Discursos y transcripcionesMarzo 04, 2026

Palabras pronunciadas por el presidente del Grupo Banco Mundial, Ajay Banga, en la Conferencia “Sentar las Bases para el Empleo en África: Infraestructura Básica y Entorno Empresarial”

**TEXTO PREPARADO PARA LA ALOCUCIÓN**

Primera ministra Meloni, gracias por su liderazgo —y amistad— y por recibirnos aquí en Roma.

Presidente Tharman, gracias por su constante dedicación a la agenda de empleo y por su liderazgo en nuestro Consejo Asesor de Alto Nivel sobre Empleo.

Permítanme expresar mi agradecimiento a nuestros anfitriones italianos por darnos la bienvenida hoy en este hermoso edificio.

En los próximos 10 a 15 años, 1200 millones de jóvenes que viven en los países en desarrollo alcanzarán la edad de trabajar. Las proyecciones actuales sugieren que solo se crearán unos 400 millones de puestos de trabajo.

Esa brecha —de casi 800 millones de empleos— no es una estadística. Es el desafío económico y estratégico definitorio de nuestro tiempo.

Para 2050, más del 80 % de la población mundial vivirá en países en desarrollo. Una de cada cuatro personas en el planeta será africana.

Si estos jóvenes no encuentran trabajo, las presiones —sobre la migración, la fragilidad, los sistemas políticos— no permanecerán contenidas dentro de las fronteras.

Si lo hacen, entonces este cambio demográfico se convertirá en uno de los motores más poderosos del crecimiento global que el mundo haya visto jamás.

Tampoco es un juego de suma cero.

Cuando los países en desarrollo crecen, las economías avanzadas se benefician. La primera ministra Meloni y el presidente Tharman lo saben muy bien.

El aumento de los ingresos crea nuevos consumidores, nuevos mercados, nuevos socios.

Las cadenas de suministro se diversifican.

La estabilidad se fortalece.

En el Grupo Banco Mundial, hemos centrado nuestra estrategia en el empleo, porque el empleo es el camino más seguro para salir de la pobreza. Hemos puesto especial atención en los emprendedores y las pymes, que son responsables del 90 % del empleo a nivel mundial.

Es un enfoque que se basa en tres pilares.

En primer lugar, la infraestructura —lo físico y lo humano: energía, transporte, agua, conectividad digital, vivienda, atención de la salud, educación y capacitación—.

En segundo lugar, entornos regulatorios favorables a las empresas, es decir, las reglas y la previsibilidad que requieren los inversionistas.

En tercer lugar, ayudar al sector privado a ampliar su escala mediante herramientas de reducción de riesgos, garantías y capital accionario que movilicen las inversiones en grandes volúmenes.

El Plan Mattei de Italia y nuestra estrategia centrada en el empleo están alineados en los tres pilares.

Juntos, estamos ampliando la infraestructura física: conexiones eléctricas en Mozambique, Côte d’Ivoire, Tanzanía y la República Democrática del Congo; sistemas de abastecimiento de agua y riego en Angola y Tanzanía.

Y la infraestructura humana, que vincula la demanda laboral con las oportunidades transfronterizas: conectando puestos de trabajo en Europa con la creación de empleo en el Norte de África, comenzando por Túnez y extendiéndose a Egipto y Etiopía.

Estamos promoviendo reformas regulatorias, que combinan el financiamiento con la participación en las políticas, y vinculando la inversión pública con la participación del sector privado.

Además, movilizamos capital privado a través de garantías y financiamiento en condiciones concesionarias, lo que permite maximizar el rendimiento de los valiosos recursos públicos. Ya se están movilizando casi EUR 1000 millones en cofinanciamiento junto con el Grupo Banco Mundial.

Este enfoque de tres pilares —y la asociación con Italia— cobra vida en cinco sectores donde la creación de empleo local a gran escala puede arraigarse. Se trata de sectores que no dependen del traslado de empleos a través de las fronteras, sino de crear oportunidades donde vive la gente: energía e infraestructura, agroindustrias, atención médica, turismo, y manufactura de valor agregado, incluidos los minerales críticos.

Hace apenas unos días, estuve en Egipto, donde vi esta estrategia en acción en cuatro de esos cinco sectores.

Visité una planta de fabricación de autobuses respaldada por reformas normativas y financiamiento que está ampliando la producción local y creando empleos industriales calificados.

Un programa habitacional que no solo construye viviendas resilientes, sino que también respalda las cadenas de suministro de la construcción y el empleo.

Visité a emprendedores de agrotecnología que ayudan a pequeños agricultores a mejorar la productividad, conectarse con los mercados y crear empleos a lo largo de la cadena de valor, desde el almacenamiento hasta la logística y el procesamiento.

Y recorrí el Gran Museo Egipcio, recién construido, que está impulsando el crecimiento del turismo y generando oportunidades de empleo mucho más allá de sus salas de exposición.

En cada caso, la infraestructura era importante. El acceso al financiamiento era importante.

Pero Egipto también demuestra algo más: que las reformas regulatorias planificadas, si se implementan plenamente y se aplican de manera coherente, podrían aumentar en gran medida la movilización de capital privado y permitir que estos programas alcancen una escala mucho mayor.

Por ello, el objetivo de la cumbre de hoy —facilitar el clima de negocios— es fundamental.

Se crean empleos cuando los emprendedores y las empresas de todos los tamaños —grandes, pequeñas y microeconómicas— tienen la confianza para empezar, contratar y ampliar. Y la confianza se basa en la claridad, en reglas que son transparentes, coherentes y confiables.

La evidencia a lo largo del tiempo es clara: los países que han logrado sostener el crecimiento y ampliar el empleo no lo han hecho a través de proyectos aislados, sino implementando mejoras constantes en su entorno empresarial, es decir, reformas que se secuenciaron, implementaron y mantuvieron en el tiempo.

Si lo hacemos bien —si alineamos la infraestructura, la certeza regulatoria y el acceso a escala—, podemos contribuir a crear empleos donde viven los jóvenes.

Y, de este modo, fortalecemos la estabilidad, ampliamos el crecimiento y reforzamos la prosperidad compartida que une a las economías desarrolladas y en desarrollo.

Por eso estamos hoy aquí.

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