Coronavirus: La respuesta del Grupo Banco Mundial ante la emergencia mundial de hacer frente a la pandemia. Sepa más

ARTÍCULO

Frenar la “marea” de arena roja: Piden nuevas soluciones para abordar degradación del suelo

Julio 20, 2015


Image
Flore de Préneuf / Banco Mundial

TITULARES
  • Las áreas protegidas son un elemento importante en la gestión de los recursos naturales de Madagascar y desempeñan un papel estratégico en la economía del país y la capacidad de soportar fenómenos meteorológicos extremos.
  • No obstante, la agricultura de roza y quema y la persistente presión sobre los recursos forestales han llevado a una erosión y sedimentación generalizada que afecta a la producción agrícola.
  • En los campos de arroz de Marovoay, como en la zona protegida de Ankarafantsika, los pobladores piden enfoques que integren la conservación y el desarrollo.

Marovoay, 20 de julio de 2015. Si se mira desde un avión, Madagascar pareciera que está vertiendo sangre en el océano. El Estado insular, ubicado frente a la costa oriental de África, fue descrito como la “gran isla roja” por Marco Polo, debido a la abundancia de suelos lateríticos de color rojo óxido. En varias partes del país, este suelo rojizo proporciona la materia prima para elegantes casas de ladrillo. Sin embargo, en general, este suelo tiene una cualidad mucho menos pintoresca; cuando se queman los pastizales para dejar espacio para la agricultura y se talan los árboles para obtener combustible o madera, estos cimientos de tierra roja pueden colapsar de repente, creando profundos barrancos. Grandes cantidades de sedimento arenoso —pobre en nutrientes— se deslizan cuesta abajo posteriormente, durante la temporada de lluvias. La arena roja arrastrada por las inundaciones y los arroyos obstruye las represas y los canales de riego y termina cubriendo las parcelas agrícolas, como la de Marie-Rose.

Marie-Rose Rasoanirina es una agricultora que nació y se crio en Marovoay, la segunda región productora de arroz más grande de Madagascar. Ella y su marido poseen una hectárea de arrozales, la mitad de la cual ha quedado cubierta por la arena este año. Aunque ella está tratando de sembrar arroz en lo que parece una cancha de tenis de polvo de ladrillo, espera que la cosecha sea muy pequeña. Su vecino, Jacques Benandrasana, ha renunciado al arroz, un cultivo básico y el fundamento de la dieta malgache. Menos de una décima parte de sus tres hectáreas ha permanecido libre de arena. Jacques está intentando cultivar maíz y caña de azúcar, sin modelos a seguir o sin experiencia previa. Tanto Marie-Rose, madre de cuatro hijos, como Jacques, que tiene tres hijos y un cuarto en camino, ahora prestan sus servicios a otros agricultores en campos alejados, y tratan de compensar sus pérdidas a través de la cría de animales. En general, aproximadamente 1200 de las 20 000 hectáreas restantes de llanuras de arrozales en Marovoay se han visto afectadas por la arena este año, según las autoridades locales.

“Si esto sigue así, estoy segura de que mis hijos no podrán cultivar arroz aquí en el futuro”, dice Marie-Rose.

Aunque la erosión del suelo es un fenómeno natural, una combinación de factores ha agravado el problema en las últimas décadas. La inestabilidad política ha dado lugar a una deficiente aplicación de las leyes y las tasas de deforestación han aumentado. La región de Boeny, donde se encuentran los campos de arroz de Marovoay, ha tenido una de las tasas de deforestación más altas del país, llegando al 1,5 % entre 2005 y 2010. Los ciclones y las precipitaciones irregulares han empeorado la situación. Este año en Marovoay, la cantidad de lluvia caída alcanzó casi los 3000 milímetros en dos meses, en lugar de los típicos 1500 milímetros en cuatro meses. (Un mapa de las trayectorias de los ciclones en los últimos 40 años muestra cuán vulnerable es toda la isla de Madagascar a los fenómenos meteorológicos extremos: está a la par de las naciones del Caribe en esta cuenta).


Image

" Si esto sigue así, estoy segura de que mis hijos no podrán cultivar arroz aquí en el futuro. "

Marie-Rose Rasoanirina

Agricultora de arroz de Marovoay


Un elemento importante en la gestión de los recursos naturales del país ha sido el establecimiento de una gran red de áreas protegidas. A partir de 1990, el Banco Mundial y otros donantes han apoyado la creación y el mantenimiento de 54 áreas protegidas y tres corredores forestales para salvaguardar la extraordinaria biodiversidad de la isla. Madagascar se comprometió en el Congreso Mundial de Parques de 2003 a multiplicar más de tres veces la cobertura de áreas protegidas, del 3 % al 10 % de sus tierras. A pesar de los trastornos políticos y el aumento significativo de la pobreza, el país ha cumplido y superado ese objetivo.

Las áreas protegidas desempeñan un papel estratégico en la economía del país y la capacidad de resistir los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías y las inundaciones. Pero los santuarios están amenazados por la pobreza, la deficiente aplicación de la ley y la falta de alternativas que obligan a las personas a usar y abusar de los recursos naturales para obtener tierras, alimentos y combustibles.

