
No es exagerado decir que los desafíos actuales pueden parecer insuperables. En el curso de nuestra labor en todo el mundo encaramos crisis coincidentes, como el cambio climático, conflictos, pandemias, desastres naturales y desplazamientos forzados. Debemos ayudar simultáneamente a nuestros países clientes a abordar las crisis inmediatas, generar resiliencia frente a los desafíos inminentes y hacer inversiones perdurables con el fin de prepararse para un futuro incierto.
Sin embargo, aun en momentos difíciles, nunca como ahora he tenido tanto optimismo en creer que podemos lograr nuestros dos objetivos de poner fin a la pobreza extrema antes de fines de 2030 y de impulsar la prosperidad compartida del 40 % más pobre de la población del mundo. En todas las instituciones miembro del Grupo Banco Mundial (GBM) se hace uso de nuevas tecnologías y se desarrollan innovaciones financieras para impulsar avances en las tres partes de la estrategia del GBM con miras a lograr esos dos objetivos: acelerar el crecimiento económico inclusivo y sostenible; generar resiliencia ante las crisis y las amenazas, y ayudar a los países clientes a invertir en las personas que habitan en ellos.
Primero, para acelerar el crecimiento económico inclusivo y sostenible, necesitamos una nueva visión del financiamiento para el desarrollo, una que ayude a que el sistema de mercado mundial beneficie a todas las personas y al planeta. En un mundo en el que lograr los objetivos mundiales costará billones al año, pero donde la asistencia oficial para el desarrollo está estancada en los miles de millones, no podemos poner fin a la pobreza sin un planteamiento fundamentalmente distinto.
Con la adopción de los Principios de Hamburgo en julio de 2017, el Grupo de los Veinte (G-20) aprobó un planteamiento, que denominamos el método de la cascada, que conducirá al logro de nuestro objetivo de maximizar el financiamiento para el desarrollo. El Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) están colaborando más estrechamente entre sí para crear mercados y aportar soluciones del sector privado en sectores como los de infraestructura, agricultura, telecomunicaciones, energía renovable y vivienda económica. (Si desea más información, vea la página 5).
Segundo, para generar resiliencia frente a las crisis y las amenazas —aunque continuamos desarrollando infraestructura climáticamente inteligente y mejorando los sistemas de respuesta—, necesitamos instrumentos financieros novedosos para ayudar a los países pobres a hacer lo que las naciones ricas han venido haciendo durante mucho tiempo: compartir los riesgos de las crisis con los mercados de capitales mundiales. En esta primavera boreal, observamos el primer impacto del Mecanismo de Financiamiento de Emergencia para Casos de Pandemia, con una donación rápida en apoyo de la respuesta al virus del ébola en la República Democrática del Congo. Con este mecanismo —y otro semejante que estamos desarrollando para mejorar las respuestas y prevenir las hambrunas—, estamos encontrando nuevas formas de ayudar a los países más pobres a participar en los riesgos junto con los mercados financieros, ayudando a romper el ciclo de pánico y olvido que suele registrarse con las crisis.
Sin embargo, la resiliencia debe comenzar con la amenaza existencial del cambio climático. Cuando volvimos a París en diciembre de 2017 para celebrar el segundo aniversario del acuerdo sobre el cambio climático de París, postulamos más de una docena de opciones para financiar medidas importantes relativas al cambio climático, como evitar la erosión costera en África occidental y aumentar el aprovechamiento de fuentes renovables de energía en todo el mundo. Fue crucial predicar con el ejemplo, y anunciamos que después de 2019 ya no financiaremos la prospección ni la extracción de petróleo y gas, y a la vez ayudaremos a los países a encontrar maneras sostenibles de alcanzar sus objetivos de desarrollo.
Tercero, en preparación para un futuro en el que las innovaciones no harán más que acelerarse, debemos encontrar nuevas formas de ayudar a los países a invertir más —y más eficazmente— en su población. Los puestos de trabajo en el futuro requerirán habilidades específicas y complejas, y el capital humano se convertirá en un recurso cada vez más valioso. Con el Proyecto de Capital Humano, que pusimos en marcha durante este ejercicio, estamos desarrollando una medición rigurosa y detallada del capital humano en cada país.
