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América Latina y el Caribe : panorama general

En medio de la recuperación de América Latina y el Caribe luego de la pandemia de la COVID-19, la necesidad de continuar con un crecimiento dinámico, inclusivo y sostenible sigue siendo primordial, y cada vez más urgente. Tras un repunte del 6,9 % en 2021, se espera que el Producto Interno Bruto (PIB) regional crezca un 3 % en 2022, una tasa superior a la prevista debido al aumento de los precios de la materia prima.

Sin embargo, la incertidumbre a nivel global derivada de la guerra en Ucrania, el aumento de las tasas de interés en los países desarrollados y las persistentes presiones inflacionarias afectarán a las economías de la región. Se prevén bajas tasas de crecimiento del 1,6 % y 2,3 % en 2023 y 2024.

Para consolidar la recuperación, promover el crecimiento y reducir la pobreza y la desigualdad, los países deben seguir invirtiendo en programas sociales e infraestructura. Dicho esto, pueden mejorar la eficiencia del gasto público y así obtener ganancias del 4,4 % del PIB en promedio.

Las secuelas de la crisis de la COVID-19 llevarán años en desaparecer si los países de América Latina y el Caribe no toman medidas inmediatas para impulsar un proceso de recuperación. Con la pobreza en su mayor nivel en décadas, los retos que se plantean desde hace tiempo en materia de infraestructura, educación, innovación y eficiencia del gasto deben afrontarse con reformas políticas que también aborden los efectos del cambio climático y aprovechen las enormes oportunidades de crecimiento hacia economías más sostenibles.

Si bien la pobreza monetaria descendió del 30 % en 2021 al 28,5 por ciento en 2022, sigue estando en un nivel alto; al tiempo que los costos a largo plazo de la crisis en la salud y la educación deben ser subsanados de manera urgente, tanto para reactivar el crecimiento como para mitigar el aumento en la desigualdad.

En cuanto al empleo, este aumentó hasta casi recuperar los niveles anteriores a la pandemia a finales de 2021, tras una caída del 20 %. Pero la proporción del empleo formal ha caído casi 5 puntos porcentuales. De hecho, muchos de los nuevos puestos de trabajo, sobre todo para las mujeres, se encuentran en pequeñas empresas que a menudo son informales.

En el sector de las industrias pueden aflorar oportunidades tras las crisis que desencadenan una reestructuración económica a gran escala. Por ejemplo, si bien el sector de servicios ha sido muy castigado, la aceleración de la digitalización podría ayudar a impulsar sectores como las tecnologías de la información, las finanzas y la logística, que a su vez pueden mejorar la competitividad del mercado y aumentar la eficiencia económica. Sin embargo, si no se abordan los factores estructurales, es probable que el crecimiento débil y lento se mantenga y sea insuficiente para avanzar en la lucha contra la pobreza, y las tensiones sociales.

En el ámbito educativo, desde el comienzo de la pandemia los alumnos han perdido parcial o completamente en promedio dos tercios de los días de clases presenciales. Esto equivale a una pérdida estimada de 1,5 años de aprendizaje y afecta en mayor medida a los más pequeños y los más vulnerables, quienes corren el riesgo de perder 12 % del total de ingresos que percibirán durante toda la vida. A mediano plazo, será necesario recuperar la educación primaria para contrarrestar los años perdidos de aprendizaje con políticas de reinscripción y retención de estudiantes; nivelación del aprendizaje; priorización de las competencias fundamentales para cerrar las brechas de conocimiento; implementación de programas para cumplir con las metas de aprendizaje y; desarrollo de la salud y el bienestar psicosocial y emocional de docentes y estudiantes.

El crecimiento verde es una oportunidad para la región ya que América Latina y el Caribe contribuye con solo el 8 % de las emisiones mundiales de GEI y tiene enormes ventajas comparativas verdes, que pueden ser aprovechadas para nuevas industrias y exportaciones. Además, la región tiene un enorme potencial en electricidad renovable -solar, eólica y geotérmica- y un vasto capital natural -agua, árboles, biodiversidad- que ofrece el potencial para nuevas industrias.

La región está sufriendo los efectos cada vez más graves del cambio climático que ya ha ocasionado importantes pérdidas económicos y sociales. Los huracanes, las inundaciones y las sequías son cada vez más frecuentes, y se estima que 17 millones de personas podrían verse obligados a abandonar sus hogares y casi 6 millones a caer en pobreza extrema de aquí a 2030, sobre todo debido a la falta de agua potable, así como a una mayor exposición al calor excesivo y a las inundaciones.

En este contexto el Banco Mundial ha duplicado su financiación para el clima. Además de publicar una ambiciosa Hoja de ruta para la acción climática en América Latina y el Caribe, ha iniciado diagnósticos a nivel nacional para apoyar los objetivos climáticos y de desarrollo de los países. Entre los ejemplos respaldados que ya se están implementando están los bonos catastróficos para terremotos de la Alianza del Pacífico, así como la distribución de riesgos entre países, a través de instrumentos como la Facilidad de Seguros contra Riesgos Catastróficos en el Caribe (CCRIF), que puede proporcionar fondos de fácil acceso para la recuperación, luego de que un país miembro se vea afectado por un desastre.

 

Última actualización: Oct 07, 2022

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