COMUNICADO DE PRENSA

Según un informe, la educación desempeña una función clave en la promoción de las mujeres, las niñas y las comunidades

Mayo 14, 2014

Las niñas con menos educación tienen muchas más probabilidades de sufrir violencia y de matrimonio infantil

CIUDAD DE WASHINGTON, 14 de mayo de 2014. Un nuevo informe del Grupo del Banco Mundial revela que las niñas que han recibido escasa o ninguna educación tienen muchas más probabilidades de contraer matrimonio durante la niñez, sufrir violencia doméstica, vivir en la pobreza y carecer de opinión sobre el gasto del hogar o su propia atención de la salud que sus pares mejor educadas. Esto las perjudica a ellas, a sus hijos y a sus comunidades.

Aproximadamente el 65 % de las mujeres de todo el mundo con educación primaria o un nivel educativo menor contrae matrimonio durante la niñez, carece de control sobre los recursos del hogar y tolera la violencia física por parte del esposo, en comparación con el 5 % entre las mujeres que finalizan la escuela secundaria, según Voice and Agency: Empowering Women and Girls for Shared Prosperity (Voz y participación: Empoderar a las mujeres y niñas para promover la prosperidad compartida).

El informe presenta numerosos datos y miles de encuestas que dejan en evidencia los obstáculos que enfrentan las mujeres y niñas en todo el mundo, desde la violencia de género —que tiene proporciones epidémicas— hasta leyes y normas sesgadas que les impiden tomar decisiones sobre sus propias vidas.

Además, pone de manifiesto que en 18 de los 20 países con la mayor prevalencia de matrimonio infantil, las niñas sin educación tuvieron hasta 6 veces más probabilidades de contraer matrimonio que las niñas con educación secundaria. Entretanto, cerca de 1 de cada 5 niñas en países en desarrollo se queda embarazada antes de los 18 años y la mayoría de las muertes de niñas de 15 a 19 años en el mundo en desarrollo se debe a causas relacionadas con el embarazo: alrededor de 70 000 niñas mueren cada año.

“Los constantes obstáculos y privaciones que impiden que muchas mujeres del mundo alcancen su potencial tienen graves consecuencias para las personas, las familias, las comunidades y los países”, manifestó el presidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim. “Ampliar la capacidad de las mujeres para tomar decisiones y aprovechar las oportunidades es clave para mejorar sus vidas así como el mundo que todos compartimos”.

“Si el mundo se propone terminar con la pobreza extrema y garantizar que la prosperidad sea compartida por todos, tenemos que contar con la participación plena y equitativa de mujeres y hombres, niñas y niños de todo el mundo”, expresó Kim. El presidente del Grupo del Banco Mundial presentó el informe hoy, junto con la ex secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, y la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

A pesar de los recientes avances en aspectos importantes de la vida de las niñas y mujeres, aún existen desafíos preponderantes, con frecuencia como resultado de los obstáculos y las privaciones generalizados. Estos a menudo violan los derechos más básicos de las mujeres y se potencian y multiplican debido a la pobreza y la falta de educación.

En todas las regiones, las mujeres mejor educadas tienden a contraer matrimonio a mayor edad y a tener menos hijos. “La mejora de la participación —la capacidad de tomar decisiones y actuar en consecuencia— es una razón clave de por qué los hijos de las mujeres mejor educadas tienen menos probabilidades de presentar retrasos en el crecimiento: las madres educadas tienen mayor autonomía para tomar decisiones y más poder para actuar en beneficio de sus hijos”, señaló la directora de Género y Desarrollo del Grupo del Banco Mundial, Jeni Klugman. “Las madres educadas tienen mayor autonomía para tomar decisiones y más poder para actuar en beneficio de sus hijos”.

En Etiopía, por ejemplo, los niños de un año de edad cuyas madres recibieron educación primaria y accedieron a atención prenatal tuvieron un 39 % menos de probabilidades de padecer retrasos en el crecimiento, mientras que en Viet Nam los bebés cuyas madres obtuvieron educación secundaria inferior tuvieron un 67 % menos de probabilidades de padecer retrasos en el crecimiento.

El informe Voice and Agency, basado en el Informe sobre el desarrollo mundial 2012, se centra en varias esferas clave relacionadas con el empoderamiento de las mujeres: ausencia de violencia; control de la salud sexual y reproductiva y derechos sexuales y reproductivos; propiedad y manejo de la tierra y la vivienda, y voz y acción colectiva. Explora el poder de las normas sociales para dictar cómo pueden y no pueden comportarse los hombres y las mujeres, por ejemplo, desalentando a las mujeres a poseer propiedades o a trabajar incluso donde las leyes lo permiten, ya que quienes lo hacen son marginadas.

En 128 países, las leyes tratan a los hombres y a las mujeres de manera diferente, lo que impide, por ejemplo, que una mujer obtenga un documento de identidad, posea o use propiedades, acceda a una tarjeta de crédito o consiga trabajo en forma independiente.

