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Discursos y transcripciones

Una globalización incluyente y sostenible

Octubre 10, 2007


Robert B. Zoellick, Presidente del Grupo del Banco Mundial The National Press Club, ciudad de Washington

Texto preparado para la intervención

Tras haber cumplido los primeros 100 días como Presidente del Grupo del Banco Mundial, quisiera compartir mis impresiones e ideas iniciales acerca de las orientaciones estratégicas.

Estoy muy agradecido por el aliento y el apoyo que he recibido desde muchos frentes. Tengo la impresión de que la gente de todo el mundo -de los países en desarrollo y desarrollados- está consciente de la necesidad y el potencial de esta singular institución. El Grupo del Banco Mundial es una de las grandes instituciones multilaterales establecidas después de la Segunda Guerra Mundial. Sesenta años después, debe adaptarse a circunstancias muy diferentes en una nueva era de globalización.

El personal del Grupo del Banco Mundial me ha ayudado a aprender, me ha mostrado la labor fundamental que realizamos en el terreno y ha propuesto ideas novedosas para determinar el rumbo que hemos de seguir en el futuro. El Directorio Ejecutivo ofrece orientaciones basadas en su amplia experiencia a medida que intentamos materializar los análisis y las buenas intenciones en acciones productivas.

El rostro del Grupo del Banco Mundial

El verdadero rostro del Grupo del Banco Mundial no es el que normalmente se ve en la ciudad de Washington, ni en los salones de las capitales de nuestros principales accionistas.

Cuando visité la provincia de Yen Bai en los montes al norte de Viet Nam en agosto, conocí a una mujer que ahora tiene electricidad para ayudar a moler arroz, bombear agua, hacer funcionar ventiladores y alumbrar su vivienda de una habitación para que sus hijos puedan estudiar por la noche, gracias a un proyecto de electrificación financiado por el Banco Mundial en ese país. El suministro eléctrico ahora facilita las labores de más del 90% de los hogares rurales de Viet Nam. Al igual que en otras sociedades, por encima de todo, la electrificación rural dota de medios a las mujeres que llevan el paso de las labores agrícola diarias.

En Honduras, el Banco Mundial está ayudando a salvar el parque nacional Pico Bonito por intermedio del Fondo del Biocarbono, que brinda apoyo a los agricultores que están dejando de talar las especies nativas de redondo para vender sus semillas y replantar árboles jóvenes. Como manifestó un agricultor, “aún tenemos nuestros árboles y podemos ganar dinero, incluso más que antes. Hasta podemos cuidar las plántulas silvestres”.

En Nigeria, la Corporación Financiera Internacional -la institución del Grupo del Banco que se dedica al sector privado- ayudó a una madre soltera del poblado de Ovoko a obtener microfinanciamiento para encargarse del funcionamiento de un teléfono en su aldea. Los habitantes del lugar solían viajar un día para hacer llamadas telefónicas. Ahora, esta empresaria ayuda a sus vecinos a contactarse con el mundo y gana dinero para pagar la matrícula escolar de sus hijos y medicinas para su propio tratamiento contra el VIH/SIDA.

Cuando se les da la oportunidad y dondequiera que estén, las personas desean construir una vida mejor para ellas mismas y para sus hijos. En terreno fértil, ese impulso puede contribuir al establecimiento de una sociedad global saludable y próspera.

Una globalización incluyente y sostenible: las necesidades

Vivimos en una época de globalización. Sin embargo, sus contornos no están bien definidos. Desde el fin de la Guerra Fría, el número de personas en la economía de mercado en todo el mundo ha aumentado de alrededor de 1.000 millones a 4.000 ó 5.000 millones, lo que ha significado un gran aumento de la fuerza de trabajo productiva, la construcción de nuevos centros de manufacturas y servicios en todo el mundo en desarrollo, el incremento de la demanda de energía y productos básicos, y la creación de amplias posibilidades para aumentar el consumo. Nuevos ahorros se suman a los flujos mundiales de capital para aprovechar las oportunidades de inversión que ofrecen tanto los mercados emergentes como las economías desarrolladas en proceso de transformación. La transferencia de destrezas, tecnología, información y conocimientos prácticos aplicados ha cobrado gran impulso.

Los flujos de comercio en el mundo han aumentado a más del doble desde 1990. La apertura de las economías ha hecho disminuir el costo de los bienes y servicios. Se ha incrementado el número de países que se apoyan en el crecimiento impulsado por las exportaciones. Si bien las compras que se originan en las economías desarrolladas siguen siendo importantes, las nuevas tendencias del comercio son indicativas de la existencia de cadenas de suministro a nivel regional y mundial y del aumento del comercio “sur-sur”. Casi 300 millones de personas han logrado salir de la pobreza extrema.

