Los productores rurales Tânia y Henrique Gravel, de Guaçuí en Espírito Santo, son lo que se podría llamar “multiplicadores de agua”. En 1999, cuando se mudaron a una propiedad de 25 hectáreas enclavada en las montañas de la Sierra del Caparaó, el terreno tenía solo un manantial. Hoy hay 14. Su logro no es un milagro, sino el resultado del trabajo diario de reforestación y conservación de la Mata Atlántica.
“La miel es nuestro producto insignia”, dice Henrique con orgullo. Además de producir miel —que venden en los mercados locales y se utiliza en la merienda escolar de la región—, las abejas desempeñan un papel crucial en la polinización del área. Alrededor de las colmenas hay cerca de 80 tipos de árboles frutales, no solo de la Mata Atlántica sino también de biomas como la Amazonía. “Pruebo, cultivo y vendo. Tenemos cambuci, mango, aguacate...”, enumera.
Los esfuerzos de la pareja, junto con los de otros agricultores de Espírito Santo, cobraron impulso gracias a las inversiones realizadas desde 2011 por el gobierno estatal con apoyo del Banco Mundial. Durante este período, el Programa Reflorestar ha invertido más de R$ 100 millones (USD 18,4 millones) en acciones dirigidas a proteger las cabeceras de las cuencas hidrográficas. El objetivo es mejorar la gestión integrada del agua y reducir los riesgos de inundación mediante el fomento del almacenamiento de agua en las cuencas y la disminución de sedimentos en los embalses que abastecen a la región metropolitana de la capital, Vitória.
Una de las actividades del programa es el pago por servicios ambientales (conocido como PSA), que compensa a productores rurales, como Tânia y Henrique, por restaurar y preservar bosques nativos.
“Además de apoyar a los productores, Reflorestar ha ayudado a Espírito Santo a mantener la calidad del agua en los embalses utilizados para el abastecimiento, generando beneficios económicos concretos al reducir el gasto en inversiones de infraestructura, el dragado de sedimentos en embalses y la necesidad de tratamiento y productos químicos. También hemos observado que las carreteras sufren menos erosión y se mantienen transitables durante la temporada de lluvias. Aún estamos estudiando otros impactos positivos”, afirma Catalina Ramirez, del equipo de Agua y Saneamiento del Banco Mundial y gestora del Proyecto Aguas y Paisajes II, que apoya el Programa Reflorestar.
Viviane Virgolim, cogestora de Aguas y Paisajes II, explica por qué el trabajo de la familia Gravel hizo que los manantiales volvieran a la vida en su propiedad, con impactos positivos en la capital del estado, ubicada a 220 km: “Plantar árboles ayuda a que el agua infiltre y se retenga en el suelo, evitando el transporte de sólidos que normalmente ocurre en las fuentes de agua cuando un área ha sido deforestada. Por eso la reforestación mejora no solo la calidad, sino también la cantidad de agua en las cuencas hidrográficas”.
En los últimos 15 años, Reflorestar ha atendido a más de 5.000 propiedades, promoviendo la restauración de 12.000 hectáreas y la conservación de 13.000 hectáreas.