ARTÍCULO

Trabajadores más calificados y planes sociales, claves para reducir la desigualdad en Argentina

Enero 18, 2013


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Más empleo y una mayor cobertura de los programas de transferencia de efectivo, lograron reducir la tasa de desigualdad en la Argentina.


TITULARES
  • Los tres países han registrado caídas significativas en el índice Gini desde comienzos del 2000
  • Los programas de transferencia de efectivo han sido clave en la reducción de la pobreza
  • La demanda de mano de obra calificada ha tenido un impacto positivo en la reducción de las diferencias

La desigualdad ha sido una marca distintiva en América Latina y el Caribe en toda su historia. La brecha entre ricos y pobres ha alimentado años de inestabilidad política y social en una región caracterizada por enormes reservas de recursos naturales  y gran potencial de su mano de obra.

Pero desde hace más de una década esa brecha ha comenzado a reducirse, respaldada por una bonanza económica sin precedentes que ha impulsado la salida de decenas de miles de familias de la pobreza.

Un estudio del Banco Mundial analiza algunas de las causas concretas que han provocado la disminución de la desigualdad, traducida en una caída del índice Gini –coeficiente de ingreso per cápita por hogares- desde un promedio de 0.530 a finales de los noventa  a 0.497 en el 2010.  De los 17 países en los que existen datos comparables, 13 registraron una caída, frente a un incremento del Gini en otras partes del mundo.

El informe se enfoca en lo que ha sucedido en tres países de ingresos medios de la región como una muestra representativa: Argentina, que registró impresionantes tasas de crecimiento durante el período de análisis y que entre los 70 y los 90 ostentó la mayor tasa de desigualdad en la región; Brasil, que tuvo un importante avance económico que se ha traducido en bienestar social bajo gobiernos de centroizquierda y México, con una menor expansión económica pero una mejor actuación en los mercados internacionales gracias al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Según el estudio, durante la primera década del 2000 en los tres países aumentó el ingreso, se experimentó un incremento en el promedio de años de escolarización, y se redujo la desigualdad entre los ingresos laborales y no laborales, es decir, las rentas provenientes de transferencias de efectivo o intereses, entre otros.


" “La reducción de la desigualdad representó una caída de 40% y 50% en la pobreza extrema y la moderada, respectivamente" "

Argentina, un antes y un después de la crisis

El estudio realizado por Nora Lustig, Luis F. López-Calva y Eduardo Ortiz-Juarez analiza la situación de la Argentina antes y después de la crisis de 2002. Según la Base de Datos Socieconómicos para América Latina y el Caribe (SEDLAC en inglés) entre 1992 y 2002, Argentina registró un incremento del índice Gini que pasó de 0.450 a 0.533, principalmente debido a un aumento en la brecha salarial entre los trabajadores más y menos calificados, así como un debilitamiento de los sindicatos producto de las privatizaciones, la dolarización y la liberalización comercial durante ese periodo. O sea aumentó la desigualdad.

A diez años de la crisis de 2002, y gracias al crecimiento económico de esos años, el Gini cayó para ubicarse en 2010 en 0.442. “La reducción de la desigualdad representó una caída de  40% y 50% en la pobreza extrema y la moderada, respectivamente”, señala el informe.

En medio de un periodo de alto crecimiento económico (8% anual después de 2003 excepto en 2009 debido a la crisis global) y el desplome de la tasa de desempleo (del 20% al 8%), los trabajadores  comenzaron a recuperar terreno en la escena económica argentina. “Aunque la devaluación, inicialmente tuvo un impacto negativo en los salarios reales, este efecto se fue diluyendo en la medida en que el peso más barato contribuyó a estimular la producción en lo sectores que demandaban más mano de obra”, afirma el estudio.

Asimismo, la expansión en la cobertura del programa de transferencias de efectivo conocido como Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, jugó un papel determinante en la distribución de los ingresos no laborales  en la post crisis y luego  lo hicieron los planes “Familias” y “Asignación Universal por Hijo”.

Pero el estudio concluye que “el avance en la distribución puede ser difícil de sostener” sobre todo en un contexto de crisis global que puede repercutir en la actividad productiva de los países. Recomienda mejorar la oferta de servicios de calidad en la educación para formar cada vez más mano de obra calificada que pueda afrontar los retos de un mercado laboral más exigente.


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