Sin embargo, muchas permanecen en una situación marginal y algunas están quedando aún más rezagadas. Estas personas pueden contarse como países, regiones y grupos dentro de los países, o como individuos. Su situación de exclusión tiene muchas causas, entre ellas, conflictos, mala gestión de gobierno y corrupción, discriminación, falta de atención a las necesidades humanas básicas, enfermedades, falta de infraestructura, mala gestión económica y falta de incentivos, inexistencia de derechos de propiedad y de un estado de derecho, e incluso la situación geográfica y el clima.

También podemos observar el desafío ambiental que supone este extraordinario aumento del crecimiento: ríos contaminados, cielos que no dejan pasar los rayos del sol y amenazas para la salud y el clima.

La globalización ofrece oportunidades extraordinarias. Sin embargo, la marginación, la pobreza agobiante y el daño ambiental generan peligros. Los más afectados son aquéllos que tienen menos con qué empezar: los pueblos indígenas, las mujeres de países en desarrollo, los pobres de las zonas rurales, los habitantes de África, y sus hijos.

La visión del Grupo del Banco Mundial consiste en contribuir a una globalización incluyente y sostenible, para superar la pobreza, aumentar el crecimiento cuidando el medio ambiente, y dar oportunidades y esperanzas a cada persona.

En el año 2000, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas establecieron ocho objetivos de desarrollo del milenio: metas ambiciosas para reducir la pobreza a la mitad, combatir el hambre y las enfermedades y suministrar servicios básicos a los pobres para el año 2015. Estos objetivos, que son nuestros objetivos, se muestran en carteles instalados junto a la entrada principal de nuestro edificio de la sede, para que cada día recordemos que es precisamente eso lo que procuramos conseguir cuando venimos a trabajar.

Estos propósitos de lograr un sólido desarrollo social deben combinarse con los elementos necesarios para alcanzar el crecimiento sostenible, impulsado por el sector privado, dentro de un marco propicio de políticas públicas.

Analicemos algunas de las necesidades.

Cada año, más de 500 millones de personas en todo el mundo contraen paludismo. Sin embargo, podríamos prácticamente superar esta enfermedad, que es la principal causa de muerte entre los niños africanos. En los próximos años habría que invertir unos US$3.000 millones anuales para que cada familia vulnerable al paludismo pudiera contar con mosquiteras tratadas para cubrir las camas, medicamentos y un poco de insecticida para aplicar en el interior de las viviendas.

El Organismo Internacional de Energía calcula que los países en desarrollo necesitarán inversiones en el sector de energía eléctrica por valor de unos US$170.000 millones cada año durante la próxima década solamente para satisfacer las necesidades de electricidad, y otros US$30.000 millones anuales para lograr la transición a una combinación de fuentes de energía que generen bajos niveles de emisiones de carbono.

Se requieren otros US$30.000 millones anuales para alcanzar el objetivo de desarrollo del milenio que consiste en abastecer de agua potable a 1.500 millones de personas y servicios de saneamiento a los 2.000 millones de personas que carecen de estos servicios esenciales, que también ayudan a mejorar la igualdad de género en los países pobres.

Hacen falta otros US$130.000 millones al año para satisfacer las necesidades de infraestructura de transporte de los países en desarrollo en proceso de crecimiento, incluidos unos US$10.000 millones al año para terminales de contenedores de transporte marítimo, a fin de aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio.

Asimismo, para dar educación primaria a unos 80 millones de niños que no asisten a la escuela -otro de los objetivos de desarrollo del milenio-, los países de ingreso bajo necesitarán alrededor de US$7.000 millones al año.

Cómo puede ayudar el Grupo del Banco Mundial

Evidentemente, la satisfacción de estas necesidades no es sólo cuestión de dinero. Tampoco es la función del Grupo del Banco Mundial financiar por sí solo estas inversiones.

La finalidad del Grupo del Banco consiste en ayudar a los países a ayudarse a sí mismos movilizando capital y promoviendo políticas a través de una combinación de ideas y experiencias, el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece el mercado privado, y el apoyo al buen gobierno y la lucha contra la corrupción, todo ello impulsado por nuestros recursos financieros.

La finalidad del Grupo del Banco consiste en promover ideas acerca de proyectos y acuerdos internacionales sobre comercio, finanzas, salud, pobreza, educación y cambio climático, para que puedan beneficiar a todos y, en particular, a los pobres que buscan nuevas oportunidades.

Deberíamos ampliar las fronteras del pensamiento con respecto a las políticas y los mercados, y explorar nuevas posibilidades, y no limitarnos a reciclar lo que ya ha demostrado ser aceptable imprimiéndole una pequeña ventaja financiera.

He venido recalcando la idea del Grupo del Banco Mundial para insistir en un aspecto. Somos una sola institución que desarrolla sus actividades a través de afiliadas especializadas, como en el caso de muchas grandes compañías financieras. Debemos consolidar nuestra interacción y eficacia como Grupo.

