Coronavirus: La respuesta del Grupo Banco Mundial ante la emergencia mundial de hacer frente a la pandemia. Sepa más

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Panorama general

  • Los objetivos del Grupo Banco Mundial son poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida. Esta misión orienta todos los estudios analíticos, las operaciones y las actividades de convocatoria en más de 145 países clientes. La pobreza extrema, el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible mundiales, ha disminuido continuamente durante casi 25 años.

    Ahora, por primera vez en el transcurso de una generación, la misión de poner fin a la pobreza sufre su peor revés.

    Se prevé que la pobreza extrema mundial aumentará por primera vez en más de 20 años en 2020 como resultado de las perturbaciones ocasionadas por la pandemia de COVID-19 (coronavirus) y agravadas por las fuerzas de los conflictos y el cambio climático, que ya estaban desacelerando los avances en la reducción de la pobreza.

    La tasa de pobreza extrema mundial disminuyó del 10,1 % en 2015 al 9,2 % en 2017, lo que equivale a 689 millones de personas que vivían con menos de USD 1,90 al día. En 2017, en las líneas de pobreza más altas, el 24,1 % del mundo vivía con menos de USD 3,20 al día y el 43,6 % con menos de USD 5,50.

    En 2018, de cada cinco personas por debajo de la línea internacional de pobreza, cuatro vivían en zonas rurales.

    ·       La mitad de los pobres son niños. Las mujeres representan la mayoría de los pobres en la mayor parte de las regiones y en algunos grupos de edad. De la población mundial pobre de 15 años o más, alrededor del 70 % no tiene ninguna formación o solo una instrucción básica.

    ·       Casi la mitad de los pobres de África al sur del Sahara viven en solo cinco países: Nigeria, República Democrática del Congo, Tanzanía, Etiopía y Madagascar.

    ·       Más del 40 % de los pobres del mundo vive en economías afectadas por la fragilidad, los conflictos y la violencia, y se espera que esa cifra aumente al 67 % en la próxima década. Esas economías representan el 10 % de la población mundial.

    ·       Alrededor de 123 millones de personas pobres en el mundo viven en zonas con alto riesgo de inundaciones.

    A pesar de todo, muchas de las personas que apenas habían escapado de la pobreza extrema podrían recaer en ella como consecuencia de la convergencia de la pandemia de COVID-19, los conflictos y el cambio climático. Según un “pronóstico inmediato” (estimación preliminar) sobre 2020 en el que se incorporan los efectos de la pandemia de COVID-19, se calcula que esta empujará a entre 88 millones y 115 millones más de personas a la pobreza extrema, con lo que el total se situará entre 703 millones y 729 millones.

    Los “nuevos pobres” probablemente:

    -          vivirán en entornos urbanos más que las personas crónicamente pobres;

    -          trabajarán más en servicios informales y en la manufactura, y menos en la agricultura;

    -          vivirán en entornos urbanos superpoblados y trabajarán en sectores más afectados por los confinamientos y otras restricciones a la movilidad.

    Los países de ingreso mediano, como India y Nigeria, se verán afectados de manera significativa, pues podrían llegar a albergar al 82 % de los nuevos pobres.

    Según estimaciones de nuevos estudios, el cambio climático llevará a la pobreza a entre 68 millones y 135 millones de personas para 2030. El cambio climático es una amenaza grave y específica para los países de África al sur del Sahara y Asia meridional, las regiones donde se concentra la mayor parte de la población pobre. En varios países, una gran parte de los pobres vive en zonas afectadas por conflictos y con un elevado grado de exposición a las inundaciones como, por ejemplo, Nepal, Camerún, Liberia y la República Centroafricana.

    La amenaza más reciente e inmediata para la reducción de la pobreza, la pandemia de COVID-19 (coronavirus), ha desencadenado un desastre económico mundial cuya onda expansiva sigue propagándose. Sin una respuesta mundial adecuada, los efectos acumulativos de la pandemia y sus repercusiones económicas, de los conflictos armados y del cambio climático se cobrarán un alto costo humano y económico hasta bien avanzado el futuro.

    Las últimas investigaciones sugieren que, casi con toda seguridad, los efectos de la actual crisis se harán sentir en la mayoría de los países hasta 2030. En estas condiciones, el objetivo de reducir la tasa absoluta mundial de pobreza a menos del 3 % para 2030 —que ya se encontraba comprometido antes de la crisis— es ahora inalcanzable si no se adoptan medidas políticas rápidas, significativas y sustanciales.

    La historia demuestra que actuar sin dilación y de forma colectiva puede ayudar a enfrentar esta crisis.

    Última actualización: Oct 07, 2020

  • Este actual momento de crisis es extraordinario. Ninguna otra enfermedad se había transformado en una amenaza mundial tan rápido como la COVID-19. Nunca una proporción tan elevada de las personas más pobres del mundo había vivido en territorios y países afectados por conflictos. Los cambios en los patrones climáticos mundiales inducidos por la actividad humana no tienen precedentes.

