ARTÍCULO

Crisis siria crea un clima muy sombrío para los refugiados y países vecinos

Enero 23, 2014


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TITULARES
  • Los sirios atrapados en el conflicto enfrentan una difícil elección entre quedarse o huir hacia un futuro incierto.
  • Casi 3 millones de sirios han buscado refugio en países vecinos, ejerciendo una enorme presión en los servicios básicos y exacerbando las tensiones sociales.
  • El Grupo del Banco Mundial ha dado ayuda de emergencia para reforzar los servicios sociales en Jordania y a pedido del Líbano realizó una evaluación integral de los impactos de la crisis siria.

Por John Donnelly

El Abdeh, Líbano. A fines del año pasado, Ali Mohamad Abdallah y su esposa Abeer se resguardaron en su casa en la ciudad de Aleppo, al norte de Siria, y enfrentaron la dura tarea de tomar una decisión: ¿quedarse y correr el riesgo de verse atrapados en el fuego cruzado? ¿O huir, a pesar de que Abeer estaba embarazada de nueve meses?

Decidieron escapar.

“Los combates estaban tan cerca que podíamos haber muerto si nos quedábamos: las bombas alcanzaron el segundo piso de nuestro edificio”, dijo Abdallah, de 22 años, mientras estaba sentado dentro de una tienda de campaña en un campamento informal de refugiados sirios, que está ubicado en las afueras de esta ciudad en una estrecha franja de tierra junto al mar Mediterráneo. “De esta manera teníamos una oportunidad, a pesar de que fue difícil para Abeer”.

Su esposa Abeer, de 21 años, estaba tendida a su lado. Acostado entre ambos dormía su pequeño hijo, nacido apenas dos días antes y sin nacionalidad por el momento.

Su opción, lamentablemente, no es inusual. En los últimos dos años, la guerra en Siria ha obligado a casi 3 millones de personas a abandonar sus hogares, a menudo en gran peligro, para entrar en otros países, como el Líbano, Jordania y Turquía, que cargan con la peor parte de esta afluencia masiva. Se estima que otros 3,5 millones de personas se han desplazado dentro de Siria.

En el escenario internacional, la respuesta a la crisis siria es debatida en capitales a cientos de kilómetros de distancia. Por ejemplo, en la ciudad de Kuwait, la semana pasada, los donantes trataron de resolver la crisis humanitaria, y esta semana en Ginebra, las potencias políticas mundiales buscan vías hacia una solución pacífica.

Al mismo tiempo, sin embargo, los refugiados siguen llegando de Siria, y el mayor número va al Líbano. En solo un campamento de registro del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Trípoli, 15 km al sur de El Abdeh, los funcionarios han estado inscribiendo 1000 refugiados sirios diariamente, y hay una lista de espera de tres semanas para conseguir una entrevista. Es uno de los cinco puntos de registro del ACNUR en el país.

La pregunta para las autoridades de los países fronterizos es: ¿durante cuánto tiempo puede continuar esto sin un importante retroceso y un grave deterioro de los servicios para los ciudadanos?

¿Y qué hará el mundo para ayudar?  

Solo el Líbano acoge a unos 1,2 millones de sirios, más de una cuarta parte de su población. Si  Estados Unidos recibiera la misma proporción de refugiados, significaría que 70 millones de personas inundarían el país en 18 meses, o duplicarían la población de Canadá.

A pedido del Gobierno libanés, el pasado otoño el Grupo del Banco Mundial realizó una evaluación del impacto económico y social, observando que la población de refugiados podía llegar a 1,6 millones en el Líbano, equivalente al 37% de la población total, a fines de este año.

En el informe, que se realizó con colaboración de otros asociados para el desarrollo -como los organismos de las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional-, se observó que la demanda de servicios públicos se ha disparado junto con la población. Se estima que este aumento de la demanda puede incrementar el gasto público en aproximadamente US$1100 millones en el periodo 2012-14. Al mismo tiempo, se espera que los ingresos públicos disminuyan unos US$1500 millones, debido a la interrupción del comercio y el deterioro de la confianza de las empresas y los consumidores.


