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Los acreedores privados regresaron con fuerza y los mercados de bonos reabrieron, pero los países endeudados más pobres enfrentaron los costos más elevados en décadas.
WASHINGTON, DC, 5 de noviembre de 2026. La deuda externa de los países en desarrollo aumentó un 5,5% hasta alcanzar la cifra récord de US$9,4 billones en 2025, el ritmo más acelerado desde 2021 y aproximadamente cuatro veces el promedio de 2022-24, según el Informe sobre la deuda internacional 2026 del Grupo Banco Mundial. El acceso al financiamiento internacional ha mejorado, pero no así su costo, y la elevada carga de la deuda en los países más pobres amenaza con desplazar las inversiones esenciales en capital humano.
El financiamiento privado impulsó gran parte del aumento. Los préstamos de acreedores privados crecieron considerablemente y la emisión de bonos de entidades públicas aumentó casi un 35%, hasta alcanzar los US$251.000 millones, el nivel más alto en cinco años, tras la reapertura de los mercados para numerosos países en desarrollo. La deuda externa creció más rápidamente entre los países más vulnerables, con un incremento del 8,1% hasta llegar a los US$1,3 billones en los países que pueden recibir financiamiento en condiciones concesionarias de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Grupo Banco Mundial.
“El retorno del financiamiento privado a los países de ingreso bajo y mediano es bienvenido, pero estos países están obteniendo más préstamos, pagando más y, en muchos casos, dejando menos recursos disponibles para el desarrollo a largo plazo”, dijo Haishan Fu, estadística en jefe y directora del Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo del Grupo Banco Mundial. “Gestionar la deuda de manera responsable significa dar a todos —incluidas las generaciones futuras— la oportunidad de prosperar”.
Muchos Gobiernos emitieron nuevos bonos para recomprar títulos de deuda próximos a vencer, lo que suavizó los perfiles de pago sin reducir de forma significativa los saldos de la deuda, a menudo a tasas de interés más altas. Los datos de comienzos de 2026 muestran una demanda continua de financiamiento mediante bonos internacionales por parte de los países de ingreso bajo y mediano, a pesar de los elevados costos. Hasta mediados de agosto, más de 10 países habían superado sus emisiones realizadas durante todo 2025, mientras que varios más habían regresado a los mercados internacionales.
Los países que pueden recibir financiamiento de la AIF pagaron, en promedio, un 8,2% por los nuevos compromisos con acreedores privados en 2025 —la tasa más alta desde 1989— y un 9,4% por los nuevos bonos. La brecha entre las tasas pagadas por los países que pueden recibir financiamiento de la AIF a los acreedores oficiales y a los acreedores privados se amplió de 3,4 puntos porcentuales en 2016 a 5,5 puntos porcentuales en 2025.
En comparación, los países que solo pueden recibir préstamos en condiciones no concesionarias del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) del Grupo Banco Mundial pagaron, en promedio, un 5,5% por los nuevos bonos, una mejora con respecto a la tasa del 5,8% del año anterior.
Las presiones derivadas del servicio de la deuda continuaron siendo intensas en un contexto de elevadas tasas de interés a nivel mundial. Los países de ingreso bajo y mediano pagaron US$1,4 billones en concepto de capital e intereses en 2025, lo que representó un aumento del 1,9% y constituyó el quinto incremento anual consecutivo. Los pagos a los tenedores de bonos ascendieron a US$363.000 millones, lo que reflejó en parte las recompras de títulos de deuda y los pagos anticipados financiados mediante nuevas emisiones de bonos.
Entre 2022 y 2025, los países en desarrollo pagaron US$436.000 millones más en servicio de la deuda de lo que recibieron en nuevo financiamiento. Sin embargo, esta tendencia cambió en 2025, ya que los flujos de deuda a largo plazo pasaron de una salida neta de US$118.000 millones en 2024 a una entrada neta de US$45.000 millones.
Los movimientos cambiarios también influyeron en el aumento registrado. Más de una cuarta parte del incremento de US$303.000 millones en la deuda pública y con garantía pública se debió al debilitamiento del dólar estadounidense, que elevó el valor en dólares de la deuda denominada en otras monedas. Para varios de los principales prestatarios en condiciones concesionarias, estos efectos cambiarios superaron el capital que reembolsaron en 2025, por lo que el endeudamiento registrado aumentó a pesar de que continuaron atendiendo el servicio de la deuda.
Sección del Banco Mundial de relaciones con los medios de comunicación:
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