Una de esas áreas es el parque nacional de Ankarafantsika. Este oasis verde en la sabana de color pajizo es la mayor extensión restante de bosque seco de hoja caduca en la parte occidental del país y alberga la mitad de sus aves, una gran cantidad de reptiles y ocho tipos de lémures. El área protegida abarca más de 136 000 hectáreas y atrae a unos 11 000 visitantes cada año, entre ellos investigadores, observadores de aves, turistas y grupos escolares que ayudan a alimentar un pequeño, pero creciente número de empresas de servicios.

Guy Andrianiaina es uno de los 22 guías de turismo ecológico contratados por el servicio de parques. Recuerda que hace apenas 15 años, “no había luz” en su aldea, situada a apenas cinco kilómetros del parque de Andranofasika. “Ahora está llena de vida”, dice. El pueblo de 16 000 habitantes todavía depende mayoritariamente de la agricultura, pero también cuenta con 36 habitaciones de hoteles y una variedad de pequeños restaurantes al borde de la carretera.

Más allá del turismo, la importancia real del parque nacional de Ankarafantsika radica en su capacidad de mantener y regular el agua cuesta arriba de los centros de cultivo agrícola como Marovoay. El parque limita con el río Betsiboka, que proporciona el transporte desde los campos de arroz a la ciudad portuaria de Majunga. También alberga al arroyo Marovoay, que irriga los campos de arroz (y los desagües, a su vez, en el Betsiboka). El director del parque, René Razafindrajery,  dice que la regulación del agua es “el mayor valor estratégico del parque”, y que trabaja arduamente para preservar la integridad de sus servicios ambientales.

Bajo su liderazgo, unos 760 miembros de la comunidad local se han organizado en comités de protección locales, (i) que ayudan a mantener los cortafuegos y responder al fuego, el peor enemigo de los bosques secos. Según Razafindrajery, esos incendios son provocados por los ladrones de ganado para cubrir sus huellas, o por personas que incursionan en los bosques para desenterrar ñames silvestres y cocinarlos en el lugar. El fuego también se usa para limpiar terrenos en la sabana y reclamar la propiedad sobre la tierra en un país en el que los títulos de propiedad son raros y difíciles de conseguir. “La gente busca una vida mejor y van a conquistar los recursos naturales. A menos que haya desarrollo en la periferia del parque, no puede haber una conservación exitosa”, dice. El alcalde de Andranofasika se hace eco de ese sentimiento: “La conservación sin desarrollo es una declaración vacía”.

Lo contrario también es cierto: el desarrollo sin conservación pronto fracasa. Al igual que los barcos que quedan encallados por años de sedimentación en el pueblo de Marovoay, los productores de arroz, como Marie-Rose y Jacques, se enfrentan con más arena que la que pueden manejar. Este año, los habitantes de la comuna de Tsararano, donde se cultiva arroz, pidieron al Ministerio de Agricultura que los ayudara a reparar una brecha en el canal principal de riego y a excavar montañas de tierra y arena. Les tomó 25 días y fue necesaria una pala mecánica para completar la tarea.

“El parque por sí solo no puede luchar contra la erosión”, dice el Sr. Tanjaka, alcalde de Tsararano. “Cada año, el problema simplemente empeora. Necesitamos una solución a la escala adecuada. De lo contrario, es el fin del cultivo del arroz aquí”.

Los programas como el Proyecto de Riego y Gestión del Agua (conocido como BVPI por sus siglas en francés), financiado por el Grupo Banco Mundial y finalizado en 2014, y el actual Programa de Lucha contra la Erosión (PLAE, por sus siglas en francés), (en francés) respaldado por Alemania, han tratado de abordar la erosión mediante la rehabilitación de una serie de barrancos y la plantación de árboles. Pero se podría hacer mucho más y de una manera más sistemática.

“Hemos tenido proyectos diseñados por especialistas en agricultura que incluyen algunas medidas de conservación y conservacionistas que han incorporado componentes agrícolas en sus proyectos para proporcionar medios de subsistencia alternativos. Sin embargo, lo que necesitamos es un desarrollo agrícola y una conservación de la naturaleza en una escala más ambiciosa, y una división del trabajo más estratégica”, dice Gianni Ruta, economista ambiental de la Oficina del Grupo Banco Mundial en Madagascar. Ruta está trabajando con expertos en agricultura, cuencas hidrográficas y riego del Banco Mundial y las contrapartes gubernamentales de varios ministerios para diseñar de manera conjunta la próxima generación de proyectos rurales.

En Madagascar, donde 1,2 millones de hectáreas están bajo riego (más que ningún otro país de África al sur del Sahara, después de Sudán) y casi el 30 % del producto interno bruto (PIB) depende de la agricultura, un enfoque más integral para luchar contra la degradación del suelo y la gestión de los recursos hídricos será crucial para sostener el crecimiento y sacar de la pobreza al 92 % de la población que aún vive con menos de US$2 al día. Para Marie-Rose y sus vecinos, que de otro modo enfrentan sistemas de riego obstruidos, aguas arenosas y bajas cosechas, esto marcaría una gran diferencia.


Api
Api