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Ali Mohamad Abdallah y su esposa Abeer.

Mohamed Azakir

" Agradezco a Dios que hemos venido aquí "

Mientras que en Jordania, el Grupo del Banco aprobó dos proyectos de emergencia para ayudar al país a reforzar los sobrecargados servicios para los jordanos. Se trata de US$150 millones en asistencia para apoyar el sistema de atención de salud y a las familias que enfrentan aumentos de precios de los alimentos y la vivienda, y US$50 millones en donaciones dirigidas a los municipios locales para que fortalezcan la entrega de servicios.

En Mafraq, una ciudad al sur de la frontera con Siria, cuyos habitantes han aumentado de 80 000 en 2011 a más de 200 000 en la actualidad debido a  los refugiados, el alcalde Ahmad Hawamdah dijo que el financiamiento se destinará inmediatamente para el alquiler y la eventual compra de camiones compactadores de residuos. Agregó que solo 3 de los 11 vehículos municipales de este tipo estaban funcionando, y que no levantaban la basura con la rapidez requerida.

 “La situación es realmente mala”, dijo Hawamdah. “Como alcalde, mi principal preocupación es la limpieza de la comunidad. Nos preocupa ahora el posible brote de enfermedades”.

Tanto en Jordania como el Líbano, funcionarios y residentes están denunciando crecientes tensiones entre los refugiados sirios y los ciudadanos locales, a raíz de la excesiva población en las escuelas, la competencia por los puestos de trabajo y la sobrecarga en servicios como la electricidad, el agua y el saneamiento. Pero eso se compensa con incontables casos de generosidad de las familias libanesas y jordanas hacia los sirios. Nadie discute que las difíciles situaciones de los refugiados son a menudo desgarradoras.

En las afueras de Mafraq, Alaa Bargout, de 31 años y madre de dos hijos, se detuvo en una entrega de cobijas organizada por la Sociedad de la Media Luna Roja de Jordania, y dijo que los jordanos han sido en general muy solidarios. "Hay mucha afinidad entre ambos pueblos”, indicó.

Pero también señaló que aunque eso ayudaba, su situación era extraordinariamente difícil. Su marido, que era contador en Siria, no podía buscar trabajo porque era ilegal. Esto forzó a trabajar a todos los miembros de la familia, incluidos sus dos hijos de 7 y 6 años.

“Los niños recolectan chatarra”, dijo, llevándose la mano a la boca, con una voz temblorosa. Se alejó, ocultando las lágrimas.

En el Líbano, en el centro de registro de refugiados del ACNUR en Trípoli, Oum Ali, una madre de 10 hijos, dijo que su familia había pasado de una situación difícil a otra, aunque se sentía bendecida de que todos llegaron bien al Líbano. “Es un milagro cómo hemos salido de Aleppo, hay tantos problemas allí que ya no es sostenible”.

Una de sus hijas, Batoul, de 22 años, contó que hace poco cuando viajó a una universidad para postular a dicho centro de estudios “cuando los combates comenzaron en la calle. [...] La lucha llegó a ser muy intensa y perdí toda esperanza. Regresar a casa fue muy difícil. Gracias a Dios llegué sana y salva. Mi padre me dijo ese día que debía olvidarme de continuar mis estudios”.

Batoul señaló, sin embargo, que espera regresar a Aleppo y “que las cosas volverían a ser como eran”.

No son muchos los refugiados que conservan esa firme esperanza, y muchos manifestaron que estaban cansados de tratar de superar los obstáculos en el Líbano. Ali Mohamad Abdallah y su esposa Abeer, que acaba de dar a luz, no pudieron registrarse como refugiados porque no llevaron consigo sus documentos de identidad cuando huyeron de Aleppo. Tampoco pudieron avisar a sus padres sobre el nacimiento de su hijo. Sus familiares se han diseminado por Siria y Turquía.

Por lo menos habían hecho una cosa, aunque era un secreto. Le habían puesto nombre a su bebé.

 “Él es Ahmad”, dijo Abdallah, mirando a su hijo recién nacido que aún dormía. “Agradezco a Dios que hemos venido aquí”.



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