Responder a la pandemia de COVID‑19

Se prevé que el GBM suministrará hasta USD 160 000 millones a lo largo de 15 meses (hasta junio de 2021) para respaldar la respuesta de los países frente a la COVID‑19.

A comienzos de 2020, se desató en todo el mundo la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), lo que generó enormes desafíos para los sistemas de salud y provocó confinamientos generalizados, cierres de escuelas y de empresas, y pérdida de puestos de trabajo. Casi todos los países enfrentan una desaceleración económica sin precedentes. 

El GBM se ha ubicado a la vanguardia de la respuesta mundial. En marzo, el Directorio aprobó un nuevo mecanismo de desembolso rápido para ayudar a los países a hacer frente a sus necesidades sanitarias inmediatas e impulsar la recuperación económica. En abril, el Banco Mundial puso en marcha el primer conjunto de proyectos en el marco de este mecanismo, con los que se buscaba fortalecer los sistemas de salud, la vigilancia de enfermedades y las medidas de salud pública. Asimismo, a fin de atenuar el impacto económico, IFC y MIGA actuaron con rapidez para brindar financiamiento y ampliar el acceso al capital, de modo de ayudar a las empresas para que continuaran funcionando y pudieran pagar a sus trabajadores. 

Se prevé que el GBM suministrará hasta USD 160 000 millones a lo largo de 15 meses (hasta junio de 2021) para respaldar la respuesta de los países frente a la COVID‑19 a través de una serie de nuevas operaciones, la reestructuración de otras ya existentes, la activación de opciones de giro diferido para casos de catástrofe y el apoyo a las soluciones del sector privado que promuevan la reestructuración y la recuperación. La pandemia podría sumir a unos 100 millones de personas más en la pobreza extrema en 2020. Los países que enfrentan los desafíos derivados de las situaciones de FCV son particularmente vulnerables a los impactos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia. Nuestro apoyo en estos entornos tiene como eje central la inversión en prevención, la continuidad de la labor en situaciones de crisis, la protección del capital humano y la ayuda a los grupos más vulnerables y marginados, incluidas las poblaciones desplazadas por la fuerza. Los países más pobres y vulnerables también deben hacer frente a la inseguridad alimentaria, debido a que las disrupciones en las cadenas de suministro y las restricciones a la exportación ponen en peligro la provisión de alimentos. Para abordar esta situación, instamos a los países a cerciorarse de que las cadenas de suministro de alimentos continúen circulando y funcionando de manera segura y los ayudamos a hacer el seguimiento de los impactos de la pandemia en la capacidad de la población para comprar alimentos. Asimismo, abogamos por la implementación de sólidos programas de protección social dirigidos a los más pobres y vulnerables a fin de garantizar que puedan comer y acceder a suministros alimentarios esenciales, y contribuir a la vez a proteger los medios de subsistencia. 

Por otro lado, nuestras investigaciones y productos de conocimientos se centraron en el análisis de los amplios impactos de la pandemia. Entre estos trabajos, cabe mencionar los informes actualizados sobre la economía, un documento acerca de la caída en los flujos mundiales de remesas y una nota sobre políticas referida al impacto en la educación y el futuro de los niños.  Pero aun mucho después que la crisis inmediata se atenúe, los países necesitarán apoyo para mitigar sus impactos e impulsar el crecimiento a largo plazo. En nuestras recomendaciones sobre políticas, presentamos a los países diversos caminos para lograr estos objetivos: por ejemplo, pueden mejorar la gestión de gobierno y el entorno para los negocios, contrarrestar las alteraciones de los mercados financieros, invertir en educación y salud con la finalidad de obtener mejores resultados en el capital humano, facilitar nuevas inversiones gracias a una mayor transparencia en la deuda, ampliar las redes de protección social con programas de transferencias dirigidos a los pobres, modificar las políticas de precios en el área de la energía e implementar reformas que permitan que el capital y la mano de obra se ajusten rápidamente a las estructuras que surjan después de la pandemia. 

La interacción con el sector privado es un elemento clave de la respuesta ante la emergencia, e IFC prevé brindar, hasta junio de 2021, apoyo financiero por un total de USD 47 000 millones, que forman parte de la respuesta del GBM en su conjunto. En el paquete inicial, IFC suministrará USD 8000 millones para ayudar a las empresas a seguir funcionando y preservar el empleo durante la crisis. Mediante este paquete se ofrecerá apoyo a los clientes existentes de los sectores productivos vulnerables (incluidos los de infraestructura, manufacturas, agricultura y servicios) y se proporcionará liquidez a las instituciones financieras, de modo que puedan brindar financiamiento para el comercio a los importadores y exportadores de bienes y extender sus líneas crediticias para ayudar a las empresas a reforzar su capital de trabajo. 