    No existe una solución mágica para acabar con la pobreza, y las estrategias para llegar a los grupos menos acomodados deben diseñarse según el contexto de cada país, teniendo en cuenta los últimos datos y análisis, y las necesidades de las personas. El modo en que el mundo responda hoy a estos graves desafíos tendrá una influencia directa en la posibilidad de contrarrestar los actuales reveses en la reducción de la pobreza a nivel mundial. La prioridad principal e inmediata en todas las regiones debe ser salvar vidas y restaurar los medios de subsistencia. Algunas de las políticas necesarias para conseguirlo ya se están aplicando, como los sistemas de protección social. Por ejemplo, ya hay medidas en curso en Brasil e Indonesia para ampliar los programas de transferencias monetarias existentes.

    Si bien abordar la COVID-19 es fundamental, los países también deben continuar generando soluciones a los obstáculos existentes que impiden reducir la pobreza. El Banco Mundial ofrece recomendaciones para un enfoque complementario de dos frentes: responder eficazmente a la crisis urgente a corto plazo y continuar centrando la atención en los problemas de base para el desarrollo, como los conflictos y el cambio climático.

    ·       Cerrar la brecha entre las aspiraciones y los logros en materia de políticas
    Muy a menudo se produce una gran brecha entre las políticas formuladas y los logros en la práctica; lo mismo se replica entre lo que debidamente esperan los ciudadanos y lo que experimentan a diario. Las aspiraciones normativas pueden ser loables, pero habitualmente se observa una variación considerable en lo que respecta a concretarlas plenamente y los grupos que se benefician con ellas. Por ejemplo, a nivel local, los grupos que tienen menos influencia en una comunidad podrían no llegar a tener acceso a servicios básicos. A nivel mundial, las preocupaciones de la economía política se verán reflejadas en el acceso a suministros mundiales limitados de equipos médicos que obtengan las naciones ricas y pobres. Es clave plantear estrategias de implementación que puedan responder de forma rápida y flexible para cerrar estas brechas.

    ·       Ampliar el aprendizaje y mejorar los datos

    Aún no se sabe mucho sobre el nuevo coronavirus. La velocidad y la escala con la que ha afectado al mundo ha sobrepasado los sistemas de respuesta, tanto en países ricos como pobres. Las reacciones innovadoras a menudo llegan de manos de comunidades y empresas, que pueden tener una idea más concreta de los problemas a los que debería darse prioridad y pueden gozar de mayor legitimidad a nivel local para transmitir y hacer cumplir decisiones difíciles, como el requisito de quedarse en casa. Mientras más rápido aprendamos unos de otros, más útiles serán las medidas. Por ejemplo, la respuesta de la República de Corea a la COVID-19, ampliamente reconocida, se ha atribuido en parte a esfuerzos intencionales por aprender de la “dolorosa experiencia” de respuesta al coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio en 2015.

    ·       Invertir en preparación y prevención

    “Pague ahora o después” puede ser un cliché, pero en la situación actual es evidente que el mundo está aprendiendo de nuevo la lección, de la peor manera. Las medidas de prevención suelen tener una baja recompensa política: se otorga poco crédito a los desastres que se evitaron. Con el tiempo, las poblaciones que no han experimentado este tipo de adversidades pueden volverse autocomplacientes y pensar que los riesgos se han eliminado o son fáciles de abordar. La COVID-19, junto con el cambio climático y los conflictos extendidos, son un recordatorio de la importancia de invertir en medidas de preparación y prevención de forma integral y proactiva.

    ·       Ampliar la cooperación y la coordinación

    Para contribuir a los bienes públicos y mantenerlos se necesita amplia cooperación y coordinación. Esto es crucial para promover un aprendizaje amplio y mejorar las bases de la formulación de políticas a partir de datos, y también para generar un sentido de solidaridad compartida durante las crisis y garantizar que las difíciles decisiones normativas que toman las autoridades sean confiables y seguras.

    En términos generales, si se quiere poner fin a la pobreza extrema, la atención no se puede centrar únicamente en los países de ingreso bajo, dado que más del 60 % de la población extremadamente pobre vive en países de ingreso mediano. Se debe hacer hincapié en las personas más pobres, independientemente del lugar donde vivan, y trabajar con los países de todos los niveles de ingreso para invertir en su bienestar y su futuro.

    El objetivo de poner fin a la pobreza extrema va de la mano de otro objetivo del Grupo Banco Mundial —impulsar la prosperidad compartida (i)—, centrado en aumentar el crecimiento de los ingresos del 40 % más pobre de la población. En general, impulsar la prosperidad compartida se traduce en mejorar el bienestar de los segmentos menos acomodados de cada país, y supone además un marcado énfasis en combatir las persistentes desigualdades que mantienen a las personas sumidas en la pobreza generación tras generación.

