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Panorama general

La igualdad de género ocupa un lugar central en los objetivos del Banco Mundial de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida de manera sostenible.

Los avances y la perseverancia en materia de igualdad de género son importantes dado que es, por derecho propio, un objetivo fundamental de desarrollo. Promover una mayor igualdad de género es, también, una medida acertada desde el punto de vista económico, que aumenta la productividad y mejora otros resultados de desarrollo, incluidas las perspectivas para generaciones futuras y para la calidad de las políticas y las instituciones sociales. Ninguna sociedad se puede desarrollar de manera sostenible si no cambia la distribución de las oportunidades, los recursos y las opciones para hombres y mujeres de modo que ambos tengan la misma capacidad de dirigir sus propias vidas y contribuir a sus familias, comunidades y países.

Y como se establece en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 (ODS 5): “La igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”.

En las últimas dos décadas, se ha reducido la brecha entre hombres y mujeres a nivel mundial, en particular en la educación primaria y la salud.

Por su parte, el GBM trabaja con clientes de los sectores público y privado para eliminar las desigualdades entre los hombres y las mujeres en todo el mundo, con el objetivo de luchar contra la pobreza e impulsar el crecimiento económico sostenible en sus países clientes.

Sin embargo, los avances en numerosos frentes han sido escasos. Los principales desafíos —desde el cambio climático, la migración forzada y las pandemias hasta la desaceleración del crecimiento de las inversiones, el aumento de las tasas de pobreza y el flagelo de la violencia de género— amenazan con ampliar las brechas de género o consolidar las desigualdades ya existentes. En particular, la actual pandemia de COVID-19 podría revertir los logros obtenidos con mucho esfuerzo en el área de la igualdad de género.

Es tiempo de redoblar los compromisos mundiales para promover la igualdad de género y los derechos de las mujeres, reconociendo que ocupan un lugar preponderante como agentes del crecimiento económico, la estabilidad y la sostenibilidad, y para que los hombres trabajen con las mujeres para acelerar los avances hacia la igualdad de género.

Brechas de género anteriores a la COVID-19

Desarrollo humano

Salud

A nivel mundial, se han realizado avances para mejorar el acceso a servicios de salud de calidad para las mujeres y las niñas; sin embargo, aún queda mucho por hacer. La mortalidad materna disminuyó de 342 muertes por cada 100 000 nacidos vivos en 2000 a 211 muertes en 2017 (i). Casi todas las muertes maternas se pueden evitar, como lo demuestran las grandes disparidades que se registran entre las regiones y entre los países ricos y pobres. Dos regiones, África subsahariana y Asia meridional, representan el 86 % de las muertes maternas en todo el mundo. En África subsahariana, las mujeres sufren la tasa de mortalidad materna más alta: 533 muertes por cada 100 000 nacidos vivos, o 200 000 muertes maternas al año. Esta cifra representa más de dos terceras partes (el 68 %) de todas las muertes maternas que se registran cada año en todo el mundo.

En todo el mundo, los nacimientos asistidos por personal de salud capacitado han aumentado del 63 % en 2000 al 81 % en 2018 (i). Sin embargo, las cifras son aún más bajas, si bien están mejorando, en Asia meridional y África subsahariana. En Asia meridional han aumentado del 41 % en 2000 al 61 % en 2018, y en África subsahariana del 36 % en 2000 al 76 % en 2018. Asimismo, aunque las mujeres representan el 70 % de la fuerza de trabajo mundial de las áreas de salud y asistencia social, solo ocupan alrededor del 25 % de los puestos donde se toman decisiones.

Con 1200 millones de adolescentes en el mundo, que tienen intereses, necesidades e inquietudes diferentes, se han logrado mejoras concretas en algunos aspectos de su salud sexual y reproductiva y sus derechos. Muchos adolescentes comienzan a tener actividad sexual a una edad mayor que la de los adolescentes del pasado. Es menos probable que tengan sexo con una pareja con la que no están casados o con la que no conviven, y es más probable que utilicen preservativos cuando están activos sexualmente. En el caso de las niñas, es menos probable que se casen y tengan hijos antes de los 18 años, y es más probable que utilicen métodos anticonceptivos y obtengan servicios de atención de salud materna. Además, es menos probable que sufran mutilación genital femenina, que está reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos.

