ARTÍCULOEnero 07, 2026

En Espírito Santo, Brasil, multiplicar manantiales no es un milagro: es una política pública inteligente

The World Bank

Henrique y Tânia Gravel en Guaçuí, Espirito Santo 

Fotos: Mariana Ceratti/Banco Mundial

Un programa apoyado por el Banco Mundial combina la reforestación con medios de vida diversificados para almacenar más agua en las cuencas, reducir los riesgos de inundaciones y sequías, y crear empleo

Los productores rurales Tânia y Henrique Gravel, de Guaçuí en Espírito Santo, son lo que se podría llamar “multiplicadores de agua”. En 1999, cuando se mudaron a una propiedad de 25 hectáreas enclavada en las montañas de la Sierra del Caparaó, el terreno tenía solo un manantial. Hoy hay 14. Su logro no es un milagro, sino el resultado del trabajo diario de reforestación y conservación de la Mata Atlántica.

“La miel es nuestro producto insignia”, dice Henrique con orgullo. Además de producir miel —que venden en los mercados locales y se utiliza en la merienda escolar de la región—, las abejas desempeñan un papel crucial en la polinización del área. Alrededor de las colmenas hay cerca de 80 tipos de árboles frutales, no solo de la Mata Atlántica sino también de biomas como la Amazonía. “Pruebo, cultivo y vendo. Tenemos cambuci, mango, aguacate...”, enumera.

Los esfuerzos de la pareja, junto con los de otros agricultores de Espírito Santo, cobraron impulso gracias a las inversiones realizadas desde 2011 por el gobierno estatal con apoyo del Banco Mundial. Durante este período, el Programa Reflorestar ha invertido más de R$ 100 millones (USD 18,4 millones) en acciones dirigidas a proteger las cabeceras de las cuencas hidrográficas. El objetivo es mejorar la gestión integrada del agua y reducir los riesgos de inundación mediante el fomento del almacenamiento de agua en las cuencas y la disminución de sedimentos en los embalses que abastecen a la región metropolitana de la capital, Vitória.

Una de las actividades del programa es el pago por servicios ambientales (conocido como PSA), que compensa a productores rurales, como Tânia y Henrique, por restaurar y preservar bosques nativos.

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“Además de apoyar a los productores, Reflorestar ha ayudado a Espírito Santo a mantener la calidad del agua en los embalses utilizados para el abastecimiento, generando beneficios económicos concretos al reducir el gasto en inversiones de infraestructura, el dragado de sedimentos en embalses y la necesidad de tratamiento y productos químicos. También hemos observado que las carreteras sufren menos erosión y se mantienen transitables durante la temporada de lluvias. Aún estamos estudiando otros impactos positivos”, afirma Catalina Ramirez, del equipo de Agua y Saneamiento del Banco Mundial y gestora del Proyecto Aguas y Paisajes II, que apoya el Programa Reflorestar.

Viviane Virgolim, cogestora de Aguas y Paisajes II, explica por qué el trabajo de la familia Gravel hizo que los manantiales volvieran a la vida en su propiedad, con impactos positivos en la capital del estado, ubicada a 220 km: “Plantar árboles ayuda a que el agua infiltre y se retenga en el suelo, evitando el transporte de sólidos que normalmente ocurre en las fuentes de agua cuando un área ha sido deforestada. Por eso la reforestación mejora no solo la calidad, sino también la cantidad de agua en las cuencas hidrográficas”.

En los últimos 15 años, Reflorestar ha atendido a más de 5.000 propiedades, promoviendo la restauración de 12.000 hectáreas y la conservación de 13.000 hectáreas. 

Los recursos del proyecto marcaron toda la diferencia. No habríamos podido hacer todo esto por nuestra cuenta
Tânia Gravel
Productora rural
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Fabio de Souza de la Asociación Feliz Lembrança 

Café de calidad

A unos 25 km del centro de Guaçuí se encuentra el municipio de Alegre, sede de la comunidad rural Feliz Lembrança, donde 62 familias comparten 152 hectáreas. Allí, personas de todas las edades forman parte de un esfuerzo que genera empleo y prosperidad mientras preserva la naturaleza.

“En 2003, había un grupo de jóvenes en la Iglesia São José, y hablábamos mucho del éxodo rural, especialmente entre las mujeres, que se iban a buscar otras oportunidades en la ciudad”, recuerda Fabio de Souza, de la Asociación Feliz Lembrança. Hasta ese momento, la tierra se utilizaba para pasturas de ganado de carne y mostraba signos de erosión severa, sin mencionar la gran cantidad de basura esparcida por el área. “Recogimos alrededor de 15 camiones. La conciencia ambiental estaba realmente rezagada”, agrega.

Las reuniones iniciales en la iglesia llevaron a los residentes a formar una asociación para participar en proyectos de agricultura familiar. También recuperaron técnicas de cultivo utilizadas por sus antepasados, como el intercalado del café conilon con otros cultivos alimentarios como banana, aguacate y naranja. Los agricultores también crían gallinas camperas y practican la apicultura, tanto para consumo propio como para la venta.

Pero la estrella es el café, que ahora compite en concursos locales y lleva un sello de calidad.

“Áreas que estaban repletas de cárcavas y donde el suelo se lavaba directamente hacia el río han sido restauradas. Eso es un servicio a la humanidad y necesita apoyo”, resume Fabio. “Con los fondos de Reflorestar, pudimos comprar muchas plántulas y cercar manantiales... El tratamiento de aguas residuales ahora está al 100%, y el agua que fluye desde aquí es limpia.”

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“Historias como esta sirven de ejemplo para nuestro trabajo en otros estados”, dice Catalina.

En la fase actual del proyecto, la idea es mejorar aún más las inversiones en soluciones basadas en la naturaleza, con pequeñas intervenciones físicas que ayudan a retener el agua, como zanjas de contorno y microcaptaciones. También se están implementando biodigestores. Todo esto apunta a aumentar la resiliencia frente a los impactos climáticos de inundaciones y sequías, así como a mejorar la calidad del agua después del uso productivo y doméstico.

“Solo podremos evaluar los resultados dentro de unos años, pero las expectativas son buenas”, dice Viviane. Los próximos capítulos de la historia de Reflorestar están por escribirse, pero ya hay algo seguro: invertir en la restauración de la Mata Atlántica multiplica no solo los manantiales, sino también las oportunidades para las familias a las que sirve.

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