En las Reuniones Anuales que se celebrarán en octubre de 2018 en Indonesia, revelaremos el índice de capital humano, que calificará a los países de acuerdo con lo adecuado de sus inversiones en el capital humano de la próxima generación. La calificación planteará claramente la cuestión a los jefes de Estado y los ministros de Hacienda para que puedan acelerar las inversiones en su población y prepararse para la economía del futuro.
En todo el mundo, sigue creciendo la demanda de financiamiento, conocimientos técnicos e innovación. Las necesidades son ingentes, pero el costo del fracaso es, sencillamente, muy alto. Nuestros accionistas nos están ayudando a hacer frente a ese desafío al haber aprobado un aumento de capital por el monto histórico de USD 13 000 millones, que reforzará la capacidad del GBM para reducir la pobreza, abordar los desafíos más cruciales de nuestros tiempos y ayudar a nuestros países clientes —y a su población— a satisfacer sus más altas aspiraciones.
En este ejercicio, el GBM comprometió casi USD 67 000 millones en financiamiento, inversiones y garantías.
El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) sigue teniendo una fuerte demanda de sus servicios por parte de los clientes, y los compromisos aumentaron a USD 23 000 millones en el ejercicio de 2018. A su vez, la Asociación Internacional de Fomento (AIF) proporcionó USD 24 000 millones para ayudar a los países más pobres en ese ejercicio, que fue histórico en cuanto a compromisos de la AIF.
En este ejercicio, potenciamos la sólida base de capital de la AIF y emitimos el bono inaugural de la AIF. La demanda del bono —con el que pudieron recaudarse USD 1500 millones— por parte de los inversionistas llegó a superar los USD 4 000 millones. Combinando fondos de los donantes tradicionales y fondos obtenidos en los mercados de capital, esta innovación financiera ampliará la capacidad de la AIF para prestar apoyo a los países más pobres del mundo, incluso para respaldar medidas destinadas a prevenir conflictos.
En el ejercicio de 2018, IFC proporcionó más de USD 23 000 millones de financiamiento para el desarrollo del sector privado, incluidos cerca de USD 11 700 millones movilizados de inversionistas asociados. Casi USD 6800 millones de ese monto se destinaron a los países clientes de la AIF, y más de USD 3700 millones se invirtieron en zonas afectadas por situaciones de fragilidad, conflictos y violencia.
Al cumplir 30 años de operaciones, MIGA se ha convertido en la tercera institución principal entre los bancos multilaterales de desarrollo en cuanto a movilización de capital privado directo con destino a los países de ingreso bajo y mediano. En este ejercicio, MIGA otorgó seguros contra riesgos políticos y garantías para el mejoramiento del crédito por un valor sin precedentes de USD 5300 millones, y ayudó a financiar proyectos por valor de USD 17 900 millones en países en desarrollo. Las nuevas emisiones y los compromisos brutos pendientes —por valor de USD 21 200 millones en este ejercicio— llegaron a ser de casi el doble de los registrados en el ejercicio de 2013.
Sabemos que el aumento de capital de 2018 del GBM representó un sólido voto de confianza en nuestro personal, que trabaja incansablemente para poner fin a la pobreza en todo el mundo. Me siento inspirado a diario por su dedicación y su capacidad para cumplir con nuestros ambiciosos compromisos de satisfacer las aspiraciones de las personas a las que servimos.
Con todo, también sabemos que el aumento de capital plantea el enorme desafío de ser más eficientes y eficaces, de impulsar la innovación y de acelerar el progreso con miras a un mundo, al fin, sin pobreza. En el ejercicio de 2019, volveremos a encarar ese desafío a diario.

Dr. Jim Yong Kim
Presidente del Grupo Banco Mundial
y de los Directorios Ejecutivos y las Juntas de
Directores de las instituciones que lo integran