A pesar del mayor conocimiento de las necesidades de los adolescentes en materia de salud sexual y reproductiva, algunas cuestiones importantes no han mejorado. En muchos contextos, la menstruación todavía es un tema tabú. Los adolescentes es el único grupo etario en el que las muertes relacionadas con el VIH no están disminuyendo y, teniendo en cuenta los escasos datos disponibles, sus niveles de otras enfermedades de transmisión sexual son elevados y van en aumento. Una proporción inaceptablemente alta de las adolescentes ha padecido violencia física o sexual a manos de su pareja. Todavía se carece de datos adecuados sobre los niveles de aborto inseguro entre las adolescentes, y del riesgo de mortalidad y morbilidad resultante.

Educación

Hoy en día, muchos países registran tasas similares de matrícula en la educación primaria y secundaria de los niños y las niñas. Dos tercios de todas las naciones han alcanzado la paridad de género en la matriculación en la escuela primaria (i). A nivel mundial, sin embargo, las niñas siguen muy rezagadas respecto de los niños en las tasas de finalización de la escuela secundaria. Además, el sesgo de género en el sistema educativo refuerza la discriminación laboral. Cuando los estereotipos de género se transmiten a través del diseño de entornos de aprendizaje en el aula o a través de conductas de los docentes, el personal y los pares, tiene impactos perdurables en el desempeño académico y en el campo de estudio, especialmente en el ámbito de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM).

La pobreza sigue siendo el factor más importante para el acceso a la educación de las niñas. Una investigación reciente (i), que abarcó un análisis de los datos de 24 países de ingreso bajo, permitió establecer que, en promedio, solo el 34 % de las niñas de los hogares del quintil más pobre de dichos países termina la escuela primaria, en comparación con el 72 % de las niñas de los hogares del quintil más rico. Los estudios confirman sistemáticamente que las niñas más rezagadas son aquellas que enfrentan numerosas desventajas, tales como el nivel de ingresos, la ubicación, discapacidades o la pertenencia a una minoría etnolingüística.

La educación de las niñas (i) va más allá de lograr que asistan a la escuela. También se trata de garantizar que aprendan y se sientan seguras mientras están en la escuela; tengan la posibilidad de completar todos los niveles de educación; adquieran las habilidades y los conocimientos necesarios para competir en el mercado laboral; aprendan las habilidades socioemocionales y de preparación para la vida activa necesarias para desenvolverse y adaptarse a un mundo que cambia constantemente; tomen decisiones sobre su propia vida, y contribuyan a sus comunidades y al mundo en general. Las mujeres mejor educadas tienden a estar más informadas sobre nutrición y atención médica, tienen menos hijos, se casan a una edad más avanzada y, si deciden ser madres, sus hijos suelen ser más sanos. Es más probable que participen en el mercado laboral formal y obtengan ingresos más altos. La combinación de todos estos factores puede ayudar a sacar de la pobreza a familias, comunidades y naciones enteras.

Desafíos relacionados con la educación de las niñas: los números describen el panorama

  • A nivel mundial, hay más de 129 millones de niñas que no están escolarizadas: alrededor de 32 millones en edad de asistir a la escuela primaria y 97 millones a la escuela secundaria. En Asia meridional, el número de niñas en edad de asistir a la escuela primaria y secundaria que no están escolarizadas asciende a unos 45,6 millones. En África subsahariana, la cifra llega a 52 millones.
  • Si bien las tasas de finalización de la escuela primaria son similares a nivel mundial (el 89,9 % de los niños y el 89 % de las niñas), en los países de ingreso bajo la tasa de finalización de las niñas es menor, el 63 % en comparación con el 67 % de los niños en el nivel primario.
  • En contextos afectados por situaciones de fragilidad, conflicto y violencia (FCV), la probabilidad de que las niñas no asistan a la escuela es 2,5 veces más alta y, en el nivel secundario, es un 90 % más alta que la de las niñas que no viven en dichos contextos.
  • Se ha calculado que dos tercios de la población analfabeta del mundo son mujeres. La tasa de alfabetización de las mujeres (mayores de 15 años) es de tan solo el 83 %, en comparación con la de los varones, que asciende al 90 %.
  • La brecha de género en la participación en la fuerza de trabajo es amplia, especialmente en Asia meridional, donde se registra la menor participación femenina (24 %).
  • Tanto las niñas como los niños se ven enfrentados a una crisis del aprendizaje. La pobreza de aprendizajes mide la proporción de niños que no saben leer con soltura a los 10 años. Si bien las niñas tienen en promedio 4 puntos porcentuales menos de pobreza de aprendizajes que los niños, las tasas siguen siendo muy altas para ambos grupos. La pobreza de aprendizajes en los países de ingreso bajo y mediano asciende, en promedio, al 59 % en el caso de los niños y al 54,9 % entre las niñas. La brecha es menor en los países de ingreso bajo, donde la pobreza de aprendizajes alcanza un promedio de alrededor del 93 % tanto para los niños como para las niñas.