Nuestro Grupo está formado por cuatro partes principales. El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) es nuestra entidad de financiamiento para el sector público, que otorga préstamos a precios de mercado y presta servicios de gestión de riesgos y otros servicios financieros, en combinación con su gran experiencia en materia de desarrollo. La Asociación Internacional de Fomento (AIF) es un mecanismo de asistencia que concede créditos sin intereses y donaciones a los 81 países más pobres, así como un volumen considerable de alivio de la deuda. La Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) es nuestra entidad dedicada al sector privado, que realiza inversiones en capital accionario, otorga préstamos y garantías, y presta servicios de asesoría en países en desarrollo. El Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (OMGI) otorga garantías contra riesgos políticos. Al operar en conjunto, podemos aprovechar estas herramientas para garantizar que el todo sea más grande que la suma de sus partes.

Todos estos componentes tienen en común un cúmulo de experiencia y conocimientos especializados en diversas disciplinas del desarrollo. Entregar, ampliar y probar estos conocimientos -paralelamente con el suministro de financiamiento o por separado- es la parte más importante de nuestra labor.

Primeros pasos

En los últimos dos meses, en estrecha colaboración con nuestro Directorio Ejecutivo, la administración del Grupo del Banco Mundial ha comenzado a tomar medidas para seguir avanzando. Con ello, también estamos reforzando las sinergias entre estas instituciones compañeras.

Este año repondremos los recursos de la AIF, el principal instrumento de financiamiento del Grupo para los países más pobres, y para África en particular. Ésta será la decimoquinta reposición de los recursos de la AIF; cada nueva reposición abarca los próximos tres años.

Hemos estado analizando con unos 40 países donantes, y con los prestatarios, cómo establecer prioridades, mejorar las políticas y aumentar nuestra eficacia con los países que reciben financiamiento de la AIF. La generosidad de los donantes es fundamental para el éxito de esta reposición de recursos y nos sentimos animados por su apoyo para lograr un resultado ambicioso.

He querido que todos los donantes sepan, en términos específicos, que el Grupo del Banco Mundial acompañará sus palabras con acciones concretas a la hora de impulsar la AIF.

Por eso estoy muy complacido de anunciar que nuestro Directorio Ejecutivo se ha mostrado de acuerdo en que el Grupo del Banco debería llevar la iniciativa y considerar un aporte de US$3.500 millones de sus propios recursos para la decimoquinta reposición de los recursos de la AIF (AIF 15). Esta cantidad es más del doble de los US$1.500 millones prometidos para la AIF 14 en 2005. Con esta mayor contribución, desafiaremos a los países donantes para que se comprometan a aumentar considerablemente las cantidades para ayudar a los más pobres, sobre todo en África y en Asia meridional y oriental. Sudáfrica ya ha sentado un buen precedente al prometer un aumento del 30% de su financiamiento para la AIF. Ahora necesitamos que los países del Grupo de los Ocho y otros países desarrollados también traduzcan las palabras expresadas en la cumbre en cifras importantes.

Nuestra contribución a la AIF depende, ciertamente, de los ingresos anuales del BIRF y la IFC, y de su distribución por los respectivos Directorios, pero creo que es posible alcanzar esta meta ambiciosa. Instamos a los demás a hacer un esfuerzo similar.

En segundo lugar, tenemos la firme determinación de aplicar una estrategia de crecimiento más enérgica para la IFC. Su capitalización es adecuada y la Corporación está impulsando sus inversiones en el sector privado de los países que reciben financiamiento de la AIF, los países de ingreso mediano-bajo y las regiones y sectores necesitados de los países de ingreso mediano.

En tercer lugar, intensificaremos la cooperación entre la AIF y la IFC para dar impulso al sector privado en esas economías. El año pasado, el 37% de las inversiones de la IFC se llevaron a cabo en países de la AIF y tenemos previsto aumentar ese porcentaje. La IFC también está poniendo en marcha nueva infraestructura y fondos de capital para microempresas dirigidos a países de la AIF. Además, la AIF y la IFC pueden realizar inversiones conjuntas en apoyo de alianzas público-privadas en proyectos de infraestructura, sobre todo en los sectores de energía, transporte, abastecimiento de agua, agricultura y microfinanciamiento. Estos proyectos pueden respaldar la integración de los mercados regionales, que reviste especial importancia para los Estados pequeños y sin litoral de África.

