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Uruguay: panorama general

  • Uruguay se destaca en América Latina por ser una sociedad igualitaria, por su alto ingreso per cápita, sus bajos niveles de desigualdad y pobreza y por la ausencia casi total de indigencia. En términos relativos, su clase media es la más grande de América, y representa más del 60% de su población. Uruguay se ubica entre los primeros lugares de la región en relación con diversas medidas de bienestar, como el Índice de Desarrollo Humano, el Índice de Oportunidad Humana y el Índice de Libertad Económica. La estabilidad de las instituciones y los bajos niveles de corrupción se reflejan en el alto grado de confianza que tienen los ciudadanos en el Gobierno. Según el Índice de Oportunidad Humana del Banco Mundial, Uruguay ha logrado alcanzar un alto nivel de igualdad de oportunidades en términos de acceso a servicios básicos tales como educación, agua potable, electricidad y saneamiento.

    En julio de 2013, el Banco Mundial clasificó a Uruguay como un país de renta alta. Para 2018, el ingreso nacional bruto per cápita ascendía a US$ 21.900 ajustados por paridad de poder de compra (PPC).

    La economía uruguaya ha experimentado tasas de crecimiento positivas desde 2003, con un promedio anual de 4.1% entre 2003 y 2018. Aunque con una marcada desaceleración, el crecimiento económico continuó siendo positivo incluso en 2017 y 2018 a pesar de las recesiones experimentadas por Argentina y Brasil, alejándose de antiguos patrones en que el mismo se mostraba fuertemente sincronizado con el de sus principales vecinos. Políticas macroeconómicas prudentes y un compromiso con la diversificación de mercados y productos dentro de los sectores dominantes de agricultura y silvicultura han aumentado la capacidad del país para resistir los shocks regionales.

    En cuanto a los mercados de exportación, estos se han diversificado con el fin de reducir la dependencia de la región: en 2018, Brasil y Argentina, tradicionales socios comerciales de Uruguay, representaban solamente 12% y 5% de las exportaciones de bienes, respectivamente. Los principales socios comerciales en la actualidad son China (26%) y la Union Europea (18%).

    Dos características fundamentales -un sólido pacto social y la apertura económica- sustentan el camino hacia la reducción de la pobreza y la promoción de la prosperidad compartida que Uruguay ha transitado con éxito durante la última década.

    De acuerdo con la medición oficial, la pobreza moderada pasó del 32,5% en 2006 al 8,1% en 2018, mientras que la indigencia o pobreza extrema ha prácticamente desaparecido: reduciéndose del 2,5% al 0,1% durante el mismo periodo. En términos de equidad, los ingresos del 40% más pobre de la población uruguaya han aumentado más rápidamente que el crecimiento promedio de los ingresos de toda la población. Sin embargo, persisten importantes disparidades: el porcentaje de la población bajo la línea nacional de pobreza es significativamente más alto en el norte del país; entre los niños y jóvenes (17.2% para menores de 6 años y 15.0% y 13.9% para los grupos comprendidos entre 6 y 12 años y 13 y 17 años, respectivamente); y entre la población afro-descendiente (17.4%).

    Las políticas sociales inclusivas se han enfocado en ampliar la cobertura de los programas, por ejemplo, alrededor del 90% de la población de más de 65 años está cubierta por el sistema de pensiones: este es uno de los coeficientes más altos en América Latina y el Caribe, junto con Argentina y Brasil.

    El buen desempeño macroeconómico también se reflejó en el mercado de trabajo que registró niveles de desempleo históricamente bajos en 2011 (6,3%) aunque, ante la marcada desaceleración en el crecimiento, el mismo ha aumentado a 8% en 2018.

    A pesar de los logros de Uruguay, una serie de limitaciones estructurales, particularmente en las áreas de inversión en infraestructura, integración en cadenas de valor globales y la educación y formación de capacidades, pueden obstaculizar el avance hacia objetivos de desarrollo sostenido. El fuerte desempeño institucional en otras áreas, tales como la confianza en el gobierno, la escasa corrupción y un enfoque político basado en consensos, así como un gran compromiso para fortalecer los arreglos institucionales, le da al país una base firme sobre la cual continuar renovando su contrato social y establecer políticas para atacar las limitaciones actuales.