Aspectos económicos

Oportunidades económicas y laborales

En materia de oportunidades laborales, las mujeres han estado rezagadas respecto de los hombres, como lo demuestra la gran brecha en la participación en la fuerza de trabajo (i) en la mayoría de los países, así como las brechas salariales y la discriminación laboral por sexo, que empujan a las mujeres hacia empleos de menor productividad. En India (i), por ejemplo, el empleo femenino sigue concentrado en industrias relacionadas con el saneamiento, la educación, los productos químicos y el tabaco, mientras que en los sectores de mayor valor, como la investigación y el desarrollo, la computación y el transporte, se registran las tasas más bajas de participación femenina. La eliminación de las restricciones legales respecto de los empleos que las mujeres pueden ocupar permitiría reducir la discriminación laboral y la brecha salarial de género. De acuerdo con el informe La mujer, la empresa y el derecho 2021 (PDF) en 88 países se imponen restricciones al trabajo de las mujeres, por ejemplo, durante la noche o en fábricas y minas.

En todos los países, las mujeres enfrentan brechas salariales. Si a lo largo de su vida las mujeres pudiesen obtener los mismos ingresos que los hombres, la riqueza mundial aumentaría en USD 172 billones (i) y la riqueza en términos de capital humano se incrementaría en alrededor de un quinto en todo el mundo. No obstante, en el informe La mujer, la empresa y el derecho 2021 se estableció que en solo el 90 % de las economías de todo el mundo se exige legalmente igual remuneración por trabajo de igual valor, en consonancia con las normas internacionales.

Las mujeres que trabajan como agricultoras o empresarias son, a menudo, menos productivas que sus contrapartes masculinas. Según una investigación en la que se utilizaron los datos de 126 países (i) y se incluyeron más de 46 000 empresas, existe una considerable brecha de género en la productividad laboral, dado que las empresas dirigidas por mujeres son un 11 % menos productivas que las dirigidas por hombres. En muchos países de África (PDF, en inglés), la productividad de las mujeres que se dedican a la agricultura es más baja debido a que tienen menos acceso a recursos productivos, como los fertilizantes y las semillas. En Etiopía, por ejemplo, las mujeres producen un 23 % menos por hectárea que los hombres.

A pesar de las dificultades, las empresas dirigidas por mujeres están respondiendo a la crisis provocada por la COVID-19 con resiliencia e innovación. Una encuesta realizada a 45 000 empresas en países de ingreso bajo y mediano (i) permitió establecer que la probabilidad de que las microempresas y las pequeñas empresas dirigidas por mujeres utilizaran en mayor medida las plataformas digitales era mucho más alta que en el caso de las dirigidas por hombres.

Cuidados

Las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres a la prestación de cuidados sin remuneración, destinando entre 1 y 5 horas más al día a realizar trabajos no remunerados, como tareas domésticas y atención de los niños y otros miembros de la familia. Las responsabilidades relacionadas con la prestación de cuidados han aumentado durante la COVID-19 debido al cierre de las escuelas, el confinamiento de los ancianos y el aumento de la cantidad de miembros de la familia infectados. El acceso a servicios de cuidado infantil asequibles, confiables y de buena calidad y el transporte seguro pueden mejorar los resultados laborales y de otro tipo tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. A fin de mejorar las oportunidades de empleo para las mujeres no solo se requieren políticas, programas e inversiones públicas, también es necesario lograr que participe el sector privado.

Violencia de género

La violencia de género afecta a más de una de cada tres mujeres (i) en el transcurso de su vida. La violencia contra las mujeres y las niñas tiene graves efectos no solo en su bienestar, sino también en sus familias a través de generaciones y en la sociedad en su conjunto. Se estima que, en algunos países, este tipo de violencia representa hasta el 3,7 % del producto interno bruto (PIB), y se prevé que aumentará durante la pandemia. Sin embargo, 32 países (i) no cuentan con leyes específicas contra la violencia doméstica, y 49 países (i) aún carecen de leyes estrictas que prohíben y penan los casos de acoso sexual en el empleo.