Cuarto, si bien la capitalización del BIRF es muy sólida, nuestras operaciones de préstamo han estado disminuyendo. Actualmente, alrededor del 70% de las personas pobres viven en países de ingreso mediano. Estos países nos han pedido que sigamos ayudándoles a buscar la manera más adecuada de satisfacer sus diversas necesidades. En consecuencia, el BIRF debería estar creciendo, no contrayéndose. Como ya explicaré, ciertamente nuestros servicios a los países de ingreso mediano deben seguir ampliándose mucho más allá del financiamiento. Sin embargo, la multiplicidad de nuestros precios -reflejo de los ajustes efectuados en 1998- confundió a nuestros clientes. Los préstamos del BIRF, combinados con avanzados conocimientos y experiencia en materia de políticas adaptados a las necesidades específicas de los clientes, siguen siendo de gran valor. La combinación de servicios de financiamiento y conocimientos que podemos ofrecer resulta especialmente importante para ayudar a los países en su proceso de desarrollo social y de expansión de los sectores de energía e infraestructura de una manera ambientalmente adecuada.

Por lo tanto, a fin de atender mejor a las importantes necesidades de los países con mercados emergentes, le he pedido al Directorio que simplifique y reduzca nuestros precios para poder ampliar nuestro financiamiento en pro del desarrollo y el crecimiento. Celebro que el Directorio haya aceptado, aclarado nuestras comisiones y reducido las tasas al nivel que tenían antes de la crisis asiática. Esta medida puede ayudarnos a facilitar la expansión de nuestros servicios. Pero la tarea no termina aquí. También debemos abordar el tema de los costos no financieros de nuestras actividades. Nuestro propósito es actuar mejor, con mayor rapidez y a un costo menor.

Estos pasos son sólo el comienzo. Señalan el camino, con hitos concretos, hacia un horizonte más amplio.

Una globalización incluyente y sostenible: un planteamiento multilateral

La globalización no debe dejar rezagados a los 1.000 millones de personas que viven en la extrema pobreza. Esta afirmación se basa en algo más que el respeto por el valor de nuestros congéneres, hombres y mujeres, y va más allá del reconocimiento de que cualquiera de nosotros podría haber nacido en circunstancias similares. La globalización incluyente es también una cuestión de interés propio. La pobreza da lugar a la inestabilidad, las enfermedades y la devastación de recursos comunes y del medio ambiente. La pobreza puede llevar a la destrucción de sociedades que pueden convertirse en caldo de cultivo para quienes tienden a la destrucción, y provocar migraciones que ponen en riesgo la vida de las personas.

La globalización también ha producido beneficios dispares para los miles de millones de personas de países de ingreso mediano que han comenzado a subir escalones en el proceso de desarrollo desde el término de la Guerra Fría. En muchos lugares, las tensiones sociales están debilitando la cohesión política. En los países de ingreso mediano se encuentra el 60% de los bosques del mundo y se genera el 40% de las emisiones mundiales de CO2 por consumo de combustibles fósiles. Junto con los países desarrollados que producen las mayores emisiones, estas naciones serán fundamentales para elaborar una estrategia mundial con respecto al cambio climático. Estos países de ingreso mediano necesitan seguir creciendo, impulsando el desarrollo incluyente y adoptando políticas ambientales que permitan asegurar una prosperidad sostenible.

La mayor influencia que tienen los países en desarrollo plantea otro interrogante: ¿Qué lugar ocuparán en este sistema mundial en evolución? No se trata sólo de determinar la manera en que los grandes países en desarrollo se relacionarán con los países desarrollados, sino también con los Estados más pobres y más pequeños del mundo. Sin duda, sería una ironía que el Grupo del Banco dejara de desarrollar actividades con los países de ingreso mediano en un momento en que los gobiernos reconocen la necesidad de integrar a estos países de una manera más eficaz en el ámbito diplomático y en las instituciones relacionadas con la seguridad política. ¿Por qué no integrarlos también como asociados en las instituciones de la economía multilateral?

Hace dos años sugerí que China aprovechara sus exitosos resultados transformándose en un “participante responsable” en el sistema internacional. Esto es también, sin duda, un desafío para otros países, si lo que queremos lograr es una globalización incluyente y sostenible. Y junto con la responsabilidad también debería haber una mayor voz y representación. Tenemos que promover el programa orientado a reforzar la participación de los países en desarrollo en la labor y la fuerza de trabajo de todo el Grupo del Banco.

Los países desarrollados también enfrentan las oportunidades y las tensiones de la globalización. A la gente le inquieta el ritmo de cambio, a pesar de que muchas personas de las generaciones más jóvenes se adaptan con sorprendente flexibilidad.

El sentido común del público de los países desarrollados lo lleva a admitir que el aislamiento no es el camino acertado. La sinceridad -y el interés propio- lo llevan a reconocer la interdependencia, incluso en sus deliberaciones sobre la mejor manera de conseguirla.

En comparación con la magnitud de estos desafíos globales, el Grupo del Banco Mundial es una institución pequeña. Pero junto con sus asociados multilaterales -las Naciones Unidas y sus organismos especializados, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio y los bancos regionales de desarrollo- al Grupo del Banco Mundial le corresponde una función importante para promover una globalización incluyente y sostenible. Las instituciones multilaterales han sido golpeadas y escarnecidas. Deben combinar sus deliberaciones con resultados efectivos. Deben resolver las deficiencias internas y sacar partido de sus puntos fuertes. Juntos, debemos demostrar que el multilateralismo puede funcionar con mayor eficacia, no sólo en los salones de conferencias y en los comunicados, sino en los poblados y las ciudades atestadas, en beneficio de los más necesitados.

