ARTÍCULO Agosto 15, 2019

El ABC de la infraestructura para el siglo XXI

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Tres simples reglas pueden ayudar a los países de América Latina a diseñar la infraestructura que necesitan a la vez que protegen el medio ambiente.

¿Cómo pueden los países de América Latina y el Caribe construir la infraestructura que necesitan sin perjudicar al medio ambiente?  

Esta no es una pregunta menor para la región, donde 25 millones de personas no cuentan con acceso de agua potable segura y 96 millones carecen de servicios básicos de saneamiento. Esta crisis se da en el mismo territorio que alberga al 34% de las especies de flora y el 27% de las especies de mamíferos del mundo.

Un nuevo informe del Banco Mundial sugiere tres puntos clave para reconciliar las demandas en pos de la conservación del medioambiente y la necesidad de infraestructura de los países:

Aprovechar cada centavo

“Gastar más”. Esta ha sido una respuesta simple y constante a lo largo de los años para resolver los desafíos de infraestructura de los países de América Latina. A partir de allí, la conversación se ha enfocado en atraer más recursos financieros, particularmente del sector privado, para lograr los objetivos propuestos. Sin embargo, gastar más es insuficiente.

En qué se destinan los recursos disponibles y la elección de objetivos y métricas son aspectos igual de importantes a la hora de solucionar las brechas de infraestructura. Según estudios del Banco Mundial, para hacer frente a esta brecha, la región tendrá que destinar, en promedio, un 4,3% del PIB anual entre 2015 y 2030.

Un estudio pormenorizado en los sectores más relevantes (agua y saneamiento, electricidad, transporte, irrigación y protección ante las lluvias) revela que los dos factores más destacados en términos de costo son los objetivos de cobertura y calidad y la eficiencia en el gasto.

Para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, es central mejorar mecanismos complementarios de adquisiciones, planeamiento y ejecución. Asimismo, hay que aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías que, por ejemplo, permiten la descentralización de los servicios. El informe señala que políticas inteligentes de este tipo pueden reducir a la mitad los costos económicos.

Amigable con el medioambiente

Hay otra limitación además de la económica a la hora de tomar decisiones de infraestructura: en 2015, los países de la región adoptaron el Acuerdo de París, por el que acordaron trabajar para limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 grados centígrados. Es decir, ahora deben buscar soluciones de infraestructura que permitan cumplir sus objetivos y a la vez les permita alcanzar sus objetivos para frenar el cambio climático.

El estudio del Banco Mundial ofrece una buena noticia: las alternativas de infraestructura compatibles con la descarbonización y la protección al medio ambiente no son necesariamente más costosas que las de mayor contaminación.

En algunas áreas claves, como el acceso a la energía, América Latina tiene buenos resultados a destacar. La región ha alcanzado un acceso casi universal, llegando al 90% en Perú y Bolivia y casi al 100% en el resto de los países. Además, el uso del carbón para la generación eléctrica es el menor en comparación con otras regiones del mundo. Incluso, algunos países como Paraguay, Brasil y Colombia producen más del 60% de su energía a partir de fuentes renovables.

De cualquier manera, proteger al medioambiente requiere de un monitoreo constante para poder hacer frente a los nuevos desafíos, como la rápida urbanización, que está acelerando la demanda eléctrica no solo en la región sino en todo el mundo. A la vez, la baja de costos de tecnologías renovables requiere que los tomadores de decisiones de políticas públicas estén atentos a las novedades del sector.

Constancia

La tercera clave tiene que ver con la operación y mantenimiento, un desafío pocas veces incorporado a la hora de decidir una estrategia de inversión. Por ejemplo, en el sector de agua y saneamiento, los costos de operación y mantenimiento exceden en la mayoría de los casos a los costos de capital. En el caso del transporte, el mantenimiento equivale casi a la inversión realizada.

Es clave asegurar una fuente de recursos que permita la operación y mantenimiento correcto a lo largo del tiempo, para poder preservar la infraestructura una vez desarrollada. Esto puede suceder a través de instituciones de control, fuentes de fondeo concretas o mayores tarifas que permitan evitar las pérdidas.

Un correcto mantenimiento, un desafío mayor que el de solo inaugurar una obra, genera, a su vez, ahorros importantes, al reducir el costo total de la infraestructura en transporte y agua en más del 50%.

Como se ve, este simple ABC es una guía importante no solo para asegurar la prestación de servicios a los más de 640 millones de habitantes de América Latina y el Caribe, sino también para que el mismo sea constante y pueda generar más y mejores oportunidades para ellos.


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