Activos, servicios financieros y servicios digitales

Activos

De acuerdo con el informe La mujer, la empresa y el derecho 2021 (PDF) del GBM, el 40 % de los países (i) de todo el mundo establecen límites a los derechos de propiedad de las mujeres. En 19 países, las mujeres no tienen los mismos derechos de propiedad sobre los bienes inmuebles. En 43 países, cuando el cónyuge sobreviviente es una mujer no tiene los mismos derechos de herencia sobre los activos que tendría si fuese hombre, y en 41 países, las hijas no tienen los mismos derechos hereditarios que los hijos. En 10 economías, los esposos ejercen el control administrativo de los bienes gananciales. No obstante, la evidencia (i) indica que los derechos de propiedad son esenciales para el desarrollo económico. Por lo general, en los países con regímenes legales más igualitarios desde la perspectiva del género (i) se registran niveles más altos de propiedad entre las mujeres. Cuando las mujeres tienen acceso a activos, las comunidades prosperan. El hecho de poseer activos aumenta su capacidad para iniciar y desarrollar actividades comerciales, dado que los pueden dar en garantía para obtener crédito. Les permite invertir en sus familias y así modificar los resultados (i) que lograrán sus hijos. Lo más importante, tal vez, es que les brinda la posibilidad de vivir con libertad y dignidad.

Servicios financieros y digitales

A nivel mundial, las mujeres tienen 9 % menos probabilidades (i) que los hombres de tener una cuenta en una institución financiera o usar servicios de la banca móvil, y la brecha es aún mayor en los países más pobres. Algunas investigaciones indican que los servicios financieros digitales pueden mejorar la participación económica de las mujeres y, por lo tanto, facilitar el desarrollo económico. En comparación con el dinero en efectivo, estos servicios ofrecen varios beneficios potenciales para las mujeres, entre ellos un mayor control de las finanzas y menores costos de transacción. Estos beneficios facilitan a las mujeres invertir en negocios, conseguir empleo y gestionar los riesgos financieros. Según estimaciones de la Corporación Financiera Internacional (IFC), las pequeñas y medianas empresas de propiedad de mujeres enfrentan un déficit crediticio de USD 1,5 billones anuales.

En los países de ingreso bajo y mediano, pocas mujeres tienen acceso a servicios de Internet y telefonía móvil (PDF, en inglés). Incluso antes de la pandemia, las mujeres de los países de ingreso mediano y bajo tenían un 8 % menos de probabilidades que los hombres de poseer un teléfono celular. Asimismo, hay 300 millones menos de mujeres que usan Internet móvil, lo que representa una brecha de género del 20 %.

Identificación y leyes

Identificación

En el mundo actual, sin igualdad de género en el acceso a la identificación, los Gobiernos enfrentarán dificultades para garantizar el acceso universal a los servicios básicos, las oportunidades económicas y el cumplimiento de los derechos y protecciones, y para empoderar a las mujeres de modo que puedan participar plenamente en la economía digital. Los datos (i) de 2020 consignados en el informe La mujer, la empresa y el derecho indican que en nueve países, las mujeres no pueden obtener un documento nacional de identidad como lo hacen los hombres. La encuesta Global Findex de 2017 (i) permitió establecer que el 45 % de las mujeres de países de ingreso bajo no poseen un documento de identidad, en comparación con el 30 % de los hombres.

Leyes y reglamentaciones

Los países continúan avanzando lentamente hacia una mayor equidad de género; sin embargo, las mujeres en todo el mundo se enfrentan a leyes y regulaciones que limitan sus oportunidades económicas, especialmente frente a los nuevos desafíos causados por la pandemia de COVID-19 en materia de salud, seguridad, y protección económica. Las reformas adoptadas para eliminar los obstáculos a la inclusión económica de las mujeres han sido lentas en muchas regiones y desiguales dentro de ellas. En promedio, las mujeres tienen solo las tres cuartas partes de los derechos legales reconocidos a los hombres. Las mujeres ya se encontraban en desventaja antes de la pandemia, y las iniciativas gubernamentales para atenuar algunos efectos de la crisis, si bien innovadoras, han sido limitadas en muchos países. A pesar de la pandemia, 27 economías de todas las regiones y niveles de ingreso promulgaron reformas en todas las áreas y aumentaron las buenas prácticas en materia de legislación en 45 casos durante el año analizado. La mayoría de las reformas introdujeron o enmendaron leyes que afectan las áreas de remuneración y parentalidad. Los avances hacia la igualdad jurídica de género son fundamentales para lograr una recuperación económica exitosa. Las leyes que promueven un aumento de la igualdad de género (PDF, en inglés) conllevan una mayor participación femenina en la fuerza de trabajo, una menor brecha salarial entre hombres y mujeres, y mejores resultados en términos de desarrollo, como la salud y la educación de las mujeres.