Las instituciones de alcance mundial deben promover la globalización incluyente y sostenible. El Grupo del Banco Mundial tiene cuantiosos recursos financieros; un personal esmerado, con experiencia y conocimientos; poder de convocatoria; gente destacada en más de 100 países, y 185 Estados miembros. En sus mejores momentos, el Grupo del Banco puede movilizar otros recursos -públicos y privados, financieros y humanos- para producir un efecto multiplicador y de demostración. Cuando tiene éxito, el Grupo del Banco Mundial es un elemento catalizador del dinamismo del mercado que aprovecha las oportunidades de la globalización, de una manera incluyente y sostenible.

Seis temas estratégicos

¿Qué rumbo estratégico debería seguir el Grupo del Banco Mundial? Hoy destacaré brevemente seis temas estratégicos para alcanzar el objetivo de una globalización incluyente y sostenible. Dentro de una semana, celebraremos la Reunión Anual del Grupo del Banco Mundial y el FMI. En tal ocasión, espero examinar esos seis temas de forma más detallada con los Gobernadores del Banco, así como con la comunidad de partes interesadas en general, con inclusión de organizaciones de la sociedad civil, empresas y fundaciones.

En primer lugar, el Grupo del Banco Mundial debe hacer frente al desafío de ayudar a superar la pobreza y estimular el crecimiento sostenible en los países más pobres, sobre todo en África. La AIF es nuestro instrumento básico de financiamiento para las 81 naciones más pobres.

En esos países, debemos centrar firmemente nuestra atención, junto con nuestros asociados, en el logro de los objetivos de desarrollo del milenio. La atención de esas necesidades básicas sentará las bases para el futuro.

No obstante, el mensaje que recibí con ocasión de mi viaje a África en el pasado mes de junio y a Asia en agosto fue que los objetivos de desarrollo social son necesarios pero no suficientes. La buena noticia es que 17 países africanos, donde reside el 36% de la población, consiguieron un crecimiento anual medio del 5,5% entre 1995 y 2005. Estos países necesitan asistencia para crear infraestructura que permita un crecimiento mayor, en particular en lo que se refiere a la energía y las instalaciones físicas que pueden contribuir a la integración regional. Quieren también que los ayudemos a desarrollar los mercados financieros locales, incluido el microfinanciamiento, a fin de movilizar los ahorros africanos en favor del crecimiento de ese continente.

Los líderes africanos ven grandes posibilidades de expansión de la agricultura, en particular mediante el aumento de la productividad. El próximo Informe sobre el desarrollo mundial del Grupo del Banco pondrá de manifiesto que el crecimiento del producto interno bruto basado en la agricultura beneficia a los pobres cuatros veces más que el crecimiento en otros sectores. Necesitamos una Revolución Verde del siglo XXI adaptada a las necesidades especiales y heterogéneas de África, estimulada por un mayor volumen de inversión en investigación tecnológica y divulgación, gestión sostenible de la tierra, cadenas de suministro agrícola, riego, microcrédito rural y políticas que refuercen las oportunidades de mercado al mismo tiempo que permitan hacer frente a las vulnerabilidades e inseguridades rurales. Debe aumentar el número de países que abran también sus mercados a las exportaciones agrícolas.

Otros ocho países africanos, donde vive el 29% de la población, han tenido un crecimiento medio del 7,4% entre 1995 y 2005, debido a sus recursos petroleros. En estos Estados y en otros países de la AIF de otras regiones, el desafío prioritario para conseguir el desarrollo es alentar el buen gobierno y las políticas de lucha contra la corrupción, junto con una expansión de la capacidad del sector público local, para garantizar que los ingresos procedentes de los recursos contribuyan a un futuro sostenible para todos los ciudadanos.

En segundo lugar, debemos hacer frente a los problemas especiales de los Estados que han salido de un conflicto o tratan de evitar su propio desmoronamiento. Cuando los visionarios de Bretton Woods concibieron el BIRF hace más de 60 años, la “R” hacía referencia a la reconstrucción de Europa y Japón. Hoy, la “R” designaría el desafío de la reconstrucción en los Estados castigados por los conflictos modernos.

En su libro The Bottom Billion, Paul Collier mantiene que el 73% de los mil millones de personas a que se refiere el título viven en países que han sufrido guerras civiles. Por desgracia, estos conflictos no sólo generan sufrimientos indecibles para las personas directamente implicadas; tienen efectos secundarios que repercuten también en sus vecinos.

