Mujeres rurales que hoy toman decisiones y generan empleo
Denia no es la única. Cuando Evenilda Morán se jubiló en 2015 como maestra de educación primaria, pensó que había llegado el momento de quedarse en casa. Evenilda, que tenía terrenos aptos para la producción de caña cruda pero nunca había trabajado en el campo, es hoy presidenta de la Unión de Productores de Caña de Azúcar del Sur (UPROCASUR), una organización que agrupa a pequeños y medianos productores del sur de Honduras.
“No fue para nada un proceso que nos permitiera ganar dinero rápido”, explica. “Aquí hay que aprender a manejar el cultivo, a fertilizar, a limpiar, a entender el proceso”. Junto al resto de la directiva, comenzó a formarse en producción, operación de maquinaria, control de calidad y gestión organizativa para poner en marcha la que ya es la primera planta industrial de panela pulverizada del país.
Actualmente, la planta genera empleo durante la zafra para cientos de personas, y para Evenilda, ese impacto es una de las mayores recompensas. “Da mucha satisfacción ver la cantidad de mano de obra que se necesita y saber que se está dando trabajo en la zona”, afirma. También destaca el cambio en las familias: ingresos que permiten sostener el hogar, oportunidades para jóvenes que de otro modo migrarían y nuevas habilidades adquiridas por trabajadores que nunca habían pisado una planta industrial.
El espíritu emprendedor que el país necesita
María Rutilia Mendoza, que también forma parte de COCASAM, es productora asociada y secretaria de la Junta de Vigilancia de la cooperativa. Desde su experiencia, subraya el valor de la organización colectiva para mejorar los ingresos de las familias productoras.
“Antes entregábamos nuestra producción a intermediarios”, describe. “Al agruparnos hemos elevado el valor económico del café, y eso nos permite sacar adelante a nuestras familias”. Para Mendoza, el liderazgo femenino en el sector agrícola pasa por reconocerse como capaces y complementarse con otros actores del territorio: “Cuando mujeres y hombres unimos esfuerzos, es más fácil desarrollar una comunidad, un municipio y, por qué no decirlo, un país”.
En el caso de María Rutilia, esta visión empresarial ha ido más allá de COCASAM. Ha convertido su finca en un pequeño emprendimiento que diversifica los ingresos familiares. A partir del café, incorporó actividades como el agroturismo y la elaboración artesanal de productos, recibiendo hoy visitantes nacionales e internacionales y generando nuevas oportunidades económicas para ella y otras familias.