Datos clave:

  • La violencia de género es un fenómeno global y, en la mayoría de las regiones, ningún lugar es más inseguro para la mujer que su propia casa: más de 1 de cada 3 mujeres han sufrido violencia y la inmensa mayoría de los actos de violencia fueron cometidos por sus esposos o novios. Esto es unos 700 millones de mujeres, una cifra cercana a la población total de la región de África al sur del Sahara.
  • Cada vez más las niñas finalizan la escuela y la universidad, pero sus alternativas laborales siguen siendo limitadas por leyes o normas sociales que determinan si les corresponde o no trabajar y qué trabajo es apropiado. El lucro cesante en concepto de productividad e ingresos puede ser enorme.
  • ·         Muchas mujeres carecen de derechos sexuales y reproductivos: datos provenientes de 33 países en desarrollo revelan que casi un tercio de las mujeres no puede negarse a tener relaciones sexuales con su pareja (esta proporción aumenta a más de 7 de cada 10 mujeres nigerianas, malienses y senegalesas) y que más del 41 % de las mujeres en esos 33 países manifiesta que no puede pedirle a su pareja que use preservativo.
  • Cada año, casi 1 de cada 5 niñas menores de 18 años en los países en desarrollo da a luz: Asia meridional representa casi la mitad de los embarazos adolescentes en el mundo en desarrollo. En los países en desarrollo, la mayoría de las muertes entre niñas de 15 a 19 años se debe a causas relacionadas con el embarazo: cerca de 70 000 niñas mueren cada año. Los costos de oportunidad de por vida del embarazo adolescente, medidos en términos de ingresos perdidos, ascienden hasta el 30 % del producto interno bruto en Uganda.
  • Las mujeres y las niñas enfrentan una brecha importante en materia de acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones y de uso y propiedad de dichas tecnologías. En la región de África al sur del Sahara, hay 32 millones menos de mujeres que de hombres con acceso a Internet. En Asia meridional, hay 25 millones menos de mujeres que de hombres con acceso, y en la región de Oriente Medio y Norte de África, 18 millones.
  • La pobreza profundiza las brechas de género: las niñas que viven en hogares pobres tienen casi dos veces más probabilidades que sus pares más ricas de casarse jóvenes. Asimismo, la violencia ejercida por la pareja íntima es más frecuente y grave en los hogares más pobres de entornos tan diferentes como la India y Nicaragua.
  • Los grupos de mujeres y la acción colectiva desempeñan un papel fundamental para impulsar la reforma progresiva. Los fuertes movimientos de mujeres se asocian con políticas más integrales relativas a la violencia contra la mujer. Además, cuando más mujeres son elegidas para ocupar cargos públicos, la formulación de políticas refleja cada vez más las prioridades de las familias y las mujeres y tiene como resultado una mayor capacidad de respuesta a las necesidades de los ciudadanos.

Programa urgente

Los responsables de políticas y las partes interesadas deben abordar este programa basándose en la evidencia acerca de lo que da buenos resultados y realizando un seguimiento sistemático del progreso sobre el terreno. Este programa debe comenzar con la reforma de las leyes discriminatorias, seguida de políticas y acciones públicas concertadas, incluidos enfoques multisectoriales que trabajen con los hombres y los niños y cuestionen las normas sociales adversas.

La ampliación de las oportunidades y la amplificación de las voces de las mujeres y las niñas no es una ecuación de suma cero, porque la igualdad de género conduce a grandes dividendos en materia de desarrollo para los hombres y los niños así como para las familias y las comunidades. Por el contrario, restringir la participación de las mujeres, imponiéndoles limitaciones con respecto a qué trabajos pueden hacer o tolerando la violencia de género, puede causar enormes pérdidas económicas y obstaculizar los esfuerzos de desarrollo.

Aumentar la matrícula escolar y lograr la igualdad de género en la matrícula son objetivos de desarrollo de larga data. Garantizar la matrícula de las niñas en los niveles secundarios superiores resulta aún más fundamental. Es igualmente vital lo que sucede en el ámbito escolar: que tanto las niñas como los varones terminen la escuela sabiendo leer, escribir y hacer cálculos y que los valores del sistema escolar promuevan la igualdad de género y protejan a todos los niños del abuso.

El progreso en el plano de la salud sexual y reproductiva tiende a involucrar acciones multisectoriales: el acceso a la anticoncepción es clave, junto con la generación de conciencia, la capacitación especializada para la vida, la tutoría y la capacitación grupal entre pares y los clubes de actividades y los deportes.

Los derechos sobre la tierra de las mujeres, que respaldan su participación, pueden fortalecerse mediante reformas legales progresivas y la mejora en la gestión de gobierno. La modalidad de titularidad conjunta obligatoria es de ayuda, y los regímenes normativos, consuetudinarios y religiosos deben armonizarse, con requisitos de consentimiento claros para la transferencia o la venta de tierras.

Se necesitan más y mejores datos para medir el progreso y para exigir que los gobiernos y los organismos de desarrollo, como el Banco Mundial, rindan cuentas. Los indicadores básicos de género acordados recientemente a nivel internacional constituyen una base valiosa, junto con las directrices y los indicadores estadísticos acordados, para medir la violencia contra las mujeres. Según el informe, también es necesario realizar evaluaciones más rigurosas de lo que da buenos resultados, particularmente en lo que respecta a voz colectiva, cambio normativo y diseño de los programas.