    La labor del Grupo Banco Mundial se basa en sólidos programas nacionales para mejorar las condiciones de vida, es decir impulsar el crecimiento, elevar la mediana de los ingresos, crear empleos, incorporar plenamente a las mujeres y los jóvenes en la economía, enfrentar los desafíos ambientales y climáticos, y apoyar una economía más fuerte y estable en beneficio de todos.

    Esto no es una tarea fácil, y el camino por recorrer no será sencillo ni estará libre de complicaciones, pero es la esencia de lo que el Grupo Banco Mundial hace cada día, y continuará haciendo en estrecha colaboración con los países para ayudarlos a encontrar las mejores maneras de elevar la calidad de vida de sus ciudadanos más necesitados.

    Última actualización: Oct 07, 2020

  • El Grupo Banco Mundial trabaja para poner fin a la pobreza de diversas maneras:

    ·       financiando proyectos que pueden tener efectos transformadores en las comunidades;

    ·       recopilando y analizando datos y evidencia crítica necesarios para focalizar estos programas de manera que lleguen a los más pobres y vulnerables;

    ·       ayudando a los Gobiernos a adoptar políticas más inclusivas y eficaces que beneficien a poblaciones completas y sienten las bases para la prosperidad de generaciones futuras.

    Algunos ejemplos son:

    En materia de crecimiento:

    ·       Camboya ha logrado avances notables en la reducción de la pobreza y el impulso de la prosperidad compartida, pero se necesitan reformas clave (i) para mantener el crecimiento en favor de los pobres. El Banco Mundial ayuda al país a abordar desafíos como la limitada diversificación económica, el rápido aumento de la urbanización, las deficiencias en capital humano y las brechas en infraestructura.

    ·       En México se registra una alta desigualdad de ingresos y concentración de la pobreza en unos pocos estados. El Grupo Banco Mundial ha respaldado los esfuerzos del país (i) por desarrollar un sistema de protección social más inclusivo, eficaz e integrado, incluido el relanzamiento de un programa de transferencias monetarias condicionadas, que ayude a mejorar el acceso a la educación superior y al empleo formal.

    ·       En Bihar, uno de los estados más pobres de India, un programa financiado por el Banco Mundial (i) ha transformado los medios de subsistencia de casi 10 millones de mujeres de zonas rurales, movilizándolas para que participen en grupos de autoayuda y proporcionándoles acceso a financiamiento y mercados para que inicien y expandan sus propios negocios.

    En materia de inversión:

    ·       Con un programa piloto en Ecuador (i) se usaron mensajes de texto para transmitir información y alentar a los padres en una región pobre del país, mejorándose considerablemente la nutrición y la salud de la población infantil.

    ·       Desde 2007, un equipo de expertos del Banco Mundial está ayudando a Kenya a fortalecer su capacidad estadística (i) a través de la reestructuración de su Oficina Nacional de Estadísticas. Con apoyo del Banco Mundial, la oficina implementó una serie de encuestas para actualizar indicadores clave de estadísticas oficiales y mejoró el ecosistema de datos. El proyecto, por un valor de USD 50 millones, es financiado por la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial.

    ·       Mapas detallados de algunos países, como Afganistán (i), Bangladesh (i), Croacia (i), Serbia (i) y Vietnam (i), muestran la diversidad económica y las deficiencias en los servicios que existen en dichos lugares. Esto, que forma parte del proceso de evaluación de la pobreza, ayuda a las autoridades a focalizar mejor las políticas y los programas para llegar y beneficiar a los pobres.

    En materia de protección:

    ·       Las altas tasas de malnutrición (i) registradas en Yemen han atraído la atención mundial, lo que pone de relieve las repercusiones que ha tenido para su población la guerra civil que padece desde hace cinco años y medio. El Proyecto de Respuesta de Emergencia a la Crisis (i) proporcionó montos de efectivo a las mujeres embarazadas y a las mujeres con hijos menores de 5 años para comprar alimentos y les brinda formación sobre nutrición infantil. Hasta la fecha, esta respuesta de emergencia ha llegado a más de 165 000 mujeres embarazadas o lactantes y 175 000 niños.

    ·       Las comunidades afectadas por conflictos en Mindanao se encuentran entre las más pobres de Filipinas, ya que sufren problemas de infraestructura y falta de servicios básicos. El Banco Mundial y otros asociados han orientado su labor a mejorar el acceso a los servicios y las oportunidades económicas, y a fortalecer la cohesión social. Estos proyectos (i) han contribuido a construir sistemas de abastecimiento de agua, centros comunitarios, servicios de saneamiento, caminos de acceso, servicios de poscosecha y equipos de agricultura y pesca, beneficiándose a 650 000 personas de 284 aldeas en un periodo de 10 años.

    Somalia, uno de los países más pobres de África al sur del Sahara, fue el primero en aplicar una innovadora serie de metodologías de encuestas (i) rápidas. Los estudios, que superaron obstáculos importantes en materia de seguridad e implementación, generaron el análisis más completo sobre el bienestar de los somalíes que se ha realizado en décadas y que ahora se está utilizando en otros países.

    Última actualización: Oct 07, 2020

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