ARTÍCULOEnero 23, 2026

Por un futuro con empleo de calidad y menos pobreza en Panamá

Representantes de la sociedad civil y del sector privado comparten sus perspectivas sobre los retos y oportunidades para impulsar mejores empleos en Panamá, destacando la urgencia de reformar la educación y fortalecer las capacidades del capital humano.

En Panamá, miles de jóvenes salen cada año al mercado laboral sin las herramientas que necesitan para prosperar. De hecho, un niño nacido hoy en Panamá podría alcanzar solo la mitad de su potencial debido a las brechas en educación y salud, una realidad que impacta más a los grupos vulnerables.

Este rezago en el capital humano contrasta con la evolución económica del país. La economía panameña ha experimentado un crecimiento económico notable en las últimas décadas, pero las cifras arrojan que la creación de empleo se ha concentrado en sectores de bajos salarios con alta informalidad, una de las principales barreras para que el país traduzca su éxito en prosperidad compartida.

¿Cómo abordar estos desafíos? El Grupo Banco Mundial reunió a representantes de la sociedad civil y el sector privado en Panamá para discutir las oportunidades y prioridades que permitirán lograr un futuro con mejores empleos que contribuyan a reducir la pobreza en el país. El consenso fue generalizado: la educación prevalece como una de las áreas de acción prioritarias para que los panameños puedan asumir más y mejores empleos, formales, que permitan mejorar la productividad del país y el progreso de su capital humano.

Una revolución educativa: inminente y necesaria

Un buen empleo es la forma más segura de salir de la pobreza y es fuente de dignidad y propósito, pero en Panamá existen importantes “deficiencias en educación y en capacitaciones eficientes que permitan que los panameños se desempeñen a cabalidad”, según indicaba Carlos Araúz, presidente de la Fundación Calicanto.

Los asistentes coincidieron en que es necesario garantizar el acceso a la educación. “Es de suma importancia seguir atendiendo la educación a un nivel masivo; creo que la aspiración es que todos los panameños tengan una educación de calidad”, explicó Jean Pierre de Roux, empresario y presidente de la junta directiva de Nueva Generación. Sin embargo, el desafío no es solo de cobertura. También implica comprender las causas del rezago educativo.

Nos hemos quizás obsesionado con la idea de proveer escolaridad por el simple hecho de proveerla, sin entender a lo mejor cómo quedó esa persona atrás”, añadía Araúz, quien indicaba que las reformas deben abarcar “desde la primera infancia a la primaria o la secundaria, sin menospreciar las universidades, que también han quedado atrás en materia de tecnología y de actualización”.

Una educación adaptada a los requerimientos de la sociedad actual

El reporte “El futuro del trabajo en América Central y la República Dominicana” señala que el progreso tecnológico puede ser una oportunidad para los trabajadores de la subregión, pero en Panamá, la adopción de estas tecnologías es aún escasa. Esta carencia es algo que debe recogerse en la reforma, según indican los expertos.

El enfoque deber estar en la educación, pero en una educación adaptada a los requisitos del siglo XXI, que incorpore la tecnología en el aprendizaje, la innovación y la capacidad de ir incorporando adaptaciones según las necesidades del país”, señalaba Rosemary Piper, directora ejecutiva del Centro Nacional de Competitividad.

Desde el sector empresarial, la apuesta es clara. Para Manuel Ferreira, director de Asuntos Económicos y Analítica de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, la clave está en fortalecer la educación técnica: “La educación dual, aquella que combina estudio y trabajo, es esencial. Si logramos preparar a estas personas bajo este modelo, mejorarán sus oportunidades laborales y también el entorno económico”.

Un esfuerzo colaborativo por el desarrollo del país

Panamá tiene un gran potencial de desarrollo, pero para aprovecharlo al máximo necesita un capital humano preparado. Las organizaciones sociales conocen bien los desafíos en el terreno.Las pruebas educativas internacionales y el desempleo juvenil demuestran que los jóvenes están rezagados con respecto a países similares”, señala Camila de Vengoechea, presidenta de CAPADESO, la Cámara Panameña de Desarrollo Social. “Por eso existen tantas organizaciones sin fines de lucro apostando por la educación: la necesidad es real”, añadió, resaltando la experiencia de estas organizaciones en impulsar a colectivos desproporcionadamente afectados por la desigualdad, como las mujeres, los jóvenes o los habitantes de las comarcas y las zonas rurales.

Además, esta apuesta por el capital humano tiene un efecto multiplicador: impulsa el emprendimiento y diversifica la economía. “No hay que abandonar los esfuerzos para que las personas emprendan, también necesitamos empleadores que impulsen el crecimiento del país”, destacaba Piper, quien indicaba que “a medida que preparemos mejor a las personas a nivel técnico y de carreras superiores, podremos transitar hacia sectores más avanzados de mejores salarios y de mayor educación”.

El diagnóstico está sobre la mesa, y también el consenso: Panamá no puede darse el lujo de esperar. “La educación pública tiene que ser reformada, fortalecida; es una aspiración de todos y una deuda pendiente”, recordó de Roux.

Solo a través de una educación renovada, inclusiva y alineada con las demandas del siglo XXI, todos los panameños tendrán la oportunidad de desarrollar su talento, asumir mejores empleos y contribuir al desarrollo económico del país. El desafío es grande, pero también lo es el potencial de Panamá. Con el consenso y la voluntad de avanzar ya presentes, es momento de transformar la educación en motor de creación de empleo.

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