Francamente, nuestro conocimiento sobre la manera de hacer frente a esas situaciones devastadoras es, en el mejor de los casos, limitado. Sospecho que necesitaremos un planteamiento más integrado en el que se incluyan aspectos como la seguridad, los marcos políticos, la reconstrucción de la capacidad local con sistemas de apoyo rápido, la reintegración de los refugiados y la asistencia para el desarrollo flexible. La labor constructiva del Grupo del Banco en Bosnia, Rwanda y Mozambique demuestra que ello es posible. La adaptabilidad de la AIF y la rapidez de sus desembolsos han resultado de importancia vital en las situaciones que se producen después de los conflictos, y estamos colaborando con los donantes para incrementar nuestra eficacia.

Actualmente estamos trabajando en Sudán meridional, Liberia, Sierra Leona, la República Democrática del Congo, Burundi, Côte d'Ivoire, Angola, Timor-Leste, Papua Nueva Guinea, los Estados insulares del Pacífico, Afganistán y Haití, entre otros países, muchas veces mediante fondos fiduciarios establecidos por los donantes y de mutuo acuerdo con las Naciones Unidas. Si se consigue un acuerdo de paz eficaz en Darfur, respaldado con una sólida fuerza de seguridad de las Naciones Unidas y de la Unión Africana, el Grupo del Banco Mundial desearía contribuir con su ayuda.

En tercer lugar, el Grupo del Banco Mundial necesita un modelo de operaciones más diferenciado para los países de ingreso mediano. Los obstáculos que ellos enfrentan en el camino hacia el desarrollo siguen siendo graves. Algunos servicios sociales de importancia crítica y la infraestructura no cuentan con el financiamiento necesario. En muchos casos, el rápido crecimiento económico no ha llegado a ofrecer oportunidades a los pobres. Los problemas ambientales son agudos. Y continúa existiendo el riesgo de inestabilidad de los flujos de capital hacia esos países, como se ha comprobado en los decenios de 1980 y 1990.

Nuestros países miembros de ingreso mediano, conscientes de esos desafíos, quieren que el Grupo del Banco Mundial mantenga su compromiso con ellos a través de un conjunto competitivo de “soluciones para el desarrollo”. Pero ese compromiso debe reflejar las grandes mejoras de su situación financiera y su capacidad institucional en el pasado decenio. Por ejemplo, quieren que el BIRF ofrezca servicios bancarios con precios mucho mejores y más flexibles, con menos trabas burocráticas y plazos más breves. Desean también que la IFC les ayude a encontrar soluciones del sector privado para los mercados insuficientemente desarrollados e incluso para las necesidades sociales. Asimismo, nos exigen niveles cada vez mayores de calidad, coherencia y eficacia en función de los costos en nuestros servicios de asesoramiento. En resumen, quieren resultados, y eso es lo que queremos darles.

En algunos países de ingreso mediano, nuestros servicios se concentran cada vez más en las esferas de la gestión de riesgos y la aplicación de conocimientos mundiales a las necesidades locales. Podemos ofrecer mecanismos de mejoramiento del crédito y de cobertura así como personal especializado imparcial, lo que ayudará a desarrollar la capacidad de gestión de activos. Podemos alentar los mercados de valores locales ayudando a elaborar índices y fondos de bonos en monedas locales. Podemos ofrecer financiamiento en monedas locales para ayudar a combinar nuestros préstamos con la gestión del riesgo cambiario. Para alentar un crecimiento incluyente dentro de los países, podemos colaborar con las autoridades subnacionales. Estamos elaborando ahora instrumentos financieros contingentes para ayudar a atender las necesidades de liquidez de emergencia durante las crisis financieras, así como instrumentos que permitan ampliar la disponibilidad y reducir el costo de cobertura de las catástrofes naturales, como los seguros contra huracanes y terremotos. Algunas de estas actividades podrían llevarnos a explorar la forma más indicada de ofrecer servicios y conocimientos por comisión, con lo que se ofrecería a nuestros países clientes la posibilidad de elegir entre la prestación de servicios con o sin financiamiento.

En cuarto lugar, el Grupo del Banco Mundial deberá contribuir de forma más activa a fomentar los bienes públicos regionales y mundiales, que trascienden las fronteras nacionales y benefician a numerosos países y ciudadanos. Nuestro cometido consiste en garantizar que ese programa esté vinculado con los objetivos de desarrollo.

El Grupo del Banco Mundial ha demostrado ya su potencial de ayudar a combatir las enfermedades transmisibles con sus actividades en los frentes del VIH/SIDA, el paludismo, la gripe aviar y el desarrollo de vacunas. Ahora mismo estamos revisando las maneras de reforzar el vínculo entre la ayuda y el comercio, en particular con un proyecto innovador de la IFC para el financiamiento del comercio, centrado principalmente en África, que en dos años ha respaldado ya actividades comerciales por valor de casi US$2.000 millones.

