias óptimas, pero hay suficiente evidencia de que los costos a corto plazo pueden reducirse al mínimo mediante el uso de regulaciones bien diseñadas e instrumentos de política basados en el mercado que promuevan modos menos costosos de proteger el medio ambiente. El crecimiento ecológico puede proporcionar un camino hacia un desarrollo más sostenible que concilie la necesidad urgente de un crecimiento sostenido con la necesidad imperiosa de evitar el “congelamiento” de modelos de crecimiento insostenible y daños ambientales irreversibles. El crecimiento ecológico no se opone al crecimiento, sino que representa un cambio en la forma de gestionar las economías para reflejar una concepción más amplia de lo que constituye un crecimiento sostenible y eficiente.

Cómo lograrlo

Promover el crecimiento ecológico requiere de políticas que sean buenas para el crecimiento propiamente dicho y para el medio ambiente, como la reforma de los subsidios de energía o las barreras comerciales que protegen a los sectores muy contaminantes. Implica reformas difíciles desde el punto de vista político en los modelos de fijación de precios, regulación e inversión pública, y demanda cambios complejos en los comportamientos y las normas sociales. Es importante destacar que el crecimiento ecológico requiere saber cuándo preferir lo políticamente conveniente en vez de lo económicamente óptimo.
El informe Crecimiento ecológico inclusivo describe una estrategia que consta de tres pilares para lograr un crecimiento más ecológico:

Primer pilar: Adaptar las estrategias nacionales de crecimiento ecológico inclusivo a las circunstancias del país, haciendo hincapié en maximizar los beneficios inmediatos y a nivel local y evitar su “congelamiento”. Las soluciones óptimas serán diferentes entre los países con diversos grados de capacidad institucional, transparencia, rendición de cuentas, y capacidad de la sociedad civil.

Segundo pilar: Promover la toma de decisiones eficiente y sostenible de los encargados de formular políticas, los consumidores y el sector privado. El uso de cargos por contaminación y otros instrumentos basados en el mercado son importantes porque ayudan a incentivar la eficiencia y estimular la innovación. Una serie de enfoques complementarios será necesaria para estimular mejores conductas individuales y aprovechar el potencial del sector privado. Fundamentalmente, aunque todavía estamos lejos de determinar con precisión los precios para los servicios de los ecosistemas, estos son claramente valiosos. Los bienes naturales deberían incorporarse sistemáticamente en las cuentas nacionales. La Comisión de Estadística de las Naciones Unidas adoptó el Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica Integrada como norma internacional en febrero de 2012, proporcionando una metodología que cuenta con un amplio consenso. Descuidar el capital natural, al igual que dejar de lado el capital humano y físico, es un error desde el punto de vista económico y es negativo para el crecimiento.

Tercer pilar: Satisfacer las necesidades iniciales de capital con herramientas financieras innovadoras. Dada la escasez de los recursos fiscales, los Gobiernos y las instituciones financieras multilaterales deben trabajar de modo urgente para aumentar el papel del sector privado en las inversiones ecológicas. Las asociaciones público-privadas son cruciales para enfrentar los obstáculos del mercado a las prácticas y decisiones empresariales que sean comercialmente rentables y que tengan un valor ambiental y/o social.

En última instancia, gran parte de lo que se necesita para el crecimiento ecológico es una buena política de crecimiento, cuyo objetivo sea corregir los precios y arreglar los mercados, abordar las fallas de coordinación y las externalidades de conocimiento, y asignar los derechos de propiedad. Pero las políticas de crecimiento ecológico no son una panacea para las deficiencias estructurales de una economía: las medidas ambientales no pueden compensar la inestabilidad macroeconómica, los mercados laborales distorsionados, los sistemas financieros escasamente regulados, o los entornos poco propicios para la actividad empresarial.

Por otra parte, aunque un crecimiento más ecológico puede ser asequible, no lo es alcanzar una economía ecológica de la noche a la mañana. Los rápidos cambios supondrían un crecimiento mucho más lento, al menos en el corto y mediano plazo. Por el contrario, evitar una transición brutal es un fuerte incentivo para empezar a actuar ahora.


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