RESPUESTA A LA COVID-19

Contexto

Todos los países están trabajando para contener la propagación y el impacto de la COVID-19 (coronavirus). La evidencia que se desprende de brotes similares a la COVID-19 indica que las mujeres y las niñas se ven afectadas de forma particular y, en algunas zonas, enfrentan impactos más negativos que los hombres. De hecho, existe el riesgo de que las brechas de género aumenten durante y después de la pandemia, y de que los avances en materia de capital humano, empoderamiento económico, y participación y capacidad de acción y decisión logrados por las mujeres y las niñas en las últimas décadas se puedan revertir.

La COVID-19 ha sumado una nueva perspectiva a la manera en que el GBM encara su labor en la esfera del género. El GBM está ayudando a los países a abordar la crisis sanitaria inmediata y sus correspondientes impactos sociales y económicos, así como a reconstruir economías que sean más inclusivas y resilientes a las futuras crisis. Si bien la mortalidad masculina ha sido más alta y existe el mismo riesgo de que los niños y las niñas no regresen a la escuela una vez que finalicen los confinamientos, la pandemia afecta a las mujeres y las niñas de una manera desproporcionada por varias razones, a saber:

  • las alteraciones en los principales servicios sanitarios, entre ellos los relacionados con la salud reproductiva, materna y adolescente;
  • la mayor exposición a contagios y estrés mental debido a que las mujeres están sobrerrepresentadas en el sector de salud y también es más probable que se encarguen de proporcionar cuidados en el hogar;
  • el ritmo de pérdida de empleos en el sector femenino ha sido más rápido que en el masculino, y los efectos en las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (pymes) de propiedad de mujeres o dirigidas por ellas también han sido más graves;
  • las labores domésticas y las responsabilidades en materia de cuidados han aumentado;
  • las redes de protección social inadecuadas, en particular en el caso de las personas que se desempeñan en el sector informal, donde las mujeres están sobrerrepresentadas;
  • las brechas de género en el acceso, y en el uso, de las tecnologías digitales;
  • el marcado aumento de la violencia de género.

Las mujeres empresarias de todo el mundo se han visto gravemente afectadas por la pandemia de coronavirus. La Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras (We-Fi) (PDF, en inglés) ayuda a estas mujeres a sobrevivir a la crisis y también a prosperar con mayor resiliencia a largo plazo. La iniciativa We-Fi trabaja para mejorar el acceso de las mujeres a financiamiento, a los mercados, las redes y la información, ayudándolas a alcanzar su potencial y a convertirse en motores del crecimiento económico y la creación de empleo. Al cabo de tres años de su puesta en marcha en 2017, We-Fi ha asignado casi USD 300 millones en contribuciones de donantes a programas que están movilizando otros USD 3000 millones para beneficiar a casi 130 000 pymes de propiedad de mujeres en 39 países de todo el mundo.

En Zambia (i), el Banco está garantizando la continuidad de los servicios de nutrición y salud reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente. En Camboya (i), el Banco está mejorando la disponibilidad de servicios cruciales para prevenir la mortalidad entre las mujeres; las medidas incluyen un mejor acceso a servicios de planificación familiar, la reducción de los embarazos adolescentes, y la detección y el tratamiento eficaces del cáncer cervical.

El Banco Mundial ayuda a las mujeres a regresar a la actividad económica, incluso a través de programas de dinero por trabajo, apoyo ampliado para el cuidado de los niños, insumos agrícolas y mejor acceso a créditos y liquidez para empresas dirigidas por mujeres. En Afganistán (i), Mauritania (i), Mozambique (i) y Togo (i), el Banco proporciona transferencias monetarias a través de pagos móviles para abordar los ingresos bajos y la titularidad de cuentas bancarias de las mujeres. En Nepal (i), el Banco promueve las aptitudes de desarrollo empresarial para mujeres y les proporciona equipos agrícolas más adecuados.

A través del Proyecto de Respuesta de Emergencia y Preparación de los Sistemas Sanitarios frente a la COVID-19 en Sri Lanka (i), se está respaldando la estrategia de testeo, seguimiento, aislamiento y tratamiento establecida por el Gobierno para controlar la pandemia, a través del suministro constante de insumos médicos esenciales, kits de prueba y equipos de protección personal, y mediante apoyo a los esfuerzos de rastreo de contactos y el mantenimiento de 32 centros de cuarentena. Además, se está trabajando para fortalecer el sistema de salud de modo de poder gestionar más adecuadamente las emergencias sanitarias en el futuro. En particular, el proyecto fortalecerá los servicios de salud mental y los servicios para víctimas de violencia de género a nivel de la comunidad, especialmente durante las situaciones de emergencia.

 

Última actualización: Oct 22, 2021

Recursos adicionales

Contactos en la oficina del país

Washington, D.C.
Amy Adkins