Estamos colaborando con nuestro Directorio para impulsar significativamente nuestra asistencia a los esfuerzos internacionales frente al cambio climático. En nuestras próximas Reuniones Anuales y en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tendrá lugar en Bali el próximo mes de diciembre, espero esbozar las distintas maneras a través de las cuales el Grupo del Banco Mundial puede ayudar a compaginar las necesidades de desarrollo con el crecimiento con bajo nivel de emisiones de carbono. Debemos prestar especial atención a los intereses de los países en desarrollo, para que puedan responder al desafío del cambio climático sin frenar el crecimiento que les ayudará a salir de la pobreza.

Nuestra actividad relacionada con los bienes públicos regionales y mundiales requerirá estrecha cooperación con otros organismos con conocimientos especializados, como la Organización Mundial de la Salud, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la Organización Mundial del Comercio. Debemos determinar también la ventaja comparativa del Grupo del Banco para centrar mejor nuestros recursos mediante planteamientos selectivos y diferenciados. Dada nuestra especialización en el desarrollo de los países, nuestro desafío operacional más importante será ayudar a las naciones a medida que determinen cuál es la mejor manera de integrar las políticas de bienes públicos -y las oportunidades regionales y mundiales- en los programas nacionales. Estas oportunidades deberían contar también con los empresarios y energías del sector privado.

En quinto lugar, uno de los desafíos más notables de nuestro tiempo es el de ayudar a quienes tratan de promover el desarrollo y las oportunidades en el mundo árabe. En el pasado, estas tierras fueron un emporio de comercio y de conocimientos, lo que demuestra su potencial si pueden superar los enfrentamientos y obstáculos al crecimiento y al desarrollo social. Sin un crecimiento de amplia base, estos países se encontrarán con tensiones sociales y un gran número de jóvenes sin empleo. Los informes árabes sobre desarrollo humano, de las Naciones Unidas, representan valiosos instrumentos de autoevaluación.

Siendo Representante de Comercio de los Estados Unidos, colaboré intensamente con líderes de países situados entre el Magreb y el Golfo que estaban promoviendo la apertura de sus economías y sociedades. Algunos contaban con abundantes recursos energéticos y capital pero poca diversidad económica y capacidad de crear empleo. Otros trataban de mejorar las escuelas, reforzar la adopción de tecnología y ampliar el empleo mediante la flexibilización de las empresas y el comercio. Otros se esforzaban por profundizar los contactos productivos con Asia, mediante inversiones cruzadas, el comercio y el crecimiento de los centros de servicios.

Nuestro informe reciente “Doing Business 2008” revela algunos progresos. Egipto ocupa el primer lugar en la lista de economías que están reformando sus reglamentos para facilitar la actividad empresarial. Arabia Saudita eliminó varias capas de burocracia que hacían de ese país uno de los lugares con mayores trabas para crear una empresa, y ha prescindido de los requisitos mínimos de capital.

Esos acontecimientos son alentadores, pero es mucho más lo que se puede hacer todavía. Una globalización incluyente debe aportar beneficios a toda la población de esos Estados. Cuando los gobiernos árabes tratan de prestar servicios sociales de manera eficaz a toda la población, podemos ofrecerles nuestra experiencia comparativa. Podemos ayudar a crear ambientes propicios para las empresas, sean nacionales o extranjeras. En algunos casos, podemos financiar proyectos de desarrollo, gestionar fondos fiduciarios de donantes o impulsar la expansión de los servicios privados a través de la IFC. Hoy, estamos ayudando a ofrecer servicios sociales básicos y a respaldar el buen gobierno y el crecimiento del sector privado en los territorios palestinos, lo que podría constituir una base económica para la esperanza si las partes interesadas optaran por seguir el camino de la paz.

Finalmente, si bien el Grupo del Banco Mundial tiene algunas de las características de un organismo financiero y de desarrollo, su misión es mucho más amplia. Se trata de una institución singular y especial basada en el conocimiento y el aprendizaje. Recopila y suministra datos valiosos. Por otro lado, no es una universidad. Es más bien un “grupo de expertos” de experiencia aplicada que nos ayudará a abordar los otros cinco temas estratégicos. Dicha capacidad requiere reconocimiento y apoyo especial. No obstante, debemos continuar cuestionándonos a nosotros mismos y preguntarnos: ¿qué hace falta para conseguir un desarrollo y un crecimiento que sean incluyentes y sostenidos?

Este planteamiento requiere humildad, e integridad intelectual. Muchos planes y sueños de desarrollo han fracasado. Eso no justifica la renuncia. Es un motivo más para que nos centremos constante y rigurosamente en los resultados y en la evaluación de la eficacia. Ésa es la mejor manera de ganarnos la confianza y el apoyo de nuestros accionistas, las partes interesadas y los clientes y asociados en el desarrollo.