    Uruguay sigue manteniendo un marco macroeconómico adecuado aunque en un entorno externo mucho más complicado.

    Para más datos de Uruguay, ingresa al sitio de Open Data del Banco Mundial.

    Última actualización: Oct 16, 2019

  • El Grupo del Banco Mundial (GBM) ha respaldado el proceso de desarrollo de Uruguay durante más de 60 años, con una variedad de instrumentos que incluyen préstamos, seguros, donaciones, asistencia técnica e intercambio de conocimiento.

    Uruguay se encuentra entre los países de  ingreso más alto entre los prestatarios activos del GBM y demanda en particular:

    i) el desarrollo de servicios financieros y de conocimiento innovadores que brinden soluciones basadas en la experiencia del GBM en otros países;

    ii) el uso de servicios integrados en los que participen el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), y

    iii) la divulgación de las experiencias de desarrollo de Uruguay en sitios donde el GBM pueda actuar como plataforma para la difusión de reformas exitosas. 

    De modo similar, el GBM tiene gran interés en seguir trabajando con un cliente como Uruguay, a fin de: i) colaborar con un país en el cual el crecimiento equitativo y el apoyo al 40 % más pobre de la población constituyen valores fundamentales, y ii) asociarse en busca de soluciones de desarrollo innovadoras que respalden al país y generen externalidades positivas en el ámbito de los conocimientos, que puedan ser aprovechadas por otros clientes del GBM en América Latina y otras regiones.

    El programa de trabajo para el periodo 2015-2020 está estructurado en torno a tres pilares:

    • Generar resiliencia ante la vulnerabilidad económica y al cambio climático
    •  Respaldar los esfuerzos del Gobierno por reorientar el pacto social hacia los jóvenes
    • Impulsar una mayor integración de Uruguay en la economía mundial       

    Actualmente, el Grupo Banco Mundial (compuesto por tres instituciones: BIRF, IFC y MIGA) cuenta en Uruguay con una cartera activa de más de US$800 millones. 

    El BIRF tiene en la actualidad cinco operaciones activas: 

    - Cuatro proyectos de inversión por un total de US$185 millones en los sectores de educación agua y saneamiento, agricultura y gobierno electrónico.

    - Y un Proyecto por Resultados (P4R) por US$136 millones para la construcción y mantenimiento de rutas.

    La participación de la Corporación Financiera Internacional (IFC) se centra hoy en día en áreas prioritarias como la agroindustria (con el objetivo de que las empresas uruguayas más competitivas formen parte de cadenas globales de valor); el apoyo a la infraestructura; la educación; y la innovación, con las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) como eje transversal del apoyo. La cartera actual de inversiones de IFC en Uruguay está compuesta por dos proyectos en el sector de agronegocios y Fintech por un valor aproximado de US$73 millones.

    La cartera del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) es de US$439 millones, y está concentrada en una operación en el sector financiero. 

    Asimismo, la cartera de proyectos se complementa con donaciones, asistencias técnicas no reembolsables, y estudios como la gestión de los recursos hídricos en Uruguay, los cambios demográficos, análisis sobre las cadenas logísticas de exportación, y crecimiento verde, entre otros.

    Última actualización: Oct 16, 2019

  • El Grupo del Banco Mundial ha trabajado junto a los distintos gobiernos uruguayos en áreas como infraestructura, transporte, agricultura, recursos naturales, educación, saneamiento y salud. 

    Desde 2010 se han aprobado más de US$ 1.200 millones en préstamos para financiar inversiones en infraestructura, agricultura, capital humano, medio ambiente y fortalecimiento institucional, y para aumentar la capacidad del Gobierno para proteger a los sectores más vulnerables de la población de impactos económicos externos a través de instrumentos de financiamiento contingente. Además, el Banco Mundial ha canalizado donaciones y brindado apoyo analítico y técnico. 

