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ARTÍCULO

Contrarrestar a las pandillas con la cultura musical en El Salvador

Mayo 23, 2013


175 jóvenes salvadoreños reciban clases de música y son instruidos para la ejecución de instrumentos musicales en horarios adicionales a sus clases.

World Bank Group

Titulares
  • Un proyecto de prevención de la violencia a través de actividades musicales busca la creación de una academia de música y coro juveniles
  • Con apoyo del Fondo Japonés para el Desarrollo Social, 175 jóvenes reciben clases de música
  • Algunos de los participantes ya tocan un instrumento y han recibido clases impartidas por maestros internacionales

La vida no es fácil en las calles de las llamadas “zonas de riesgo” en el Gran San Salvador. Durante años, las pandillas las han dominado para asaltar, amenazar, extorsionar o reclutar a sus próximos integrantes. Por mucho tiempo, a los habitantes de estos barrios les ha tocado estar a la merced de las maras.

Bryan, un joven que apenas rebasa los 20 años, conoce muy bien estas áreas marginales. “Es una zona bastante peligrosa…”, dice. Tan peligrosa, que “llegamos a pensar que quizá podemos no amanecer vivos al siguiente día”, reconoce Cristina, una colegiala que vive en uno de estos barrios.

Además de sus testimonios, la esperanza de un futuro mejor también se escucha en el aula: melodías y notas son producto del talento de estos jóvenes salvadoreños, quienes hacen música para alejarse de los problemas.

Para ofrecerle a los jóvenes alternativas distintas a la de pasar a integrar las filas de una mara, una iniciativa apoyada por el Banco Mundial busca motivar a niños y jóvenes en el aprendizaje cultural y musical. También se busca que desarrollen interés y habilidades por la música y el arte.

Otras iniciativas similares se están expandiendo por diferentes barrios en países vecinos como Honduras y Guatemala, donde los programas para la prevención de la violencia son elementos clave para luchar contra la inseguridad. Con un promedio de 14.000 homicidios al año, Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo. Los costos asociados a seguridad y salud para combatir el crimen y la violencia representan alrededor del 8% del PBI.

Estas exitosas iniciativas para alejar a los jóvenes de las calles son música para los oídos de los expertos:

"Estamos comprometidos con estos niños, niñas y jóvenes que están transformando su presente para tener un mejor futuro. A todos ellos la música les ha ayudado a tener disciplina, motivación, confianza en sí mismos y, sobre todo, una perspectiva de vida. Sus jóvenes maestros son verdaderos líderes que hacen una diferencia en la vida de estos alumnos", dijo María González de Asís, especialista sénior del Banco Mundial en sector público y gerente del proyecto.

Desde el 2010, el Fondo Japonés para el Desarrollo Social (JSDF, por sus siglas en inglés) ha apoyado con casi US$1 millón al proyecto, permitiendo que 175 jóvenes salvadoreños reciban clases de música y sean instruidos para la ejecución de instrumentos musicales en horarios adicionales a sus clases. Es decir, ocupan el tiempo que antes tenían sin utilizar.


" Me gustaría ser una gran chelista "

Cristina

alumna

Música contra la violencia

De estos 175 jóvenes, alrededor de 90 son alumnos del Instituto Técnico Obrero Empresarial, con sede en el Polígono Don Bosco. Los otros 85 jóvenes son de escuelas públicas ubicadas en zonas de riesgo en el Gran San Salvador.

En apoyo a este proyecto, la Asamblea Legislativa aportó varios instrumentos musicales, que complementan a los aportados por el Proyecto y algunos propios de los alumnos.

Luego de varios meses de clases de solfeo, ritmo y melódico, apreciación musical y clases de canto, y de muchas horas de práctica, todos los jóvenes ya tocan un instrumento de música y han recibido clases impartidas por maestros internacionales. Ya se integró un coro e incluso algunos de los alumnos dieron un recital, durante la inauguración de un edificio para el conservatorio de música el año pasado.

Esto representa nuevos horizontes para estos jóvenes salvadoreños, opciones distintas a la violencia en las calles. “Me gustaría ser una gran chelista”, confiesa sonrojada Cristina, “y ser alguien en la vida”.


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