IFC está preparando también la segunda fase de su respuesta, durante la cual brindará apoyo a clientes nuevos y ya existentes. Este apoyo incluye la Plataforma Mundial para la Salud, que tiene como objetivo ampliar el acceso a suministros imprescindibles para la atención sanitaria, como mascarillas, respiradores, kits de testeo y, en un futuro, vacunas. Además, se brindará financiamiento a fabricantes, proveedores de materias primas esenciales y prestadores de servicios con el objeto de ampliar la capacidad para suministrar productos y servicios a los países en desarrollo. IFC aportará USD 2000 millones por cuenta propia y movilizará otros USD 2000 millones de asociados del sector privado. Ayudará también a reestructurar y recapitalizar empresas e instituciones financieras en el camino hacia la recuperación.

Por su parte, MIGA también puso en marcha un mecanismo de vía rápida dotado de USD 6500 millones para ayudar a los inversionistas y prestamistas privados a abordar la pandemia en los países de ingreso bajo y mediano. Este mecanismo permite emitir garantías mediante procedimientos simplificados y expeditivos. Ofrece instrumentos de mejoramiento del crédito para que los Gobiernos y sus organismos puedan adquirir equipamiento médico, artículos de protección, medicamentos y servicios que se necesitan con urgencia, y financiar los esfuerzos dirigidos a la recuperación económica. También incluye soluciones para la eliminación de riesgos, destinadas a instituciones financieras y bancos comerciales, así como apoyo al financiamiento para el comercio para los bancos locales.

Al respaldar el financiamiento para el comercio, tanto IFC como MIGA complementan los esfuerzos más amplios que lleva adelante el GBM con el objetivo de proteger las cadenas de suministro mundiales, en particular las vinculadas con la producción y distribución de artículos médicos esenciales. Asimismo, nos movilizamos con rapidez para ayudar a los países a acceder a estos elementos poniéndonos en contacto con los proveedores en nombre de los Gobiernos. También recomendamos a los Gobiernos no implementar medidas proteccionistas, ya que pueden reducir la oferta mundial, generar alzas en los precios e impedir que los países en desarrollo obtengan los suministros que necesitan. 

El Banco, junto con el FMI, exhortó a suspender los pagos de la deuda bilateral de los países clientes de la AIF a fin de garantizar que cuenten con la liquidez necesaria para lidiar con los desafíos derivados del brote de COVID‑19 y permitirles evaluar sus necesidades de financiamiento. El 15 de abril, los líderes de los países que integran el G-20 atendieron este llamado y emitieron un acuerdo sobre el alivio de la deuda por el cual se suspendían los pagos del servicio de la deuda bilateral de los países pobres a partir del 1 de mayo. En las palabras pronunciadas ante el Comité para el Desarrollo durante las Reuniones de Primavera del GBM y el FMI, organizadas en formato virtual, el presidente David Malpass celebró este logro histórico: “El alivio de la deuda es una medida contundente y de acción rápida que puede generar beneficios reales para las personas de los países pobres”.

En junio de 2020, el Directorio Ejecutivo aprobó un documento expositivo en el que se detalla nuestra respuesta ante la pandemia de COVID‑19. En el documento, titulado Saving Lives, Scaling-up Impact and Getting Back on Track (Salvar vidas, ampliar el impacto, retomar el rumbo), se explica de qué manera estamos organizando nuestra respuesta ante la crisis en las tres etapas de alivio, reestructuración y recuperación resiliente. La primera etapa abarca la respuesta de emergencia frente a los impactos sanitarios, sociales y económicos inmediatos de la COVID‑19. Posteriormente, a medida que los países logren controlar la pandemia y comiencen a reabrir sus economías, la etapa de reestructuración tendrá como objetivos centrales fortalecer los sistemas de salud en preparación para crisis futuras, restablecer las vidas y los medios de subsistencia de las personas a través de la educación, el empleo y el acceso a la atención de la salud, y ayudar a las empresas y las instituciones financieras a consolidarse. La etapa de la recuperación resiliente conlleva ayudar a los países a construir un futuro más sostenible, inclusivo y resiliente en un mundo transformado por la pandemia. 

Continuaremos brindando apoyo en una escala y a una velocidad sin precedentes, a la vez que concentramos nuestros esfuerzos para lograr el mayor impacto posible y preservamos nuestra capacidad financiera a fin de generar una respuesta sólida. Asimismo, mediante la colaboración entre todas las entidades que conforman el GBM, seguiremos buscando la combinación adecuada de soluciones del sector público y el privado y trabajaremos con clientes y asociados para luchar contra la pandemia. 

A pesar de la escala inédita de la crisis y de las formas en que hemos reorientado el apoyo a los países, nuestra misión a largo plazo permanece invariable. Seguimos comprometidos con nuestros objetivos de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida de manera sostenible. Para lograrlo, buscaremos ayudar a los países a trabajar en pos de una recuperación resiliente tras la pandemia y, en última instancia, lograr una reconstrucción más sólida.