    Finalmente, en línea con el desarrollo de servicios financieros y de conocimiento innovadores que brinden soluciones entre países, el Grupo Banco Mundial ha facilitado la participación de Uruguay en unas 20 iniciativas Sur-Sur en una variedad de temas como: mantenimiento de carreteras y contratos basados en el desempeño con Marruecos, el uso de TIC en la educación con Armenia, experiencia del sistema de trazabilidad del ganado con Kazajstán y Paraguay, y sistemas de información en agricultura con México, así como experiencias de salud con Paraguay y Chile. Uruguay también ha recibido delegaciones de Kirguistán y Papua Nueva Guinea (que buscaban incorporar buenas prácticas en sus compañías nacionales de electricidad) Zimbabue / Botsuana (para asuntos de presupuestación), Nicaragua (para mejorar la capacidad estadística del país) y Costa Rica (para compartir la experiencia del país en la gestión del agua). También han llegado a Uruguay representantes del sector privado de Uganda, patrocinados por IFC. 

    A continuación se detallan tan solo algunos de los resultados del trabajo del Banco Mundial y Uruguay:

    Seguro climático: Numerosos países del mundo (no sólo de la región) se han acercado al Banco Mundial en busca de una solución similar a la que se puso en práctica con el Gobierno uruguayo. En diciembre de 2013, el Banco Mundial firmó un contrato con la empresa de energía (UTE), que proporcionaba cobertura durante los siguientes 18 meses frente a los riesgos combinados de la sequía y los altos precios del petróleo. La transacción fue diseñada para ayudar a la empresa a compensar pérdidas financieras que pueden ocurrir cuando la falta de lluvia reduce el volumen de agua en los embalses que alimentan las centrales eléctricas y hay que recurrir a la generación térmica, que tiene un costo más elevado y requiere la importación de combustibles alternativos. Se trató de la mayor transacción de este tipo en el mercado (US $ 450 millones), y la primera vez que se realizó una transacción de cobertura en commodities entre un país emergente y el Banco Mundial.

     

    Proyecto de producción responsable. Desde 2005, apuntó a estimular a pequeños y medianos productores uruguayos a que adoptaran sistemas de producción económica y ambientalmente sostenibles, mejoras tecnológicas en el manejo de los suelos, el agua y la diversidad biológica, contribuyendo a la sostenibilidad del desarrollo agropecuario del país a largo plazo. Lo hizo canalizando recursos financieros y asistencia técnica a productores individuales o agrupados, interesados en desarrollar proyectos prediales. El proyecto financió 5.300 subproyectos prediales en todo el país, 86% de los cuales pertenecían a pequeños productores. Unas 28.000 personas fueron beneficiadas directamente, y 600 técnicos capacitados en temas de desarrollo sostenible y manejo integrado de los recursos naturales. Además, el proyecto logró la coordinación de más de 160 instituciones.

    El Proyecto de emergencia para la erradicación de la fiebre aftosa colaboró para que Uruguay alcanzara el estatus de país libre de aftosa luego del brote de la enfermedad en el año 2001, recuperó el acceso a mercados y, con ello, contribuyó a la continuada rentabilidad de los productores. Unos 50,000 productores se beneficiaron con el proyecto. Además, como forma de evitar situaciones similares, el Banco Mundial apoyó el desarrollo del Sistema Nacional de Información Ganadera (SNIG), el cual ha permitido que Uruguay sea el único país de las Américas, y uno de los pocos en el mundo, con 100% de la trazabilidad individual del ganado, y uno de pocos en el mundo. Actualmente, el Ministerio de Agricultura en Uruguay, con el apoyo del Banco Mundial, ha tomado un paso más allá en el desarrollo de tecnologías para el sector agropecuario, y ha desarrollado el Sistema Nacional de Información Agropecuaria (SNIA), una plataforma web que consolida datos tales como predicciones de clima así como avisos tempranos, entre otros. Aunque el SNIA aún no está disponible al público en general, las bases de datos producidas ya están ayudando a los agricultores y ganaderos a mitigar los impactos de los fenómenos meteorológicos en su producción. Ver artículo relacionado.

     

    Última actualización: Oct 16, 2019

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Uruguay: Compromisos por ejercicio (en millones de US$)*

*Montos incluyen compromisos del BIRF y la AIF.


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