Estos seis temas estratégicos marcan un rumbo, que habrá que revisar, retocar y mejorar. Para que estas ideas se hagan realidad, debemos comprender las necesidades particulares de nuestros clientes. Aceptamos con agrado la guía y las orientaciones de nuestros accionistas. En este momento de la historia, el Grupo del Banco Mundial continúa siendo muy necesario, y tiene ante sí una gran oportunidad.

Desafíos internos: buen gobierno y lucha contra la corrupción

Para conseguir sus objetivos, el Grupo del Banco Mundial debe afrontar decididamente sus propios desafíos internos. Debemos utilizar nuestro capital con mayor eficacia y centrarnos más en el servicio a los clientes. Deberíamos estrechar nuestros vínculos con las organizaciones de la sociedad civil y las ONG para poder aprender de ellas. En consonancia con la nueva “arquitectura de la ayuda”, debemos colaborar más eficazmente con los programas nacionales de ayuda, los fondos orientados a proyectos concretos, por ejemplo, los relacionados con enfermedades, las fundaciones, las ONG sobre el terreno y las empresas privadas que se interesan por los desafíos del desarrollo.

Debemos ayudar al personal a mejorar sus perspectivas profesionales y aumentar la movilidad dentro de la organización. Necesitamos políticas de recursos humanos más sólidas para ayudar a nuestro personal sobre el terreno a medida que alentamos una mayor descentralización. Necesitamos más participación y representación en nuestro Directorio y mayor diversidad en nuestro personal.

Como se ha observado en un informe reciente de un grupo de personas de gran experiencia dirigido por el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, debemos también tratar de precisar mejor nuestro planteamiento sobre el buen gobierno y la lucha contra la corrupción. Dicho grupo nos ofreció un amplio conjunto de recomendaciones que podrían reforzar la labor de nuestros investigadores internos y ayudarnos a aplicar su trabajo en la mejor forma posible. Estamos procediendo sin demora, acogiendo con agrado las opiniones de otros, examinando ideas con nuestro Directorio e introduciendo mejoras operacionales.

Mi experiencia me ha hecho ver que el personal del Grupo del Banco Mundial reconoce la trascendencia del programa de buen gobierno y lucha contra la corrupción. Sus funcionarios están orgullosos de su misión en pro del desarrollo, quieren garantizar la integridad de su institución y saben que la corrupción tiene efectos especialmente nocivos para los pobres y menesterosos. Juntos, vamos a mejorar.

El Grupo del Banco Mundial puede ofrecer también su liderazgo, integrando en el programa de desarrollo políticas que favorezcan el buen gobierno y el imperio de la ley. El mes pasado, junto con las Naciones Unidas, pusimos en marcha una Iniciativa para la recuperación de los activos robados, que asociará a los países desarrollados y en desarrollo en el intento de recuperar los bienes depredados a causa de la corrupción. Nuestro informe “Doing Business”, que ha merecido gran aceptación, pone de manifiesto que las políticas desacertadas en materia de reglamentación y licencias no sólo coartan a los empresarios sino que aumentan las oportunidades de soborno.

Conclusión: dos voces

Hoy he presentado un panorama del rumbo del Grupo del Banco Mundial. Para comprender lo que somos realmente, permítanme concluir con la voz de otras dos personas. Deramma es una mujer que forma parte de un grupo de autoayuda rural en el estado indio de Andhra Pradesh. Es una de los ocho millones de mujeres que, con el respaldo del Banco Mundial, estableció grupos de autoayuda para aprovechar los recursos puestos en común. Esta forma sumamente básica de servicios de intermediación y servicios de apoyo ha generado ingresos para casi el 90% de los hogares rurales, es decir, aproximadamente 40 millones de personas. Deramma nos confesó: “Antes, vivíamos al día. Ahora, somos autosuficientes, podemos educar a nuestros hijos. Confiamos en que vamos a poder salir de la pobreza”.

Dinalva Moura, madre de tres hijos, ha formado parte del programa Bolsa Família de Brasil, que ofrece pequeñas sumas de dinero a los padres de 11 millones de familias que mantienen a sus hijos en la escuela y los someten a reconocimientos médicos periódicos. El Grupo del Banco ofreció asistencia financiera y técnica para respaldar esta impresionante iniciativa del Gobierno de Brasil. Dinalva nos dijo lo siguiente: “La Bolsa Família me ayuda a comprar alimentos, algunas veces incluso fruta para los niños. Y éstos ya no faltan a la escuela, porque saben que el dinero depende de que vayan”. Éstas son las voces que describen la realidad de nuestros esfuerzos cotidianos por crear nuevas posibilidades para los pobres. Y éstas son las voces que nos transmiten la necesidad imperiosa de un Grupo del Banco Mundial dinámico, que los acerque a otras personas, a ideas y a oportunidades. Eso es precisamente una globalización incluyente y sostenible.

 

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